Carlos Cleaver y el desafío del rock en tiempos digitales: “Muchas bandas de nuestra generación se quedaron en el camino”

En La Máquina conversamos con Carlos Cleaver quien repasa los 15 años de trayectoria de su banda Cleaver, su camino en la autogestión, la evolución del rock chileno y el presente de la banda en la antesala de su presentación en Lollapalooza.

Durante más de una década, Cleaver ha construido su camino lejos de los circuitos tradicionales de la industria musical. Liderada por el vocalista y compositor Carlos Cleaver —nombre artístico que terminó convirtiéndose en parte inseparable de su identidad— la banda ha levantado su carrera a partir de la autogestión, las giras independientes y con la convicción clara de seguir creando música sin depender de validaciones externas.

Hoy, tras 15 años de trabajo y escenarios que van desde clubes pequeños hasta festivales internacionales, el grupo llega a una nueva etapa con su participación en Lollapalooza.

Un hito que, según Cleaver, marca una nueva oportunidad para seguir expandiendo el proyecto.

Desde su formación en 2011, la banda ha publicado cuatro discos de estudioIllusion (2013), Hear The Silence (2016), The World is Gone (2021) y Variety Show (2024)— además de registros en vivo y giras que incluso los llevaron a presentarse en Estados Unidos, donde llegaron a abrir para Puddle of Mudd en el histórico Whisky a Go Go.

En esta conversación, el músico repasa la historia de Cleaver, reflexiona sobre el rock chileno, su proceso creativo y la evolución de la banda.

Foto por Patricio Núñez.

El origen de Carlos Cleaver

Antes incluso de consolidarse como líder de Cleaver, Carlos ya había adoptado una identidad artística propia. El nombre que hoy lo acompaña nació casi como un juego, pero con el tiempo terminó transformándose en parte fundamental de su proyecto musical.

  • ¿Cómo nace tu nombre artístico, Carlos Cleaver?

El nombre salió antes que todo lo demás, incluso antes de que existiera la banda. Yo siempre sentí que mi nombre real no tenía mucha fuerza para un proyecto de rock, entonces empecé a jugar con otras opciones y apareció Cleaver.

Al principio era solamente un nombre artístico, algo que usaba para firmar canciones o proyectos musicales, pero con el tiempo empezó a quedarse. La gente empezó a decirme así y finalmente terminó siendo parte de mi identidad. Hoy incluso hay personas que me conocen más como Carlos Cleaver que por mi nombre real.

15 años construyendo una banda

Con más de una década de trayectoria, Cleaver ha pasado por distintas etapas, cambios de integrantes y procesos de maduración musical. Mirar ese camino en retrospectiva también implica reconocer que el crecimiento de una banda rara vez ocurre de forma inmediata.

  • Cleaver lleva más de una década de trayectoria. ¿Cómo miras ese recorrido hoy?

La banda se formó en 2012, así que ya vamos para los quince años, lo que igual es harto tiempo. Cuando uno empieza un proyecto musical no se imagina necesariamente que va a durar tanto, pero en nuestro caso siempre hubo una convicción fuerte de seguir adelante.

En todo este tiempo hemos pasado por muchas etapas: cambios de integrantes, distintos discos, giras por Chile, también algunas experiencias afuera. Hemos tenido la suerte de tocar en escenarios importantes y compartir cartel con bandas grandes, pero también hemos hecho mucho trabajo de base, tocando en lugares chicos y armando público de a poco.

Entonces cuando miro el recorrido lo veo como un proceso largo, de mucha persistencia.

Foto por Patricio Núñez.

La autogestión como forma de vida

Gran parte del desarrollo de Cleaver ha ocurrido fuera de las estructuras tradicionales de la industria. Para Cleaver, esa independencia ha sido tanto un desafío como una forma de libertad creativa.

  • Gran parte de ese camino lo han hecho de manera independiente. ¿Qué tan difícil ha sido?

