“Lo que pasó con Dragon Ball no se ha repetido y creo que las bases para conseguir ese fervor no podrían darse otra vez”.

«Dragon Ball» (y sus variantes de Z, GT y Super) han sido, sin dudas, un fenómeno que ya estas alturas traspasa a generaciones. Las aventuras de Gokú, Bulma, Vegeta y Krilin datan desde hace más de 30 años (desde su primera publicación en 1988), pasando por su llegada a Chile en 1995, hasta hoy, donde desde 2015 con «Dragon Ball Super», la nueva saga de una franquicia que alberga videojuegos, manga, revistas e inclusos análisis sociológicos.

Una trama simple pero que contenía dos puntos que para el autor, Daniel Madrid Tapia (32): aventura y peleas. Así definió en grandes rasgos la cabeza y dedos detrás de “Vamos a Buscar: El camino de Gokú en Chile”, libro que indaga sobre el impacto de «Dragon Ball» en Chile desde su llegada y cómo generó toda una apertura, que ya contaba con una base sólida con series anteriores como «Robotech» o «AstroBoy», hacia la cultura oriental y todo lo que rodeaba la animación japonesa.

Daniel Madrid Tapia, Periodista y autor de Vamos a Buscar: el camino de Gokú en Chile

El libro –que tiene una tercera edición publicada el 15 de enero– es traído por Trayecto Comunicaciones y Daniel Madrid, que ya cuenta con una tercera edición recientemente disponible, y que puede reservarse en www.vamosabuscar.cl.

La Máquina dialogó con su autor, Daniel Madrid, quien relató qué lo inspiró para hablar sobre «Dragon Ball» y su influencia en nuestro país, de qué habla su libro y la relevancia del anime en tierras latinoamericanas.

-¿De dónde surge la idea del libro y qué te motivó a escribirlo?

La idea surgió desde mi interés particular por Dragon Ball y de todo lo que rodeó al fenómeno. Conocí a Gokú en 1996, poco antes de que el canal Mega, conocido como Megavisión, transmitieran la serie en 1997. Ese año, Dragon Ball se abrió a la masividad junto con su primer álbum de láminas editado por Salo y, claro, las conversaciones del saiyajin eran casi obligatorias en los colegios y círculos de amigos: “me conseguí una película en VHS”, “supe que Gokú alcanza una nueva transformación”, “¿quiénes son esos personajes?”, “yo lo vi antes en Maldita sea de Rock & Pop”, “un vecino se consiguió un número del manga español”, etc. Ese movimiento se nutrió con la cobertura de los medios de comunicación y rápidamente se generó una simbiosis que seguí con los años. Finalmente, casi terminando 2017 tomé la decisión de escribir al respecto y darle forma a mi investigación sin rumbo.

-¿Cómo definirías el fenómeno de Dragon Ball en Chile? ¿Crees que hoy sería posible algo así?

Podría definirlo con una pregunta: ¿existe otra serie que haya convocado multitudes en plazas y gimnasios para seguir la definición de su historia? Lo que pasó con Dragon Ball Super no se ha repetido y creo que las bases para conseguir ese fervor no podrían darse otra vez. Gokú sumó adeptos en una época de acceso restringido a la información, con un mercado muy cerrado. Hoy, saciar la necesidad por una serie, cómic, manga, película está a unos cuantos clics de distancia, tanto para vías oficiales como piratas. La “mística” es otra y la segmentación muy variada.

-¿Qué tanto influyó Dragon Ball en la expansión de la cultura de la animación japonesa en nuestro país?

Dragon Ball pertenece a la “segunda ola” del anime en Chile. A grandes rasgos, en los años 70 hubo series en televisión y en la década de los 80 obtuvieron más pantalla gracias a canales como UCV e incluso Canal 13 con «Robotech«, lo que podríamos denominar como la “primera ola” de la animación japonesa en Chile. Si bien el animé no desapareció de la programación local, fue con Los caballeros del zodíaco que agarró un nuevo aire en 1995. Después llegaría Sailor Moon y Dragon Ball. Te diría que, adicionalmente, Dragon Ball estuvo más cerca del inicio de la masificación de internet. También, y dado el gusto popular, el material que llegaba con información de Gokú, como revistas argentinas y españolas, abarcaron otros trabajos que levantaron la curiosidad. Por otro lado, como el público ya había demostrado su preferencia, en televisión se apostó por más y más series japonesas.

