Noelia Coñuenao, la poderosa actriz revelación de ‘La Casa de los Espíritus’: “La actuación me ayudó a reconciliarme con mi identidad mapuche”

La actriz Noelia Coñuenao interpretó a Pancha García en “La casa de los espíritus”, siendo un papel que le dio vitrina mundial. En esta íntima entrevista conocerás  su historia, aspiraciones y desafíos.

Hay personajes que funcionan como un eco. Aparecen, desaparecen y, aun así, permanecen orbitando dentro de la historia incluso cuando ya no están físicamente en ella. En “La casa de los espíritus”, Pancha García habita precisamente ese lugar incómodo y fantasmal: el de las mujeres que fueron arrasadas por un sistema de poder tan brutal que termina atravesando generaciones completas.

Pero en la versión audiovisual dirigida por Francisca Alegría y Andrés Wood, Pancha deja de ser solamente una tragedia silenciosa. La interpretación de la joven actriz chilena Noelia Coñuenao le entrega otra dimensión. Hay rabia. Hay dignidad. Hay una violencia interna que nunca termina de apagarse. Y quizás por eso mismo el personaje se convirtió rápidamente en uno de los más comentados de la serie.

Porque incluso en medio de un elenco internacional, de una producción gigantesca y de la inevitable conversación alrededor de la adaptación de una de las novelas más importantes de Isabel Allende, hubo algo en Pancha que quedó suspendido en la memoria colectiva del público. Algo que incomodó.

Y Noelia lo sabe.

Noelia Coñuenao, actriz de “La casa de los espíritus” (foto por @kloseup22)

“He leído muchos comentarios”, dice, sentada al otro lado de la pantalla, con una mezcla de timidez y lucidez que atraviesa toda la conversación. “Y me llama mucho la atención cuando la gente habla de Pancha como si fuera una villana. Porque al final lo que hizo fue hablar del daño que le hicieron”.

Entonces guarda silencio un par de segundos… “Y eso sigue pasando hoy”.

La frase rompe la normalidad. No solamente porque habla de la serie, sino porque inevitablemente habla del presente.

La conversación en La Máquina con Noelia Coñuenao se mueve constantemente entre esos dos mundos: el artístico y el político, lo íntimo y lo colectivo, la actriz y la mujer detrás del personaje. Y quizás lo más interesante es que nunca parece separar completamente una cosa de la otra.

La actriz que apareció desde el silencio

Antes de que millones de personas la vieran como Pancha García en “La casa de los espíritus”, bajo el trabajo de Francisca Alegría, Fernanda Urrejola y Andrés Wood, en Amazon Prime Video, Noelia transitaba un camino muy distinto. Su nombre estaba mucho más vinculado al teatro que a las grandes producciones audiovisuales. Venía de egresar de la Universidad de Chile, de trabajar desde espacios más pequeños, más precarizados, más invisibles para la lógica de la industria masiva.

Por eso, incluso hoy, todavía parece sorprendida por el impacto que generó la serie. “No pensé que esto fuera a pasar”, admite entre risas. “De hecho, antes del estreno quería cerrar mis redes sociales”.

La razón no era la fama. Era el miedo. Miedo a no cumplir las expectativas. Miedo a cargar con un personaje tan simbólico dentro de la literatura latinoamericana. Miedo a que quienes crecieron leyendo la novela rechazaran su interpretación.

“Cada persona tiene una imagen muy personal de Pancha”, explica. “Entonces yo pensaba: ‘Quizás me van a decir que no era así, que no era la Pancha que imaginaban’”. Pero ocurrió exactamente lo contrario.

Los comentarios comenzaron a multiplicarse rápidamente. Audiencias chilenas, latinoamericanas e incluso españolas destacaban la intensidad emocional del personaje, la profundidad de la interpretación y esa mezcla extraña entre fragilidad y furia que terminaba dominando cada escena en la que aparecía.

Noelia recuerda que el verdadero quiebre emocional ocurrió cuando vio por primera vez los capítulos terminados. “Ahí recién sentí tranquilidad”, cuenta. “Porque pude ver que había dado todo lo que podía dar”, agrega.