Siempre hemos sido una banda independiente. Nunca hemos tenido un apoyo así como full de una productora que te empuje todo el rato. Entonces ha sido puro trabajo, puro esfuerzo y ser porfiado, ser terco todo el tiempo.

Nadie te regala nada. Si tú no insistís, no vai’ a llegar a ningún lado. Y eso, sumado a hacer buena música, es lo que nos ha permitido estar donde estamos hoy.

Todo ha sido un proceso paso a paso. Los primeros años no hubiera sido justo llegar a escenarios grandes, porque el material tampoco estaba a ese nivel. La banda necesitaba madurar musicalmente, humanamente también. Y con el tiempo, con el trabajo constante, sentimos que ahora sí tenemos el alcance para llegar a lugares grandes, como Lollapalooza.

Encontrar la voz de la banda

Los primeros años de Cleaver estuvieron marcados por la búsqueda de un sonido propio. Parte de ese proceso ocurrió cuando Carlos decidió asumir también el rol de vocalista.

  • En un momento terminaste asumiendo tú mismo la voz principal. ¿Cómo ocurrió eso?

El primer disco se grabó con otro vocalista. Cuando él decidió tomar otro rumbo, empezamos a buscar reemplazo y probamos con varios cantantes. Hicimos audiciones, conversamos con distintas personas, pero por distintas razones no terminaba de funcionar.

En ese proceso varias personas cercanas me dijeron algo que yo no había considerado mucho: ‘Si las canciones son tuyas, ¿por qué no las cantas tú?’.

Al principio me costó tomar esa decisión, porque yo siempre me había visto más como guitarrista y compositor. No estaba tan seguro de ponerme al frente de la banda.

Pero finalmente decidí intentarlo. Empecé a trabajar más la voz, a estudiarla y a entenderla como una herramienta expresiva dentro del proyecto. Y desde ese momento la banda empezó a tomar otra forma, como que todo se ordenó un poco más.

Foto por Patricio Núñez.

El salto hacia el extranjero

Las primeras experiencias de Cleaver fuera de Chile nacieron de manera bastante informal, casi como una exploración personal.

  • Han tocado fuera de Chile, incluso en Estados Unidos. ¿Cómo se dio ese proceso?

Fue algo bien a pulso. En un momento viajé solo a Estados Unidos con una guitarra y con la idea de ver qué pasaba. Antes del viaje empecé a escribirle por Instagram a productores o a gente que trabajaba en bares y locales de música.

Les decía que iba a estar allá y que me gustaría tocar. Algunos respondían, otros no, pero de a poco empezaron a aparecer contactos.

Arrendaba un auto y manejaba una hora o más para ir a conocerlos. Llegaba con mi guitarra, conversábamos, les mostraba lo que hacía y muchas veces terminaban dándome una fecha para tocar.

Así terminé tocando en lugares como el muelle de Santa Mónica, en Venice Beach, y después en locales históricos como el Rainbow o Pettis Place, donde han pasado muchas bandas importantes.

Fue una experiencia súper formadora, porque todo se dio de manera muy directa, muy humana.

  • ¿Y en qué momento eso se transforma en una gira con la banda?

Cuando vieron lo que estaba haciendo allá, empecé a mostrarles también el material de Cleaver. Les gustó la banda y nos propusieron hacer una gira.

En ese momento coincidió además con el contexto del estallido social en Chile, y nuestro tercer disco tenía mucho que ver con eso. Hablaba de que si el ser humano no cambia como especie, finalmente estamos condenados a la extinción.

Entonces todo se fue conectando de alguna manera.

  • No sería la única experiencia de la banda frente a escenarios de gran escala. En 2023, Cleaver abrió la jornada del festival Masters of Rock en Chile, compartiendo cartel con leyendas como Kiss, Scorpions, Deep Purple y Helloween.

El sonido de Variety Show

El último trabajo de Cleaver muestra también una evolución en el sonido de la banda, con nuevas texturas y mayor presencia de teclados y sintetizadores dentro de su propuesta de rock alternativo.

