En el décimo episodio del podcast La Cultura en Portada, de Revista La Máquina, dialogamos con Nicolás Contreras, destacado actor chileno, sobre su experiencia en Baby Bandito, La Casa de los Espíritus y la música.
Fotos por Sofía Molina, Patricio Núñez, Vicente González y Catalina Navarro.
Hace apenas unos años, Nicolás Contreras iba de casting en casting sin saber si realmente existía un espacio para él dentro de la actuación chilena. Venía de región, estudiaba publicidad porque parecía el camino “más seguro” y, mientras insistía en abrirse una oportunidad en el cine y las series, acumulaba rechazos que muchas veces parecían cerrar más puertas de las que abrían.
Hoy la historia es completamente distinta.
Tras protagonizar Baby Bandito, una de las producciones chilenas más comentadas de Netflix en el último tiempo, y convertirse en parte fundamental de la esperada adaptación de La casa de los espíritus, Contreras vive un presente marcado por estrenos internacionales, alfombras rojas y una exposición mediática que llegó mucho más rápido de lo que alguna vez imaginó.
Pero lejos de construir el relato clásico del “éxito instantáneo”, el actor insiste en mirar hacia atrás: a los años donde no quedaba en castings, a la ansiedad por querer que todo ocurriera rápido y a la música como refugio emocional cuando la actuación parecía no avanzar.
En conversación con La Cultura en Portada, Nicolás Contreras habló sobre el impacto de Baby Bandito, su filosofía frente al fracaso, la construcción de Pedro Tercero en La casa de los espíritus, la crisis de la industria chilena, la inteligencia artificial, la memoria histórica y el lugar que ocupa hoy la música en su vida.

Del norte a Santiago: el inicio de un sueño improbable
Su relación con la actuación comenzó mucho antes de cualquier cámara. Creció en región, lejos del circuito artístico, en un entorno donde ser actor parecía una idea imposible.
“Yo no conocía a nadie que se dedicara a la actuación. Ni siquiera había visto de cerca a un actor o actriz”, recuerda.
Por eso, cuando llegó el momento de elegir una carrera, optó por publicidad: “Era lo más cercano a algo creativo, pero que también tuviera cierta proyección”.
Todo cambió cuando llegó a Santiago. Ahí descubrió que sí existía una vida ligada al teatro y al cine. Que había personas intentando vivir de eso. Que el sueño podía ser real. Sin embargo, abandonar la universidad no era una opción. “Perdía beneficios y era muy caro”, explica.

Los años de castings y rechazos: “Pasaron cinco años sin quedar”
Entonces empezó a construir su camino por fuera. Se metió a talleres de teatro, comenzó a audicionar y encontró en el reconocido director de casting Roberto Matus una figura fundamental.
“Entrar a Matus Actores fue crucial. Ahí entendí cómo funcionaba la cámara y confirmé que amaba la actuación audiovisual”, comenta.
Pero el entusiasmo no trajo resultados inmediatos. Pasaron años sin quedar en proyectos importantes. “Fueron cuatro o cinco años haciendo castings y no quedando”, recuerda. Incluso durante la pandemia volvió a trabajar como publicista, mientras seguía intentando.
Hasta que apareció Baby Bandito.
El proceso tampoco fue sencillo. “La gente me decía: ‘Te quieren para la serie, pero están dudando porque nunca has hecho nada y sería un protagónico’”, cuenta. Hubo múltiples pruebas, dudas y esperas eternas. “Se escucha fácil, pero no lo fue”.

El fenómeno Baby Bandito y el peso de protagonizar Netflix
Cuando finalmente recibió la llamada, todo llegó de golpe: Netflix, protagonismo, viajes internacionales.
“Fue más abrumador que felicidad al principio”, admite. “Sentí una responsabilidad gigante”.
Y aunque el éxito de la serie lo convirtió rápidamente en uno de los rostros más reconocibles de la televisión chilena reciente, Contreras insiste en que todavía no se siente “famoso”.
“Sí me reconocen más, pero creo que uno tiene que normalizarlo”.
Parte de ese aprendizaje ocurrió en México, durante actividades promocionales de La casa de los espíritus. Ahí observó cómo actores consolidados lidiaban con la exposición pública.
“Veía a actores enormes despertándose de un vuelo y aun así deteniéndose a saludar o sacarse fotos. Me hizo entender que esto existe gracias al público”.
Ese cariño lo sigue acompañando diariamente. Hasta hoy, mucha gente continúa llamándolo “Baby Bandito” en la calle. Y lejos de incomodarlo, lo asume con cariño.

