“La jaula de las locas” en voz de sus protagonistas: “Una pareja gay que lleva 20 años juntos, en los 70, con todos los problemas de discriminación, se merecen un aplauso”

El equipo de la adaptación chilena de “La jaula de las locas” habla sobre amor, diversidad y los desafíos de llevar el musical a Chile.

Debuta en Chile esta famosa obra musical basada en la obra de teatro francesa “La Cage aux Folles” (La jaula de las locas) de Jean Poiret, que fue adaptada a la pantalla grande a fines de los 70 y mediados de los 90, y representada alrededor del mundo gracias a su exitosa adaptación en Broadway a partir de 1983.

Es primera vez que en nuestro país se realiza el montaje original de Harvey Fierstein y Jerry Herman, que se adjudicó seis premios Tony en su época de estreno y catapultó a la canción “I Am What I Am” (Soy lo que soy) como un himno de la comunidad LGBT. Esta producción dirigida por Eduardo Yedro (“Annie”, “Mamma Mia!”, “La novicia rebelde” y “Billy Elliot”) reúne a un destacado elenco que componen Catherine Mazoyer, Manuel Castro, Tati Fernández, Jean Michel Servant, Angélica León, Pablo Cavieres, entre otros talentosos intérpretes.

Si dentro de la historia del teatro chileno fueron los fallecidos Héctor Lillo y Jorge Álvarez quienes primero protagonizaron “La jaula de las locas” en 1975 en el Teatro Mistral, y quince años después fue el turno del desaparecido Walter Kliche y Fernando Alarcón en el ex Teatro Providencia (hoy Nescafé de las Artes), ahora Felipe Castro y Gonzalo Muñoz-Lerner tienen la misión de encarnar a los nuevos Georges y Albin.

De Broadway a Chile: “La Jaula de las Locas" llega por primera vez al país — Futuro Chile

¿De qué trata “La jaula de las locas”?

Ambientada en la década de los 70, específicamente en la ciudad de Saint Tropez, Francia, donde yace “La Cage aux Folles”, un popular cabaret de transformistas, que es propiedad de una pareja homosexual que permanece unida desde hace más de veinte años, siendo también el sitio que alberga a Zaza, la estrella de este centro nocturno, que no es nadie más que el alter ego de Albin (Gonzalo Muñoz-Lerner).

Tanto él como Georges (Felipe Castro) han criado a Jean-Michel (Manuel Castro), el cual es hijo biológico del maestro de ceremonias, y quiere al novio de su progenitor como si fuese un segundo padre. Sin embargo, la estabilidad de esta atípica familia se ve alterada cuando el muchacho anuncia que se comprometerá en matrimonio con Anne Dindon (Tati Fernández), hija de Edouard Dindon (Jean Michel Servant), un político conservador y miembro de un partido que se opone a la diversidad sexual, así como del funcionamiento de negocios como la boîte de Georges y Albin.

En vista de que su inminente boda corre peligro, Jean-Michel le confiesa a la pareja que le mintió a su novia y a sus consuegros sobre el tipo de familia que tiene, y los convence para fingir que son otras personas delante de los Dindon, cuando vengan a cenar a su casa. Albin y Georges deambulan entre el impacto, la decepción, las dudas y la necesidad de sacrificio con tal de hacer feliz al hijo de ambos. Sin embargo, un alud de equívocos, falsas identidades, humor, mucho color y lentejuela caerá encima de todos estos personajes, demostrando a modo de espectáculo, que no hay nada más importante que el amor mutuo y el amor propio frente a la intolerancia.

“La jaula de las locas” consiste en una apuesta teatral de Ca-Dos Producciones y cuenta con la producción ejecutiva de Rodrigo Leiva. Su puesta en escena llama la atención, ya que se realiza en el Teatro Estudio 13, nueva sala de espectáculos al interior de Canal 13, ubicada en Inés Matte Urrejola 0848, comuna de Providencia, que cuenta con más de 700 butacas y un amplio escenario especialmente acondicionado para recibir grandes montajes musicales. Su estreno se dio el miércoles 15 de julio y las funciones se prolongarán hasta el 26 de julio.