Parte de la identidad reciente de la banda también se construyó con The World is Gone, un disco producido por Felo Foncea que abordaba temas como la crisis climática y la necesidad de un cambio en la relación del ser humano con el planeta.

  • Variety Show tiene un sonido distinto a sus discos anteriores. ¿Cómo fue ese proceso?

Siempre hemos tenido cierta inquietud por experimentar, pero creo que en este disco eso se nota más. Antes ya había algunos teclados y sintetizadores, pero ahora están más presentes dentro del sonido general de la banda.

También influyó trabajar con Felo Foncea en la producción. Eso abrió muchas posibilidades sonoras y nos permitió explorar otras texturas.

Fue un proceso bien interesante, porque la idea nunca fue dejar de ser una banda de rock, sino ampliar un poco el espectro de lo que podíamos hacer.

  • El disco pasa por distintos climas y termina con una balada. ¿Fue una decisión consciente?

Variety Show es un disco que pasa por muchos estados emocionales. Tiene momentos más intensos, otros más introspectivos, y para mí era importante que el cierre reflejara ese recorrido.

No sentía que necesariamente tenía que terminar con algo explosivo. A veces el final de un viaje es más silencioso, más reflexivo.

La balada del final cumple ese rol. Es como cerrar la puerta después de todo lo que pasó durante el disco.

Un disco atravesado por emociones

Durante la grabación del disco también ocurrieron situaciones personales que terminaron influyendo en el tono emocional de algunas canciones.

  • El disco se siente emocionalmente muy cargado. ¿Hubo algo personal detrás de ese proceso?

Sí, de hecho pasó algo bien fuerte en ese período. Cuando estábamos trabajando en el disco falleció mi perro, que para mí era súper importante. Fue un golpe bien grande en lo personal.

Cuando llegó el momento de grabar las voces yo todavía estaba muy atravesado por eso, y el productor me sugirió algo que al principio me pareció medio extraño: llevar sus cenizas al estudio.

Finalmente lo hice. Las llevé y las tuve ahí mientras grababa. Y aunque suene raro, sentía su presencia de alguna forma mientras cantaba.

Creo que eso terminó influyendo mucho en la carga emocional del disco. Fue un proceso intenso, pero también muy significativo para mí.

La escena chilena

Después de más de una década dentro de la música, Cleaver también observa con atención cómo se mueve la escena local y las dificultades que enfrentan muchas bandas para consolidarse.

  • Cuando vienen bandas extranjeras llenan estadios, pero a las chilenas muchas veces les cuesta más. ¿Cómo lo ves tú?

Yo siento que en Chile todavía pasa algo raro con las bandas nacionales. Cuando vienen bandas extranjeras, la gente paga lo que sea por la entrada y va feliz. Pero cuando es una banda chilena, se cuestiona el precio, se cuestiona todo.

Y ojo, las entradas a conciertos chilenos no suelen ser caras. Incluso bandas gigantes como Los Jaivas han llenado el Nacional con entradas súper accesibles. Entonces hay algo cultural ahí.

Siento que se perdió un poco ese vínculo con el rock nacional, salvo algunos nichos de bandas más jóvenes que han logrado armar un público fiel. Las bandas más grandes, en cambio, muchas veces pierden ese contacto porque el público también cambia, tiene otras prioridades.

Por eso muchas bandas terminan yéndose a México o a otros países, hacen carrera afuera y cuando vuelven recién acá se les reconoce. Pasó con La Ley, con Los Tres, con muchas. Falta ese reencantamiento con la música chilena.

  • ¿Crees que falta más trabajo conjunto dentro de la industria?

Sí, yo creo que siempre se puede hacer más en ese sentido. Cuando hay colaboración entre medios, productoras y bandas, la escena crece mucho más rápido.

Es algo que todavía se puede fortalecer bastante.

