Violencia, deseo y crisis social: La versión chilena de “Un tranvía llamado Deseo” que no dejó indiferente a nadie

Nueva versión de Un tranvía llamado Deseo tuvo un excelente paso en Chile con una potente mirada sobre violencia, deseo y crisis social. Más detalles en La Máquina.

Durante abril, en el Teatro Municipal de Las Condes, se exhibe la nueva versión de una de las obras teatrales más famosas de todos los tiempos y del dramaturgo norteamericano Tennessee Williams, co-producida por Cultura Capital, y que ahora es protagonizada por Paola Giannini, Gabriel Urzúa, Dayana Amigo y Guilherme Sepúlveda, bajo la dirección de Andreína Olivari. Entradas disponibles para últimas funciones acá.

La complejidad de las relaciones humanas, la violencia de género, la co-dependencia, y el fracaso del sueño americano se funden en el cuarto montaje que se hace en Chile de la pieza estrenada en 1947 en Broadway, y que fue llevada a la pantalla grande por Elia Kazan hace 75 años atrás, con Vivien Leigh y Marlon Brando en los papeles principales. Ahora son Paola Giannini y Gabriel Urzúa quienes desempeñan dos de los roles más icónicos que nacieron de esta pieza mundialmente aclamada, que décadas atrás encarnaron sobre las tablas nacionales Amparo Noguera y Marcelo Alonso, Malú Gatica y John Knuckey, y los desaparecidos Sofía Castelló y Jorge San Martín.

Un tranvía llamado Deseo se ambienta en la vibrante y decadente ciudad de Nueva Orleans de mediados del siglo XX, siendo el sitio escogido para retratar el choque entre la ilusión más inalcanzable y la realidad menos deseada que personifica Blanche DuBois (Giannini). Después de haber perdido la fortuna y el patrimonio de su aristocrática familia, la hermana mayor de Stella (Dayana Amigo) busca refugio y contención en el modesto hogar que la dueña de casa comparte con su esposo Stanley Kowalski (Urzúa), vendedor viajero y un descendiente polaco machista, temperamental y grosero, que desconfía de las intenciones de su cuñada, haciendo todo lo posible por exponerla al contexto de la clase media trabajadora, a la que Blanche se niega a encajar, así como también revelarle a él y a Stella cuáles fueron las verdaderas razones que la convirtieron en una allegada.

El resto del elenco es conformado por Carlos Donoso y Katalina Sánchez. Además, esta adaptación a cargo del actor y dramaturgo Pablo Manzi, cuenta con la incorporación de una banda en vivo, dirigida por Camilo Salinas, que interpreta composiciones del trompetista estadounidense Miles Davis. Se trata de uno de los primeros acercamientos que tiene Andreína Olivari con un texto clásico del teatro universal, que la aparta brevemente de su función como directora de la compañía Bonobo, con quien ha montado “Temis”, “Tú amarás”, “Dónde viven los bárbaros” y “Estampida humana”, siendo proyectos teatrales donde coincidió con Gabriel Urzúa, Guilherme Sepúlveda y Carlos Donoso.

En esta oportunidad, La Máquina conversó con los intérpretes de los nuevos Blanche DuBois y Stanley Kowalski sobre el peso que implica representar la obra ganadora del Premio Pulitzer en 1948, y desempeñar personajes que siguen generando repercusión a lo largo de casi ochenta años en cualquier rincón del planeta.

¿Qué nexo tenían con “Un tranvía llamado Deseo” antes de unirse a este montaje?

Paola: La había leído en la escuela de teatro, porque es el típico texto que uno lee en primer año de escuela y había visto las películas. El personaje de Blanche es un rol del que se habla y analiza mucho en todas las escuelas de teatro. Mi nexo con la obra era un poco por ahí. Es algo que todos los actores conocemos y que tenemos como referentes.

Gabriel: Yo estudié e hice clases en la Universidad de Chile y es un texto que como clásico se visita muy tempranamente en el momento en que estamos aprendiendo del teatro. Nunca interpreté esta obra, pero sí la vi por compañeros y alumnos míos, además de conocer el texto entero por la película y la verdad es que es un honor, un placer y un desafío súper grande participar de este montaje.

¿Es cierto que Blanche DuBois es un personaje que todas las actrices en el mundo ansían interpretar alguna vez en sus carreras?

Paola: Es un honor para cualquier actriz lograr hacer a Blanche. Yo creo que es un papel bastante atractivo, súper completo, con muchas capas y muchas emociones, que dan muchas ganas de hacer.

¿Su percepción de la obra y de su personaje sigue siendo la misma que antes?

Paola: Creo que sigo pensando lo mismo de Blanche y obviamente ahora se ha ido estudiando con más profundidad, también con la mirada de la directora. Entonces es puro ir profundizando en este personaje y ha sido muy provechoso.

Gabriel: Ya no. Porque me encontré con un texto muy iluminador de Arthur Miller, que habla de esta puesta en escena de Tennessee Williams. Williams entra e irrumpe con “El zoológico de cristal” y a Miller le fascina. Después viene el montaje de Elia Kazan de “Un tranvía llamado Deseo” y cuando lo ve, queda fascinado al igual que el resto del mundo, que después se representa con el mismo elenco de la obra de teatro en el cine y después ve otras versiones del texto. El mismo Arthur Miller dice que uno de los problemas de ver esta versión es encontrarse, por ejemplo, a un Stanley Kowalski tratando de imitar la interpretación de Marlon Brando. Entonces para mí fue súper iluminador tomar altiro otro camino y así es donde me encuentro con el personaje en sí, con el papel escrito por Tennessee Williams, el cual fue un autor homosexual que habló sobre un problema de género y usó a Kowalski como una herramienta para hablar de la violencia de la sociedad y del problema de clases. Lo hace con mucha humanidad. Yo me tomé del trabajo con Andreína Olivari, que es mi directora también en la compañía Bonobo, para tomar este texto de manera social. Mi personaje es más bien como un pescador del puerto de San Antonio o un cesante de hace cinco años en un pueblo del norte de Chile. Representa a todos son hombres que, por un bucle de dinero, de falta de eso, de recursos, llena su cabeza de expectativas y finalmente entra en un trato violento por un déficit y un deseo de pertenencia.

