Crítica de “Engendro”, con Rupert Grint: Un engendro lleno de buenas ideas y pésimas ejecuciones

“Engendro” es una cinta de terror psicológico y horror corporal que desaprovecha una interesante premisa sobre la maternidad. Lee nuestro análisis en La Máquina.

Hace algunos días, y gracias a los amigos de BF, fuimos invitados a una función especial de “Engendro”, la nueva cinta de terror psicológico y horror corporal que llega a los cines. La película nos muestra a una joven pareja que se va a vivir a un bosque en Finlandia, alejados de toda civilización. Ahí deciden comenzar una familia y tener un hijo que, al parecer, solo traerá desgracia. Al nacer, el niño le provoca daño físico a su madre y solo hace empeorar la salud mental de la madre primeriza, quien comienza a sentir que “algo no está bien con ese niño”.

El filme, ya presente en las salas de cine, tenía una premisa interesante acerca de la maternidad y la crudeza de aquello, pero decide tirar todo por la borda al tomar decisiones creativas equivocadas. Todo mal con este engendro: ni siquiera da miedo. Solo queda el terror de haber visto una mala película.

UNA CINEMATOGRAFÍA DESAPROVECHADA

La dirección recae en Hanna Bergholm, directora finlandesa conocida por su impecable trabajo en la cinta “Hatching”, y ahora llega con su nueva apuesta de terror, que incluso debutó en el Festival de Cine de Berlín. Su dirección no está enfocada en jumpscares ni nada por el estilo, sino más bien en el terror psicológico y en cómo la maternidad y el enfrentarse a esto por primera vez se convierten en una experiencia de lo más pesadillesca.

Sin embargo, vemos una dirección hasta cierto punto errática, con cortes a negro demasiado abruptos y saltos de escena con poca coherencia. Si bien logra construir una atmósfera extraña y atrapante, no alcanza para salvar esta cinta. Hay momentos en los que la propuesta visual consigue transmitir incomodidad y tensión, pero esa sensación no logra sostenerse durante todo el metraje. La película parece tener claro el tipo de atmósfera que quiere construir, pero no siempre encuentra las herramientas narrativas para mantenerla.

El guion es otra cosa. Lo que pudo ser y no fue. La premisa era más que interesante y el desarrollo podría haber sido mucho mejor. Nos cuenta una historia que ya hemos visto, con una atmósfera que ya hemos visto, pero el miedo quería lograrlo a través de la maternidad, cosa que no logra con claridad.

Pero, aun así, vale la pena hablar de ello. Nos muestra una maternidad oscura y extrema, y nos devela cómo a una joven le cambia la vida por completo y cómo una experiencia maravillosa se transforma en toda una pesadilla. La película intenta explorar los miedos, las inseguridades y el agotamiento que pueden surgir al convertirse en madre, llevando estas sensaciones hacia un terreno de horror corporal y psicológico. Lamentablemente, la cinta tiene un pobre desarrollo, porque con este argumento brillante pudo dar para muchas cosas más.

ACTUACIONES NO TAN DESTACADAS

Primero hablemos de ella. Seidi Haarla como la gran protagonista. Ella se lleva todo el peso del filme y es la que brilla por sobre todos. Seidi nos muestra vulnerabilidad, crudeza sin censura e incluso hasta un hastío y odio por su recién nacido. Pero también nos muestra cómo una mujer es capaz de sostenerlo todo y aguantar hasta estallar.

Haarla se luce en cada escena que tiene y hasta empatizamos con ella, ya que, al parecer, nadie parece entenderla ni escucharla hasta que, por fin, se deja ir. Es una mujer que escucha su intuición y, al final, se entrega por completo a ella. Con un rango actoral interesante, Haarla cumple con su cometido y consigue convertirse en el principal punto de interés de la película. Su interpretación logra transmitir el desgaste físico y emocional de su personaje, especialmente cuando la maternidad comienza a convertirse en una experiencia cada vez más asfixiante.

Su contraparte, en cambio, no lo logra con claridad. Hablamos de Rupert Grint, quien pone la cuota de raciocinio en este filme. Su rol es el del esposo, el padre correcto que escucha y cuestiona, pero no logra apoyar y ser un soporte real para su esposa.

Lamentablemente, Grint no da el ancho y lo vemos plano e incluso con una energía bastante baja. Queda muy por debajo de la protagonista y ni siquiera en su escena clímax logra hacerlo con veracidad. No es su mejor trabajo. Su personaje tenía posibilidades de aportar un contrapunto interesante frente a la experiencia de la protagonista, pero termina funcionando más como una figura secundaria que no consigue generar el impacto esperado.

Y luego vemos al elenco ensamble, que lo compone la familia de la protagonista, y aquí es el cliché andante. Una madre controladora que le pasó traumas a su hija, pero que, aun así, es la primera que sospecha que todo anda mal; y una hermana que solo busca presionarla y comparar maternidades. Cada una cumple en su rol, aunque sin aportar demasiados matices a una historia que necesitaba personajes secundarios con mayor profundidad.

EN PALABRAS SIMPLES…

“Engendro” falla en su ejecución de sobremanera. Con una idea interesante y una buena protagonista, todo estaba dado para ver una interesante propuesta de terror, pero falló por completo. La película tenía elementos para construir una mirada oscura sobre la maternidad, el miedo y la pérdida de control, pero las decisiones narrativas terminan debilitando una propuesta que, en el papel, parecía mucho más prometedora.

Con cortes abruptos y un desarrollo algo errático, “Engendro” solo aterroriza al momento de nacer. Luego, solo quieres que termine. De verdad.