Y el Oscar NO es para…: grandes ausentes y errores de la 92 edición

 Y el Oscar NO es para…: grandes ausentes y errores de la 92 edición

Antes de ir a revisar las grandes ausencias y problemas de estos Oscars, revisemos el panorama general de forma muy somera.

Películas nominadas

Acá se toma en cuenta el total de nominaciones para cada película y aquellas que recibieron mayor número de nominaciones en sí: Joker, 11 nominaciones. 1917, El Irlandés y Érase una vez en Hollywood, 10 nominaciones. Parasite, Jojo Rabbit, Mujercitas e Historia de un matrimonio con 6 cada una. Le mans 66 con 4. El Escandalo; Star Wars: El ascenso de Skywalker y Los dos Papas, 3. Harriet; Judy; Honeyland; Dolor y Gloria y Toy Story 4 con 2 nominaciones cada una.

Directores nominados

Quentin Tarantino, Martín Scorsese, Todd Phillips, Bong Joon Ho y Sam Mendes. Demasiado evidente la ausencia de la directora que nos trajo una de las mejores versiones de Mujercitas hasta ahora, en contraposición a tener un director coreano.

Guion original y Guion adaptado

Érase una vez en Hollywood; Historia de un matrimonio; Parasite; 1917; Knives out; El Irlandés; Los dos Papas; Jojo Rabbit; Joker y Mujercitas.

Actores y actrices blancos (recuento general, tanto de principales como secundarios):

Joaquin Phoenix; Adam Driver; Jonathan Pryce; Antonio Banderas (prácticamente el único extranjero); Leonardo Di Caprio; Al Pacino; Joe Pesci; Brad Pitt; Tom Hanks; Anthony Hopkins; Laura Dern; Scarlett Johansson (por partida doble); Margot Robbie; Florence Pugh; Kathy Bates; Saoirse Ronan; Renée Zellweger y Charlize Theron.

Actores y actrices de otro color (recuento general, tanto de principales como secundarias):

Cynthia Erivo. Sí, usted leyó bien y la redacción de este medio no se equivocó. Solo hay una persona no-blanca nominada bajo los rubros de actor o actriz. Y valga la pena decir que solo un director nominado también es no-blanco.

Nuestros ganadores:

En los últimos años, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, se ha esforzado por ser lo más políticamente correcta y eso, en la actualidad, en vez de cerrarse, implica abrirse a la diversidad.

Diversidad, una palabra tan maniquea en estos tiempos que me da una pequeña puntada en la cabeza meterme con ese tema en este artículo y no por ser alguien retrógrado, sino por temor a dejar a alguien por fuera del cuasi-infinito espectro que hoy en día implica la diversidad en la sociedad humana.

Volviendo a los Oscars, estos trataban, en la última década, de seguirle el ritmo a la sociedad cada vez más plural e inclusiva, agregando justamente diversidad a su jurado y por ende a las nominaciones, presentadores, conductores y demás. No obstante, este ejercicio de renovación también obedece a un esfuerzo por no caducar y mantener raitings de un programa que cada año se hace más maratónico (sobre todo para la percepción millenial), teniendo en cuenta la mutación drástica del concepto de largo que viene padeciendo el mundo (Twitter, tú fuiste el primer culpable).

Y a pesar de ello, los Oscars vienen de una racha imparable de decepcionar, en mayor o menor medida, por un motivo u otro; este año el Oscar va para los Oscars. La premiación que ya se denomina como Muy Blanca (“so White” en redes sociales) ha dado un gran salto atrás en esta edición número 92.

Antes de proseguir con esta idea, echemos un vistazo a los grandes ausentes de la gala.

Mujeres ausentes

Nicole Kidman (Bombshell); Jennifer Lopez (Hustlers); Awkwafina (The Farewell) y Greta Gerwig como directora de Mujercitas son algunas de las ausentes. Los roles de cada una son dignos de admirar y si a esto le sumamos el resto de omisiones (más abajo mencionadas) que también incluyen el tópico de la mujer solo queda una palabra en nuestra mente que se forma con tanta fuerza como la fuerza con que ese yugo a azotado a la humanidad: Machismo.

Ausentes de terror

Midsommar de Ari Aster. Us de Jordan Peele. The Nightingale de Jennifer Kent.

Si bien es cierto que el estigma que carga encima el genero de terror (vacío, efectista, intrascendental) será muy difícil de omitir para los Oscars y otras cuantas premiaciones, también es cierto que dicho genero cada vez supera cuantiosamente su propuesta inicial.

El terror se vuelve cada vez más un conducto para gritar desde una máscara realidades humanas y sociales que justamente causan verdadero terror, del cual no te escapas al terminar el filme, porque está en muchas calles del mundo, en el seno de muchas familias o, peor aún, en la mente de muchas personas que padecen condiciones mentales. En estos tiempos de cambios, el cine de terror debería cambiar, pero la consideración general y apriorística que de él se suele tener.

Aunque no sea propiamente tal de terror, The Lighthouse fue sin duda la más ausente de estas premiaciones. La cinta de Robert Eggers es una demostración de muchos elementos que confluyen a la perfección, como las grandes actuaciones de Robert Pattinson y William Defoe, la fotografía, la dirección, el diseño de producción, la banda sonora, etc.