¿Qué tal ha sido trabajar con Andreína Olivari y con tus compañeros de elenco?

Paola: Ha sido un placer, súper positivo y maravilloso. Es primera vez que trabajo con cada uno de ellos y todos son profesionales muy serios. Tuvimos un tiempo acotado para realizar estos ensayos y entonces hemos estado con todo, enfocados, dando lo mejor de nosotros y lo mejor que podamos. Ha sido súper agradable trabajar gente como ellos.

¿En qué resalta la dirección de Andreína para ti en esta versión de Un tranvía llamado Deseo?

Paola: Su limpieza con respecto al trabajo. A ella le gusta que sea muy limpio, que no hallan cosas de más ni movimientos de más. Todo es muy coreográfico y a la vez, busca esa interpretación y esa sensibilidad de cada uno de los personajes que ocurra. Entonces ahí hay que hacer una combinación entre algo muy fijo y algo muy interno. Ambas congeniamos en la manera de ver Blanche y eso ha sido muy cómodo y provechoso.

¿Trabajar con Andreína Olivari ha sido distinto al tratarse de un texto clásico y una adaptación en lugar de una historia original?

Gabriel: Ha sido cien por ciento distinto. Con Andreína trabajamos hace poco en el montaje de la obra “Cautivo lado A”, que se hizo fuera del lenguaje de Bonobo. Esto también es eso y fuera de un texto original chileno. Por lo menos para mí, como actor, mi estrategia número uno es aprenderme el texto a la pata. A pesar de que la traducción la hizo Pablo Manzi, que también es de Bonobo. Durante el montaje, para nosotros, fue más importante defender las ideas, los hechos, las situaciones que el texto propiamente tal.

¿Han habido nuevos detalles que has descubierto de Stanley Kowalski desde que lo interpretas?

Gabriel: La necedad, el ser más bien una persona muy básica y primitiva. El texto propone defender a alguien simple, con pocas herramientas y un estatus quo tranquilo. Yo empaticé harto con el personaje. Porque antes para mí la idea era la de un huevón casi sex-symbol bestial, como un tigre de Bengala, y ahora lo siento como un hipopótamo. Un ser peligroso, pero también muy simple.

¿Por qué creen que “Un tranvía llamado Deseo” ha calado tan hondo en la cultura popular y teatral?

Paola: Yo creo que la obra tiene hartos temas fuertes de ver, como sucedió en su época original de estreno. Muestra este mundo sucio, violento, y también aborda temas como la homosexualidad, con un personaje que no existe en la obra, pero que está presente y es muy importante. Hay una cosa muy bonita que es el cambio de paradigma entre este mundo de poesía, cultura y arte que se va a desmoronar frente a un mundo industrial, con una cosa más tosca y de sobrevivencia del ser humano. Son dos mundos que chocan y Blanche no tiene cabida. Es como una excluida de este mundo nuevo que aparece y, por lo tanto, su decadencia, tragedia y drama pasan por ahí.

Gabriel: Yo creo que de entrada el hecho de que el dramaturgo haya sido un marginado para su época, y que haya levantado la bandera de un problema de género, hace que atraviese por el tiempo y sea universal. Citando a “Displacer y trascendencia en el arte” de Luis Advis, el cual es un texto maravilloso suyo, creo que la obra es muy incómoda. Para ser muy honesto, durante los ensayos hice hincapié en esto. Dije: “¿Realmente podemos hacernos cargo de entregar una obra tan difícil de digerir en estos momentos?”. Y así es. Ese es nuestro riesgo y es la naturaleza del texto que queremos defender.

¿Cómo creen que el público percibirá la dinámica y la relación de sus personajes en Un tranvía llamado Deseo?

Paola: Esta versión tiene la particularidad de que hay mucha gente que conoce la obra, el texto o la película, o simplemente conoce a esos personajes, y yo creo que es interesante, porque ojalá pueda haber un juicio respecto a eso. Vienen a ver a sus propios personajes que tienen en su memoria y recuerdos. Y para esta obra uno tiene que tratar de ir sin prejuicios y conocer a esta Blanche y a este Stanley, en una adaptación mucho más moderna de un texto antiguo, pero que tiene también otras cosas. Es una historia fácil de digerir y entretenida de contar, y estoy convencida que el público la va a disfrutar, porque puede participar de principio a fin en este montaje.

Gabriel: Yo diría que entre los cuatro personajes principales se va mezclando y tejiendo vínculos tan complejos, donde uno va a tomando partido por uno, pero en escenas posteriores te das cuenta de que el otro también es muy mala onda y mala leche, dándote cuenta de que al personaje que estabas defendiendo también era malo. La obra va girando y generando esta incomodidad. Quiero todo el tiempo resolver en mi cabeza a quién defiendo, quién es el bueno y quién es el malo. Pero a pesar de eso, la obra te va desarmando esa idea y eso lo vuelve universal y trascendente.