En La Máquina conversamos con Claudio Valenzuela quien, tras el fin de Lucybell, inicia una nueva etapa solista mientras reflexiona sobre la industria musical chilena, las nuevas generaciones de artistas y su mirada crítica sobre la política y el mundo actual.
La música chilena de los 90 estuvo definida por distintas voces y sin duda una de las más reconocibles es la de Claudio Valenzuela, quien le dio la oscuridad, profundidad, potencia y personalidad a una de las bandas más importantes del país en los últimos 30 años y que dio su punto final en 2025: Lucybell.
Hoy, luego de la gira de despedida, Valenzuela está retomando su carrera solista sin dejar atrás las canciones que creó para su ex banda, en un comienzo de año que le trajo grandes shows, como es el Lollapalooza, REC y el show junto a Beto Cuevas y Aterciopelados en el Movistar Arena en el evento La Noche del Rock Latino.
Para esta entrevista con La Máquina, la cita tuvo lugar pasadas las 2 de la tarde en un día caluroso. Vemos acercarse a una figura que destaca en la calle por sobre el resto e inmediatamente sabemos que es él. Claudio llega puntual, de buen humor, risueño, tono que mantendrá durante toda la conversación. Está vestido completamente de negro, con una polera de Robert Smith, vocalista de The Cure, una de las influencias de su música y con jeans negros. Como accesorios, aunque quizás también son parte de su personalidad, usa sus anillos característicos —destacando la calavera de su dedo meñique de la mano izquierda— y unos grandes lentes cuadrados.
Nos sentamos fuera del Bar/Restaurante Liguria de Manuel Montt.
Al sentarnos le pregunto si hay algo que haya dejado atrás de su etapa en Lucybell, a lo que me respondió entre risas: “Voy a ser super sincero. Más que nada con la ropa…”.

La música no para
Dejar una banda histórica es algo complejo y aún más lo es lanzar una carrera solista, pero Claudio está agradecido por las oportunidades que se han abierto.
“Partiendo por el Movistar (Arena), es una súper invitación. Agradezco a Beto Cuevas por invitarme”, comienza contando. Ambos vocalistas se conocen hace tiempo y nuestro entrevistado nos cuenta que durante la pandemia hablaron de hacer algo juntos, pero no se logró concretar. Cuevas acaba de estrenar su nuevo disco, mientras que Valenzuela ha lanzado dos singles, por lo que se siente en sincronía.
Sobre este show en sí, Claudio Valenzuela menciona: “Va a ser una presentación compartida. Cada uno tendrá su parte, pero también vamos a compartir canciones. Yo voy a cantar con ellos, ellos van a cantar conmigo”.
Su primer gran show será el domingo 15 de marzo a las 17.45 en el Lotus Stage de Lollapalooza, un escenario que ya conoce, cuando lo pisó junto a Lucybell. Hoy por primera vez lo visitará como solista: “Es muy especial. Antes del 10 de octubre yo ya sabía que iba a tocar ahí. Fue un buen punto de partida, algo de lo que agarrarme para empezar este nuevo camino”.
Para un artista con su sensibilidad, es importante conectar con la energía del público, es por eso que le preguntamos por la energía que se produce en ese festival: “Lollapalooza es un lugar impresionante para tocar y creo que lo que haga ese día va a ser muy importante para mí. Va a marcar un antes y un después dentro de lo que venga después”.
Su show estará marcado por algunos invitados sorpresa que, por supuesto, no nos quiso adelantar —todavía—, pero sí nos contó que son 3 invitados importantes dentro de la música nacional y “Vamos a hacer versiones y canciones que son importantes”.
El show que cierra esta triada de inicio de año es el REC, el festival gratuito más importante del país. Valenzuela reconoce una deuda con este festival: “Con Lucybell y yo, en lo personal, tenemos una deuda con REC del año pasado, cuando por problemas de vuelo no pude llegar. Es muy difícil viajar en invierno”.
