Destripando al cine chileno de terror: 5 miradas de maestros del horror

 Destripando al cine chileno de terror: 5 miradas de maestros del horror

Esto es Halloween. El día del año ideal para hacer maratones de películas de terror. Claro que en Chile los miedos de las personas son bastante particulares. Por estos días, mucho temen que nos convirtamos en Chilezuela y a otros les da pavor la posibilidad de un golpe de Estado que desconozca el plebiscito y nos haga retornar al horror de la dictadura. Otros simplemente temen que los mate el coronavirus o unos delincuentes en un portonazo. Los chilenos tienen miedos bien especiales, de ahí que el cine chileno de terror tenía que ser bastante particular.

Muchos creen erróneamente que la primera película chilena de terror fue “Ángel Negro” (2000), de Jorge Olguín, pero lo cierto es que ese título le corresponde a “La dama de la muerte”, estrenada en 1946.

Tampoco podemos dejar de mencionar a nuestro símbolo por antonomasia del horror criollo: el Siniestro Dr. Mortis (del cual hablamos brevemente acá), la inmortal historieta y programa radial que incluso contó con una serie de televisión en 1972, hoy tristemente olvidada.

Sumémosle a lo anterior que en los últimos 20 años nuestro país ha vivido una auténtica explosión de producciones de horror, tanto en el cine como en la televisión.

En La Máquina fuimos a las entrañas mismas del género y realizamos una disección, no con la motosierra de Jason, sino con el bisturí del Dr. Mortis, para conocer a fondo la identidad del cine chileno de terror. Para ello, hablamos con 5 guionistas y cineastas que han incursionado en este género. ¿Qué fue lo que nos contaron? Tome su antorcha y acompáñenos a descender en este viaje por un largo y oscuro túnel…

Videoclub.

¿Cuál es, en tu opinión, la mejor película de terror que se ha hecho en Chile y por qué?

Jorge Olguín: Es una pregunta difícil. Yo no comparto mucho definir qué es lo mejor y lo peor porque depende de muchos elementos. Sin duda el cine de terror chileno es muy nuevo. Recién a partir de Ángel Negro comenzó a instalarse una cierta cinematografía, por lo que creo que sería contraproducente que yo defina cuál es la mejor o la peor.

Creo que está todo en una fase de desarrollo muy interesante y tienen que pasar más años para definir algo así. Lo que sí encuentro fabuloso es que hay mucho cineasta chileno y también se viene una camada de mujeres directoras de cine de género fantástico y terror que están desarrollando su obra. Es cosa de ver los festivales de cine de género que están a lo largo de todo el país, desde Valdivia, La Serena, Valparaíso, el mismo, Santiago Horror. Se están creando cosas muy interesantes, por eso creo que es muy prematura hablar de qué es lo mejor o lo peor.

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Francisco Ortega: Creo que la mejor es una película que también es una miniserie y es “La Recta Provincia”, de Raúl Ruiz. Fue primero miniserie, la estrenó TVN y creo que también un canal en Italia, y luego Ruiz la remontó como película. Igual era una miniserie corta, de 3 capítulos, así que te quedaba una película de 2 horas. Creo que es lo más cercano a un terror chileno que ha hecho el cine, porque lo que hace es ir al campo, a las creencias, las leyendas, los mitos. Y la mitología chilena es especialmente terrorífica. Y es muy raro que no haya un cine chileno que tenga que ver con los mitos del campo.

