Bastardos sin gloria: la honorable historia más allá de los “cazanazis”

 Bastardos sin gloria: la honorable historia más allá de los “cazanazis”

Además de la valerosa misión de entretener, el cine cumple en cierta forma un rol social de mostrar a través de la ficción o incluso mediante documentales realistas aquellos hechos que han marcado la historia humana en el pasado más alejado, en el pretérito inmediato o en nuestro presente, estando atentos a las historias que marcan de alguna forma algún periodo especifico.

Considerado dentro de los hechos más traumáticos, agresivos y violentos de la historia humana, la Segunda Guerra Mundial ha sido objeto de visualización en sus diferentes espacios, elementos y situaciones que conforman este lapso timbrado por el intento de dominio mundial del régimen nazi de Adolf Hitler. Desde 1939 hasta 1945, el mundo vivió en vilo por saber si efectivamente el autodenominado Tercer Reich sería capaz de llevar a cabo sus planes.

Los relatos en torno al nazismo y sus secretos, sus andanzas y, sobre todo, los alcances de su ideología, han sido llevados a la pantalla grande en variadas oportunidades, logrando tener cintas de alto nivel cinematográfico (muchas de ellas basadas en novelas) como El niño con el pijama de rayas (2008), El último tren a Auschwitz (2006), Complot para asesinar a Hitler (1990), La lista de Schindler (1993), entre una infinidad de producciones. Pero pocas de ellas se han centrado en desglosar a los propios nazis, quienes eran conocidos por su seriedad, rigurosidad, frialdad y distancia como lo hizo hace más de una década Quentin Tarantino, el legendaria director de cine detrás de Pulp Fiction o Kill Bill.

Aquella es la premisa de Bastardos sin gloria (2009), sin duda una de las obras más reconocidas del ensalzado director y que posee una base historial poco o nada conocida.

Los bastardos: sufrimiento y pasión por el honor

La cinta dirigida por Tarantino convergen en su relato dos historias. Una de soldados de la resistencia alemana que buscan matar nazis y, la otra, de una chica judía (Mélanie Laurent) que se entera de que la cúpula nazi se reunirá en su cine para el estreno de una película, por lo que aprovechará la oportunidad de cobrar venganza por la muerte de su familia a manos de soldados del régimen.

Durante el primer año de la ocupación alemana en Francia (1941), el oficial aliado Aldo Raine (Brad Pitt) recluta a un grupo de soldados judíos, miembros de la resistencia antinazi, para efectuar motines y acciones violentas contra las instalaciones alemanas con el afán de debilitarlos. Él y sus hombres terminan uniendo fuerzas con Bridget Van Hammersmark, actriz y agente encubierta, quienes además unen esfuerzos con la dueña del cine, Shosanna Dreyfus, interpretada por Laurent.

Bastardos sin gloria es otra de las obras maestras de Tarantino, que a pesar de tocar un tema tan rebuscado pero atingente, de todas formas logra entregar dosis de irreverencia.

Los verdaderos Bastardos sin gloria: antes de Quentin Tarantino

La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) cimentó sus bases antes de darse por iniciada oficialmente. Los antecedentes son bastamente conocidos: Alemania derrotada, en crisis, con una moral por los suelos y convertida en caldo de cultivo para que ideas extremistas hicieran de las suyas, sobre todo en aquellos espacios ciudadanos donde las consecuencias de la derrota habían llegado con más fuerza y sumió a las personas en otra guerra incluso más cruenta: la lucha por sobrevivir el día a día.

Alemania por esos años se volcó por completo a vivir una especie de ley de la selva, en la cual sus habitantes, disminuidos social, económica e incluso salubremente, vieron cómo su historia era arrebatada y sus años de gloria y esplendor quedaban en el pasado. Ese era el contexto en que un renegado y anónimos soldados del ejército alemán comenzaban a urdir sus planes a base de ideas en extremo nacionalistas, con un odio especifico hacia el pueblo judío y con una alteración clara de que la raza aria debía ser la única en el mundo.

Los planes de Adolf Hitler (1889-1945) logran un éxito inusitado, encaramándose en la élite de las autoridades alemanas, encumbrándose con respeto y admiración de millones, armando escuadrones, ejércitos y fuerzas especiales de asalto que hasta hoy son sujetos de estudio y análisis. Suscitando, en la mayoría del mundo, aún terror por las historias y hechos verídicos que se relatan sobre ellas.

Única fotografía del verdadero grupo de los Bastardos sin Gloria

Pero más allá del mismo ejército alemán, las Schutzstaffel (SS) o cualquiera otra fuerza bélica que tuviese gran protagonismo a fines de la década del 30 y mediados de los 40’s, existió un grupo especial que, al contrario de lo que se esperaría, se antepuso al miedo, ocasionando el desorden e infundiendo cierto halo de descontrol en las fuerzas hegemónicas del Tercer Reich. Un grupo rebelde, que no estaba dispuesto a ser subyugado por Hitler y sus hombres… hablamos de los verdaderos “Bastardos sin gloria“.