Fue inevitable hacer la comparación entre el festival de Concepción y el Lolla: “Primero, uno es gratis y el otro no, entonces parte de una forma distinta. Lollapalooza es un lugar muy especial para mostrar lo que vas a hacer. REC tiene una cosa más familiar, más de festival chileno. Es increíble que vayan bandas internacionales, pero el resto es otra cosa”.

El final de Lucybell
Lucybell se formó en el año 1991 con cuatro integrantes: Claudio Valenzuela en la voz y guitarra, Francisco González en la batería, Marcelo Muñoz en el bajo y Gabriel Vigliensoni en teclados. Su último show fue el 10 de octubre del 2025 en el Movistar Arena. En esta última formación, ya como un trío, estuvieron: Claudio Valenzuela en voz y guitarra, Eduardo Caces en bajo y teclados y Cote Foncea en batería.
34 años en actividad, 9 discos de estudio, 2 en vivo, varios EPs y al menos 3 recopilatorios. Una carrera impecable que acumuló miles de fans desde Chile hasta México. Una relación así de larga no es fácil dejarla atrás y para Claudio Valenzuela ha significado un trabajo de mucho esfuerzo, de hecho relató: “(…) fue un trabajo con terapia. Estuve seis meses con terapia con mi psicólogo. Porque es mucho más que quizás para ellos o para todo el resto”.
Nos dice que estuvo desde el comienzo con Gabriel, Francisco y Marcelo y que tuvo que trabajar profundamente para poder enfrentar todo esto y prepararse para lo que se viene: “…y creo que ha sido un resultado súper positivo, pero obviamente hay muchas cosas que todavía hay que arreglar y estoy en eso”, asegura.
Aún así su carrera solista avanza rápido. No han pasado 5 meses y ya lleva dos giras y dos singles, además estará en los festivales más grandes del país solo. Pero esto mismo hace que se pregunte: “¿no será demasiado rápido? Está bien, no voy a detener las cosas, pero sí hay todavía un luto que todavía estoy viviendo”.
La siguiente pregunta era inevitable: ¿Por qué dejar Lucybell entonces?… Mirándome fijo, con una voz amable pero seca, Claudio respondió: “Tienes que preguntarles a ellos”.
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Identidad como solista
Tener una carrera como solista no es algo que esté haciendo desde ahora. Claudio Valenzuela ha lanzado discos por su cuenta desde el 2009 con Gemini, luego lanzó Simple en 2011, Nocturnal en 2014 y el último fue Ego del 2018. Durante 2025 lanzó un sencillo llamado “Seré lo que quiera” y este año lanzó un segundo titulado “Mi Montaña”. Temas que serán parte de un nuevo disco, pero esta vez sin Lucybell a sus espaldas.
Pregunté si existe algún riesgo musical en lo nuevo que está haciendo; mirando hacia los autos que pasan por la calle con un volumen alto de música, respondió: “para este disco trabajé mucho las voces porque es súper interesante lo que pasa con ellas. Es un disco muy ecléctico, muy diferente, hecho en distintas épocas también”. Dice que hay canciones que fueron hechas en una misma etapa y tienen conceptos específicos. También hay mucho trabajo con teclados porque quería que sonaran de cierta forma. Es un disco que, admite, es “en un 50%, sumamente experimental.”
Es un álbum que está trabajando 100% solo; tocando, produciendo, haciendo arreglos, etc. Una apuesta arriesgada y sin un contrapeso. Pero ante esto su respuesta fue muy elocuente: “Soy Géminis, entonces tengo contraparte todo el rato”. Luego, complementa: “el 90% de los discos los he hecho yo solo. El primer disco trabajé con Adam Moseley, quien es mi maestro, con quien trabajé dos discos de Lucybell. Un productor muy importante inglés, gran amigo mío”. Con él también trabajó su primer disco solista y la mitad del segundo cuando el inglés, por temas de agenda, debió dejar el proyecto. Allí fue cuando el músico aprendió y aplicó todo su conocimiento. Luego se dio cuentade que “yo puedo hacer todo”. Nos cuenta que en adelante trabajó los masters de los discos con otras personas, pero en los últimos dos es él mismo quien los masteriza.