Y para ella, eso era lo verdaderamente importante. No el reconocimiento. No las críticas. No la exposición, sino esa sensación íntima de haber llegado hasta el límite emocional del personaje.

“Pancha no podía ser solamente sumisa”

Cuando leyó la novela de Isabel Allende por primera vez, hubo algo que le produjo conflicto inmediato: la manera en que Pancha García estaba escrita.

“Me quedé mucho tiempo pensando en eso”, dice. “Porque entendía el contexto social del personaje, entendía el lugar desde donde estaba construida, pero aun así había algo que me incomodaba”. Ese “algo” tenía relación con el silencio. Con la forma en que Pancha parecía absorber la violencia sin reaccionar abiertamente frente a ella.

“No quería que se viera solamente como una víctima”, explica. “Nunca quise entrar en la autocompasión del personaje”. Y precisamente ahí comenzó su construcción actoral.

Mientras la novela mostraba a una Pancha profundamente contenida por la estructura social de la época, la serie —y particularmente la interpretación de Noelia— comenzó a trabajar otra capa: la rabia. Una rabia soterrada. Invisible. Silenciosa. Pero permanente.

“Ella tiene muchísimo odio, muchísima angustia”, dice. “Lo que pasa es que el contexto donde vive no le permite reaccionar de una forma más evidente”. Entonces Pancha aprende otra cosa: sobrevivir desde la tensión interna.

Noelia Coñuenao habla del personaje casi como si se tratara de alguien real. Como si todavía siguiera tratando de comprenderla. Y quizás esa es precisamente la razón por la que su interpretación funciona tan bien: porque nunca intenta simplificarla.

Pancha no es solamente dolor. Tampoco es únicamente venganza. Es el resultado humano de un sistema brutal.

Noelia Coñuenao, actriz de “La casa de los espíritus” (foto por @kloseup22)

El cuerpo después de la violencia

Hay un momento particularmente delicado dentro de la conversación cuando aparece el tema de las escenas de abuso sexual perpetrado por el personaje de Esteban Trueba, interpretado magistralmente por Alfonso Herrera. Escenas complejas no solo por su carga narrativa, sino también por la violencia emocional que implican para cualquier intérprete.

Sin embargo, Noelia sorprende con la forma en que recuerda esos días de rodaje. “No estaba aterrada”, reconoce, agregando: “Y eso incluso me llamaba la atención”.

Noelia Coñuenao cuenta que la producción estuvo extremadamente pendiente de su bienestar emocional. Había conversaciones previas, cuidados constantes y una preocupación evidente por los límites de las escenas. Pero mientras el equipo parecía anticipar un impacto emocional devastador, ella decidió enfrentarlo desde otro lugar.

“Yo tenía muy claro el límite entre ficción y realidad”, explica.

Y esa claridad terminó transformándose en una especie de herramienta de protección. “Mientras más dramatizara mentalmente la escena antes de grabarla, más difícil iba a ser hacerla”, dice.

Por eso eligió lo contrario: volver al presente. Mirar el río que estaba cerca del set. Hablar de otras cosas entre tomas. Reírse con Alfonso Herrera para liberar tensión. Pensar en la escena desde la técnica antes que desde el trauma. “No quería quedarme atrapada en el dolor”, menciona.

La frase resume mucho de su manera de entender la actuación. Porque incluso cuando habla de escenas emocionalmente devastadoras, aparece siempre cierta conciencia corporal, cierta necesidad de protegerse sin desconectarse completamente de lo que está interpretando.

Noelia Coñuenao y la identidad que apareció actuando

En algún punto de la conversación, el tema cambia de dirección y comienza a hablar de sí misma. No de Pancha. No de la serie. No del éxito… De ella.

Y ahí aparece otra historia.

Antes de estudiar actuación, Noelia Coñuenao estudió Arquitectura en la Pontificia Universidad Católica. Había ganado una beca. Tenía buenas notas. Parecía estar siguiendo el camino correcto. O al menos el camino que se suponía correcto.

