Tras el increíble éxito de La Misteriosa Mirada del Flamenco, el director Diego Céspedes señala las discriminaciones que reciben las comunidades LGBTQ+ y el peligro que se avecina en las artes por el próximo gobierno de derecha.
Desde sus experiencias infantiles, Diego Céspedes detectó el desconocimiento y los prejuicios que existen para aquellos que no se sienten vistos. La memoria, el amor y la familia son algunos de los temas que se tocan en su obra prima.
Con un éxito rotundo en el Festival de Cannes, llevándose el premio Certain Regard 2025, el director retrata los estigmas, cuestiona los mitos y profundiza en “la familia que uno elige”. Asimismo, Céspedes añade la importancia de que esta obra sea desde la mirada de una niña: “ella no ve que lo que tiene una persona entre las piernas, ella nota si es cuidada y si recibe amor”, menciona.
Anteriormente, el cineasta nacional también recibió elogios y atención por su cortometraje “El verano del león eléctrico”, el cual narra el poder de las mujeres en una sociedad religiosa y conservadora. Sus proyectos se destacan por la reivindicación y la mirada como gesto de transmisión.
En La Máquina dialogamos con Diego Céspedes sobre todo el trabajo temático y artístico de “La misteriosa mirada del flamenco” (que se estrena en salas de cine este jueves 12 de marzo) y su visión frente a algunas temáticas atingentes en la sociedad.

— ¿Cuál fue tu motivación para contar este vacío de experiencias, de las cuales muchos no eran conscientes?
— Siempre hablo de lo que conozco y en ese sentido, para mí, antes que el contexto histórico de la película, lo que me inspira a escribir los personajes es pensando en la gente que tengo alrededor, mi familia, amigos y gente que conozco. Desde ahí, aparece ese corazón que tienen los personajes. El personaje de Lidia y Flamenco se inspiran en mis hermanos, a pesar de que el contexto sea completamente ficticio.
“Después de eso aparece el escenario. Para mí no solo es hablar sobre el VIH, esta es una película en la que las disidencias enfrentan tiempos violentos. Pero de todas formas el tema del SIDA y el VIH son temas que he escuchado desde muy chico. Mis papás tenían una peluquería en Peñalolén en los años 90, y algunos chicos que trabajaban allí eran gays y murieron de SIDA. En ese tiempo había tantas cosas que se inventaban sobre las personas que tenían VIH, que había contagio a través de la saliva y muchos mitos ridículos. Ahí nace el sentido ficticio de la transmisión por medio de la mirada”, asegura Diego Céspedes.
— Hablando de los personajes, ¿por qué nos cuentas esta historia desde la visión de una niña?
— Me parecía mucho más honesto y sentí que necesitaba llegar a lo más esencial de estos personajes. Cuando nos vamos volviendo adultos tenemos una gran construcción establecida, ya tenemos nuestra propia ética y nuestra propia moral.
Una niña o un niño actúa mucho más desde la inocencia y desde la emoción. Una niña no ve que es lo que tiene una persona entre las piernas, ella nota si es cuidada y si recibe amor, como es el caso de Lidia. Entonces, cuando uno abre este punto de vista, se habla de una pureza muy linda, sobre cómo ella mira a los personajes con tanto amor.
— Diego ¿cómo crees que se conecta la historia de tu película con la realidad actual de las personas LGBTQ+?
— Mira, con este nuevo gobierno vamos a tener una etapa muy conservadora y lamentablemente es una historia repetida. Con un presidente que está en el límite del fanatismo religioso, sabemos que va a apuntar a un punto conservador. La verdad es que son personas que no están abiertas al diálogo y que no ven a la gente como igual, sino que ven todo lo diferente como algo que debería restablecerse. Piensan que lo diferente está mal y hay que corregirlo.
En ese sentido esta es una película (La misteriosa mirada del flamenco) que vuelve a abrir nuestra comunidad, que nos recuerda que veamos lo bueno. Creo que esta película nos ayuda a combatir estos discursos de odio que están llegando al poder en todo el mundo.
— ¿Cómo hacemos como sociedad para que esto no retroceda?
— Lamentablemente, Chile votó por un retroceso y la verdad es que los gobiernos de ultraderecha están siendo electos en todo el mundo. Son personas que están apuntando a un populismo, a una solución fácil. Ofrecer seguridad y supuesta mano dura a la delincuencia es el mensaje inicial, sin embargo, ahí atrás aparece el discurso conservador.
Históricamente, han considerado que las personas diferentes no deberían tener los mismos derechos. El matrimonio igualitario y muchas otras cosas están en peligro, la democracia en su máxima expresión, prácticamente todo aquel que no encaje.

