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“7 semanas”: la cinta chilena que reflexiona sobre el aborto libre

Un día como cualquier otro, Camila (Paulina Moreno), una mujer joven que se dedica a la danza y a sus estudios universitarios, nota un retraso en su periodo menstrual. Suspendida en el tiempo y sorprendida ante un giro que no contemplaba en sus planes, se vuelve una mera espectadora del curso de su vida y el progreso de su embarazo. Una reflexión sobre la maternidad de apenas 67 minutos, es lo que nos cuenta la película “7 semanas” (2016), a la que vale la pena regresar.

En La Máquina, conversamos con su directora, Constanza Figari, y su actriz principal, Paulina Moreno, sobre este trabajo, su relevancia y cómo repercutió en la sociedad, especialmente por el móvil de su trama: el aborto libre.

Una producción consciente y cercana

“7 semanas” es el primer largometraje dirigido por Constanza Figari, protagonizado por Moreno y Camilo Carmona, y es el resultado del proyecto de título de ocho personas que pertenecen al equipo principal detrás de la cinta. Con tiempos restringidos a un ambiente académico y un presupuesto reducido, la película se grabó en algo así como 21 días y está basada en un caso real que todo el equipo conocía.

“El proceso creativo surge de lo que nos pareció una historia potente, interesante y cercana. A alguien que conocíamos le pasó algo similar y trabajamos cada uno en su puesto, el guion se trabajó entre seis a ocho meses”, cuenta Constanza Figari sobre la producción de esta historia, que constantemente despierta nuevos intereses desde revistas de arte, festivales, ciclos, conversatorios y hasta experiencias educativas formales. 

Paulina Moreno, quien interpreta a la personaje principal, piensa que este interés nace de la temática compleja y el abordaje sencillo pero duro que hace la cinta sobre el aborto. “Creo que es justamente su temática la que hizo que no tuviera tantos beneficios en cuanto a distribución”, afirma la actriz, ya que este filme, como la mayoría de las pequeñas producciones chilenas, tuvo un paso efímero y silencioso por las salas comerciales de cine de nuestro país. 

Y es que hablar de aborto en un país como el nuestro es toda una revolución. Más todavía en 2015, cuando el feminismo no era el movimiento que hacía estallar las calles como lo hace hoy y el Congreso apenas comenzaba a nombrar la idea de las tres causales para legalizar la interrupción del embarazo, alzando las cejas de la mitad de la población. 

Los intereses y los objetivos de “7 semanas”, esencialmente femeninos, comienzan desde quienes se arriesgaron a iniciar este trabajo. Constanza, la directora, cuenta que el equipo detrás fue en su mayoría femenino, lo que indudablemente permitió entregar una mirada concisa, informada y personal de la situación.

El resultado es innegablemente positivo: estamos ante una película precisa, bien organizada y profundamente honesta, que obliga al espectador a salir de la burbuja de los prejuicios y que conmueve sin generar emociones extremas que puedan alejarnos de la historia o sus personajes. Invita a una reflexión novedosa para quienes no han concebido con buenos ojos el aborto libre.

Camila, un paradigma poco explorado

La protagonista de “7 semanas”, Camila, no es la típica chica que suelen explorar los filmes de esta temática, como sí lo podemos encontrar en algunos ejemplos de este mismo año, como “Never rarely sometimes always” (Elizabeth Hittman), donde la personaje principal es una adolescente confundida, con pocos medios y casi nulas redes de apoyo, que decide suspender un embarazo que a muchas luces parece ser fruto de un abuso.

En “7 semanas” se despliega todo un abanico de posibilidades diferente para la mujer en tal situación. Camila no es una adolescente, no tiene problemas económicos y cuenta con una red de apoyo variada (familiar, escolar y romántica). Su familia se ha emocionado tanto como la familia de su pololo, su compañero parece estar entusiasmado con la idea de convertirse en padre e incluso su grupo de danza es capaz de adaptarse a las nuevas necesidades y requisitos de su cuerpo. Aun así, está sola y abrumada ante las nuevas expectativas de su vida. 

Para construir este personaje completa y respetuosamente, Paulina Moreno relata su método: “En la etapa de creación yo hice muchas entrevistas a mujeres que habían pasado por la situación (decidir abortar y abortar), así como también entrevistar a  mujeres que estudiaban el tema desde la psicología, la antropología y la sociología. Por ejemplo, la psicóloga con la que conversé atendía a mujeres que habían pasado por esa situación (…) Siempre que hablo sobre “7 semanas” me gusta dar un espacio para agradecerles a todas estas mujeres“.

Incluso, Paulina y Constanza decidieron llevar un diario de vida de Camila, con el objetivo de explorar y dar vida a las preocupaciones, molestias y sentimientos de la personaje que no solo tenían que ver con lo social (el cómo construir una vida en un rol indeseado), sino también en la relación que Camila tiene con su cuerpo a través de la danza.

Paulina Moreno afirma tener ella misma una conexión con su cuerpo a través del baile y el yoga, que le permitió adentrarse más en el personaje y explorar esas emociones que pasan a ser primordiales en una gestante: el compartir y dejar de dominar el propio cuerpo. 

El objetivo, resalta la directora, era llegar a la mayor cantidad de gente posible: “Sabíamos que es un tema muy polarizado, nos pasó como equipo que al conocer esta historia todos y todas tomamos una postura respecto al tema y eso es lo que plantea la película. Un poco de no juzgar. Muchos terminamos de entender un poco nuestras propias posturas al escuchar esta historia cercana”.

Y por eso mismo es que Camila resulta un personaje tan relevante, buscar un personaje con el que jugar y con el que construir una dificultad para juzgar. “Buscamos que fuera parecida a cualquier chica, que no cayera en estereotipos de mina super carretera o drogadicta, Camila es una mujer joven muy responsable. Unimos estas piezas de manera muy bien pensada para para que no generara rechazo en la gente que está en contra de que exista la decisión de continuar o no con un embarazo”, relata Figari.

El filme obliga a contemplar y reflexionar la idea de la maternidad como un compromiso radical que no siempre se sigue de la feliz noticia y el feliz contexto que puede rodearnos. Explota, antes de que haya sido una exigencia en las pancartas chilenas o un reposteo en nuestras redes sociales, que la maternidad será deseada o no será.

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