Reseña | ‘Los buenos deseos’, de Eugenia Pérez: Poesía íntima

 Reseña | ‘Los buenos deseos’, de Eugenia Pérez: Poesía íntima

¿Cómo concentrarse en leer o escribir con más de 8.000 casos de contagios diarios por covid-19? ¿Me da la cabeza para leer? – Sí, un poco. ¿Qué estilo? – Poesía. He ahí la relevancia de “Los buenos deseos”.

Me llegó una invitación de la Editorial Elefante para conocer sus producciones y, de pura intuición, escogí este libro, el primer poemario de EUGENIA PÉREZ, “Los buenos deseos”, editado el pasado 2020.

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Sobre la autora:

Eugenia Pérez Tomas. Buenos Aires, 1985. Escritora, directora y dramaturga. Escribió y dirigió “Un futurista ciego”, “Las casas íntimas”, “Rodolfo, Beatriz y Fantasma Unicornio”, “Disparo de aire”, “En lo alto para siempre” y “¡Recital Olímpico!” (las dos últimas en coautoria y coodirección con Camila Fabbri), entre otros.

Este libro está compuesto por 31 poemas, que se divide en cuatro partes, las cuales llevan por títulos: Falta de paisaje, La bondad no, Lo que puede un cuerpo y Los que escriben.

La autora propone una especie de viaje que va desde poner al sujeto (o ella misma) a mirar por la ventana, a buscar hacia afuera, lo que termina encontrando en sí; en el observarse a sí misma, en volver a mirar su cuerpo, su profesión, el escribir.

“El río de mi ciudad no es hermoso”, escribe Eugenia en uno de sus poemas, me interpela, porque “el río de mi ciudad” tampoco lo es. Y así, con varios versos logra describir paisajes de su ciudad, de su barrio, de su casa, que fácilmente se pueden extrapolar a nuestro territorio y, cómo no, si estamos tan cerca. Y eso me cautiva. Eugenia logra hacer de un espacio, de un objeto, un lugar, una experiencia, una textura, una imagen, un recuerdo reconocible en mí imaginario en su obra “Los buenos deseos”.

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Por ejemplo, en “La bondad no”, uno de mis pasajes favoritos, los poemas hablan de ritos, de rezos, de objetos de santuarios, palillos para tejer, lana, cafés compartidos, concluyendo con esa pregunta insistente, que parece posarse sobre las orejas de las mujeres pasada ya determinada edad… ¿Ocuparse de los detalles de otro es ser madre?

A través de estos poemas vi a mi madre, las manos de mi abuela, a las mujeres de mi familia empinando un trago. Y junto a ellas, también estaba yo, entre esos objetos, entre esas preguntas, entre esos afectos, esos miedos y curiosidades.

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Considero que siempre es recomendable leer poesía. En estos tiempos confusos se vuelve una grata compañía, ya que -quizás- cuesta más mantener la atención en una sola cosa y la poesía nos brinda la libertad de avanzar lento, de soltar y retomar en cualquier momento.

Y particularmente “Los buenos deseos” nos permite además mirar por una ventana hacia afuera, a ese exterior que tanto extrañamos y, a la vez, nos invita a mirar hacia dentro, a donde incomoda, pero guiades por una voz cálida, cercana y serena, que te da tranquilidad para hurgar.

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Belén Herrera

Soy actriz, lectora y cinéfila por vocación. Amo las letras y como suenan los dedos contra el teclado cuando hay urgencia.

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