— Desde 2019, Chile vive procesos complejos a nivel social. ¿Crees que la audiencia recibe de otra forma el cine que habla sobre de la memoria?
— Me gustaría pensar que sí, pero siento que no. Siento que nuestro trabajo con la memoria ha sido un fracaso, porque si no hubiese sido un fracaso hubiésemos podido combatir esto de una manera más efectiva. Hoy estamos viendo una juventud (no sé que tan grande sea) que está reivindicando la figura de Pinochet y en España está pasando lo mismo con Franco. Antes teníamos un acuerdo global de que estos sujetos eran asesinos y delincuentes, más allá de la ideología política.
Habíamos llegado a un acuerdo colectivo; nadie que piense diferente debiese ser castigado. Esto quiere decir que no hablamos suficiente sobre la memoria, no reivindicamos las cosas que teníamos que hacer, se intentó, pero no se logró con una fuerza. No hay una memoria colectiva de las atrocidades que pasaron en la dictadura, de las atrocidades que ocurren cuando dictadores de derecha o de izquierda llegan al poder.
“Tenemos que volver a construir esa memoria y creo que la película hace eso también”, añade Diego Céspedes.
— Con respecto a las disidencias en el cine chileno, ¿crees que actualmente reciben un espacio, no solo en la narrativa sino que también en la producción de estas películas?
— Creo que sí; hoy día vivimos en tiempos de exceso, de mucha información, mucha imagen y mucho discurso. Siento que de esa manera se abren otras formas que antes no eran posibles. Si hubiésemos contado esta historia hace 20 años, no tendríamos esta base de humanizar a personas que se las había invisibilizado. Por ejemplo, las chicas trans hasta hace poco eran interpretadas por hombres. Entonces, desde ese punto sí se ha abierto un campo para contar las historias y es por eso que estamos acá y estamos resistiendo.
A su misma vez, está volviendo esta época conservadora donde lo poco que avanzamos vuelve a estar en peligro.

—¿Qué opinas de qué una película queer haya tenido tanto impacto a nivel internacional?
— Tengo mis resquemores con la palabra queer porque siento que esta es una película súper universal. Cuando se dejan prejuicios atrás no ves a una persona trans, sino que puede ser una mamá o una abuela. El concepto de queer nos ayuda tanto a ser un colectivo, pero también nos dispara los pies de cierta forma, porque lo ven como un tipo de cine y tu identidad de género no es un tipo de cine.
Hay que replantearse lo del cine queer, siento que lo ocupamos mucho y lo he ocupado mucho, pero siento que es una película que ha conectado con la audiencia porque habla sobre temas universales también. Más allá de quiénes son las personas, se habla sobre la ternura, el amor, la necesidad de encontrar un lugar en el mundo. Este es un grupo de personas que la sociedad les dijo que no, fueron al medio del desierto, crearon una cantina, criaron a una niña abandonada y le dieron amor.
Creo que esto ha hecho que la película internacionalmente haya sido un éxito y espero que siga conectando con mucha audiencia.
— ¿Crees que en el cine chileno haya alguna historia no ficticia que falte por contar?
— Sí, en este momento no te podría decir cuál exactamente, pero sí. He podido ver que hay una clase alta que siempre ha contado la historia de nuestro país. El arte no pertenece a una clase social, el arte es simplemente una manera de expresarse y dejar que los humanos interpretemos.
Imagina lo que podría pasar si es que todos pudiesen contar su propia historia. Gran parte de nuestra cultura todavía está escondida en la visión que tienen los de arriba sobre los de abajo. Entonces, sí, creo que hay mucho que contar, somos un país rico en historia y en cultura.
— En el arte en general, ¿tiene esta capacidad de reparar historias que nunca fueron vistas? ¿Qué tipo de impacto crees que tiene el arte en estos temas?
— Yo pienso que son los discursos los que generan esa atracción. No creo que una película vaya a cambiar algo directamente, pero sí se construye un mensaje y un discurso.
Cuando hablamos de estas películas, cuando nos juntamos al cine, cuando ayer la sala estaba llena, la gente conectaba y disfrutaba la película, se sentía una comunidad, eso sí es un discurso. Ayer por ejemplo las chicas salieron defendiendo la salud trans en Chile; cuando se comenta y se habla, se genera un discurso.
No solamente esta película, cualquier cosa que apunte a un cambio genera una pequeña conversación.
Diego Céspedes y su ópera prima “La misteriosa mirada del flamenco” se estrena este jueves 12 de marzo en todas las salas de cine.












