Tronic celebra 25 años de trayectoria repasando su historia, la independencia que marcó su carrera y el vínculo que mantiene viva a la banda. Detalles en La Máquina.
En la historia del rock chileno, pocos nombres generan una conexión tan inmediata y visceral con la adolescencia de los 2000 como Tronic. Pero reducir su impacto a la “nostalgia pop-punk” sería un error de cálculo. Tras 25 años de carrera, la banda liderada por Rodrigo “Rigo” Vizcarra y Gustavo “Chavín” Labrín atraviesa un segundo aire que desafía a la industria, sin sonar en radios comerciales y lejos de los circuitos de moda, han llenado teatros y conquistado escenarios masivos como el Lollapalooza 2024 y el festival REC.
Hoy, junto a Nacho y Gabo, Tronic no solo celebra su pasado, sino que consolida un presente donde la independencia sigue siendo su mayor bandera. En esta conversación, profundizamos en la filosofía de una banda que sobrevivió a la crisis del rock, se reinventó en México y hoy, más sólida que nunca, mira de frente su legado.

Hace unos meses se presentaron en el REC de Concepción frente a miles de personas, en una escena que, para una banda que creció desde la autogestión y los márgenes, parecía improbable. Hoy, con fechas grandes, nuevas audiencias y un recorrido no lineal, miran ese presente con la perspectiva de quienes han construido todo a pulso… su propio pulso.
El próximo 20 de junio, Tronic se presentará en uno de sus shows más grandes en solitario, en la Cúpula del Parque O’Higgins, contexto en que Revista La Máquina habló con el grupo. Entradas por Puntoticket acá.
- Vienen de una experiencia como el REC de Conce. ¿Cómo estuvo eso? Lo vi en streaming y por tele se veía una locura.
Chavín: La verdad es que todavía no lo podemos creer mucho, porque es como cumplir un sueño en vida. Para nosotros fue algo increíble. Nunca habíamos tocado para tanta gente. Cada día en el REC llegaron 200.000 personas, era un mar de gente que no se veía el final. La gente no solo cantaba las canciones más famosas, sino casi todas. Fue mucha euforia, mucha energía. Ver a niñitos chicos, familias, todos con una onda muy bacán. Fue algo mágico y estamos muy agradecidos.
El integrante de Tronic añade: “Si bien somos una banda longeva y llevamos nueve discos, nunca habíamos estado en escenarios así de grandes. Recién en 2024 llegamos al Lollapalooza. Hay gente que llega en un año porque se hace viral, y está perfecto. Y hay otros, como nosotros, que se demoran más. Nosotros llegamos igual, y estamos más que felices”.

Un camino largo
La industria musical suele premiar lo inmediato, pero Tronic siempre ha sido de esas bandas que están en la resistencia. Con nueve discos de estudio a cuestas —desde el icónico Ke patine la risa hasta el reciente Traspaso Generacional—, la banda reflexiona sobre por qué su llegada a las grandes ligas no fue un golpe de suerte, sino una carrera de fondo.
- ¿Por qué sientes que se demoraron más en llegar a estos escenarios grandes?
Chavín: Siento que tiene que ver con el tipo de música que hacemos. No es tan masiva o tan “fácil” en ese sentido. Si fuéramos una banda de canciones de amor o baladas, probablemente habría sido más rápido llegar a escenarios grandes, porque eso entra más fácil en la radio, en los medios, en todos lados. Pero cuando haces canciones que hablan de cosas sociales, de crítica, de lo que está pasando, el camino es más lento. No todos los medios quieren amplificar ese tipo de contenido, entonces te vas quedando más en un circuito independiente. Igual nunca fue una decisión estratégica así como “vamos a hacer esto para llegar a tal lado”. Siempre hicimos la música que queríamos hacer, no más. Y eso hace que el proceso sea más largo, pero también más honesto.
Nacho: Tronic no trabaja para agradar, trabaja porque es lo que sabe hacer: música. Y eso se ha mantenido desde el inicio hasta hoy. Nunca hemos parado, salvo la pausa obligada de la pandemia. Cuando volvimos a tocar, pasó algo bien fuerte. La gente empezó a valorar cosas que antes daba por hechas, como ir a un concierto, compartir ese momento. Nosotros pensábamos hacer cuatro fechas y terminamos haciendo más de 30. Y cerrar con un Lollapalooza fue algo que jamás imaginamos. También hay algo generacional. Hay fanáticos que nunca se han ido, que están desde el principio, pero también hay muchos nuevos: adolescentes, niños, gente que nos conoció por discos más recientes o por plataformas digitales.
“Eso te muestra que no es solo un “momento” o una moda. Es una trayectoria que se ha ido construyendo con el tiempo, de forma constante”, menciona una parte del alma de Tronic.

