Alejandra Kamiya, destacada cuentista argentina: “No hay escritura que valga que no sea autobiográfica”

La escritora argentina Alejandra Kamiya visitó Chile en el marco de la Furia del Libro, instancia donde participó en múltiples actividades y promocionó su último libro de cuentos, “La paciencia del agua sobre cada piedra”. Detalles en La Máquina.

Por Claudia Fica Pantoja

La última edición de La Furia del Libro, realizada entre el 28 y 31 de mayo, tuvo la convocatoria en sus 17 años de trayectoria y reunió a 66 mil personas en Estación Mapocho. La instancia, que reúne a editoriales independientes de todo Chile y el extranjero, tuvo 150 actividades diferentes distribuidos en siete escenarios simultáneos y contó con la participación de cerca de 500 autores y autores, entre ellos Alejandra Kamiya, una de las voces y estilo más potente de la literatura argentina contemporánea.

La escritora de ascendencia japonesa y vasca ha publicado tres libros de cuentos, en los que indaga sobre los vínculos afectivos, la relación entre lo humano y lo animal, la vida cotidiana y la muerte. Sus relatos son breves, concisos e intensos, con una prosa precisa y lírica que juega con lo onírico y lo real.

Nos reunimos en el café de Estación Mapocho, después de una actividad junto a la profesora de japonés Marcela Chandia y antes de un conversatorio sobre herencias, territorios y escrituras junto a Selva Almada y Sabina Urraca, pero en una voz suave y con notable acento trasandino, me preguntó si quería que fuéramos a un lugar más silencioso.

Sentadas en uno de los bancos en los costados del histórico edificio, ella con un té y yo con un café en nuestras manos, conversamos sobre su último libro, “La paciencia del agua sobre cada piedra”, su proceso creativo, su experiencia siendo hija de migrantes y cómo dejó la industria pesquera atrás para dedicarse a la literatura.

@lafuriadellibro
  • ¿Cómo comenzaste a escribir?

Yo no empecé a escribir, creo que escribí siempre. Desde que aprendí literalmente a escribir, empecé a escribir.

  • Había leído que tenías diarios cuando eras pequeña, ¿En qué momento empezaste a explorar lo que es como la ficción?

Sí, pero de muy chiquitita. Es que siempre es una mezcla. Por ejemplo, aunque tuviese un diario no escribo siempre sobre mí. Escribo sobre algo que veo, algo que me imagino, alguna teoría. No creo en esa frontera, como una pared, entre ficción, no ficción, autobiográfico, memoria, ficción.

  • Te has manifestado molesta a la crítica a la autoficción, ¿por qué?

Sí, saca lo peor de mí cuando salen en contra del autobiográfico y que no hay escritura que valga que no sea autobiográfica. Fuera de, por ejemplo, los científicos, obviamente, pero el literario digo. Si no, ¿dónde va a estar el alma del texto si no es el alma del que escribe?

  • Leí que comenzaste a publicar y participar en talleres literarios luego de ganar en un concurso que viste en un supermercado ¿Cómo decidiste escribir para participar? ¿Cuál era tu intención al participar?

Mi intención era ganarme el premio. Lo que me atrajo fue el premio, no el concurso ni escribir eso que escribí. Era un texto malísimo, pero porque la propuesta era escribir un texto malo, creo yo, porque había un primer párrafo que era muy malo y había que continuarlo. Lo que yo quería era el premio, que era un fin de semana de spa, porque recién había tenido un bebé y estaba muy cansada. Y me pareció como un sueño y dije, “Bueno, a ver qué hay que hacer. Ah, hay que escribir esto”. Bueno, lo escribí.

  • Obtuviste el primer lugar, y los otros ganadores eran las personas que se dedicaban a la escritura. ¿Cómo fue cuando te diste cuenta de esto? ¿Pensaste “quizás es un es un camino para mí”?

La primera impresión fue ¿Qué hago yo acá? y qué irresponsable, inconsciente y maleducada. Me sentí muy incómoda porque además me preguntaban hacia cuánto que escribía, qué tenía publicado. A las primeras personas que me preguntaron les dije, “No, yo no escribo. No, no tengo nada publicado”, pero después me parecía muy descortés. Entonces no decía nada.

Y recién después, cuando decantó ese momento, dije “tal vez puedo empezar a escribir de otra manera”. Mi mamá estaba leyendo un libro de Inés Fernández Moreno y me dijo “si vas a buscar a alguien para que te ayude, esta es una gran escritora”. La googleé y estaba a diez cuadras de mi casa. La conocí enseguida, le pedí una entrevista y nos llevamos muy bien. Y enseguida ella, menos de un mes después, quería que yo me fuera del taller de ella. Me decía que tenía que ir al taller del que había sido su maestro, que era Abelardo Castillo.

  • Inés Fernández revisó ese primer texto que presentaste al concurso y dijo que habías escrito ese cuento con un público específico. ¿Cómo ha ido transformándose esa conciencia del público ahora que llevas ya varios años en la industria editorial?