Hay un estudio muy interesante que dice que Chile es uno de los países que más consume sobre posesiones diabólicas. Hay películas que son hechas para ir directo al vídeo, y en Chile se estrenan en cine, y eso es muy, muy raro. Más raro es que no se hagan películas sobre el diablo en Chile, sobre posesiones diabólicas, teniendo montones de historias. De hecho hay un capítulo de El día menos pensado que es una suerte de El Exorcista, pero en Puerto Montt. Yo te diría que esa es la segunda mejor película de terror chileno, pero en rigor es un unitario de una serie de televisión. Pero si tengo que elegir, creo que es Raúl Ruiz. Creo que todo el imaginario de Raúl Ruiz tiene una cuestión de terror atávico chileno, y que ahí  está su esencia. Pienso que hay que dejar de copiar, dejar de traer zombies, y asesinos en serie y vampiros; y buscar a nuestros propios vampiros, nuestros propios zombies, que están en la mitología chilena.

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Francisco Ortega.

Pablo Illanes: Me parece que la mejor película chilena de terror es Santa Sangre, de Jodorowsky, pero su “chilenidad” es sólo porque el director nació en Chile. Lo demás es todo extranjero, así que yo mismo la descalifico. Creo que la mejor película filmada en Chile es Ángel Negro. Al menos me parece una de las más logradas en términos de atmósferas, guion y, por cierto, de pasión por el género. Además es uno de los pocos giallos que se han hecho en nuestro país, tiene una trama muy interesante y algunas muertes realmente logradas.

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Pablo Illanes

Javier Attridge: Debo decir que siento una profunda admiración y respeto por todas las películas de terror nacionales y por cada uno de sus temerarios realizadores. Un querido colega y amigo mexicano una vez dijo: “Si los espectadores vieran cómo hacemos las películas, tendrían que ver hincados NO sentados, cada una es un milagro“. Por ende me resulta muy difícil  elegir tan solo una.

Me encanta cuando el género del terror y sus derivados se utilizan como alegoría. Como en “Magic Magic” del realizador chileno Sebastián Silva, que más que sólo un thriller de terror, es una descripción inquietante y desconcertantemente plausible de un colapso mental. Otra de mis favoritas es “El Maltrato” de Daniel Vivanco una verdadera joya que todos deberían ver. Es un retrato muy oscuro de nuestra sociedad y cómo los acontecimientos e injusticias de las que somos testigos y víctimas en nuestro diario vivir, pueden llegar a sacar lo peor de uno.

Finalmente, no puedo dejar de reconocer a la primera película de terror Chilena y una de las fundacionales del nuevo cine de género a nivel latinoamericano, “Ángel Negro” de Jorge Olguín. Un filme que al igual que los otros mencionados, en este caso a través del subgénero del Slasher y del Giallo, con mucha maestría, un veinteañero Olguín hace una alegoría perfecta del Chile que no asume su pasado violento.

YoFui.com: Javier Attridge, Paula Figueroa en Avant Premiere "Wekufe: el  origen del mal" , CineHoyts La Reina (382097)
Javier Attridge

Carlos Pinto: Yo creo que el cine chileno está al debe en cuanto al terror. Hay pasos muy avanzados que se han dado en el caso de Jorge Olguín, que ha dado pasos muy sustantivos, hoy tiene una película que está en Los Ángeles muy bien puesta (La Casa). Si él ha llegado a ese lugar es porque ha habido una búsqueda larga por parte de Jorge. Yo lo he conversado con él. Ha experimentado hasta con zombies, ¿no? De modo que ahí hay algo que va a germinar más temprano que tarde, pero en general yo siento que el cine chileno está al debe en cuanto al suspenso y al terror. No tengo una película que uno diga “ésta es la película que hay que ver”.

Carlos Pinto se abre posibilidad de nueva temporada de "Mea Culpa"

¿Cómo es el cine de terror chileno?, ¿cuál es su esencia?, ¿tú cómo lo caracterizarías?

Jorge Olguín: A pesar de que el cine chileno de terror y fantástico tiene solo dos décadas de vida, sí ya podemos hablar de una identidad. Son filmes que tienen ciertas características que los reúnen, a pesar de que es bastante diverso este tipo de cine. Su característica principal es que estas películas tienen que ver con nuestra identidad, que es bastante violenta y oscura, tiene que ver con la herencia de nuestro contexto social y económico. Latinoamérica es uno de los continentes más sufridos, por decirlo de alguna manera.