Una conexión que no se agota en Tronic
¿Cómo una banda que cantaba sobre las frustraciones juveniles de hace dos décadas sigue llenando teatros con adolescentes nacidos en la era de TikTok? La clave parece estar en la honestidad de sus letras y en un compromiso que va más allá de los escenarios.
- ¿Por qué creen que su música sigue conectando con generaciones más jóvenes?
Gabo: Hay varios factores. El principal es la cercanía con la gente: respondemos mensajes, nos damos el tiempo para la foto, el saludo. También están las letras. Somos una banda independiente, hicimos los discos nosotros mismos, y eso hizo el camino más largo, pero más real. En el REC vimos cómo conectan no solo frases, sino ideas completas. Y ahí entra lo generacional: lo que decíamos en los 2000 sigue pasando hoy. Son temas que no desaparecen, entonces conectan con cabros chicos, con gente de 20, con adultos.
- ¿Cómo definen a Tronic hoy: nostalgia o renovación?
Nacho: Tronic no trabaja para agradar, sino porque es lo que sabe hacer: música. Nunca hemos parado en 25 años. Cuando volvimos después de la pandemia, la nostalgia jugó un rol, sí, pero no es lo único. Pensamos hacer cuatro fechas y terminamos con más de 30. También hay público nuevo. Hay canciones recientes que la gente canta igual que las antiguas. Eso demuestra que no vivimos de la nostalgia, sino de seguir haciendo música.
- ¿Hay algo del pasado que ya no los represente?
Chavín: Por suerte, nada nos avergüenza. Las modas pasan, pero nosotros hemos sido constantes. La nostalgia siempre va a estar, pero también llegan nuevos públicos. Nos pasó hace poco en Rancagua: teatro lleno, gente de todas las edades. Cuando haces las cosas de forma honesta, es más probable que duren. Y eso también tiene que ver con el equipo: no somos solo los que estamos arriba del escenario.

Internet, autogestión y cercanía
Antes de que las redes sociales fueran el estándar, Tronic ya dominaba el contacto directo a través de Messenger y foros. Esa cercanía artesanal, sumada a un ojo clínico para observar la nueva escena —mencionando a nombres actuales como Candelabro—, los mantiene vigentes en un ecosistema digital saturado.
- ¿Cómo se relacionan hoy con las redes y la tecnología?
Chavín: Siempre hemos sido bien amigos de la tecnología. Desde el principio, de hecho. Partimos grabando en mi pieza con un Pentium 3, todo súper casero, aprendiendo a punta de ensayo y error. Después, cuando apareció Messenger, fue una herramienta clave. Ahí empezamos a conectar directamente con la gente, a responder mensajes, a generar un vínculo que en ese tiempo no era tan común. Hoy sigue siendo lo mismo, pero con otras plataformas. Cambian las herramientas, pero la lógica es igual: contacto directo.
La diferencia es que muchas bandas hoy tienen equipos que les manejan las redes, community managers, todo más armado. En nuestro caso, seguimos siendo nosotros. Si alguien escribe, le respondemos nosotros. Si alguien comenta, lo vemos nosotros. Y eso la gente lo nota. Se genera una cercanía real, no es una cosa armada. Y creo que eso ha sido clave para que la banda siga conectando con distintas generaciones.
- ¿Qué bandas sienten hoy que están haciendo algo interesante?
Gabo: Las que hemos visto sonar harto, con las que nos hemos topado en escenarios y que han crecido súper rápido, son Hanubi y Candelabro. Estuvieron hace poco en Lollapalooza también, y son bandas que hoy están marcando algo. Lo interesante es que, aunque no hay tantas bandas nuevas como antes, las que aparecen tienen una propuesta bien clara y logran generar público muy rápido, de cero a cien. Para mí es gratificante ver eso en Chile, porque demuestra que el recambio sigue existiendo. Si te fijai, se puede trazar una línea entre las generaciones nuevas y las bandas que se mantienen. Quizás son menos, pero las que están dejan mucho que hablar y mantienen viva la esencia del rock acá.