Yo nunca pienso en el lector o el público o el destinatario. Esa vez sí porque me quería ganar el premio. Era muy pragmática la escritura y yo tenía claro que tenía que agradar a las personas que habían elegido el primer párrafo. Yo no nunca escribo así de ese modo. No es el trabajo que me interesa hacer, me interesa hacer un trabajo conmigo misma.

@lafuriadellibro
  • ¿Por qué te decidiste por los cuentos? ¿Qué te atrajo de este formato para crear historias?

Yo lo siento como un espacio en el que me siento muy cómoda porque siempre me interesó mucho la concisión. Poder meter mucho sentido en un espacio breve. Porque supongo que eso tiene que ver con mi educación.

  • ¿En qué sentido?

Mi papá es japonés, mi mamá es vasca. Mi papá sabe hablar con concisión, pero mi mamá era la reina de la concisión. Los vascos son gente dura que habla muy poco, muy contundente. Entonces siempre me moví en un ambiente de conciencia, de pocas palabras con mucho sentido.

  • ¿Cómo es tu proceso de idear un cuento?

Varía de cuento a cuento. Hay cuentos que escribí como yendo hacia un final, otros cuentos que yo siento que casi no intervengo, muchas veces es la descripción de una escena, como una especie de graficar algo que siento. Como armar una escenografía para mostrar algo que sentí.

  • ¿Los editas mucho una vez que los escribes?

Me gusta mucho corregir. Hay algunos que salen más naturalmente y otros que requieren más corrección, no es parejo. Por ejemplo, creo que mi cuento más largo es uno que llama “El pozo” y lo escribí todo de una sentada en la época que trabajaba en la oficina de pesca, es relativamente largo y lo escribí en un tiempo de almuerzo. Pocos minutos, pero para escribir la última frase estuve como tres meses.

  • La escritora chilena Arelis Uribe escribió que para ella escribir era un acto doloroso, como que dejar parte de sí misma en la literatura. ¿Es para ti algo similar?

Sí, el dolor tiene mucho que ver. Ahora estoy escribiendo un libro sobre escritura, y para hacerlo fui a buscar algo que yo usé muchas veces en mis talleres, que es una frase de John Fante que yo cité diciendo, “Mi dolor dará frutos.” La fui a buscar para sacar exactamente y no decía eso, decía, “Mi soledad dará frutos”. Yo creo que ese cambio tiene que ver conmigo. A John Fante lo que más le dolería sería su soledad, no sé. Y yo siento que con lo que trabajo es con lo que me duele, pero intento hacerlo de un modo no llorón, no quejoso, sino lo más luminoso posible.

  • Mencionabas que tu mamá es muy vasca, que tiene cabeza vasca, y tu papá es japonés. ¿Cómo es tu cabeza? ¿Es más vasca, es más japonesa, es más argentina?

Es las tres cosas. Cuando yo era chiquita, mi papá trabajaba mucho y viajaba, a veces estaba meses afuera. Y yo andaba por Buenos Aires de la mano de mi mamá, que mi mamá tenía ojos verdes, muy occidental, y tenía de la mano una nenita japonesa. A la gente le llamaba la atención, ahora por ahí no tanto, pero en esa época mucho más conservadora, fines de los 60, principios de los 70, la sociedad argentina era y es creo muy conservadora. Me miraban raro, entonces una de las primeras cosas que yo aprendí a decir de chiquita es soy mezcla.

  • Argentina en los últimos años ha sido conocido por casos de violencia racista. ¿Te conflictuó en algún momento eso?

Más que conflictuarme me dolió. Escribí un cuento sobre eso, lo que ahora se llama bullying: estar castigada físicamente en el colegio por ser físicamente independiente al resto de los chicos. Es una forma de construcción también, claro que uno se construye a través de obstáculos, y bueno, ese fue el mío.

  • En entrevistas pasadas hablas sobre los escritores como más un rol de mediadores, ¿cómo es esa idea?

Borges decía lo mismo. Decía, “me he dado una idea y después esperemos que yo no la arruine”. Me siento igual, siento que las cosas me son dadas y bueno, yo después me pongo a hacer lo mejor que puedo, que no sé si estará bien o mal, pero intento hacer lo mejor que puedo. Pero no es desde un lugar como de control, es desde un lugar racional e intuitivo y como de apertura y de curiosidad más que dé de control.

  • Juegas mucho con el mundo de lo onírico en estos cuentos, que también es uno de los elementos de tu prosa que se más se ha destacado ¿Cuál crees que es el potencial que tiene jugar con el mundo de los sueños a la hora de escribir una historia?

Borges, por seguir citando a nuestro padre tutelar, decía que tal vez los sueños son el primer género literario. Es el primer lugar en el que uno empieza a ensayar los mismos mecanismos que después va a usar en la escritura. Es como abrir alguna puerta, algo inconsciente y, Borges diría, yo tengo la idea para mí, la idea que profundizando en ese inconsciente se llega a uno colectivo. Si yo voy suficientemente profundo en mí, voy a llegar al mismo lugar donde estás vos.