La convulsión era total en las principales naciones europeas, por ese entonces las más afectadas por las intenciones nazistas de expandirse por el mundo, consiguiendo atacar y sembrar el pánico en el otrora rey de los océanos: Inglaterra. Pues sí, en tierras británicas fue donde en 1942 se daba inicio al verdadero grupo conocido como los Bastardos sin gloria, de los cuales no se supo si su existencia era un mito hasta 1962, cuando inteligencia estadounidense, en cooperación a su símil alemán, desclasificaron documentación que acreditaban su autenticidad.

De los primeros documentos que acreditan la existencia del escuadrón aliado, encontramos el libro Striking Back, del escritor inglés Peters Masters, donde se relata en primera persona por uno de los pertenecientes que nombra al líder de este grupo, el británico Capitán Brian Hilton Jones, de quien se desconoce una data de nacimiento pero sí se tiene certeza de que su muerte se dio en 1970 en accidente automovilístico, cómo la “3 Troop”, nombre oficial de este escuadrón exiliados y soldados refugiados en las islas británicas, iniciaron su desembarco.

La cita textual del libro de Masters donde uno de los integrantes dice así: «Después de dejar la playa -Normandía- alcanzamos con nuestras bicicletas el camino a la aldea de Benouville. Todo iba tranquilo hasta que al compañero que caminaba en vanguardia le reventaron la cabeza de un balazo enemigo. El capitán me ordenó que le sustituyera. Barrunté una sentencia de muerte más que probable, pero accedí. Mientras caminaba por el centro de la carretera, empecé a vociferar en un perfecto alemán: ‘¡Ríndanse todos y salgan de ahí! ¡Están completamente rodeados y no tienen escapatoria!’”.

Nunca, por cierto, existieron bates o se cortaron cabelleras, eso es parte del imaginario del buen Quentin.

La formación de la 3 Tropp o los Bastardos Sin Gloria

Tras el asedio alemán y la necesidad constante de poder hacerle frente a las fuerzas de Hitler, el propio Luis Mountbatten -el mismísimo tío de la Reina Isabel IIautorizó que a partir del regimiento Inter-Aliado 10 del Real Ejército de la Reina se organizara la creación de un grupo de hombres especialmente entrenados para realizar labores de espionaje y se adentrara en las entrañas de suelo francés, para así evitar aún más la propagación de las fuerzas alemanas por Europa.

El comando conformado por vástagos, exiliados y rechazados soldados era compuesto por un húngaro, un galés, un austriaco, un checo y dos alemanes, los cuales manejaban a la perfección los códigos de las milicias alemanas, permitiendo su intromisión sin levantar sospechas. Durante la existencia del escuadrón 3 Troop, en sus diferentes unidades, pasaron más de 88 hombres de diversas nacionalidades y orígenes.

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El poder los Bastardos sin gloria

Dotados de un entrenamiento especial supervisado por el también experto militar Luis Mountbatten, más de 10 mil soldados eran reclutados en forma secreta, muchos de ellos renegados, abandonados o simplemente rechazados de sus ejércitos de origen en pleno combate que, poco a poco, fueron llegando hasta suelo inglés para sumarse a las pruebas que formarían 100 hombres, quienes llevarían el legado de este mítico grupo a ser uno de los más bélicos, temidos y respetados por los propios alemanes.

A pesar de terminar operando en unidades pequeñas de no más de tres soldados por célula, los registros de los apodados como “malditos bastardos”, seudónimo que los propios alemanes le adjudicaron a estos hombres que alimentaron la sensación de resistencia por años, eran realmente imponentes.

La mayoría de sus batallas terminaron sin ningún soldado lesionado en sus diferentes unidades, logrando registros increíblemente bajos de heridos o muertos, perdiendo apenas 20 hombres durante los tres años de servicio del comando y dejando un saldo de apenas otros 20 hombres heridos, los cuales solo cuatro fueron de gravedad; estos números, sin duda, son realmente increíbles si se considera que al momento de entrar en acción, los alemanes que estaban en suelo francés disponían de los mayores contingentes de guerra nazis desde la invasión a Polonia tres años antes, asediando completamente territorio galo.

Muchos de sus miembros permanecieron en total ostracismo durante toda su vida, renegando de cualquier reconocimiento formal por parte de las autoridades alemanas posteriores o de sus propios países, de algunos ni siquiera se conoce su identidad.

El escuadrón de los Malditos Bastardos que pusieron en más de una ocasión de cabeza los planes del Tercer Reich fue disuelto en septiembre de 1945, cinco meses después de terminada la guerra tras acabar las labores de búsqueda y rastreo de subunidades nazistas tanto en suelo francés como en suelo inglés.

Muchos de sus integrantes continuaron ligados a la causa, esta vez de forma independiente buscando los pasos de los oficiales nazis repartidos por el mundo, transformándose en una especie de “Cazanazis”. Otros simplemente se retiraron de toda ocupación ligada a la milicia.

https://youtu.be/Hxj_RLIUmdU

Revisa nuestro último “Más Allá”:

https://lamaquinamedio.com/septimo-arte/series/mas-alla-de-los-pincheiras-la-verdadera-historia-detras-del-terror-de-los-campos-chilenos/

Ignacio Osorio

Quería ser futbolista, pero terminé escribiendo sobre Cultura y haciendo clases. 25. C.

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