-Según tu punto de vista, ¿es posible hablar de un «gran suceso sociológico» con Dragon Ball en Chile?

Esa es una interrogante que intento responder en mi investigación. Para 2011, Dragon Ball llevaba muchos años sin grandes novedades. Dejando a un lado los videojuegos, lo más reciente había sido el fugaz especial «¡Hey! Gokú y sus amigos regresan» de 2008, el bodrio (de película) «Dragonball Evolution» y la adaptación en HD de Dragon Ball Z llamada Dragon Ball Kai, ambos de 2009, pero dentro de las movilizaciones estudiantiles que marcaron 2011 apareció “la genkidama por la educación”, entonces ves que los códigos, el lenguaje, la herencia cultural estaba ahí, completamente vigente. En el libro abordo más hitos y pasajes de corte sociológico aunque creo que cada lector debe sacar sus propias conclusiones.

-¿Cuáles crees que son las principales razones por las que esta franquicia entró tan fuerte en Chile?

Como te mencioné, Los caballeros del zodíaco y Sailor Moon habían pavimentado parte del camino y, en esa época, lamentablemente estaba muy marcado que algunas producciones eran “para mujeres y otras para hombres”. Si bien Dragon Ball cabía dentro de esta segunda categoría, no era tan acentuado como con Los caballeros del zodiaco, además, la historia era más simple, cómica y con menos violencia. La extensión de la serie y sus repeticiones permitieron que hubiese más productos asociados, como los álbumes de Salo y otras promociones que mantuvieron el interés por varios años.

-Según tu investigación, ¿cuál fue el hecho que más te llamó la atención en relación al fenómeno?

Sin contar las menciones culturales y de fanáticos, me llamaron la atención las cifras. En el libro abordo el rating de la transmisión original, la cantidad de espectadores que Dragon Ball ha llevado al cine, el álbum de láminas más vendido, etc. Creo que aterrizar el fenómeno con números brinda una perspectiva que ayuda entenderlo mejor.

-Como fanático de la serie: ¿cuáles son las principales fortalezas y debilidades de la franquicia? ¿Qué te pareció Dragon Ball Super?

Para mí, la mayor fortaleza de Dragon Ball es que su historia es simple a pesar de tener tantos personajes. Por otro lado, considero que alejarse de las aventuras para centrarse en los combates podría ser una debilidad, porque si bien es lo que capta la atención de gran parte de la fanaticada, la fórmula podría aburrir si no se dosifica o se añaden vuelcos. Creo que esto último está muy bien logrado en el último arco del manga de Dragon Ball Super con el villano Moro. Estoy a la espera de nuevas historias y, sí, Dragon Ball Super me ha gustado a pesar de que comenzó lento con la adaptación de las películas La batalla de los dioses y La resurrección de “F” .

-¿Personaje, saga y villano favorito?

Tengo dos personajes favoritos: Bulma y Piccolo, o Píkoro, según como sea adaptado desde del japonés. Me gusta el personaje de Bulma porque con ella inicia todo. Es independiente, súper inteligente al nivel de ser una científica/mecánica casi sin igual y tiene una cualidad muy humana: recurre a ciertas pillerías para conseguir sus propósitos. Me parece genial que al final se haya quedado con Vegeta, este personaje casi indomable. Aunque Freezer es el villano por excelencia, me quedo con Piccolo y su paso desde lo despiadado a la inteligencia mística. Él fue el primer gran malvado y su saga, en realidad la de su padre, es mi favorita. Creo que marca un precedente gigante en la historia con —dudo que sea un spoiler a estas alturas— la muerte de varios personajes y hasta del dragón Shenlong.

Gokú y Chile han generado una relación que pareciera no tener para cuando romperse y que puedes revisar en detalle en la obra de este joven autor.

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