“Llego a las canciones, hago los arreglos, hago la producción, grabo cada instrumento, mezclo, termino las mezclas y luego las entrego”, mucho trabajo para una sola persona, pero lo más complejo es lo que tiene relación con la pregunta inicial, ¿quién es su contrapeso? “Y el problema es: ¿con quién peleo? Conmigo mismo, mucho rato. A veces canciones que están súper listas se demoran demasiado tiempo. Tengo una canción que lleva tres años esperando ahí y sigo trabajando en ella. No es que esté esperando, he trabajado todo el tiempo”.
Una de las diferencias de ser solista, es que ahora no delega como lo hacía con Lucybell donde cada instrumento sabe cómo debería sonar mejor su instrumento. El propio músico dice que ha aprendido a decir: “Ok, hay gente que sabe hacer la pega mejor que yo”, pero ahora debe inventarse todo y le gusta, porque parte del trabajo como solista, es ser realmente solista.
A pesar de esto, en el escenario no puede dividirse y tocar todos los instrumentos a la vez, por eso hoy está con Sebastián Rodríguez y Álvaro del Pino en batería y segunda guitarra respectivamente.
Las etapas se marcan con música y nuevas búsquedas creativas. Claudio Valenzuela en este momento se siente en una aventura, donde armó su propio estudio y todo funciona tan pronto aprieta un botón, pero en los artístico no todo funciona tan automático. Para él, crear una canción se divide en dos partes por lo menos. Crear la música y crear la letra: “Ahora, hay una diferencia entre hacer música y hacer letra. Hacer música es súper divertido. Todo bien. Es como ir a una fiesta. Hacer letras no. Hacer letras es ir al fondo. Y ahí es donde se produce el grave problema. Es muy difícil. Ahí es donde realmente está el precio de todo”.
Entonces, para este disco, ¿qué nace primero? Su respuesta es corta y precisa: “ambas cosas”.
Estos nuevos dos singles —nos cuenta— primero los presentó para Lucybell, pero la banda decidió que deberían comenzar todo de cero, por lo que Claudio siguió trabajando y produciendo en su estudio de Manuel Montt. Su proceso creativo viene desde muchas partes, que “…Hay canciones que vienen de la acústica, pero las transformo en otra cosa”. Porque su idea es que todo nazca de él y cada pieza de arte haya nacido 100% de su pasión: “Creo que mi mayor objetivo ahora es transformar las canciones en algo diferente a lo que han escuchado antes”.
Esto incluye además las visuales, videos que se proyectan en sus shows y en sus canciones, porque está convencido de “que un artista en este momento debe ser capaz de aprender y hacer todo lo que necesita para expresarse”.
Aunque una nueva etapa solista está naciendo, es bueno mirar hacia atrás y ver qué es lo que sigue sirviendo de la etapa anterior y qué es necesario cambiar. Además de la ropa, Claudio nos cuenta que se siente orgulloso de llevar casi 40 años en una banda y haber trabajado, al comienzo, sin tener instrumentos propios ni nada, para evolucionar y llegar hasta lo que terminó siendo octubre pasado, con dos Movistar Arenas llenos. “Para mí es un orgullo”, revela. “A mí nadie me regaló una guitarra. No tengo papás con plata que me regalaran una casa para un estudio o una inversión para el resto de mi vida”.
Recuerda que él tuvo que pagar su universidad porque si no iban a embargar a sus padres “…Entonces vengo de allá. Y el llegar y estar acá, es porque hay trabajo entre medio. Creo que eso es lo más importante: trabajar siempre y aprender”.