En esta oportunidad, La Máquina conversó con el director Eduardo Yedro y los protagonistas de este musical acerca del desafío que implica llevar por primera vez hasta nuestros escenarios una producción de esta magnitud, a cuarenta y tres años de su estreno en Estados Unidos, y de todo lo que han aprendido a cargo de un equipo como este, trabajando con el resto del elenco y poniendo a prueba su destreza artística, al actuar, cantar y bailar a lo largo de dos horas y media.

 

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  • ¿Qué tal ha sido para ustedes descubrir “La jaula de las locas” con este montaje?

Eduardo: Nunca pensé que se iba a hacer “La jaula de las locas”. Cuando me eligieron para dirigirla, yo siempre tuve en mente la película francesa con Ugo Tognazzi y Michel Serrault. No conocía cómo era el musical y a través de eso empezamos a trabajar, a elegir el elenco, a buscar los personajes que uno quiere ver en el escenario, y partiendo por encontrar a los Georges y Zaza que protagonizarían el musical. Este es un elenco un poco más pequeño, pero no tanto. Son cerca de 20 personas. Fue muy importante visualizar cómo iba a verse la puesta en escena y también el presentar al público una historia de amor. Aparte del humor y todo, hay una historia de amor bastante importante. Y más allá de los chistes, las bromas de la comedia que tiene, el amor es fundamental y no hay que perder de vista eso.

Felipe: He construido una carrera linda entorno al teatro y la música. De la televisión también, pero forma parte como de un pasado ya antiguo y participar de “La jaula de las locas” es un sueño cumplido. Estas son las obras que uno quiere hacer y que uno no espera que lo llamen, porque parecen imposibles. Así como lo ves, se está haciendo “La jaula de las locas” aquí en Chile, con un elenco enorme y una gran, poderosísima y robusta producción. Había visto la película francesa (1978) y la americana (1996), y tuve la suerte de ver este musical en España como hace 20 años.

Gonzalo: Ha sido una experiencia muy hermosa. Yo amo mucho los musicales desde que mis papás me llevaron a ver “Jesucristo Superestrella” al Teatro Caupolicán y llevo mucho tiempo trabajando en ellos. De hecho, soy profesor de teatro musical y de historia del teatro musical. Cuando chico vi la película francesa de “La Cage aux Folles”, que hoy día está en YouTube y es muy fácil verla. Después conocí el musical de Harvey Fierstein, a quien admiro profundamente, entre mis 20 y 30 años. Y luego vi la película de Nathan Lane y de Robin Williams. Este musical es demasiado lindo y lo que más me gusta es su música. Las composiciones de Jerry Herman son preciosas, difíciles, pero hermosas y un desafío muy bonito de llevar.

Manuel: Ha sido muy desafiante e interesante, porque te propone indagar en diferentes universos expresivos, y ha sido muy especial para mí poder incursionar más en el formato más clásico de la danza. Nunca pensé que sería tan entretenido aprender algo de Ballet y de la postura con cierta elegancia e impronta. Yo no conocía el musical ni las películas. Ahora sé lo emblemática que es para el público seguidor del teatro musical, que tiene a esta obra dentro del inconsciente.

  • ¿Cómo ha sido trabajar con el elenco?

Eduardo: Tengo a favor mío que conozco muy poco a los actores y eso que vivo acá hace más de 40 años, viajando igual a Argentina y Estados Unidos. Pero soy poco farandulero. Y eso es bueno para la audición, porque no me influye. Acá todos los personajes que han estado en todas las obras que he hecho, son personajes que se eligen realmente. Yo a Felipe Castro no lo conocía y a Gonzalo Muñoz tampoco. A Catherine Mazoyer por supuesto que sí, porque habíamos hecho “La novicia rebelde” en el Teatro Municipal de Las Condes, y algunos bailarines habían trabajado conmigo en otras obras. Para dirigir algo primero observo mucho y dejo que el coach de actuación empiece a trabajar con el guión, que es Marco Espinoza. Annie Murath es la coach vocal y Valeria Peña, que es la directora musical.

