“Ema”: Sexo, fuego, amor y confusión

 “Ema”: Sexo, fuego, amor y confusión

“Ema”, la última película del director chileno Pablo Larraín (El Club, Jackie), estrenada en el Festival de Venecia en 2019, es sin duda una de sus producciones más interesantes y una de las más destacadas en la filmografía chilena de los últimos años.

La cinta, en gran parte grabada en Valparaíso, quinta región, ahonda en la constitución de una familia disfuncional en un Chile contemporáneo de la mano de una pareja conformada por Mariana Di Girolamo y Gael García Bernal, que luego de haber adoptado un niño colombiano, deciden devolverlo al Servicio Nacional de Menores (Sename).

En ese sentido, el filme decide ahondar en las respectivas consecuencias de dicho acto y, de esta forma, es capaz de sacar a relucir una de las temáticas más contingentes de nuestro Chile actual: la vida de los niños desamparados y el desear ser madre.

Ema: la visión escondida del Chile actual

Es difícil establecer de qué se trata “Ema” exactamente, porque mezcla un cúmulo de temáticas que se acompañan de una investigación estilística de su propio director en cuanto a la propuesta visual y sensorial de la película.

En términos de línea argumental, sigue la vida de Ema (Mariana Di Girolamo), una bailarina de vestimenta sport con el pelo decolorado que quiere recuperar al hijo adoptivo que devolvió al Sename. Para esto elabora un plan en el que emplea sus capacidades de manipulación, de seducción y aquellos rasgos calculadores, volviéndola peligrosa y fascinante a la vez. Pero lo que complejiza el filme es la manera que tiene este personaje de relacionarse con su entorno y con las personas que la rodean.

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Así como el largometraje aborda el intento de recuperación de un hijo adoptivo, también habla sobre el cuestionamiento de la maternidad, del entendimiento del amor y las relaciones de pareja; asimismo, toca la manera de vincularse de las mujeres, sobre la lucha constante entre el arte hermético y el arte popular y así sucesivamente.

Cada nuevo personaje que aparece en escena, abre un mundo abismal de posibles temáticas que puede seguir la película, como atisba el personaje de Amparo Noguera, quien introduce la atractiva idea de que todas las mujeres esconden el deseo de encontrarse sexualmente con otra mujer.

¿De qué se trata “Ema”? La verdad es que no tengo idea. Lo único que queda claro es que es, sin lugar a dudas, un torbellino visual de emociones que a ratos maravilla y a otros agota, casi en un equilibrio perfecto.

Cine, danza y música

Creo que es imposible hablar de “Ema” sin considerar el trabajo de otros creadores de la escena chilena que sostienen el universo creado por Larraín.

Por una parte, tenemos al coreógrafo José Vidal, encargado de constituir el universo dancístico presente en la película. El trabajo de Vidal se caracteriza por la materialización de atmósferas potentes a través de sus intérpretes, el uso de numerosos integrantes en sus puestas en escena y la utilización de ritmos urbanos mezclados muchas veces con una música clásica más tradicional (donde más claramente se ve esto es en su puesta en escena de “El Rito de la Primavera” de Stravinsky). 

Es quizás una manera reduccionista de observar la obra de uno de los coreógrafos más importantes que ha tenido nuestro país, mas eso es lo que finalmente evocan cada una de sus presentaciones. José Vidal no solo prestó parte de su coreografía “Tramas” en esta película, sino que otorgó un universo visual y una atmósfera latente en todos los movimientos de sus protagonistas que se pueden apreciar a lo largo de todo el filme. 

Y por otro lado, tenemos la banda sonora creada por el compositor y productor Nicolas Jaar y la cantante chilena Tomasa del Real, proyectando esa fusión equilibrada entre ritmos urbanos y electrónica experimental tan característicos de “Ema”. Dialoga de manera casi perfecta con la estética visual que proponen muchos de sus momentos más coreográficos e interpelan el oído del espectador constantemente a través de la experimentación.

Todo esto permite que la sonoridad propuesta sea una experiencia en sí misma, creando texturas sonoras que constituyen la sensorialidad del filme y que transportan al espectador a ese universo que intenta crear Larraín. 

Nicolás Jaar y Tomasa del Real.

Considerando lo anterior, no es exagerado catalogar a “Ema” como un deleite visual y sonoro en torno a la construcción de su mundo. Los momentos de danza de la película son complejos y transmiten por completo la emocionalidad de sus personajes, logrando que Larraín ponga en práctica todo ese potencial visual contenido en el cine a través del uso de esos planos fijos de fuego, movimiento y sexo. 

La poesía en el cine de Larraín

Las actuaciones, por otra parte, están en su mayoría extremadamente bien logradas. La tecla actoral que propone Larraín en sus películas es compleja porque se empeña en encontrar ese espacio intermedio entre lo poético/teatral y lo cotidiano. En “Ema” se vuelve aún más evidente, a causa de que lleva al extremo esta propuesta de la mano de las palabras de Guillermo Calderón y Alejandro Moreno, ambos dramaturgos que se caracterizan por jugar constantemente con lo absurdo y lo poético en sus textos más emblemáticos.

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Aquello permite que el guion de “Ema” sea profundo y hermoso a la vez. Cada uno de los textos encierra un mundo y una temática en torno a nuestro país y su funcionamiento que es difícil de concebir en un primer intento. En ese sentido, la ejecución de Mariana Di Girolamo es tremenda. Logra instalarse en cada una de sus escenas y transmitir esa complejidad de manera intachable al espectador.

“Ema” se vuelve otro ejemplo más en el catálogo de Larrain que denota la importancia actoral que requiere su propuesta cinematográfica.

Los referentes que utiliza junto con los colaboradores detrás de la producción de la película, transforman a “Ema” en una obra extremadamente interdisciplinaria. Sucede que pocas veces se ve un diálogo tan fluido entre los diferentes elementos que constituyen un filme; en esta cinta Pablo Larraín logra una cohesión casi perfecta entre lo que es imagen, sonido, texto y actuación.

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Un torbellino de temáticas…

Donde justamente se desvía la película es en la cantidad de temáticas que busca tratar. “Ema” nos intenta hablar de maternidad, del Sename, de la danza, la familia, lo urbano, lo intelectual y lo terrenal, del sexo y las relaciones interpersonales, del arte, de feminismo y de vacío existencial. Todos estos grandes tópicos están contenidos en su guion y en sus interpretaciones, sin embargo, por lo mismo, ninguno logra articularse del todo.

Una de las razones de lo anterior, es que la ejecución va encargada de personajes que parecen flotar en una nube intelectual concebida por su autor. El personaje de Ema es tan complejo y tiene tantas capas que parece volverse intangible a medida que avanza la película. 

Es un ente que flota, que acciona y reacciona, pero desde un plano superior. Esto se evidencia con mayor holgura con la presencia de otros personajes más cotidianos y terrenales, que son los que van introduciendo momentos de aire y respiro en la película. Personajes como el de Catalina Saavedra, Amparo Noguera y Paola Giannini entregan una naturalidad y cotidianidad que es iluminadora. En esa atmósfera hermética con seres que parecen de otro mundo, las intervenciones de estos personajes son un soplo de aire fresco que permite que el espectador logre nuevamente conectar con la atmósfera del filme.

EMA | Cineteca

Algo que se vuelve patente es que este juego constante entre lo cotidiano y lo intelectual, impide que la película profundice en cada uno de sus temas. Se mencionan y se retratan, pero no logran asentarse del todo y provocan que “Ema” sea un largometraje que trata de todo y, por ende, de nada al mismo tiempo. 

Otro rasgo en donde se muestra esto mismo es en el mismo retrato que se hace de Chile. A ratos se ve el país del cual Larraín busca hablar, pero a otros se pierde y nos encontramos nuevamente en este lugar extraño, amorfo y abstracto. A ratos observaba espacios que denotaban el puerto de Valparaíso y espacios que evocaban esa identidad nacional que, creo, el cineasta buscaba en la película, pero en otros momentos lo que observaba era Berlín o una ciudad europea irreconocible en el Chile cotidiano.

Quizás este juego entre lo intelectual y aquellos elementos más folclóricos eran precisamente la intención de Larraín, pero al menos desde mi perspectiva impiden comprender del todo ese retrato social que si esta intencionado en su guion y en varios de sus momentos más emblemáticos. 

EMA | La cinematk de Joe Marlango

Una película llena de sensaciones que genera confusión…

Lo que queda claro es que “Ema” es una película extremadamente interesante, y que cada uno de sus recursos visuales, sonoros y narrativos dan para horas de análisis. La manera en la que retrata la familia, el amor, las relaciones interpersonales, el arte, la maternidad y los roles femeninos son únicas e innovadoras, pero sucede que el tratamiento de todos estos temas queda a medio camino y como espectadora quedo con ganas de ver más. 

Vuelvo una y otra vez a pensar en la película por todos esos vacíos y contradicciones que me generó, quedándome con la sensación de que faltó algo para aterrizarla más. Finalmente, “Ema” es eso, una obra que te hace reflexionar, que te genera contradicciones y que esboza todas las temáticas que busca tratar de una manera potente, abrumadora y hermosa.

Anto Aldea

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