Sara Becker y el otro lado del éxito: “Ser actriz en Chile es uno de los trabajos más difíciles”

La actriz chilena Sara Becker fue la nueva invitada del vodcast “La Cultura en Portada”, donde habló desde el Goya hasta su visión política.

Fotos por Simonne Cifuentes y Catalina Navarro.

La actriz chilena Sara Becker se ha convertido en uno de los nombres emergentes más relevantes del audiovisual nacional. Con una carrera que comenzó a temprana edad y que hoy incluye una nominación a los Premios Goya, su trayectoria no solo evidencia proyección internacional, sino también una mirada crítica sobre la industria cultural en Chile.

En conversación con el vodcast “La Cultura en Portada” (capítulos disponibles acá) de La Máquina , Becker aborda su proceso artístico, el peso del reconocimiento, la precariedad del sector y su experiencia en cine, series y teatro.

Sara Becker en “La Cultura en Portada”.

De la infancia al set: una vocación marcada por el juego

El vínculo de Sara Becker con la actuación se gestó desde la infancia, en un entorno donde el teatro era parte de lo cotidiano. Hija de actriz, creció observando ensayos, dinámicas de trabajo y procesos creativos que, más que parecerle ajenos, se transformaron en un espacio al que quería pertenecer. “Para mí era un juego… quería entrar a jugar con los adultos”, recuerda, dando cuenta de un acercamiento inicial que no estuvo mediado por la técnica, sino por la intuición.

Ese carácter lúdico, lejos de desaparecer con la profesionalización, sigue presente en su manera de entender la actuación. “Es como que los actores nos quisiéramos quedar siendo un poco niños… queremos jugar para siempre”, afirma. En esa idea se sintetiza una visión del oficio que privilegia la sensibilidad, la imaginación y la conexión emocional por sobre estructuras rígidas.

Sin embargo, comenzar tan temprano también implicó enfrentar exigencias importantes. Becker inició su carrera siendo niña, compatibilizando estudios con jornadas de grabación. Aunque reconoce que “los niños no debieran trabajar”, también matiza su experiencia, señalando que el arte puede convertirse en un espacio de desarrollo significativo. Esa etapa, exigente y formativa, le permitió tomar decisiones con claridad a una edad temprana. “En cuarto medio yo ya sabía lo que quería hacer con mi vida”, sostiene.

Sara Becker en “La Cultura en Portada”.

El salto a la industria y el síndrome del impostor

El ingreso a producciones de mayor escala no estuvo exento de inseguridades. Uno de los momentos más reveladores en su trayectoria fue su primera lectura de guion junto a un elenco consolidado. Lejos de sentirse segura, la experiencia estuvo marcada por la duda. “Salí de esa lectura y llamé a mi mamá: ‘No sé qué hago aquí’”, relata.

Esa sensación, asociada al llamado síndrome del impostor, no ha desaparecido completamente. Incluso hoy, con una carrera en ascenso, Becker reconoce que trabajar con actores y actrices que admira le genera cierta timidez. Sin embargo, esa incomodidad no se traduce en parálisis, sino en un motor que la impulsa a seguir explorando y aprendiendo.

El impacto del Goya: reconocimiento y presión

La nominación a los Premios Goya marcó un punto de inflexión en su carrera. El reconocimiento internacional instaló su nombre en un nuevo escenario, pero también implicó una carga emocional importante. “Sentí un peso… sentía que tenía que demostrar que merecía estar en esa posición”, confiesa.

Con el tiempo, esa presión fue transformándose en una relación más sana con el éxito. Becker entiende hoy que ese logro no responde únicamente a una lógica de mérito individual, sino también a una serie de factores que escapan a su control. “Ya no siento que tengo que demostrar nada”, afirma, evidenciando un proceso de maduración frente a la exposición y las expectativas.

Cine chileno y contenido político: actuar desde la convicción

Dentro de su filmografía, destacan proyectos con una fuerte carga social y política, como La Cacería o No nos quieren ver. Para Becker, este tipo de contenidos no solo son necesarios, sino también profundamente significativos desde lo personal. “Siempre va a ser mucho más interesante trabajar en algo político… me llena el alma”, señala.

Su interés por este tipo de producciones responde a una búsqueda por representar realidades que muchas veces permanecen invisibilizadas. En ese sentido, el cine chileno y las series nacionales se transforman en una herramienta de memoria y reflexión. “Se tienen que seguir haciendo muchas series y películas sobre nuestro territorio… generar esa identificación”, agrega, destacando la importancia de construir relatos propios.

