Crítica de “El Conjuro 4: Últimos Ritos”: Más artificio que posesión

El Conjuro 4: Últimos Ritos

El Conjuro: Últimos Ritos es una película que funciona como cierre del universo y en ese sentido se siente completa. En La Máquina te contamos más.

Hace algunos días, y gracias a los amigos de Warner Bros., pudimos asistir a una función especial de El Conjuro: Últimos Ritos, la última película que viene a cerrar esta exitosa franquicia de terror que ha dominado la cartelera mundial por más de 10 años.

Ahora, la cinta nos muestra el último caso documentado por los Warren, uno que cambió para siempre a su familia y que no lograron resolver. La historia nos lleva a la casa de la familia Smurl, quienes aseguran ser acechados por fuerzas sobrenaturales. Al acudir a la familia Warren en busca de ayuda, descubren que el espíritu es mucho más poderoso de lo esperado y que no solo viene por los Smurl, sino también por su hija Judy, quien tendrá un gran protagonismo en esta última entrega.

La cinta funciona muy bien como cierre de un universo que ya no se sostiene. Sin embargo, tiene evidentes problemas de ritmo y, sobre todo, una dirección que lamentablemente no está a cargo de James Wan. Se trata de un terror que parece de antaño, pero que, aun así, sigue llenando las salas de cine. Y esta no será la excepción.

UNA CINEMATOGRAFÍA QUE NO SORPRENDE

La dirección de El Conjuro 4: Últimos Ritos recae en Michael Chaves, experimentado en el universo Warren, ya que dirigió La Monja 2 y la criticada tercera parte de El Conjuro. Ahora lo intenta nuevamente, pero continúa con las mismas fallas de siempre.

Chaves apuesta otra vez por zooms innecesarios, cámaras lentas y un abuso de jumpscares que, aunque en este universo se toleran, lo preocupante es que no logra crear atmósfera alrededor del caso paranormal: todo se percibe como un artificio. Este es uno de los puntos más criticables de su montaje.

Si lo comparamos con la brillante dirección de James Wan (quien ahora solo ejerce como productor), la diferencia es abismal. Wan construía atmósferas con elementos simples y cotidianos, generando en el espectador la sensación de que aquello podría sucederle en la vida real. En cambio, Chaves opta por el artificio y hasta por escenas cargadas de CGI, rompiendo con las propias concepciones de la saga. Nuevamente, Chaves no convence del todo.

El guion tampoco mejora el panorama. La historia se sostiene en una fórmula tan repetida que El Conjuro la hizo propia: primero vemos la infancia de Judy, luego un gran salto temporal nos muestra a los Warren en sus conferencias, que ya no tienen el éxito de antaño, hasta que una familia llega a pedir su ayuda y los saca de su retiro. Lo demás ya es conocido: manifestaciones, jumpscares y un elemento poseído.

El final entrega un cierre de la saga completa, con apariciones sorpresa incluidas, pero el ritmo es tan lento que la película se vuelve pesada. Con casi dos horas de duración que se sienten como tres, se percibe demasiado lenta y repetitiva para un terror de este calibre, que no debería extenderse más allá de 90 minutos.

UNA FRANQUICIA EXITOSA QUE SE DESPIDE

No se puede negar lo exitosa e influyente que ha sido esta franquicia creada por James Wan, que ha dominado la cartelera una y otra vez, incluso con sus peores lanzamientos. Se espera que esta última entrega sea un éxito, considerando que la preventa en Chile arrasó.

El marketing, los casos reales en los que se inspira y el impacto de sus protagonistas han elevado esta saga a la categoría de cine de culto, consolidándola como una de las más importantes del género. La extrañaremos.

El Conjuro 4: Últimos Ritos

ACTUACIONES QUE SALVAN LA CINTA

Es imposible no hablar de la pareja que es el motor y corazón de esta franquicia: Vera Farmiga y Patrick Wilson como Ed y Lorraine Warren. Su química es impresionante y, tras más de 10 años trabajando juntos, se nota en pantalla.

Farmiga nos entrega una Lorraine con más experiencia, marcada por la reticencia a seguir enfrentando casos paranormales, ya que busca enfocarse en su familia y ayudar a Judy con sus visiones. Su interpretación transmite tensión, angustia, paciencia y mucha fuerza, mostrando a una mujer con gran voluntad, entereza y fortaleza interior. Conoce a su personaje a la perfección.

Patrick Wilson, en tanto, nos regala a un Ed Warren afligido por su enfermedad, pero que sigue siendo un hombre de otra época. Aunque a veces se muestra como un patriarca, también revela un lado dulce, paciente, valiente y profundamente enamorado de Lorraine. Su amor se convierte en motor y lo lleva incluso a arriesgar su vida por ella. Una historia de amor conmovedora.

Y la gran sorpresa de El Conjuro 4: Últimos Ritos es Mia Tomlinson como Judy Warren, quien se lleva gran parte del peso narrativo. La vemos crecer y descubrir que posee el mismo don que su madre. Aunque al inicio intenta negarlo, finalmente se empodera y hasta enfrenta a Lorraine, demostrando que tiene la fuerza para expulsar al demonio. La actriz logra transmitir un verdadero coming of age dentro del terror, y lo hace de forma estupenda.

El Conjuro 4: Últimos Ritos EN PALABRAS SIMPLES…

El Conjuro: Últimos Ritos es una película que funciona como cierre del universo y en ese sentido se siente completa. Sin embargo, con sus problemas de ritmo y atmósferas de terror poco convincentes, termina siendo una cinta más dentro del género. Es la despedida de los Warren, y aunque se van por todo lo alto, lo hacen sin sorprender. Como siempre.