“El diablo viste a la moda 2” es correcta, entretenida y visualmente atractiva, cargada de moda y glamour, pero genérica y predecible. Detalles en La Máquina.
Hace algunos días y, gracias a los amigos de Cinecolor Chile, es que pudimos asistir a una función privada de “El Diablo viste a la Moda 2”, secuela que llega 20 años después del inesperado éxito de la primera cinta, la cual se ha convertido en una película de culto.
Ahora, la segunda parte nos relata la caída libre de la revista de moda Runway y de su editora Miranda Priestly, quienes tienen que lidiar con una brutal cancelación en redes sociales y un gran recorte presupuestario debido a esto. Para apagar el incendio, deciden recontratar a Andy Sachs, quien ahora es una brillante periodista de investigación y accede a volver a trabajar en Runway debido a su sorpresivo despido. En esta ocasión, Miranda es quien necesita a Andy, y en dos horas de película vemos cómo este dúo intentará sacar adelante a la revista más importante de la moda.
Con una cinta que está llena de glamour, referencias a la primera película, un cuarteto actoral que funciona y una trama de desarrollo ágil, la película es entretenida, pero no alcanza el nivel de la primera. De hecho, se siente tan conformista que incluso podría ser una producción de streaming, lo que debilita su impacto como secuela de una obra tan icónica.
UNA CINEMATOGRAFÍA QUE SIGUE LA HOJA DE RUTA
El director es David Frankel, quien dirigió la primera cinta, y casi todo el equipo creativo se repite. Por ende, todo en esta película se siente reciclado, pero eso no es necesariamente negativo. Frankel recurrió a lo seguro y no corrió ningún riesgo; sabía lo que la gente quería y se los dio. Los planos generales destacan ampliamente, ya que permiten observar el mundo de la moda y el glamour con la grandilocuencia que se exigía. También hay planos cerrados que profundizan en la evolución emocional de los personajes y sus conflictos internos.
El cineasta consigue que el resultado final no pierda la esencia en ningún sentido, entregando lo más reconocible: glamour, humor sarcástico y una sólida química actoral. Sin embargo, algo falta. Ese entusiasmo, esa chispa que elevó a la primera entrega. Aquí ya no está. Se apostó tanto por lo seguro que el resultado se siente correcto, regular y profundamente conformista.
El guion funciona y es bastante correcto. La historia es lineal, sin ningún salto temporal, lo que facilita su comprensión. En apenas una hora ya tenemos a Andy trabajando para Runway, Emily en Dior y Miranda enfrentando el problema central de la cinta. Pero lo más destacable del escrito es la evolución y desarrollo de los personajes, algo que muchas secuelas no logran. Aquí sí vemos crecimiento y madurez en el cuarteto central.
Además, la película propone una fuerte crítica a la inmediatez de las redes sociales, al desplazamiento del periodismo serio frente a la llegada de los influencers de contenido y a cómo la revista de papel couché ha sido prácticamente reemplazada. Con un final feliz, digno de las películas de los años 90, la cinta se presenta como una fuente constante de referencias a la primera parte, con un humor sarcástico que intenta replicar su esencia, aunque no lo logra completamente. Y sí, “conformista” es la palabra que más se repite, porque define el alma de esta producción.
Pero lo más destacable, y como debía ser, es el departamento de vestuario: icónicos looks, maquillajes, peinados y espectaculares cameos de modelos, cantantes y celebridades. Eso era lo esperado. Es su esencia. No podía faltar, y cumple con creces en ese apartado.

UN CASTING ESPECTACULAR
Primero, hablemos de Meryl Streep, una de las más grandes actrices de todos los tiempos. Aquí interpreta a la villana Miranda Priestly, aunque en realidad no lo es tanto. Vemos lo que siempre ha sido, pero con matices nuevos. Meryl encarna a Miranda de forma exquisita y nos entrega nuevamente a una jefa de redacción políticamente incorrecta, fría y calculadora, pero ahora con una dimensión más humana.
Observamos su evolución: desesperada por mantener su trabajo a flote, dependiendo de otros y reflexionando sobre sus errores. Su sensibilidad comienza a emerger, escuchando más y mostrando una faceta menos rígida. Es, sin duda, el personaje más completo de la cinta, y representa un cierre narrativo interesante.
Luego está Anne Hathaway, nuestra heroína encubierta. Aquí vemos a una Andy mucho más madura, con el éxito profesional que siempre buscó. Sin embargo, un traspié laboral la devuelve a Runway y, en lugar de dudar, demuestra su crecimiento enfrentando la situación con determinación. Aunque queda algo de esa chica tímida de hace 20 años, ahora se presenta como una mujer empoderada, segura y con una vida emocional más estable.
Por su parte, Emily Blunt se posiciona como la gran antagonista. Su personaje es el que más cambios experimenta, y para bien. Ahora trabaja en la revista rival de Runway, ocupando un puesto relevante. Mantiene su esencia: cruel, estresada, sobrepasada y antipática, pero con una ambición mucho más marcada, incluso intentando desplazar a Miranda. Es, probablemente, el personaje que más crece en toda la película.
Finalmente, Stanley Tucci. Aunque su personaje es el que menos evoluciona, esto responde a una lógica narrativa: su estancamiento es parte de su identidad. Es el eterno y leal colaborador, y no pretende cambiar. Sigue siendo el personaje noble y estable que aporta equilibrio al relato.
El nuevo elenco también destaca. Se nota que comprendieron el universo de la primera entrega y asumieron el desafío con respeto y precisión. Cumplen su rol y logran integrarse sin desentonar.

“EL DIABLO VISTE A LA MODA 2” EN PALABRAS SIMPLES…
“El Diablo viste a la Moda 2” es una película correcta, entretenida y visualmente atractiva, cargada de moda y glamour. Se suma a la ola nostálgica, entiende lo que quiere el público y se lo entrega sin mayores riesgos. Sin embargo, esa misma seguridad la vuelve genérica y predecible, acercándola más a una producción de catálogo de streaming que a una secuela memorable. Probablemente, con el tiempo, será recordada solo como eso.