Ausentes musicales

Sprit de Beyoncé para la adaptación de El Rey León. Y, de alguna manera, Rocketman también fue una gran ausente.

Más ausentes

Uncut Gems dirigida por los hermanos Safdie y protagonizada por Adam Sandler. The Farewell dirigida por Lulu Wang (mujer). El último hombre negro en San Francisco de Joe Talbot. Hustlers de Lorene Scafaria. Booksmart de Olivia Wilde. Portrait of a Lady on Fire de Celine Sciamma. Dolemite Is My Name de Craig Brewer.

Todas las anteriores películas ofrecen una mirada realista, problematizadora y cruda sobre la sociedad actual, el rol de la mujer, situaciones de política internacional, las preguntas existenciales de la vida y la xenofobia. Evadir estas películas en los Oscars es equivalente a evadir estos temas, los cuales, además, están más vigentes que nunca y son parte de los movimientos de protesta social en todo el mundo.

Seguramente, algunas fueron descartadas de cuajo debido a su relación con Netflix, como Uncut Gems y Dolemite is my name, dejándole el camino a otras cintas de la empresa de streaming.

Oscars: ¿el fin de un canon?

No es mucho lo que se pueda defender a la Academia omitiendo estas poderosas y buenas piezas de arte. Da pie para pensar que hoy más que nunca estos premios prefieren la vía fácil, sin polémicas e incluso en un aparente apoyo a posiciones erradas y contraproducentes para la humanidad como lo son el machismo y la xenofobia.

Ahora bien, pareciera que estos galardones han tenido una reacción más reacia a los tiempos actuales que la OMS al Coronavirus. Y es que en una sociedad que actualmente presenta muchos focos de rebelión contra patrones, gobiernos, costumbres y estructuras arcaicas, tiránicas, retrógradas y menospreciantes del espíritu humano, vienen a tratar de vendernos unos premios que recuerdan a los años 70s o incluso algunos siglos más atrás.

Justamente vivimos una realidad en que la mayoría está en franca oposición a esos cánones desgastados que segregan a la sociedad, acusan e incriminan al diferente, a la víctima y mantienen la ley del pez más gordo con un fanatismo alarmante.

Pero… hace una década el cine era un establecimiento grande, totalmente fuera de casa. Y lo fue por casi 70 años… ¿Y ahora?

Ahora tenemos un mercado saturado de ofertas de streaming donde Netflix lleva la corona en películas (y probablemente su reinado no dure una década más). Recordemos que Netflix como marca tiene 22 nominaciones este año (103 en total desde 2014).

Todo esto apunta a algo que la Academia teme tanto como los publicistas (por la ausencia de publicidad): el streamming sitúa al cine en nuestra sala, habitación, trabajo, tablet y demás. ¿Podría ser este futuro (cada vez más presente) lo que hace que los Oscars (como cualquier institución con larga data) teman tanto perder su protagonismo anual?

Si esta es realmente una razón de temor para la Academia, resulta desconcertante su negativa a los cambios y la importante lista de faltantes este año. Para nada una decisión estratégica. Termina pareciendo un reflejo de la insistencia de lo caduco, de lo anacrónico por no morir. Es como si estos premios fueran una extensión de todo aquello que amerita un cambio, cerrada a hacerlo en tiempos en que el cambio golpea cada vez más fuerte.

La Academia se une a la moda de las “filtraciones” (¿alerta de spoilers?).

Mientras tanto, surge otro elemento importante y que una vez más (tal meme infinito de la mujer y el gato) es repetición de una tendencia: la famosa “filtración” de los ganadores. Un post realizado en la cuenta oficial de Twitter de los Oscars, que prontamente fue borrado, a imagen y semejanza de tantos otros casos donde actores, directores y demás celebridades dan pistas, indicios o mensajes claros y específicos de lo que vendrá.

Sinceramente, es un intento más de la Academia por estar à la mode, la cual, contradictoriamente, también se vuelve cada vez más amante -lujuriosa y tóxica- del futuro, lo que viene, el tráiler, lo que será. Nunca lo que es. Es una cacería sistematizara por el elemento sorpresa, por saber lo que va a pasar antes que pase.

“No queremos la emoción de ver la película por primera vez, queremos saberlo todo antes que pase, con muchas “filtraciones” previas y un tráiler que no deje nada a la imaginación”, dicen las 6,8 millones de visualizaciones del tráiler de Endgame, solo por citar un ejemplo.

Por lo antes expuesto no es de extrañar que los Oscars hayan pasado a ser parte de esta tendencia, dejando la siguiente cuestión en el aire: ¿si los resultados de los Oscars también se filtran y sus nominaciones son una declaración casi política e ideológica (y no precisamente de las más queridas en estos momentos) qué sentido tienen los premios?, ¿tiene sentido también mantener esta institución en un mundo que lucha férreamente por cambiar casi la totalidad de sus estructuras obsoletas?

Aún no podemos ver el futuro con certeza, pero de regreso al presente definitivamente estos premios de la Academia pasarán a la historia como los galardones más retrógradas y en fuerte choque contra un contexto social que exuda cambios y renovaciones.

La Máquina Medio

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