La ética de la independencia
Ser independiente en Chile no es solo un modelo de negocios, es una postura política. Chavín relata momentos donde la billetera flaqueó, pero la consecuencia se mantuvo intacta, rechazando ofertas que habrían desdibujado la esencia de la banda.
- ¿Alguna vez pensaron en dejar la banda?
Chavín: Sí, varias veces. Sobre todo después del boom inicial, cuando la radio dejó de tocar rock y todo se empezó a venir abajo. De un momento a otro pasamos de estar súper activos a tocar poco, a tener problemas económicos, a no saber bien qué iba a pasar con la banda. Fue una etapa bien incierta. En ese contexto nos ofrecieron una gira política muy bien pagada. Era harta plata, y en ese momento nos habría solucionado muchas cosas. Pero no la aceptamos. Preferimos ser consecuentes con lo que pensamos. No queríamos mezclar la banda con algo en lo que no creíamos, solo por necesidad. Nos costó salir adelante, fueron años difíciles, pero eso es lo que te forma. Eso es lo que hace que hoy podamos mirar para atrás y sentir que todo lo que hicimos fue de verdad.
- ¿Qué opinan sobre el recorte al presupuesto cultural?
Nacho: Me parece una pena que se tomen decisiones mirando solo lo económico, sin considerar el impacto social de la cultura. Reducir ese presupuesto afecta el pensamiento crítico, la capacidad de cuestionar. Es algo que se nota a largo plazo y termina afectando a generaciones completas.

La sangre nueva
Tronic ha mutado. La incorporación de Nacho y Gabo —quien pasó de ser un fan insistente a pieza clave en la guitarra— no solo refrescó el sonido, sino que le dio a la banda la estructura de “familia” que hoy proyectan con orgullo.
- ¿Qué los ha motivado a seguir?
Chavín: Tronic ha tenido muchos integrantes desde el 2000. Con el tiempo se fue consolidando, especialmente con la llegada del Rigo. Hubo pausas, cambios, momentos difíciles. En un punto retomé la banda desde cero, grabando solo, y después volvimos a armar el proyecto. La llegada del Nacho fue clave, le dio un salto musical importante. Y después el Gabo, que partió como fan y trabajando con nosotros, terminó integrándose. La motivación siempre ha sido la misma: la gente. El apoyo constante, en Chile y en otros países. Todo lo hemos hecho de forma independiente.
- ¿Cómo era su relación con la banda antes de entrar?
Nacho: Yo era muy fan desde chico. Escuchaba Tronic en la radio, seguí todos los discos y nunca les perdí el rastro. Después conocí a Manuel, y un día me dijo que se abría el puesto de bajista. Fui a audicionar. Lo que más me marcó fue que eran tal como los imaginaba: cercanos, muy familiares.
- ¿Qué cambió cuando entraste?
Nacho: Es fuerte, porque la música que escuchas en la adolescencia te forma como persona. Las canciones de Tronic, aunque parezcan simples, dicen mucho. Hay harto mensaje, harta postura. Entonces pasar de escuchar eso en la radio o en tu pieza, a tocarlo con ellos, es súper potente. Es como meterte dentro de algo que te construyó. Pero también hay una bajada a tierra: no es solo el sueño, hay trabajo, disciplina, ensayo. En mi caso, siento que el esfuerzo de años tuvo recompensa.
Gabo: Yo era fan total. Iba a todos los shows que podía, les escribía, les mandaba covers. Era muy insistente (risas). Con el tiempo me hice amigo de Manuel, y de a poco empecé a ayudar: primero con cosas chicas, después con el merchandising, después en lo técnico. Fueron años así, trabajando desde atrás. No fue de un día para otro. Entonces cuando se dio la oportunidad de tocar, fue como cerrar un círculo.
- ¿Cómo fue cuando entraste oficialmente?
Gabo: Al principio ni lo entendí bien (risas). Sentí que fue como de un momento a otro. Yo venía trabajando con ellos, ayudando en distintas cosas, pero no dimensioné al tiro lo que significaba. Después, cuando lo procesé, fue heavy. Me acuerdo que llegué a mi casa y le conté a mis papás, y fue bien emocionante, pero también con dudas. Ellos igual se cuestionaban: yo tenía un trabajo estable, un camino más “seguro”, y de repente me iba a dedicar a esto. Con el tiempo lo fueron entendiendo. Vieron que era algo serio, que había compromiso.
“Y para mí fue muy loco, porque pasé de ser fan —de escribirles, de ir a los shows, de mandar covers— a estar arriba del escenario con ellos. Hoy los chiquillos son mi familia”, menciona Gabo.