  • En paralelo también han aparecido nuevas bandas que están moviendo bastante la escena, como Candelabro, Hesse Kassel o Frank’s White Canvas, que incluso están desarrollando parte de su carrera en Europa. ¿Cómo ves a estas nuevas generaciones?

Yo creo que todas las bandas que mencionaste son súper profesionales en lo que hacen. Son bandas que creen 100% en su proyecto y que, igual que nosotros en su momento, se la están jugando con todo. Cada una ha buscado su forma de hacerse más conocida y de captar más público.

Por ejemplo, Hesse Kassel es una tremenda banda, pero está más enfocada en un nicho chileno. En cambio Frank’s White Canvas se fueron a vivir a Alemania y prácticamente están haciendo su carrera allá. Eso igual es como una ruleta rusa, pero al final les ha resultado. Han aguantado la presión de estar afuera, sin la misma comodidad, y eso es súper valorable.

A las bandas nuevas también les diría que disfruten el momento y que ojalá sigan en la misma. Porque al final esto es largo. Llegar a tener una banda que dure 10 o 15 años ya es difícil. Nosotros llevamos más de 15 con Cleaver y no es fácil sostener un proyecto de rock tanto tiempo en Chile.

Muchas bandas que partieron en la misma generación se quedaron en el camino. Yo creo que lo que hace la diferencia es el amor por lo que uno hace. No es solamente perseverancia, es realmente amar la música. Cuando uno está enfocado de verdad en eso, aunque a veces te vaya mal o tengas que desviarte un poco en el camino, tarde o temprano algo termina pasando.

Foto por Patricio Núñez.

Música e inteligencia artificial

El avance de la inteligencia artificial también ha abierto debates dentro de la industria musical sobre el rol de la tecnología en los procesos creativos.

  • ¿Cuál es tu postura frente a la música creada con inteligencia artificial?

Yo uso la inteligencia artificial, pero no para hacer música. La uso para ordenar ideas, para buscar sinónimos, para mejorar una fonética, cosas así.

Una vez intenté ocuparla para crear algo musical y la encontré muy plástica. No tenía alma. Se siente cuando algo no está hecho por una persona.

Creo que la IA puede ser una herramienta, pero no puede reemplazar la experiencia humana. No puede reemplazar lo que significa cantar algo que viviste, tocar algo que te duele o que te emociona.

Además, hay algo que nunca va a poder hacer bien, que es tocar en vivo. Esa conexión no la va a lograr. Y siento que, paradójicamente, en unos años más lo humano va a ser lo más valioso: la música hecha por personas, con errores, con emoción real.

Lollapalooza como nuevo punto de partida

Después de años de trabajo independiente, Cleaver se prepara ahora para presentarse en uno de los escenarios más importantes del circuito internacional.

  • Después de tantos años de trayectoria, llegan a Lollapalooza. ¿Qué significa este momento para la banda?

Para nosotros Lollapalooza no es una tocata más, pero tampoco es el punto final. Es una inversión.

Sabemos lo que significa un festival de este nivel, como el tener ojo con el poco tiempo, mucha exposición, otro tipo de público. Y justamente por eso hay que ir con un nivel de profesionalismo altísimo.

Queremos que la gente se lleve una experiencia, que vea una banda sólida, con energía, con visuales, con una propuesta clara. Que alguien que no nos conoce diga ‘chucha, esta banda no la tenía’.

Lo vemos como una vitrina para seguir creciendo, para abrir otras puertas, para giras, para nuevos escenarios. No es llegar y listo. Es llegar para seguir.

Foto por Patricio Núñez.

El camino de Cleaver ha sido largo, muchas veces silencioso y siempre construido desde la insistencia. En ese recorrido caben viajes improvisados con una guitarra, discos nacidos de procesos personales intensos y una banda que aprendió a levantarse sola. Lollapalooza aparece ahora como una vitrina mayor, pero también como la confirmación de algo que Cleaver repite a lo largo de la conversación: en la música, la persistencia también es una forma de identidad.

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