Felipe: Para mí esto es puro aprendizaje. Yo me instalo aquí y miro a los chicos como trabajan, cómo aprenden, cómo se retroalimentan entre ellos, cómo viven de las redes sociales y no entiendo nada. Pero es muy lindo aprender de toda esa juventud que acarrean ese horizonte y ese mundo, que me entretiene mucho. Aunque a Gonzalo lo conozco desde hace muchos años, ha sido una sorpresa ver cómo él ha ido avanzando en este montaje, ya que entró a destiempo, bastante después de cuando comenzamos. Es impresionante cómo él ha hecho un trabajo riguroso, de no solo aprenderse canciones, sino que aprender a cantar mejor, aprender técnicas vocales y aprender de un montón de cosas. Le sobra tanta trayectoria y es una gran persona.

Gonzalo: Conozco a Felipe desde que me dirigió como en cinco obras hace muchos años atrás, en un teatro escolar que hacían con Pancho Melo. Él también estuvo metido en otra obra que dirigió Pancho Melo, donde yo hacía de Bernardo O’Higgins. Fue muy lindo que en cuanto él supo que yo iba a estar en “La jaula de las locas”, me mandó un mensaje y yo le respondí que le dijese a Paola que durante los ensayos y las funciones su marido iba a ser mío, que lo íbamos a pasar muy bien y nos íbamos a amar mucho. Felipe tiene una técnica vocal perfecta, no como yo, que me cuesta mucho, pero soy muy trabajador. Ha sido súper fácil y un placer trabajar con Felipe. Desde el principio los dos quisimos contar una historia de amor y no queríamos caer en el chiste per se. Una pareja gay que lleva 20 años juntos, en los 70, con todos los problemas de discriminación, se merecen un aplauso. Algo como eso se merece honestidad en el escenario. Felipe y yo no tenemos que mirarnos para saber lo que el otro respira, por ejemplo. Tenemos mucha confianza física de lo que pasa en el escenario y yo creo que ahora sí nos vemos como una pareja de 20 años. Conocer a Manuel Castro ha sido un placer y ha sido muy fácil ser su madre en esta obra. Aquí todos me tratan como Albin o como Zaza. Encuentro que el ensamble es impactante. A mí me gusta ese lugar, porque creo que te mantiene el ego a tope y este ensamble es uno de los mejores ensambles que he visto en mi vida. Cantan, bailan y actúan a la par. Diez de diez en cada uno. Son muy jóvenes, muy guapos y muy guapas cuando se trasvisten, y son talentosísimos. He recibido mucha ayuda de ellos también para poder caminar arriba de tacos, por ejemplo. Entonces para lograrlo es pura pega y he tenido el lugar y el espacio para poder hacerlo.

Manuel: Ha sido un privilegio trabajar con Eduardo, porque viene de la escuela de la danza y el Ballet, y es un privilegio trabajar con este grupazo de bailarinas y bailarines. Los artistas como que nos piropeamos entre los otros, pero es que, de verdad, desde la actuación, encuentro que es un regalo verlos trabajar. Ha sido muy inspirador para buscar ese lenguaje de danza clásica y de postura para expresar la elegancia. Eso ha sido lo más rico de este proceso. El canto ha sido difícil y desafiante también. Hacer un musical en invierno es complicado, porque hace mucho frío y uno se resfría también. Hay que andarse cuidando. Entonces el canto siempre tiene ese bagaje con estarse cuidando, con ser mateo y con estudiar. Pero también es un poco más mi terreno y ya sé cómo trabajarlo. Pero no deja de ser un desafío tremendo. Este nuevo mundo de la danza ha sido muy rico y me encantaría incorporarlo siempre que pueda.

  • ¿Qué tal se dio para usted Felipe y para ti Manuel replicar su vínculo padre e hijo dentro del elenco de “La jaula de las locas”?

Felipe: Es siempre interesante trabajar con tu familia. Pero hagamos lo que hagamos, da un poco lo mismo. Además, que nosotros aquí somos colegas. Arriba de un escenario o durante un ensayo, nos miramos como los colegas y hablamos como los colegas. Lo que pasa es que está toda la segunda capa detrás, con la que nos entendemos más fácil y rápidamente. Manuel nació cantarín, nació músico y nació actor. No tenía ningún otro destino el pobre. A él le gusta el escenario, las luces y las películas. Manuel era un niño encantador y ahora es un adulto maravilloso que hace su trabajo y que es independiente hace más de seis o siete años y yo lo admiro por eso. Ha sido capaz de desprenderse de nosotros, aunque de mí no cuesta nada, pero de su mamá te lo encargo. Si es hijo de Paola Volpato. Yo soy Felipe Castro no más y no voy a tirarme al suelo por eso. Pero Paola Volpato es un nombre y una marca en este país. Al que le preguntes sabe quién es ella. Atraviesa generaciones y él ha sido capaz de sobrellevar toda esa cuestión, despegarse y chao.