Entonces no se trata de dejar algo atrás, sino que seguir abrazando cada una de las etapas que durante toda la era Lucybell lo llevaron hasta donde está hoy, porque: “Hay algo que me pasa como persona que crean cosas. Yo creo que todo el mundo crea cosas. Pero hay un alma que está arriba y al final no puedes evitarla. No puedes decirle “no quiero”. Es lo que es, porque tienes que ir para allá”. Para Valenzuela, la música tiene esa magia de siempre estar sorprendiendo, siempre inventando cosas nuevas y conectar cosas que no se conectan.
“Hacer letras que no tenían por qué decirse. Las digo. ¿Por qué no?”, dice.
Aprender como una constante. Esa es la premisa principal para el músico. “La música es el centro vital de todo. No hay otra forma”, nos dice. Porque, no importa el estilo, o de la forma en que se quiera plantear. Una canción la puedes cantar de mil formas. Esa definición es lo que mueve su filosofía musical, algo que, admite, no es fácil de hacer, “…Cuando la música se transforma en alguien, en algo que, da lo mismo cómo lo vistas o cómo lo toques, porque existe”. Por ejemplo, “puedes escuchar “Gracias a la vida” interpretada con un cuatro o con la sinfónica de Londres. Y la canción está ahí”.
Pero más allá del proceso creativo personal, la música también está atravesada por un contexto mayor que hoy casi no existe como lo es la industria en la que se desarrolla.
Industria musical chilena y nuevas generaciones
Cuando Lucybell nació, la música chilena gozaba de una industria musical que se sostenía por sí sola. Universal, Warner y Sony Music son solo algunos de los sellos que ya no están en el país —o al menos no de la forma en que lo estaban en esos años—, otros quebraron o simplemente se fueron. En los 90 muchas bandas chilenas debutaron gracias a estas filiales locales, porque los sellos todavía invertían en desarrollo artístico. Con el streaming ese modelo prácticamente desapareció. Por su parte, Lucybell durante los 90, firmó con el sello EMI Odeón y con ellos lanzaron sus dos primeros álbumes “Peces” (1995) y Viajar (1998).
Con el futuro lanzamiento de su nuevo disco, Claudio Valenzuela también reflexiona sobre el estado de la industria musical chilena y el rol de los sellos discográficos. Su diagnóstico es categórico: “Es que no hay industria. No hay sellos, no hay nada. Hay productoras que venden shows, hay colocadores que ponen las cosas en listas, publishing, gente que trabaja en eso y otras áreas, pero no hay sello discográfico donde tú te sientes y te digan: “Hoy día vamos a sacar 50 mil copias en seis meses y vamos a ser número uno en tal parte”. Eso no existe”
Pero contrario a lo que se podría pensar, Valenzuela lo ve como una oportunidad. Con los sellos, era muy difícil reinventarse y buscar nuevos caminos creativos. Pone el ejemplo de Rosalía, quien, según él, si trabajara con un sello como los “clásicos” no hubiese podido lanzar su último disco (LUX), porque no la habrían dejado. Fue gracias a que tiene su propio sello el por que tiene la libertad creativa para poder lograr lo que hizo. “Me corto una mano que ella jamás hubiera podido hacerlo si no fuera ella la que maneja su propia compañía”.
Por esto mismo, es que se siente con más libertad creativa que nunca y cree que la industria musical, a nivel mundial, está cambiando y moviéndose de manera interesante. Ya no se puede encasillar a los artistas en solo un género.

En ese mismo contexto de cambios en la industria y en la forma en que se consume la música, surge también el debate sobre los nuevos estilos dominantes, especialmente la llamada música “TikTok” o el auge del urbano. Ante las críticas que señalan que estos géneros tendrían menos profundidad que otros, Claudio Valenzuela evita la descalificación y propone mirarlo desde otra perspectiva.