Y también tiene muchos elementos que vienen de las cosmovisiones y mitologías. No sólo en películas mías como Gritos en el bosque o Caleuche. En todas las películas, incluso las que se han hecho por encargo para los mercados de afuera, tienen esos elementos que las caracterizan: la violencia, los personajes oscuros, duales, un poco bipolares, que tienen que ver con nosotros. Es cosa de ver Mea Culpa, que no es precisamente una serie de terror, pero es terrorífico ver una capítulo de la serie y ver un reflejo de nosotros mismos, como somos.

Todos somos cineastas que han desarrollado cine fantástico de terror dentro de Chile, con todo lo que significa hacer eso acá. Es bastante difícil, por lo cual yo admiro a todos mis colegas que están haciendo cine de terror. Lo están haciendo contra viento y marea, y les auguro un gran futuro.

Sin embargo, todo esto también va a depender de que se mejoren las políticas, no sólo para el cine de terror y fantástico. La situación del cine chileno sigue siendo muy precaria.

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Francisco Ortega: No sé si hay un cine de terror chileno. Yo no lo llamaría así, creo que hay intentos, está Olguín, Lucio Rojas, que es más extremo, está lo de Pablo Illanes, pero lo más adulto y lo más concreto, yo lo veo en Raúl Ruiz, que sin ser terror es terror. Y de hecho sólo he visto en Jorge Olguín cierta intuición para traer al campo y los mitos al terror. Lo hizo en Caleuche, Gritos en el bosque y La Casa. Allí hay cierta intención de entender lo que es el terror chileno. Pero siento que estamos en deuda, todavía no se puede hablar de un cine de terror chileno. Y es algo absurdo, en Chile lo que más se debería hacer es cine de terror.

Pablo Illanes: No creo que exista todavía un solo cine de terror nacional. Hay muchas voces, por ejemplo, en el cortometraje, o en la animación. Tengo la idea de un cine chileno de terror que a mí me gustaría ver y hacer, que es ese cine que puede dialogar con los terrores urgentes, intrínsecos, los miedos que nos acompañan en el día a día y que hacen de Chile un país fecundo para imaginar historias de este tipo.

Si tuviera que elegir una esencia del cine chileno de terror sería la experimentación, creo que todos los que hemos hecho películas hemos tenido esa ventaja, la libertad que da el género, un poco por las condiciones en que se hace y también por las características propias del terror.

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Javier Attridge: Hay películas que sobresalen ya que hacen uso del folclore local para generar historias o hacen una alegoría para denunciar fenómenos sociales actuales o pasados de nuestro país. Mientras otras fallan al querer imitar fórmulas probadas del cine de Hollywood, resultando en pastiches sin identidad. Orlando Lübbert dijo: “El Cine debería responder a la gran sed de identidad de nuestros pueblos latinoamericanos. Un pueblo que se mira en espejos prestados no desarrolla sus virtudes”. Chile es dueño de una vasta cantidad de recursos culturales como el folclore de sus pueblos, gente y tradiciones. Como aquellos mitos y leyendas que a modo de cuentos nuestros abuelos nos relataban. Esa parte del colectivo popular es un verdadero tesoro invaluable de conceptos originales y muy interesantes para plasmarlos en nuestras películas.

 “Wekufe: El Origen del Mal” es una alegoría sobre el poder y el control social a través del miedo. Tiempo antes de rodar, hicimos un riguroso trabajo de investigación sobre historia de chile, cultura y mitología chilota, cultura y cosmovisión Mapuche.

En lo personal me encanta esa cualidad que tiene el género del terror, de provocar una reacción inmediata, pero me resulta aún más fascinante su capacidad para conjurar otros miedos y preocupaciones y para explorar en términos alegóricos temas que tienen mucho más que ver con la oscuridad humana que con monstruos y fantasmas.