Manuel: Ha sido bien intenso, porque no deja de ser tu padre, y aunque con mi viejo hemos trabajado muchas veces juntos haciendo clases de teatro musical, para colegios y universidades, esta es la primera vez que estamos los dos arriba del escenario. Pero es hermoso, porque siempre hemos compartido esta pasión. La cosa filial tiene una cosa de apoyo incondicional y a veces los hijos lo cobran con justa razón. Pero también, ¿hasta qué punto? En el musical, mi personaje le está pidiendo al de Georges que por mi bien y por una estrategia que yo estoy armando solo, él casi que se traicione a sí mismo. Todos tenemos experiencias distintas y la mía personal tiene que ver con papás que me quieren mucho y que me han ayudado bastante. Entonces, uno a veces da por sentada esa incondicionalidad y es importante no ser tan egoísta. ¿Cachai? Entonces ese juego con la incondicionalidad es lo que a veces resuena en nosotros. No es que yo le haya pedido nada a mi padre. Pero a veces uno da por sentado ese apoyo y tiene que ver con pensar en el otro. Uno muchas veces no ve al papá como otro, lo ve como parte de uno. Pero, ¿hasta qué punto es de tu equipo o pasa a ser una herramienta tuya?

  • ¿Qué opinan acerca de que “La jaula de las locas” se monte en el Teatro Estudio 13, en vez de una sala de teatro tradicional?

Eduardo: Hay pocos teatros en Santiago y que se abra un espacio más, aunque no sea el teatro típico, bienvenido sea. Lo primero que hicieron fue llevarme para ver cómo era. A través de las medidas llamé a Patricio Pérez, que fue un jefe técnico del Teatro Municipal de Santiago, porque él es muy creativo. Necesitaba una escenografía móvil, porque no hay cortinas para subir y bajar, y Patricio me dio unos bocetos de cómo se podía hacer, con paneles que se van corriendo de izquierda a derecha.

Felipe: Me trae recuerdos enormes. Yo pasé diez años de mi vida en Canal 13 y ellos tuvieron la visión de entender que hay que diversificarse e hicieron lo que mejor saben hacer, que es transformarse en artes escénicas. Son estudios de televisión hasta que tú decides convertirlo en algo más cálido y atractivo. Está muy lindo y tiene una escalinata hacia arriba. Se preocuparon de que todo el mundo viera bien y escuchara bien. Y ni hablar de la técnica sobre iluminación y sonido. Yo siempre confío en el trabajo. Aquí hemos trabajado bien y hemos sido sistemáticos. He tenido la suerte de conocer a don Eduardo Yedro, que no tenía idea quién era y es un siete. Con una paciencia y con una tranquilidad para dirigir un grupo humano muy grande y diverso. A él no le entran balas.

  • ¿Qué es lo más especial o único que tiene “La jaula de las locas”?

Felipe: Que es una historia de amor entre dos hombres y su hijo. Es una preciosísima historia de amor entre dos hombres y su hijo, y eso es lo que la hace única. Todo esto en un espectáculo, desde el show, desde lo atractivo, la visualidad, los cantos, los bailes, la alegría de la vida de ver cómo esta familia tropieza, salta, se vuelve a parar.

Gonzalo: Primero es que es una obra histórica. Fue una de las primeras que instaló el tema del Orgullo gay en pleno auge del Sida. Es como sacarse el sombrero ante las personas que primero llevaron la punta de lanza frente a la defensa de los derechos mínimos de la disidencia. A mí me llena de satisfacción y también de una gran responsabilidad. No quiero que nadie piense que hay una escena en donde yo estoy burlándome del personaje de Albin, ni menos del género musical, ni menos de las personas de la disidencia. Y creo que sí lo he logrado. ¿Y cómo lo estamos logrando? A través de la emoción. Es un personaje que en el primer acto está metido en un drama, que tiene que ver con el hijo que no lo quiere reconocer. Y después la segunda parte es comedia física y absoluta. Cuando él toma las riendas, intenta hacerlo de otra forma y es muy bonito. Entonces, si me preguntas por la obra en sí, yo creo que es una obra importante. Además, yo siempre he pensado desde el punto de vista como académico, que la comedia, como género teatral, es algo muy político. Es donde el bufón le podía decir al rey las verdades. ¿Cachai? Y si lo decía mal, le cortaban la cabeza. Y piensa también que siempre se mira al género del teatro musical para reírse y disfrutar de las canciones lindas. Pero muchas obras musicales han sido muy políticas. Mira lo que pasó con “La pérgola de las flores” este año, donde recién un sector de la gente se está dando cuenta de qué se ha tratado todo este tiempo. Pero efectivamente, a través de risas y de la música bonita, es posible hablar de temas profundos.

  • ¿Cómo ha sido ensayar la mítica canción “I Am What I Am”?

Gonzalo: En este montaje se llama “Yo soy lo que soy”. Es un gran momento de la obra, con el que cierra el primer acto. Habla de la aceptación de quien uno es y del orgullo que debiera uno tener y de poder expresarlo o callarlo, o gritarlo o estamparlo a quien sea cuando sea. Yo no soy una persona que canta en la vida, que va al karaoke o alguien que saca una guitarra frente a los amigos. Yo solo canto cuando interpreto a un personaje. Entonces, claro, primero hay que aprenderse las notas y las rítmicas de cada canción. Pero yo no lo logro hasta que está el personaje en una emoción cantándolo. Entonces sí, es desafiante llegar a las notas de “Yo soy lo que soy” cuando estoy emocionado. ¿Cachai? Tengo que guardar la emoción porque si no, la voz se quiebra y a veces también dejo que se quiebre. Prefiero que se quiebre y quizás la nota no llegue perfecta, a que haya una perfecta ilusión de notas sin un traspaso a la emoción. Creo que eso se transmite y se transmite que es una historia de amor, y la estamos haciendo de la manera más honesta y que pueda ser posible.

  • ¿Qué tipo de público cree que va a conectar más con “La jaula de las locas”?

Eduardo: Yo creo que toda persona que tenga cierta sensibilidad va a conectar. Más allá de la música y más allá del humor, el público encontrará un mensaje muy bonito, que los trasladará hasta ese lugar, donde el travestismo era una cosa más cerrada y clandestina de lo que es actualmente. Pero “La jaula de las locas” va a poder calar hondo en los que son más asiduos al teatro musical o a los que esperaban ver algo como esta obra montada en Chile por primera vez. El público encontrará una propuesta potente, con bailarines de primer nivel y a un Felipe Castro, que tiene una voz espectacular, y a un Gonzalo Muñoz en un rol estupendo.

Felipe: Es una historia de amor contada de manera de espectáculo. Suena muy raro, pero es así. “Amor sin barreras” era una historia de amor contada desde el espectáculo y la tragedia. “La jaula de las locas” es un romance contado desde el espectáculo y la comedia, y no solamente se trata de la historia de amor de dos hombres, sino que también la de su hijo. Hay muchas historias de amor y de espectáculo. Pero una historia de amor de dos hombres y su hijo es algo muy hermoso y especial.

Gonzalo: Porque es una historia preciosa y que merece ser escuchada. Yo, en general, cuando hago obras también me pregunto si esto merece ser contado. Y no tuve que hacerme esa pregunta aquí, porque lo que ya recordaba que me había hecho sentir la obra y la película, así me encantaría volver a sentirlo. Yo soy actor porque al ver obras musicales como esta se modificó algo en mí y creo que esta obra puede modificar a alguien más.

Manuel: Yo creo que van a conectar maravillosamente, porque es difícil entretenerse si no estás conectando. La historia es maravillosa, pero además es un espectáculo. Yo quedo mal con las coreografías y con las danzas. Tenís un grupo de ocho bailarines increíbles. Entonces yo pienso que es más familiar de lo que la gente cree. Y eso es bueno destacarlo, porque al ser una temática LGBT, uno tendería a pensar que es una cosa más de nicho o más para cierto público o nivel etario. Y yo pienso que es profundamente familiar, así que por ese lado creo que eso es lo más bacán y lo más importante.