Para él, cada estilo musical cumple un rol distinto. “Cada estilo de música, cada forma de hacer música, tiene una importancia por sí misma”, dice. De hecho, reconoce que no se trata de algo sencillo: “lo que hace la gente que hace urbano, reggaetón o trap, yo no sería capaz de hacerlo”.
El músico insiste en que la música no debe pensarse como una competencia entre géneros, sino como distintas formas de responder a necesidades humanas. “Hay música para bailar, hay música para pensar, hay música para dormir, hay música para saltar. La música cumple una función humana”, explica. Desde su punto de vista, estas diferencias no establecen jerarquías. “Uno no es mejor que el otro. Esto no es una competencia. Son funciones necesarias para el alma”.
Incluso utiliza una imagen particular para explicarlo: “Es como las vacunas: hay una para cada enfermedad. La música llena un poquito el alma”.
Valenzuela también destaca el cambio generacional en la forma de escuchar música. Observa con admiración la libertad con la que las nuevas audiencias se mueven entre estilos. “Admiro mucho a las nuevas generaciones que son capaces de tener todo en su teléfono”, comenta. Su propia hija, dice, escucha de todo: “desde mi música hasta el último reggaetón, electrónica, metal, cosas que ni siquiera conozco”.
Para quienes crecieron en los años noventa, la experiencia era completamente distinta. “Antes conseguir un disco demoraba seis meses”, recuerda. Hoy, en cambio, “tienes toda la música del mundo en el bolsillo”.
Por eso, más que criticar los cambios, cree que los músicos deben entenderlos. “Hay un cambio sociológico en la industria musical que los músicos tenemos que tener súper claro”, afirma. En un contexto donde la accesibilidad transformó completamente el consumo musical, concluye, “la accesibilidad es diferente y hay que jugar con eso”.

Cuando la conversación gira hacia las nuevas generaciones de músicos chilenos —bandas como Hesse Kassel o Antonnias, que también forman parte del cartel de Lollapalooza— Claudio Valenzuela observa el fenómeno con interés. Para él, lo que está ocurriendo no es algo completamente nuevo, sino parte de los ciclos naturales de la música.
“Cuando salió el punk en los 70, en los 80 apareció el dark wave o new wave que se basó en esa crudeza para poder moverse”, explica. Desde su perspectiva, hoy ocurre algo similar: “Creo que estamos en un momento muy parecido”.
Valenzuela destaca especialmente el trabajo de algunas bandas jóvenes que lo han sorprendido. Menciona, por ejemplo, al grupo Hesse Kassel. “Yo tuve que postear algo sobre Hesse Kassel porque escucho ese disco y hasta ahora lo muestro a la gente y nadie me cree que es chileno”, comenta, aún sorprendido por el sonido de la banda.
Para el músico, lo importante es que existe una nueva generación explorando con libertad. “Tenemos bandas de jóvenes muy jóvenes haciendo cosas”, dice. Y no se trata solo de un par de nombres aislados: “Hay chicos nuevos trabajando, tocando una guitarra y viendo qué puedo hacer con estos sonidos, inventando este otro sonido”.
A su juicio, este movimiento creativo es necesario para el país. “Creo que es lo que necesita Chile. Es muy importante”, afirma.
Además, observa cómo incluso artistas provenientes del mundo urbano comienzan a acercarse nuevamente a los instrumentos tradicionales del rock y el pop. “Ves a Kidd Voodoo haciendo un disco con guitarra o a Princesa Alba con Niebla Niebla”, comenta, mencionando también a otros artistas que están experimentando con sonidos distintos.
Para Valenzuela, todo esto apunta a algo más profundo dentro de la tradición musical chilena. “Creo que hay una base en la música chilena que es la canción”, reflexiona. En otras palabras, más allá de los géneros o las modas, lo que permanece es la capacidad de construir buenas canciones.
Y ahí, dice, está una de las mayores fortalezas del país: “Creo que somos capaces de hacer himnos internacionales y eso no podemos olvidarlo”.