La escena que marcó su carrera

Más allá de premios o hitos mediáticos, Becker identifica un momento específico que redefinió su relación con la actuación. Durante el rodaje de La contadora de películas, enfrentó una escena que le generó un bloqueo emocional. “Estaba muy nerviosa… no estaba pudiendo fluir”, recuerda.

Lejos de resolverse desde la exigencia, la situación dio paso a un espacio de contención que resultó decisivo. Una conversación con la directora le permitió entender que la vulnerabilidad también forma parte del proceso creativo. “Me dijeron que era normal sentir miedo… fue un momento súper sanador”, explica. A partir de esa experiencia, su forma de actuar incorporó una mayor escucha del cuerpo y de las emociones.

Teatro vs. audiovisual: dos lenguajes, un mismo oficio en Sara Becker

En los últimos años, el teatro ha adquirido un rol central en su carrera. A diferencia del trabajo audiovisual, donde las decisiones suelen estar más definidas antes del rodaje, Becker destaca el carácter dinámico del proceso teatral. “En el teatro el proceso se revisa, se profundiza… existe esa libertad”, comenta.

Esa diferencia no solo implica un cambio de metodología, sino también una forma distinta de habitar la actuación. El teatro, señala, permite equivocarse, explorar y transformar constantemente el material escénico. Además, en un contexto marcado por la inestabilidad laboral, se convierte en un espacio de permanencia. “El teatro siempre está… es lo más generoso que hay”, afirma.

Uno de los puntos más críticos de la entrevista es su diagnóstico sobre la realidad del sector artístico. Becker es clara al respecto: “Ser actor es realmente uno de los trabajos más difíciles”. La falta de financiamiento, la escasez de proyectos y la inestabilidad laboral configuran un escenario complejo para quienes se desempeñan en el área.

“Hacer una película o una obra necesita plata que no existe acá”, explica, evidenciando las limitaciones estructurales del audiovisual chileno. A esto se suma la baja cantidad de producciones y la escasa diversidad de roles disponibles, especialmente para actores jóvenes. En ese contexto, las oportunidades se vuelven limitadas y muchas veces dependen de factores externos al talento.

Identidad, género y exigencias invisibles

Más allá de las condiciones materiales, Becker también aborda una dimensión más íntima del oficio: la identidad. La actuación implica un constante tránsito entre el yo y el personaje, lo que puede generar cuestionamientos profundos. “¿Qué pasa cuando no estoy actuando? ¿Dejo de ser yo?”, plantea.

En su experiencia, además, el hecho de ser mujer en la industria introduce nuevas presiones. Becker sostiene que existe una exigencia constante por validar la propia presencia en los espacios de trabajo. “Sientes que tienes que demostrar que eres inteligente, que puedes estar ahí”, comenta. Esta tensión se refleja en los personajes que ha interpretado, como Blanca Trueba en La casa de los espíritus, uno de los roles más desafiantes de su carrera.

Pese al diagnóstico crítico, Becker también identifica desafíos que trascienden la producción y apuntan al consumo cultural. Para ella, uno de los principales problemas es la falta de formación de audiencias. “Tenemos que fijarnos más en la formación de espectadores”, sostiene.

En esa línea, propone fortalecer el vínculo entre las personas y las artes desde edades tempranas, promoviendo el acceso y la participación. La idea, explica, es que el consumo cultural no sea una práctica ocasional, sino parte de la vida cotidiana. Este enfoque resulta clave para el desarrollo del cine chileno, el teatro y las industrias creativas en general.

Entre el agotamiento y la vocación de Sara Becker

El ritmo de trabajo en la industria también tiene un impacto físico y emocional. Becker reconoce que los niveles de exigencia pueden ser agotadores y que muchas veces no se ajustan a los límites del cuerpo. “Nuestro cuerpo no está hecho para el ritmo de la producción”, afirma.

En ese contexto, su reflexión se amplía hacia una crítica al modelo actual. “El capitalismo nos tiene demasiado tomados”, señala, conectando su experiencia personal con una lectura más estructural del sistema. Aun así, su vínculo con la actuación se mantiene firme.

“Soy artista porque amo al mundo y amo a las personas”, concluye. Una frase que, más allá de su aparente simpleza, resume la persistencia de una vocación que se sostiene incluso en medio de la precariedad, la exigencia y la incertidumbre.

Mira el capítulo completo de Sara Becker en “La Cultura en Portada” acá: