Hace algunos días y como parte de la promoción del estreno de la obra de teatro “La Ballena” en Chile, pudimos conversar con Julio Chávez, actor y director de la versión teatral argentina de la película protagonizada por Brendan Fraser y que le valió un Premio Óscar.
En esta conversación con La Máquina, hablamos sobre su proceso de creación y sobre cómo ha sido traer esta historia a Chile. También abordamos la coyuntura político-cultural tanto en Chile como en Argentina y sorprendió al asegurar que nunca ha visto el trabajo de Brendan Fraser en la adaptación cinematográfica.
Si ya estás intrigado por conocer cómo es la obra basada en una de las cintas más importantes de la filmografía de Darren Aronofsky, entonces sigue leyendo.

Julio Chávez y la relación con “La Ballena”
Sobre llevar “La Ballena” al formato teatral, Julio Chávez aseguró: “Esto se concibe primero como una obra y luego salió la película. Pareciera que entre el cine y el teatro siempre hay competencia porque cuando algo pasa a la pantalla grande eso se apropia del material de una forma brutal. Yo no he visto la película. Sólo tuve contacto con la obra original porque me parecía que no tenía sentido verla. Y así me mantuve alejado de esa referencia”.
Además, agregó que, pese a no haber visto la adaptación cinematográfica, sí ha recibido comentarios del público que ha podido experimentar ambas versiones: “Me han llegado comentarios de la gente que vio la película y la obra, y la gente dice que en la obra de teatro logran empatizar mucho más con el personaje de Charlie”.
Respecto a su opinión sobre la cinta y su manera de adaptar la historia, explicó: “Yo entiendo por qué la cinta es mucho más oscura y casi se vuelve un acto pornográfico respecto a la condición física de Charlie. Y nosotros, como equipo, anticipamos que esa podía ser la visión y no queríamos eso. Queríamos que el espectador estableciera una empatía por Charlie, por su humanidad y que no sintiera rechazo por su apariencia física”.
Para Julio Chávez, el misterio del personaje también era fundamental dentro de la construcción dramática: “Él es un ser humano y el ser humano es misterioso. Eso queríamos mostrar de él. El porqué él llegó a pesar más de 200 kilos”.
Respecto a los temas que toca la obra y la recepción del público latinoamericano, aseguró: “En Argentina, la figura del mormón no es tan representativa y nosotros decidimos sacar ese personaje de la obra, y eso es porque no queremos hablar de ninguna institución religiosa. Nada. Algunas veces los dogmas de las instituciones piensan que pueden arreglar todos los problemas de la humanidad y no es así”.
Sin embargo, aclaró que la adaptación no busca generar una lectura localista: “El material no tiene un guiño específico para el público latinoamericano”.

Sobre el trabajo de construcción de Charlie, el actor comentó: “Lo más difícil es la ilusión de personificar a un hombre que pesa más de 200 kilos. El usar ese traje y esa máscara me preocupó mucho. Pero era ignorante al talento de construir esa máscara. Uno siempre piensa que los gringos lo hacen y los latinos no pueden hacerlo. Y eso es una ignorancia. Tenemos un grupo de trabajo increíble”.
También profundizó en la dimensión emocional y psicológica del personaje: “Quería trabajar en su psiquis, en su humor y en su ternura. Fui muy solidario con él, pero su situación física me era poco importante. Quería trabajar su interior y no que fuera lastimero. Hacerlo cercano y familiar. Incluirlo a la especie humana”.
Finalmente, reflexionó sobre el conflicto interno de Charlie y lo que vuelve tan potente al personaje: “El personaje quiere alejarse de las relaciones humanas y no lo logra. Eso es muy interesante”.
El desafío y su relación con Chile
Sobre trabajar en esta obra, afirmó: “Para mí es maravilloso este personaje. Me encanta el juego del teatro. Y es muy importante la credibilidad de que el espectador crea que está viendo a alguien de más de 200 kilos. El lograr este viaje es maravilloso y cuando la gente se olvida de mí y ve a Charlie, es un regalo”.
Además, destacó lo transformador que ha sido el proceso artístico y humano detrás del montaje: “Todo este proceso lo ha sido”.
También se refirió sobre su estreno en Chile y, muy emocionado, comentó: “El público chileno es bravo y hay que conquistarlo. Es un país muy culto, formado, exigente, pero que no es tan teatrero. Tiene actores y actrices importantes, pero el público chileno es más cinéfilo”.
El actor además valoró profundamente la posibilidad de reencontrarse con el público nacional: “Es mi tercera obra allá y me doy cuenta de eso. Quiero pasar un buen momento y llevar un buen momento allá. Las giras son complejas. Hay que ir preparado porque tienes pocas funciones”.
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Sobre la coyuntura político-cultural de Argentina y Chile, el actor fue tajante: “Yo no comprendo el enojo que hay, la necesidad de revancha. Tocar una zona tan sensible de la sociedad y querer menospreciar la cultura y las expresiones artísticas”.
También criticó ciertos discursos que, según él, han sido instalados desde algunos sectores políticos: “Hay pensamientos que están siendo utilizados por el gobierno, como por ejemplo que las carreras artísticas no dan plata o son poco importantes. En realidad, yo no sé a cuántas personas les importa el arte y eso es algo doloroso”.
Incluso, abordó el impacto de la inteligencia artificial en los espacios creativos y culturales: “La inteligencia artificial también se está apoderando de algunos espacios creativos. Hay algo más amenazante que va más allá de los gobiernos chilenos o argentinos. Está pasando en el mundo. ¿Qué sentido hay, si sólo ocho personas manejan el mundo?”.
En esa misma línea, profundizó en la sensación de incertidumbre que, según él, atraviesa actualmente a las sociedades contemporáneas: “Se siente como si hubiera un futuro recortado. No sabemos dónde vamos a quedar. Es una toma de poder muy fuerte”.

Además, reflexionó sobre el lugar del teatro y del arte en contextos de crisis: “Llama mucho la atención cómo, en períodos de crisis, el teatro surge. Pero podemos producir hartazgo porque no todos podemos sobrevivir. Es un momento muy delicado”.
Y cerró con una reflexión profundamente humana: “Hay un desprecio por el mismo ser humano. Hay un desprecio por las relaciones humanas. Eso me enoja mucho. Me desencanta. Hay que cuestionar si ahora realmente tiene valor otro ser humano”.
Sobre los temas que toca la obra y el momento en que llega al público, aseguró: “Pareciera que llega en el momento perfecto”. Sin embargo, también manifestó cierta preocupación por la dependencia tecnológica dentro de las artes escénicas contemporáneas: “Ahora los avances tecnológicos en el teatro han sido increíbles. Pero algo me sucede. Lo que tiene el teatro es que, desde un espacio vacío, podías imaginar todo. Entonces el espectador ahora no imagina, sino que saca la foto del artificio teatral”.
Destacó que la fuerza de “La Ballena” radica justamente en su humanidad y sencillez: “No quiero que se piense que nuestro espectáculo sea pobre por no tener un gran artificio. Eso tiene La Ballena. Sólo hay un alma humana. Relaciones y la gente termina involucrada. En la sala se produce un hermoso silencio y se nota que la gente está reflexionando. Eso es hermoso. Se ve que se está haciendo un viaje”.
La obra junto a Julio Chávez tendrá una única función en el Teatro Teletón el próximo 24 de julio. Las entradas están disponibles a través de PuntoTicket,