“Yo pensaba que tenía que estudiar algo que diera plata”, recuerda. Pero el cuerpo empezó a pasarle la cuenta: “Lloraba todas las semanas”.

Hasta que terminó hospitalizada. Y ahí, entre el cansancio físico y emocional, entendió algo fundamental: estaba viviendo una vida que no quería vivir. “Le dije a mi mamá que me quería salir”, cuenta. “Y ella me respondió: ‘Qué bueno’”.

Todavía se ríe cuando recuerda esa escena. Mientras ella pensaba que estaba decepcionando a su familia, su mamá estaba simplemente esperando verla feliz otra vez.

Entonces apareció la actuación.

Noelia Coñuenao, actriz de “La casa de los espíritus” (foto por @kloseup22)

Y con ella apareció también otra cosa: la posibilidad de reconciliarse con su identidad mapuche. “A mí me daba vergüenza”, admite.

Vergüenza construida desde el racismo cotidiano, desde los estereotipos, desde la desconexión que muchas familias mapuches urbanas terminaron viviendo tras migrar a Santiago. Pero el teatro comenzó a romper algo dentro de ella.

“La actuación me obligó a mirarme”, dice. “Y ahí empecé a entender cómo estaba construido el imaginario sobre lo mapuche”, añade.

Habla de esa experiencia no solo desde lo artístico, sino también desde lo político y lo emocional. Como si actuar hubiese sido una forma de reconstruir un vínculo roto con su propia historia familiar.

“Faltan historias sobre mapuches de ciudad”

Cuando se le pregunta por la representación indígena en el audiovisual chileno, responde con cuidado, pero sin rodeos. Sí, cree que existe una apertura mucho mayor que hace algunos años. Sí, siente que hay una búsqueda más consciente por incluir intérpretes mapuches en ciertos relatos.

Pero también cree que todavía existen límites muy evidentes. “Seguimos viendo siempre el mismo tipo de personaje”, explica. “El mapuche del campo, el conflicto territorial, la lucha”. Y aunque considera importante que esas historias existan, también siente que falta otra dimensión: la urbana. La cotidiana. La contemporánea.

“Faltan historias sobre los mapuches que viven en la ciudad”, insiste. “Los que estudian en universidades, trabajan en oficinas, hacen clases, viven racismo en espacios cotidianos”. Habla entonces de los “mapurbe”, concepto desarrollado por el poeta David Aniñir, y de cómo todavía el audiovisual chileno parece no saber muy bien qué hacer con esas identidades híbridas.

“No siempre el conflicto tiene que ser ser mapuche”, dice. “A veces simplemente es parte del contexto del personaje”. Y esa reflexión parece atravesar también su propia búsqueda artística, debido a que, cuando habla del tipo de proyectos que le gustaría hacer, vuelve una y otra vez sobre la misma idea: complejizar las identidades. Sacarlas del estereotipo. Convertirlas en personas completas.

Después de Pancha, el camino de Noelia Coñuenao

Ahora, con la serie convertida en fenómeno internacional, Noelia Coñuenao vive una etapa extraña. Por un lado, está la exposición. Las entrevistas. Los mensajes. El reconocimiento. La sensación de que algo cambió radicalmente después de La casa de los espíritus. Por otro, sigue existiendo la misma mujer que toma clases de danza, que teje, que estudia un diplomado sobre racismo y cultura latinoamericana, que escribe en silencio y que todavía siente que le falta ver mucho cine.

Porque incluso en medio de este momento decisivo de su carrera, hay algo en ella que sigue funcionando desde un lugar profundamente artesanal. Como si todavía estuviera construyéndose. Y quizás por eso mismo su aparición en la serie genera tanto impacto.

Porque Noelia Coñuenao no parece actuar desde el artificio. Hay algo crudo, profundamente humano y hasta incómodo en la forma en que ocupa el espacio. Una intensidad silenciosa que no necesita exageraciones para quedarse instalada.

Tal vez por eso Pancha García duele tanto. Porque detrás del personaje no había solamente una actriz interpretando un papel. Había también una mujer entendiendo, desde su propia historia, lo que significa sobrevivir dentro de estructuras que muchas veces intentan reducirte al silencio.