Crítica de “La Odisea”: Christopher Nolan hace historia con una de las epopeyas más impresionantes del cine moderno

“La Odisea” escala a ser una de las mejores películas del director británico y traslada la novela de Homero a un nivel único. Crítica en La Máquina.

Hablar de Christopher Nolan en el Hollywood actual es hablar del último gran arquitecto del “cine evento”. Tras romper esquemas con el rigor histórico y la tensión de Oppenheimer, el director británico decide mirar aún más atrás en el tiempo para enfrentarse al texto fundacional de la narrativa occidental: La Odisea de Homero.

Con un presupuesto colosal de 250 millones de dólares y la promesa de devolvernos la escala épica en su estado más puro, la gran interrogante que flotaba sobre la crítica antes del estreno era si la sensibilidad matemática de Nolan encajaría con la mitología clásica.

No estamos ante una transliteración literal del poema épico, sino ante una deconstrucción del viaje del héroe que prioriza la solidez del mensaje humano por sobre la rigurosidad académica del mito.

Por eso en La Máquina te contaremos que tal fue La Odisea de Christopher Nolan. La película estará disponible en todos los cines chilenos el jueves 16 de julio.

¿De qué va La Odisea?

La Odisea en términos generales es un viaje épico en busca de regresar a casa, el cual recibe el nombre del único sobreviviente: Odiseo. Esta aventura lo lleva a él y su tripulación de 600 hombres, donde se enfrentarán a monstruos, dioses, brujas y la traición, todo con tal de volver a casa con Penélope y su hijo Telémaco para salvar a Ítaca, el reino de Odiseo.

Todo, mientras Odiseo sufre las secuelas traumáticas de la Guerra de Troya, en donde gracias a él obtuvieron su victoria.

Estructura y atmósfera sensorial

La cinta nos recibe no con la certeza de la gloria, sino con la neblina de la incertidumbre: ¿qué ha sido de Odiseo? ¿Sigue con vida o es solo un espectro del pasado? 

A partir de esa premisa, Nolan nos arrastra a armar un rompecabezas temporal que inicia en las cenizas de la Guerra de Troya. Para el espectador no familiarizado con los cantos de Homero, la estructura no resulta expulsiva; después de todo, el concepto del “viaje del héroe” cimenta casi toda la ficción moderna.

El sello de autor es inconfundible. Nolan fragmenta el tiempo para dilatar la angustia del retorno y utiliza un diseño sonoro envolvente —ajeno a la ya notable partitura musical— que aprisiona al espectador. El sonido aquí no acompaña; te sumerge en una marea de ansiedad y desdicha que evoca directamente la claustrofobia de la conferencia en Oppenheimer.

A nivel visual, el rechazo al CGI masivo vuelve a pagar dividendos. La película es una exquisitez física gracias al uso de efectos prácticos. Los monstruos mitológicos imponen un terror palpable, destacando especialmente una secuencia grotesca y visualmente apabullante en los dominios de la bruja Circe. Aunque hay una escena en particular donde si se llega a cuestionar el uso de efectos digitales, pero quedará en los espectadores disfrutar.

A diferencia de las acusaciones infundadas en redes que tildaron la cinta de “feminismo radical” por basarse en una traducción contemporánea realizada por una mujer, el filme no edulcora la mitología. Al contrario: la omisión de términos arcaicos de opresión no debilita la obra, pues las mujeres —como Penélope o Helena— siguen siendo el motor ineludible de la tragedia. Hay violencia, crueldad y una crudeza descarnada que sitúa la película muy lejos de cualquier agenda ideológica simplista; es la brutalidad del mundo antiguo en su estado más puro.

El triunfo del casting

Hablar del reparto es entrar en terreno polémico. Sin embargo, ¿y si todas las críticas previas hacia este elenco hubieran estado equivocadas? Nolan logró reunir a un grupo de actores que no destacan solo por el peso de sus nombres, sino por su capacidad para convencer al espectador de que no está viendo a estrellas de Hollywood, sino a los personajes de carne y hueso plasmados en la pantalla.

Matt Damon como Odiseo ofrece una interpretación sumamente lograda; transmite con precisión el arrepentimiento, la frustración y el cansancio de un hombre que solo anhela que su viaje llegue a su fin. Por su parte, Anne Hathaway encarna a una empoderada Penélope, quien muestra una resistencia y una lealtad inquebrantables hacia su esposo, el rey de Ítaca. Asimismo, Tom Holland demuestra que no es un actor estancado en el papel de Peter Parker, sino alguien capaz de interpretar a un hijo aplastado por las expectativas y el vacío que dejó la ausencia de su padre.

Una de las participaciones más comentadas fue la de Elliot Page, debido al falso rumor de que interpretaría a Aquiles. Quienes sostuvieron esa teoría no pudieron estar más equivocados: Elliot interpreta a Sinón, un personaje clave en el viaje de Odiseo que encarna la vergüenza para sus enemigos.

En una obra con tantos personajes y nombres de peso, abordarlos a todos sería excesivo. Por ello, resulta más valioso concentrarse en las principales controversias del elenco. En este punto entra Lupita Nyong’o como Helena de Troya. Alrededor de su papel surge una confusión común: olvidar que La Odisea es la secuela literaria directa de la Ilíada (aunque con otro protagonista) y no una continuación de la película Troya (2004).

Esto no quita que haber visto la producción de 2004 ayude al espectador a comprender mejor el contexto geopolítico en el que se sitúa la cinta de Nolan.

A causa de este malentendido, surgieron odiosas comparaciones entre la interpretación de Diane Kruger en su momento y la de Lupita Nyong’o ahora. Sin embargo, por pura narrativa y contexto, Lupita dota al personaje de una mayor fuerza dramática gracias al desarrollo, la crueldad y los sacrificios que el filme le permite experimentar.

¿La adaptación de Homero o la consagración de Nolan?

Antes de entrar a la sala, es necesario plantearse una pregunta crucial: ¿vamos a ver La Odisea por la adaptación literaria o por el sello de Christopher Nolan?

Si la analizamos estrictamente como una película de Nolan, la cinta se sitúa cómodamente a la altura de sus grandes trabajos. Sin embargo, se percibe en ella un afecto diferente en su construcción; se siente como esa obra que el director siempre anheló realizar y cuyas obsesiones visuales y temáticas ya se vislumbraban, de una u otra forma, en sus largometrajes anteriores.

Como dato, Odiseo carga con la culpa de romper la ley de Zeus con el Caballo de Troya, esto lo atormenta durante todo el filme, al igual que Oppenheimer carga con la culpa de haber creado la bomba atómica.

Por otro lado, si se juzga como una adaptación, dista de ser la más fiel. El guion omite pasajes significativos y pasa por alto las consecuencias de la ingenuidad de Odiseo al creer que puede confiar plenamente en los dioses y en sus propios hombres. A pesar de estas licencias creativas, la película logra sostener el relato con creces gracias a un ritmo impecable, interpretaciones sobresalientes y una perspectiva única para revitalizar la historia que dio origen a la narrativa de Occidente.