“El Drama” (The Drama) cuenta con las apasionantes actuaciones de Zendaya y Robert Pattinson, que funciona como crítica a varios elementos. Detalles en La Máquina.
“El Drama” explora precisamente lo que ocurre después de que un secreto sale a la luz. Imagínate estar en la prueba de comida de tu banquete nupcial, emborracharte y que, de repente, a causa de una verdad que irrumpe, todo comience a derrumbarse.
Dirigida por Kristoffer Borgli, el mismo creador de Sick of Myself y Dream Scenario, la película, que se estrena en salas de cine el próximo jueves 16 de abril, se abre con una primera escena centrada en la oreja de Emma (Zendaya), posicionándonos en la sordera parcial de la protagonista. Un detalle que no pasa desapercibido, pues dialoga directamente con todo lo que ocurre después. Los primeros planos que siguen de cerca a esta pareja ideal nos enseña cómo viven, ríen, sueñan y se aman los protagonistas. Estas escenas son clave para introducirnos en una intimidad que parece perfecta. Y digo parece, porque todo se resquebraja cuando, en medio del alcohol y el juego, ambos se enfrentan a una verdad. Algo se destapa y rompe sus paradigmas de amor, no sólo remeciendo sus cimientos, sino también poniendo en juego las inseguridades y secretos que pueden surgir justo antes de comprometerse con alguien.
Robert Pattinson y Zendaya interpretan a Charlie Thompson y Emma Harwood, una pareja comprometida que vive en Boston: él es curador de museo y ella editora literaria. Entre ambos hay una química que se sostiene durante toda la película, haciendo verosímil esta historia de amor incluso cuando el guion comienza a tensar sus límites.
La cinta funciona como un ejercicio de incomodidad, muy en la línea de Borgli, más interesado en observar que en resolver.

En ese sentido, el filme gira en torno a una misma herida que, personalmente, no se siente repetitiva. Al contrario, su insistencia permite abrir capas cada vez más profundas. Como en la vida misma, hay dolores que no avanzan, sino que se repiten, buscando una forma de redención o, al menos, de comprensión.
Otro aspecto interesante es la doble moral que retrata la película. Al enterarnos del secreto de la protagonista, se expone cómo la sociedad condena el pasado del otro mientras relativiza sus propias faltas. Pero no se queda sólo en esa contradicción; lo que aparece es una lógica casi enferma y estructural de nuestra sociedad moderna. Nadie está realmente interesado en comprender, sólo en posicionarse. Y en ese gesto, lo íntimo deja de ser un espacio de cuidado para convertirse en un terreno de exposición. Todo puede ser usado, todo puede ser juzgado. Una sociedad que no busca entender, sino señalar.

“El Drama” también nos pide que nos riamos de Charlie y de Emma en múltiples ocasiones, pero nunca del amor que se tienen. Y ahí hay una decisión clave. Porque mientras la relación se tensiona, Charlie comienza a desbordarse; pierde el control, se desordena, y se desarma. Incluso físicamente su transformación es evidente, a medida que su mundo interno se desestabiliza, su apariencia también lo hace, con un pelo cada vez más descuidado, y fuera de lugar. Es un detalle casi mínimo, pero muy preciso, que acompaña su progresiva incapacidad de sostener lo que creía seguro.
Además, la película deja entrever una de las crisis sociales más delicadas en Estados Unidos en las últimas décadas, aunque sin profundizar del todo en ella, utilizándola más como telón de fondo que como eje en sí.
Lo interesante de “El Drama” es que es una película moderna en su capacidad de incomodar sin cinismo. Porque, a pesar de todo, no deja de ser una historia de amor. Una frágil, contradictoria, y por momentos desesperante, pero profundamente humana historia de amor. No es el secreto lo que destruye la intimidad, sino la forma en que somos incapaces de sostenerla cuando deja de ser ideal.