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Carlos Pinto: Tengo un punto de partida en lo que es el terror. Creo que la mayoría de las personas que hace terror, en todo el mundo, existe esta tendencia a asustar a los personajes y no al espectador. Lo que distancia al espectador. Yo vi una película que fue producida por este muchacho que fue cuestionado, (Nicolás) López. Él me invito a verla, y me llevó a la hilaridad, porque si tú me llevas a una piscina que está supuestamente tibia, pero está helada, uno sale frustrado.

Aquí hay un problema muy grande que debemos afrontar todos los que hacemos cine. Darle valor a dónde le duele al personaje, si yo logro encariñarme con él, lo tengo a mis anchas y puedo empatizar con él. Es como hacer llorar. Yo no puedo hacer llorar si yo no quiero al personaje. Lo mismo con el terror. Y esa perspectiva requiere un dominio absoluto sobre el drama. Los personajes tienen que ser absolutamente creíbles desde el inicio y entender qué buscan y qué no buscan; qué les gusta y qué les disgusta; de qué se alegran y de qué tienen miedo. Si damos bien estas coordenadas, lograremos comprometer al espectador con sus miedos.

Si nosotros vemos Sexto Sentido, por ejemplo, tenemos que creer en la relación adulto-niño para irnos con los personajes de la mano. Porque si yo siento que el niño tiene vértigo, y el tío lo lleva al umbral de una quebrada, sabemos que el niño va a sentir miedo, así no lo sepa el protagonista. Pero para eso, tenemos que cumplir la primera misión que es querer al protagonista.

Además, aunque parezca absurdo, hay un miedo chileno. Nosotros siempre estamos copiando las apariciones de gatos, de puertas que se cierran, de efectos especiales ¡Efectos! Que para el asunto del miedo pasan a ser un defecto cuando aplicamos esos efectos, sin aplicar la importancia tremenda que tiene que tener un espectador que se vaya de la mano conmigo, que quiera al personaje.

Yo lo único que tengo es un programa de televisión, de suspenso. No me puedo comparar con Olguín o Illanes, que son íconos en lo que hacen, en el cine. Pero sí he tenido el orgullo, en algunos de mis episodios, que la gente dice “no quiero ver el programa solo”. Ahí yo digo, “oh, qué bueno”, quiere decir que logré traspasar una emoción, una sensación. Ahí está el gran nudo que uno tiene que tratar cuando hace una película de suspenso.

Si tú te fijas, es muy básico Mea Culpa, pero la gente se asusta cuando yo salgo en cámara. Porque piensan que a partir de ahí viene el instante en que el delincuente va a cometer su fechoría, desde un robo a una muerte. Y la gente dice “yo en ese momento la cambio”. ¿Qué ha pasado? Que me he dedicado 45 minutos a preparar el momento, y en eso hay que ser muy cauto. Saber que ya llegará el momento en que podré decir “hola” y la gente se asusta, no tengo que tirar un gato por la ventana.

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Entrevistados:

Jorge Olguín: cineasta. Todas sus películas están consagradas al género del terror, entre ellas Ángel Malo, Solos y La Casa.

Francisco Ortega: periodista, escritor y guionista. Es autor del libro de terror Salisbury, y ha participado en las antologías Cuentos chilenos de horror y Machetazos, entre otros.

Pablo Illanes: periodista, guionista y escritor. Ha sido guionista de las películas de terror Videoclub y Baby Shower, y de las teleseries Conde Vrolock y Perdona nuestros pecados, entre otros.

Javier Attridge: cineasta. Director de Wekufe: el origen del mal.

Carlos Pinto: periodista y cineasta. Creador y conductor de los programas de televisión Mea Culpa y El día menos pensado.

Diego Escobedo

(Santiago, 1994). Escribo de historia, cine, literatura, y distintas curiosidades que se me van ocurriendo.

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