Un ciudadano del mundo con ojo en la política
Claudio Valenzuela está radicado en Estados Unidos hace muchos años y como ciudadano del mundo ha visto en primera persona los cambios sociales y políticos que hoy afectan al planeta. La música es un reflejo de la realidad y, según el propio cantante “No puedes ser músico si no ves lo que está pasando alrededor tuyo”. Es por esto que no está de acuerdo con aquellos que afirman que el arte no debe ser político y sobre todo en la música. Para él existen pocas cosas que son manejadas por la gente realmente y “creo que la música es la comunicación más primitiva que tenemos, la forma más básica que podemos encontrar para poder comunicarnos”. De hecho tiene un ejemplo bastante reciente de lo que puede hacer la música con un mensaje “Ver el show de Bad Bunny… yo no soy fan de Bad Bunny, pero muchos como yo, que no son fan, vieron el show y dijeron: “Hey, el momento preciso para hacer esto”. Creo que eso es lo que la música hace. Creo que la música tiene que seguir haciéndolo”.
Pero si hablamos de música local, los referentes históricos son claros: “Víctor Jara, Violeta Parra… son ejemplos súper extremos porque estamos en un momento súper extremo, donde (Víctor) fue asesinado. ¡Víctor Jara fue asesinado!”.
Para el ex Lucybell, los artistas siempre se han sentido como un peligro público, porque llegan a mucha gente de formas mucho más importantes y profundas. Incluso pueden adelantar cosas que van a pasar. Son capaces de transmitir sueños e ideales para que la gente pueda tener una aspiración: “Un político simplemente te dice: “Voy a hacer una ley, voy a hacer esto”. No. Un músico te deja algo para decirle a tu hijo después. Es como de actitud, no es de acciones. Es como moldear una escultura”. Para él, a diferencia de un político, la música pule cosas que se transmiten en el tiempo, como lo han hecho Jorge González o los propios Victor Jara y Violeta Parra, hasta Los Jaivas.
Como el propio compositor ha dicho en esta entrevista, la música es un reflejo del mundo y sus propias canciones están vistas bajo esa misma lupa. Le interesa saber qué está pasando, por lo mismo mira noticias y se mantiene informado, reconociendo que a veces debería parar un poco, y lo hace, cuando ve alguna serie o película en MUBI o Netflix, pero le encanta estar informado.

Cuenta que es gracioso ser él quien le cuenta a sus amigos estadounidenses cosas que ocurren en ese país y que él vio desde Chile, sorprendiéndolos y preguntando un incrédulo “¿En serio?”. “Creo que los músicos tenemos que estar al tanto de lo que pasa alrededor, no podemos vivir en una nube. La vida no es así. Están pasando muchas cosas alrededor y para mí es súper importante estar informado: políticamente, económicamente y socialmente” define el músico.
Sobre este último punto, la política (anti)migratoria de Estados Unidos, Valenzuela nos cuenta que “Yo soy residente, no soy ciudadano. Soy residente hace 20 años en Estados Unidos, donde vivo hace treinta y tantos años” admitiendo que no le ha afectado, a pesar de que la última entrada fue difícil. Reconoce que es curioso lo que ocurre allá, siendo un país forjado por inmigrantes, y con la propia familia de Trump inmigrantes también, entonces: “No es que tengan los chicanos gobernando una zona de Estados Unidos. No existe esa verdad. Yo vivo donde están los chicanos, y eso es increíble, toda esa cultura que existe”. En comparación con Chile, donde existían los huilliches, diaguitas y hasta los mapuches en el sur, en Estados Unidos también habían pueblos originarios que fueron arrasados por estos mismos migrantes. Por lo mismo nos dice que “Había gente. Esa cuestión de “descubrir”… no”
Claudio dice ser orgullosamente 50% mapuche y cree que hay una cosa muy extraña en el mundo en este momento y no tiene que ver tanto con Estados Unidos, sino que con el mundo entero y es que recién estamos viendo los efectos reales de la globalización: “Hay una suerte de haber conectado todo y ahora no sabemos qué hacer. Porque yo sé lo que pasa en China, sé lo que pasa en India, puedo saber por Telegram lo que pasa en lugares que ni siquiera sabía que existían. Entonces todo termina siendo súper global”. Por lo mismo, es crítico sobre la estructura política que rige a gran parte del mundo y considera que “es ridículo pensar que todo el mundo piensa lo mismo. Somos humanos, pensamos diferente” y esto lo ha llevado a la conclusión de que “la democracia es una falsedad total”. Ante esto, siente que estamos en un momento muy interesante a nivel mundial, no solo en Chile, con políticos —en referencia a lo que pasó entre Boric y Kast la semana anterior— que no pueden ponerse de acuerdo como si fuese un juego de niños. Esto lo ha llevado a no querer estar en partidos políticos y a la convicción de que nadie puede pensar como otra persona, de hecho: “Hay otra gente anarquista que habla de esto. Yo me considero básicamente anarquista”.