“Es bonito cuando un personaje se vuelve entrañable”.
También defiende con fuerza lo que significó la serie para la industria local.
“Baby Bandito puso un estándar de producción que no se había visto antes en Chile. La fotografía, el nivel técnico, grabar en Italia… se veía internacional”.
Eso sí, también entiende las críticas que recibió la serie. Pero para él hay un punto importante: “En Chile todavía estamos aprendiendo. No somos Hollywood ni México, donde llevan décadas haciendo industria”.
Pedro Tercero y La casa de los espíritus: “Fue amor a primera vista”
Su siguiente gran desafío llegó con La casa de los espíritus, adaptación de la emblemática novela de Isabel Allende, donde interpreta a Pedro Tercero García, personaje inspirado parcialmente en Víctor Jara.
“Fue amor a primera vista”, dice sobre el rol. “Quería interpretarlo, quería habitarlo”.
Para el casting decidió ir mucho más allá. Como el personaje pierde parte de los dedos y no puede tocar bien guitarra, Nicolás improvisó una solución: se vendó la mano para parecerse físicamente al personaje e incluso compuso una canción inspirada en la relación entre Pedro Tercero y Blanca.
“Les dije: ‘Tengo algo preparado’, y ahí avancé muchísimo en el casting”.

Sobre el personaje, asegura que lo que más le atrajo fue su sensibilidad.
“Pedro Tercero es rebelde, pero no desde la violencia. Él mueve cosas desde la música, desde la palabra y desde la sensibilidad”.
El actor también valoró profundamente la multiculturalidad de la producción, que reúne intérpretes de distintos países latinoamericanos y europeos.
“Es una historia muy latinoamericana. Aunque nunca se menciona directamente a Chile, todos entendemos ese contexto”.

La música como refugio: “Nadie te puede negar hacer música”
Además de actuar, Nicolás lleva años desarrollando su proyecto musical bajo el nombre de Niko Kont. Una faceta que, según cuenta, nació incluso desde la frustración.
“Cuando no estaba quedando en castings pensé: ‘Bueno, si no soy actor, voy a hacer música’”.
Y ahí encontró una libertad distinta.
“La música nadie te la puede negar”, afirma. “Puedes grabarte con el celular y subir canciones. No necesitas que alguien te escoja”.
De hecho, define la música como “un salvavidas” emocional durante los momentos más difíciles de su carrera.
“Vivimos en una sociedad demasiado rápida. Uno quiere que todo pase ahora. Pero después pensaba: cuánto se demora un árbol en crecer. Si no lo riegas todos los días, no florece”.
Para él, esa paciencia ha sido fundamental no solo en la actuación, sino también en su vida personal.
“Hay que aprender un poco más de la naturaleza y menos de la velocidad de la industria”.

Memoria histórica, dictadura y las heridas que siguen abiertas
La conversación también derivó hacia proyectos como Cuerpo Celeste y La casa de los espíritus, ambas producciones atravesadas por heridas políticas y sociales latinoamericanas.
“Creo que se nos obligó a olvidar demasiado rápido ciertas cosas”, señala.
Incluso revela que durante su etapa escolar prácticamente no le enseñaron sobre ciertos periodos históricos del país.
“En el colegio se saltaban esas partes”.
Para Nicolás Contreras, mirar el pasado sigue siendo una necesidad urgente.
“A veces sentimos que 30 o 50 años es mucho tiempo, pero realmente no ha pasado tanto”.

Inteligencia artificial y el futuro del arte
Sobre la inteligencia artificial y el futuro del cine y la música, mantiene una mezcla de curiosidad y preocupación.
Cree que muchas profesiones cambiarán, pero también piensa que jamás desaparecerá completamente la necesidad humana de conectar con algo real.
“Los humanos necesitamos palpar las cosas”, dice. “Por eso vuelven los vinilos o las cámaras análogas”.
Aunque entiende que la IA puede transformar profundamente las industrias creativas, también defiende la autoría detrás de una interpretación.
“Sería rarísimo simplemente prestarle mi cara a una productora y que hagan lo que quieran. Hay una autoría en cómo uno actúa”.
“Hay que dejarse sorprender”, el mantra de Nicolás Contreras
Mientras su carrera sigue creciendo, Nicolás Contreras parece mantener intacta la misma filosofía con la que enfrentó aquellos años de incertidumbre: trabajar, persistir y aprender a esperar.
“Uno nunca termina de aprender”, concluye. “Hay que seguir estudiando, seguir entrenando y dejar que la vida también te sorprenda”.
Mira el capítulo completo de Nicolás Contreras en “La Cultura en Portada” acá:












