“La invasión de cualquier cultura homogeneizada es deprimente… estrangula la cultura indígena y estrecha la expresión de la vida”. — David Bowie.
El bombardeo de Estados Unidos a Venezuela ha abierto debates, discursos, pensamientos, discusiones, amenazas y un sinfín de consecuencias políticas, artísticas y demás. Algunos a favor y otros en contra. Pero esta sensación de alerta mundial nos lleva a recordar otros tiempos. Si eres de Sudamérica y estás leyendo esto, es cosa de mirar la historia de nuestros propios países para ver las acciones y consecuencias de las operaciones de ese país cuando ha tenido a nuestra tierra en la mira, mediante golpes de Estado, financiamiento de dictaduras, presión económica e intervenciones indirectas, y que cada uno haga su propia reflexión.
Ante esta actualidad en constante cambio, este principio de año no hemos sido más que espectadores al ver y escuchar cómo, continuando la tónica iniciada el 2 de enero en Caracas, el presidente de la potencia mundial – Donald Trump – ha amenazado a otros países con su intervención. México, Colombia y hasta Groenlandia (de la mano con Dinamarca) están siendo objetivos del país con el águila como estandarte. Esto, y como decía antes, nos lleva a otra época. La caída del muro de Berlín y, sobre todo, la caída de la Unión Soviética, trajeron consigo como consecuencia que Estados Unidos comenzara a asumirse — y actuar — como la única superpotencia global. Y bajo esta amenaza, nace ese sentir de muchos países. Ese sentimiento de vulnerabilidad que hoy recorre el mapa tiene nombre: miedo.
Ante esto, en los 90s, David Bowie, como si tuviese una máquina que le permitiese mirar al futuro — con su trayectoria, podemos asegurar que sí la tenía — creó una canción que habla del mismo estado en el que nos encontramos hoy. En ese tiempo, con el pseudo imperio en extensión y hoy la escuchamos con el pseudo imperio consolidado. La canción se llama: I’m Afraid of Americans.
Antes de temer
En 1974, tras el impacto de Ziggy Stardust y ya inmerso en la etapa de Diamond Dogs, David Bowie estaba en la cúspide de su carrera — no sería la única cúspide de su carrera —. Durante ese año, tomaría una decisión que, pese a su éxito, estuvo marcada por crisis personales y problemas financieros, pero sobre todo, por curiosidad creativa. Durante ese año, Bowie estaba obsesionado con la cultura estadounidense, con el Soul de Filadelfia, con el cine. También, ayudaron las ganas de alejarse de su manager, por ese entonces, Tony Defries quien se llevaba gran parte de sus regalías. Bajo este contexto, el extraterrestre decidió mudarse a Los Ángeles, Estados Unidos, en la etapa más extraña y oscura de su vida. De hecho, fue una experiencia tan destructiva, que en 1976 decidió cambiar de casa nuevamente y, esta vez, irse a Berlín del Oeste. La vivencia hizo que conociera la cultura de la hamburguesa en primera persona, la sufriera y la experimentara. El fracaso del sueño estadounidense en los 70s le dio la perspectiva necesaria para construir esa mirada crítica que reaparecería años más tarde, en su vuelta en el año 1992, cuando decidió probar suerte nuevamente, esta vez, viviendo en Nueva York en lo que sería su regreso definitivo y voluntario.
Estas experiencias lo llevarían a escribir una canción que, el día de hoy, bajo el régimen de Trump, cobra relevancia. Un tema del que si tomamos solo su título, probablemente nos identifique como ciudadanos del mundo y más aún, como americanos (porque América no es un país).
El arte de leer el mundo.
Los 90s fueron una época extraña para el mundo. La Guerra Fría — en teoría — había terminado con la caída de la Unión Soviética y en el planeta comenzaba a alargarse la sombra de un país que quería volverse un imperio, envalentonado al considerarse a sí mismo como el ganador de dicha guerra: Estados Unidos. El ascenso de una “Superpotencia única”. En 1992 Bill Clinton fue electo presidente y el país de América del Norte (el del medio) disfrutaba de una gran era de prosperidad económica, gracias a “Tratados de Libre Comercio” — ¿se acuerdan de Lagos? — que permitían que las empresas estadounidenses se expandieran por el mundo sin ningún límite, lo que ayudó a la implementación del modelo económico favorito de algunos, el neoliberalismo (sé que estoy reduciendo un montón esto y un historiador o economista estará arrancándose los pelos, pero tómenlo como un contexto general a lo que voy). Por otro lado, la tecnológica estaba a punto de cambiar al mundo – y al mismo Bowie – gracias al nacimiento comercial de una cosita llamada “internet”.
Estados Unidos, desde el año 1992 al 94’ envió tropas a Somalía bajo el nombre de “Operación restaurar la esperanza” — ¿les suena? —. Durante esa misma época estuvieron en la guerra de Bosnia y los Balcanes donde actuaron como líderes de la OTAN e intervinieron directamente la disolución de Yugoslavia, realizando bombardeos masivos. Para no alargarnos tanto en este punto, también estuvieron en la intervención a Haití y bueno, así va la cosa. Pero lo que a futuro traería más repercusiones, fue la activa “vigilancia” en Irak. Allí, en 1993 y 1996, bombardearon Bagdad en respuesta a Sadam. Todos estos eventos nos muestran que nunca se trata de un episodio aislado, sino como parte de una nueva doctrina de intervención global.
Bueno, pero qué tiene que ver esto con Bowie se preguntarán. Y la verdad es que este tiempo fue uno de los más productivos de David Jones. En 1992 se casó con la súpermodelo Iman y decidieron vivir en Nueva York, en el barrio de Soho. Desde allí el inglés comenzó a definirse como un neoyorkino más, pero esto no significaba que no mirara con ojo crítico todo lo que estaba haciendo el país donde residía.
Durante estos años se empapó del sonido de ese país y, dejando el sonido más “clásico” y que lo caracterizaba, comenzó una búsqueda musical y creativa, experimentando con la electrónica, el jazz y, sobre todo, con el sonido industrial. Este último, gracias a una banda que le voló la cabeza y que luego sería parte de sus shows en vivo:
Nine Inch Nails.

Es así como nacieron discos como el criticado Black Tie White Noise (1993), The Buddha of Suburbia (1993), Outside (1995) reencontrándose creativamente con Brian Eno y Earthling (1997), un disco influenciado por la escena drum and bass y el jungle. Fue en este disco donde nació la versión final del temazo que nos convoca: “I’m Afraid of Americans” reversionado y potenciado por Trent Reznor líder de los antes mencionados Nine Inch Nails.
I’m Afraid of Americans
La penúltima canción del disco Earthling es una crítica directa hacia el “estilo de vida americano” (por supuesto, estadounidense), incluso, una crítica que serviría como profecía a lo que el mundo sufriría años después — no sé por qué estoy usando pretérito imperfecto —. Aunque la versión original es de 1995 y apareció en la película Showgirls, fue el ya mencionado Trent Reznor quien la tomó y, con su mirada particular, le dio una vuelta más, creando una canción mucho más cercana a su estilo industrial, lo que calza perfecto con como suena Estados Unidos: metal, fricción y amenaza constante.
El protagonista del tema es Johnny, alguien que parece ser un arquetipo que representa al estadounidense promedio moldeado por el consumo masivo de productos, televisión y propaganda de su país, pero sin una profundidad intelectual ni espiritual. Así es como Johnny encarna los deseos más bajos, materialistas y violentos de esa sociedad.
En una entrevista, Bowie explicaba de forma bastante irónica, el sentido de Johnny: “…sí, de hecho lo es. Se trata sobre la vida americana y es la inevitable canción de Johnny. Pobre tonto de Johnny, no para de aparecer. Es como una figura tradicional a la que hay que echarle un vistazo. Solo quiere peinarse y comprarse un coche.”
