Opinión| Antonia Aldea, un árbol que crece con fortaleza

 Opinión| Antonia Aldea, un árbol que crece con fortaleza

Ya en algunas ocasiones he deslizado la necesaria renovación de la industria audiovisual y creativa chilena, sobre todo con la finalidad de poder generar contenidos que den un nuevo foco a las producciones nacionales, esto en todo sentido, sobre todo en aquellos rostros que deben comenzar a aparecer dentro de un futuro próximo.

Dentro de este mismo contexto de renovación, de necesaria y casi obligatoria renovación, tanto de contenidos como de la “masa actoral” que lleva a concretarse las ideas guionizadas, es posible evidenciar y especificar un talento dentro de lo que fue un fenómeno casi sin precedentes en los últimos diez u ocho años: Pacto de Sangre.

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En resumen, la producción de Canal 13 narraba la historia de un grupo de amigos que, en medio de una despedida de solteros, se ve involucrado en el homicidio de una joven bailarina erótica. De ahí en más, en el relato se centraba en los esfuerzos de este grupo de amigos liderado por Benjamín Vial (Álvaro Espinoza), quien integraba el grupo junto a Raimundo Costa (Pablo Cerda), empresario en cuestión que además debía enfrentarse a lo que significaba ocultarle esta realidad su contestaria, rebelde pero consistente hija, Dominga, quien fue interpretada por la protagonista de esta columna.

Haciéndose cargo como personaje de un tema totalmente contingente como el movimiento feminista. Antonia Aldea (25), quien hacía su debut, tomaba las riendas de una materia que día a día se ha transformado en uno de los bastiones revolucionarios para una sociedad conservadora, el feminismo. Haciéndolo de manera natural, el rol que le tocaba cumplir lo logró de forma íntegra y no permitiendo nunca que su debut televisivo y falta de horas de vuelo se notaran. Porque para tener la capacidad de enfrentar este tema tan delicado pero a su vez necesario de poner en la palestra.

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El desempeño de Anto fue notable de comienzo a fin, logrando gran complicidad con aquellos actores con los que debía mantener una relación más estrecha, entre los cuales se pueden nombrar a Josefina Montané (Ágata Fernández), Pablo Cerda (Raimundo, su padre), Blanca Lewin (Maite) y Rodrigo Walker (Ignacio). Esta complicidad rápidamente fue demostrada con notoriedad en la pantalla, estableciendo una relación de naturalidad, simpleza y fluidez en las actuaciones, las cuales terminaban de relacionarse en forma consistente y sólida con el resto de los personajes, entregando un producto final de alta calidad.

Dueña de una potencia actoral pocas veces vista en actrices o actores que recién comienzan sus carreras, no solo se hizo cargo de una temática presente e incluso polémica en algunos pocos sectores de la sociedad, sino que principalmente asumiría un rol de importancia en una teleserie cuya historia era digna de convertirse en una serie de las plataformas más famosas del mundo, donde el drama, los momentos tensos y las grandes alturas y picos emocionales eran casi pan de cada capítulo, que, en forma magistral, pocos detalles quedaban al azar.

El rol de Dominga se transformó en una revelación dentro del ya contundente elenco y sólida historia que era Pacto de Sangre, también fue una especie faro y voz del público más joven en esta cruzada que prácticamente exige una relectura y cercanía en los contenidos que se entregan tanto directa como indirectamente en las producciones nacionales.

Antonia Aldea

Sólida, natural, contundente y segura de lo que hacía, Antonia Aldea rompió cualquier límite que significara ser una debutante ante cámara y estar haciendo su primera teleserie pues en ningún momento se notó esta condición, sino por el contrario, se relacionó de tú a tú con actores de peso como Josefina Montané, Néstor Cantillana, Blanca Lewin, Álvaro Espinoza, Ignacia Baeza o su propio padre ficticio, Pablo Cerda.

Una diversificación necesaria

Como se dijo, la aparición de Anto Aldea, más allá de los proceso naturales propios de la televisión, donde se está gestando poco a poco una renovación de contenidos y de actores, pasó de ser necesaria a un hecho llamativo.

Todos creerían que después de ser parte de uno de los pocos fenómenos que han podido disfrutar las producciones nacionales, su carrera seguiría casi inmediatamente con nuevos desafíos que le permitiesen hacerse un rostro estable y reconocible, sin embargo, como si estuviera haciéndole honor a la rebeldía de su personaje anterior, la joven actriz decidió que en lo inmediato su futuro estaría fuera de la televisión.

La potente reflexión de la actriz Antonia Aldea sobre el "cuerpo sano"

Tras disfrutar y ver el éxito que fue Pacto de Sangre, perfectamente podría haber continuado su periplo por producciones de todo tipo, no obstante decidió, valientemente, dar un giro inesperado, tomar maletas y romper los moldes partiendo a Barcelona, España, para perfeccionarse y nutrirse de conocimientos fuera de nuestras fronteras, tomando un curso intensivo de Crítica y Análisis Cinematográfico, decisión que en un comienzo fue toda una sorpresa, incluso para ella misma.

Valiente, decidida, sólida y con un futuro enorme, Antonia Aldea está forjando un futuro incluso más allá de la televisión, las tablas o el cine, sino que está demostrando que, dentro de un mismo -y amplio- espacio artístico, es posible desarrollar diferentes aspectos de un mismo árbol.

Nuestra última columna:

https://lamaquinamedio.com/columnasopinion/opinion-millaray-viera-su-sorprendente-y-necesaria-consolidacion/

Ignacio Osorio

Quería ser futbolista, pero terminé escribiendo sobre Cultura y haciendo clases. 25. C.

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