Es difícil pensar en ser anarquista en un mundo tan globalizado, donde todo se rige por el consumo o la política, por lo mismo, Valenzuela reconoce que “Yo creo que uno tiene que ser lo que es”, que debe votar cuando hay que hacerlo. Que en realidad hoy tiene que ver con una forma de vida, “una forma de ver la existencia y la total innecesidad de estos gobiernos que nos hacen sentir que nos pueden controlar como si fuéramos niños chicos”. Para el músico, falta individualidad, porque “De alguna forma somos como un montón de ovejitas que hay que llevarlas a un lado y hay que tener unos perros ovejeros que las lleven para allá. “Ahora vamos para acá””. También siente que cada persona en sí mismo tiene un universo que es capaz de multiplicarlo por miles. Que aunque podemos tener afinidad, es imposible tener el mismo pensamiento y ese es su punto.
“A mí lo que me pasa es que no le creo a nadie. No le creo a ninguno de esta gente, no le creo a los negocios que están pasando porque leo, investigo, me meto a la Black Web, etcétera, y cacho cosas que están pasando que son heavy y la gente no tiene idea”.
Dice ser copuchento, “Soy Géminis copuchento” y le asusta saber que la gente piensa tan fuera de la realidad, cuando es lo que vivimos todos los días. “El 90% de la gente no tiene plata para comer, y el 2% de la gente tiene todo el dinero del mundo. Son tantas cosas que están ahí, informadas y súper claras, que no tienen sentido”, dice con frustración, preguntándose cómo es posible que esto pase y que haya niños muriendo de hambre en el mundo, cuando hay supermercados botan comida. Para Valenzuela el mundo de hoy tiene muchas cosas irracionales, “Después te preguntas por qué uno está loco, por qué la gente no va al psicólogo, por qué suben las tasas de depresión en el mundo. Hay una razón súper clara”.

Un nuevo comienzo para Claudio Valenzuela
Sin importar que sea un punto final o uno suspensivo, la realidad es que hoy Lucybell no está activo, pero su fundador, como siempre, continúa creando música. A pesar de cerrar ese ciclo, inmediatamente comenzó otro, pero… ¿qué es lo que realmente está comenzando? Claudio lo tiene muy claro y es que en realidad “En muchos aspectos es un comienzo total”.
A sus 56 años este es un nuevo comienzo y no lo toma de forma catastrófica. A pesar de tener a Lucybell en una pausa indefinida, pero sus canciones siguen siendo parte de su historia y también de su presente. Muchas nacieron de su propia pluma y, por lo mismo, no ve contradicción en seguir interpretándolas en el escenario mientras suma nuevo material a su carrera solista.
Él se define como músico y un músico crea aquello que le apasiona: “Soy músico y me gusta tocar. Voy a seguir tocando”.