La frase a la que hace referencia el autor es “Johnny wants a pussy, Johnny wants a car” refieren a una persona que solo busca una gratificación sexual y material o “Johnny’s in a movie, Johnny wants a star”, es decir, alguien que solo quiere ser famoso a pesar de no tener ningún talento (cuando decía lo de profético no lo decía en broma). Pero quizás la frase que más (siento) representa lo que Bowie sentía de la sociedad estadounidense es “Johnny wants a plane, Johnny wants to tame the world”. Johnny deja de ser una persona y se convierte en el país. No es un consumidor, es el imperialismo total que quiere controlar y hasta domesticar otras culturas bajo su propia mirada. Es la cara de la globalización. Pero ojo, no es la frase más importante de la canción. Esa es: “God is an American”. Con esta frase, el autor reflejaba su mirada crítica a través de una alegoría ante un país que sentía (siente) tener la autoridad moral y divina de imponer sus reglas y filosofía al resto del planeta. La figura de Dios, como el capitalismo desembocado, un juez, un modelo a seguir.

Mientras Bowie disfrutaba de la vida cultural de Manhattan, veía con horror cómo la cultura de las corporaciones estadounidenses (McDonald ‘s, Disney, etc.) estaban “invadiendo” el resto del planeta. La canción es una crítica a esa arrogancia cultural.
De hecho, en una entrevista, el alien dijo:
“Tengo miedo de los estadounidenses” fue escrita por Eno y yo. No es tan hostil hacia los estadounidenses como, por ejemplo, “Born in the USA” (de Bruce Springsteen): es meramente sardónica (irónica). Estaba de viaje en Java (Indonesia) cuando abrió el primer McDonald ‘s: fue como: “¡Por Dios!”. La invasión de cualquier cultura homogeneizada es deprimente, y la construcción de otro Disney World en, por ejemplo, Umbría, Italia, aún más. Estrangula la cultura indígena y limita la expresión de la vida”.
David Bowie y el miedo a una sola cultura
Hay una guerra que Estados Unidos ganó casi sin oposición y todos la aceptamos casi sin darnos cuenta y es a lo que más temía Bowie: la cultural.
En esta canción, más que criticar las guerras, los bombardeos o la política, lo que busca hacer notar es una crítica a la cultura estadounidense. Una que busca homogeneizarse entre todas las del mundo, incluso dejando de lado las propias de cada país, perdiendo así parte de su identidad. La misma canción dice: “I’m Afraid of the World”, porque temía que la primera conquista fuese mercantil y cultural.
Bowie y Brian Eno compusieron esta canción como una advertencia. Veía que bajo esa sonrisa de “libertad” y “consumo”, borraban la diversidad del mundo. Hoy podemos preguntarnos, ¿existe una cultura en la que los Estados Unidos no haya ingresado?

Muchas veces los estudiosos de Bowie y sus fans lo elevan a una figura casi mitológica. Una que tenía una visión única de los humanos. Canciones como I’m Afraid of Americans les dan la razón. Mirar por su ventana desde el Soho como extranjero, con asiento en primera clase, le dio al artista una visión atrevida y crítica sobre un país con aires de superioridad imperial. Esa visión profética habla de los miedos a los absolutos (¿solo un Sith habla en absolutos?), a las culturas que se creen únicas, a las personas que se creen especiales solo por ser de una nación en particular. De hecho, el propio Bowie lo decía en la misma entrevista:
Sí, siempre me da mucho miedo. Vivimos en una época de caos y fragmentación, y deberíamos tomarlo con positividad, no asustarlo, no verlo como la destrucción de una sociedad, sino como el material con el que reconstruirla. Es incómodo ver a la gente rebuscando entre los escombros e intentando volver a encontrar absolutos. Es realmente preocupante. Se vuelve muy intolerante, y eso no es lo que queremos. Eso no es lo que queremos, ¿verdad?
El 8 de enero Bowie hubiese cumplido 79, y el mundo que supo leer sigue avanzando con los mismos miedos.