El legado de Tronic
El cierre de la entrevista nos lleva a la aventura mexicana, un sacrificio que terminó por salvar a la banda y consolidar su mística. Entre anécdotas de mudanzas y fans que se vuelven ángeles guardianes, aparece la pregunta final sobre el futuro.
- Si tuvieran que definir a Tronic en una frase o palabra, ¿cuál sería?
Chavín: Diría familia, honestidad y consecuencia. Siempre hemos sido fieles a lo que hacemos, sin seguir modas, y eso la gente lo siente. Nos han pasado cosas muy impactantes por eso. En México, por ejemplo, llegamos sin conocer a nadie. Vendimos todo lo que teníamos —instrumentos, estudios— para poder irnos seis meses.
Los primeros meses fueron durísimos. ¿Qué hacíamos? Hablábamos con los fans. Nos juntábamos con ellos en estaciones de metro, llevábamos discos, poleras, y así íbamos juntando algunas lucas. Conseguir departamento fue todo un tema, porque no teníamos papeles, ni colillas de sueldo, nada. Fuimos a ver uno que nos gustó y nos atendió una señora con su marido. Les dijimos que éramos una banda de Chile, y nos dijeron “ah, qué interesante”. Allá cuando dices que eres músico lo ven como algo bacán, no como acá, donde te preguntan en qué trabajas de verdad. Les dejamos nuestra página web anotada. Y el hijo de la señora vio el papel y dijo: “Mamá, ¿por qué tienes la página de Tronic? Si ellos son famosos, son como La Ley”. El niño era fan. Y cuando dijo eso, todo cambió. Al otro día nos llamaron: “Don Rodrigo, está todo listo, vengan a firmar”. Conseguimos el departamento gracias a nuestra música.
Después contamos que estábamos en un departamento pelado, sin refri, sin nada. Y a los dos o tres días tocaron el timbre. Eran dos chicas con la camioneta del papá… y traían un refrigerador nuevo. Yo casi me puse a llorar. Les dijimos: todos los conciertos que hagamos en México, ustedes tienen entrada libre de por vida. Imagínate que te pase eso en otro país. Ese tipo de cosas no se olvidan. La mejor paga que puede tener un artista es ver a la gente cantando y saltando tus canciones. Pero también es ese cariño, ese apoyo real. Lo que nos pasó en el REC es parte de lo mismo.
- ¿Es este el mejor momento de la banda?
Chavín: Yo diría que sí. Hemos tenido altos y bajos, pero hubo un punto de inflexión cuando nos fuimos a México. Ahí dejamos de estar en Chile un tiempo y, paradójicamente, nuestra popularidad creció. Cuando volvimos, empezamos a llevar cada vez más gente. Pasamos de 300 personas a 500, 600, 700. Y en los últimos años, con la llegada del Nacho y el Gabo, nos volvimos mucho más sólidos. Musicalmente y como grupo. Por ejemplo, cuando celebramos los 20 años de El Que Patina, partimos con siete fechas y terminamos haciendo 30. Y de ahí no hemos parado.
- ¿Qué les gustaría que quedara de Tronic?
Chavín: La música, sin duda. Es lo más importante que vamos a dejar. Nosotros en algún momento vamos a desaparecer —sobre todo yo primero y el Rigo— pero la música queda. Y a mí me gustaría que la banda siguiera, de verdad. Que los chiquillos pudieran continuar con esto. Algo como lo que pasa con Los Jaivas, que mantienen un legado más allá de las personas. Porque acá no es que la gente quiera solo al que canta. Quieren a todos: a los músicos, al equipo técnico, al sonidista, al iluminador. Hay una conexión real con todos. Al final, Tronic es una familia. Y eso me gustaría que perdure.

Al terminar la entrevista, queda una sensación clara de que Tronic es mucho más que sus canciones. Se siente como una escuela de resistencia. Han demostrado que se puede llegar a los 25 años de trayectoria sin vender su discurso, manteniendo el control total de su obra y, sobre todo, respetando ese pacto con el público que los ayudó a amoblar departamentos en tierras lejanas.
Si el futuro de la banda emula a instituciones como Los Jaivas, el tiempo lo dirá. Por ahora, entre las guitarras y la familia, Tronic sigue patinando la risa, con la tranquilidad de quien ha hecho todo a pulso y con el corazón por delante.











