La cita del britpop en Chile, de la mano de Pulp, ya se siente en el aire. Si no conoces la banda o quieres recordar por qué se mantienen como un himno latente del rock alternativo, en La Máquina te ponemos al corriente.
El tour “You Deserve More” de Pulp instalará a la agrupación liderada por Jarvis Cocker este 8 de junio en el Movistar Arena con una noche que promete conectar con generaciones pasadas y contemporáneas. Todo bajo el velo de respirar con exaltación canciones que han trascendido en la escena del rock. Aún hay entradas disponibles acá.
Raíces, experimentación y cambios constantes
Arabacus Pulp, primer nombre de la banda cuando fue formada en 1978, se creó gracias a Cocker y a su compañero de escuela Peter Dalton, quien estaba a cargo principalmente de la guitarra, bajo las fuertes inspiraciones musicales que se respiraban en Sheffield. La ciudad en ese entonces versaba de bandas electrónicas frías y experimentales como Cabaret Voltaire o The Human League. De esas agrupaciones Pulp absorbió el uso de sintetizadores baratos.
En sus comienzos, Pulp rotaba de integrantes constantemente y no trascendieron en la escala musical a pesar de contar con una buena base discográfica con álbumes, minis y sencillos, tales como: “It” el mini-álbum debut en 1983 con un estilo folk-pop, “Freaks” en 1987 con un disco que muta el sonido de la banda en ritmos más oscuros y góticos, el sencillo “My Legendary Girlfriend”, lanzado en 1991, ya contaba con la incorporación de su legendario bajista, Steve Mackey, y “Babies”, lanzado en 1992, con el cual la banda adquiere un estatus de culto y despegan del circuito Underground.
Luego de toda la fase experimental, y ya consagrados como un éxito comercial, la legendaria alineación clásica de Pulp estaba compuesta por, además de Cocker: Candida Doyle, Nick Banks, Russell Senior y Steve Mackey.
El magnetismo con la actualidad de Pulp: Jarvis Cocker
A sus más de 60 años, Jarvis Cocker sigue siendo una figura extrañamente magnética para las nuevas generaciones de oyentes -especialmente Gen Z y Millennials-. Su capacidad para conectar hoy no depende de la nostalgia, sino de factores muy específicos de su identidad.
Cocker no se limita a ser un frontman, va más allá con un revolucionario cambio en las temáticas de las letras pop masivas.
Mientras la mitad de los 90 estaba dominada por el arquetipo del rockero hipermasculino y arrogante- como Liam Gallagher-, Jarvis impuso la figura del antihéroe: un hombre espigado, torpe, abiertamente vulnerable, obsesivo y sexualmente incómodo.
Jarvis aplicó sus estudios de cine en sus canciones. Sus letras funcionan como cortometrajes del realismo social británico. Nadie antes había retratado con tanta crudeza y poesía los detalles sórdidos de la vida cotidiana: el olor a desinfectante en un hotel barato (Do You Remember the First Time?), la frustración de mirar por la ventana al vecino (Babies) o el resentimiento de clase en un supermercado (Common People). Elevó lo mundano a la categoría de épica.

La sintetización atmosférica de la banda: Candida Doyle
El uso de teclados y sintetizadores vintage por parte de Doyle – con marcas accesibles como Casio o Farfisa- sazona el sonido retro-futurista característico de Pulp. La tonada le permitió crear texturas que oscilaban entre el pop de feria, la música disco de los 70 y las bandas sonoras de películas de ciencia ficción de bajo presupuesto.
Asimismo, y en pleno auge del grunge y el indie dominado por densas capas de guitarras distorsionadas, Doyle impuso los teclados como el instrumento principal de la banda.
Ganchos melódicos inconfundibles como la intro de “Common People” o los arreglos espaciales de “Disco 2000″ son enteramente suyos. Además, en una escena musical marcadamente masculina e hiper-competitiva, Doyle fue un símbolo de resiliencia silenciosa, tocando en extensas giras mundiales mientras lidiaba en privado con una artritis reumatoide diagnosticada a los 16 años.

La percusión y el ancla rítmica: Nick Banks
El cable a tierra del grupo proveía el ritmo alejándose de la teatralidad que flotaba en otras bandas. La apuesta en la batería de Banks era precisa: dotar a Pulp con un pulso bailable, sólido y sin adornos. Todo esto bajo la fuerte influencia del sonido disco de los 70 y el post-punk.
Las canciones de Pulp suelen ser largas y van construyendo la tensión de a poco en un crescendo constante. El pulso firme y constante de Banks con el hi-hat y la caja (el clásico ritmo four-on-the-floor) es lo que sostiene composiciones complejas como I Spy o This Is Hardcore, permitiendo que el resto de los instrumentos experimenten encima de una base rítmica inquebrantable.

La disonancia en las cuerdas: Russell Senior
Senior proveyó a Pulp con una atmósfera siniestra y artística en la era clásica de la banda. Su uso del violín eléctrico y sus guitarras angulares inyectaron a discos como Separations o His ‘n’ Hers un aire de cine de terror de bajo presupuesto y tensión gótica que evitó que Pulp fuera una simple banda de pop comercial.
El polo opuesto a la ambición pop de Jarvis era Senior. Él quería que Pulp fuera una banda de culto, extraña y políticamente subversiva.

La espesura en el ambiente: Mark Webber
La llegada de Webber a la banda permitió orquestar texturas densas y oscuras, como las presentes en This Is Hardcore, el álbum donde Pulp desmantela los excesos de la fama con un sonido maduro y experimental. Designar a Webber como guitarra principal le permitió a Pulp expandir su paleta sónica. Mientras que en los inicios el sonido era más minimalista y electrónico, Webber introdujo capas de distorsión elegante, efectos de reverb y texturas ambientales.
Tras el éxito masivo de Different Class, la banda quería alejarse del pop alegre. Webber lideró el giro hacia un sonido mucho más denso, oscuro, orquestal y cinematográfico.

La reinvención rítmica de Pulp: El legado de Steve Mackey
Mackey trasciende con creces su rol como bajista de Pulp. Aunque gran parte del mundo lo recuerda por ser la columna vertebral rítmica de una de las bandas más cruciales del britpop, Mackey fue un catalizador cultural: un músico, productor innovador, cineasta y fotógrafo que supo conectar el rock alternativo con las pistas de baile y la alta costura.
Cuando Steve se unió a Pulp en 1989, trajo consigo una profunda fascinación por la escena house y la cultura de club que explotaba en el Reino Unido. Su bajo (usualmente un Fender Jazz Bass) rompió con las líneas rígidas y monótonas del indie de la época. En su lugar, introdujo líneas sinuosas, fluidas y profundamente influenciadas por el funk y la música disco. El pulso ascendente de Common People o el ritmo contagioso de Disco 2000 y Babies dependen enteramente de su sensibilidad rítmica; él convirtió el desencanto social de Pulp en música que se podía bailar en las discotecas.

Ecos experimentales que resuenan en la actualidad con Pulp
El aporte de cada miembro de Pulp es lo que los distingue de quedar encerrados en una vitrina y negarse a descansar en los laureles. La banda vocifera constantemente escenarios que vibran en la escena musical actual. Dotaron con ritmos bailables -aunque con letras profundas y críticas- que sirven como una guía para las nuevas generaciones del indie. Basaron su propuesta en los marginados y eso marca la pauta hoy, pues las canciones -que no han envejecido- siguen latiendo y adoleciendo las mismas crisis que Pulp retrató hace décadas.
Pulp no es un recuerdo del pasado; es una lección de cómo envejecer con furia, elegancia y absoluta honestidad sobre el escenario.
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