Pablo Ilabaca y su exitoso camino más allá de Chancho en Piedra: “Aprender cosas nuevas es lo que me maravilla de esta profesión, es un saco infinito de posibilidades”

 Pablo Ilabaca y su exitoso camino más allá de Chancho en Piedra: “Aprender cosas nuevas es lo que me maravilla de esta profesión, es un saco infinito de posibilidades”


Pablo Ilabaca es un destacado músico contemporáneo chileno que ha podido manifestar su creatividad en distintos contextos musicales a través de los años. Su primera agrupación, Chancho en Piedra, es un estandarte de la música chilena con una trayectoria tremenda y que, a pesar de ya no formar parte de ella, sigue con su estampa intacta.

Junto con participar del proyecto Pillanes (donde también hay miembros de Los Bunkers y Pedropiedra), formar parte de la banda de la serie de televisión 31 minutos y, además, tener un álter ego musical llamado Jaco Sánchez con el que ha editado seis discos, Pablo Ilabaca acaba de publicar su primer trabajo bajo su nombre, titulado “Canciones para Conversar Con la Muerte”.

Bajo esa premisa, hablamos en La Máquina con Pablo Ilabaca sobre su nuevo disco, las inspiraciones de su camino como solista y qué vendrá en su carrera en los próximos meses.

– Pablo, este es el primer disco que consideras como solista. ¿Qué diferencias nos puedes comentar respecto al proceso creativo y compositivo en comparación a Jaco Sánchez? (Proyecto que funcionó como álter ego musical de Ilabaca entre 2005 y 2020)

Primero que todo, es un disco que vengo pensando hace mucho tiempo. La música que grabé, su temática, que básicamente es la transformación y la muerte, no la veía en el formato de Jaco Sánchez. Y, también, siento que de alguna otra forma era la deuda que tenía “Pablo Ilabaca” con “sus muertos”, porque yo tampoco considero que sea Jaco Sánchez. Jaco Sánchez fue bautizado de esa manera en honor a mi abuela materna (Jacobeth Sánchez), pero este disco era netamente un hito que tenía que idear con mi nombre que aparece en el carnet. Siempre me costó firmar las cosas con mi nombre, desde que empezamos con los Chancho cuando tenía 17 años. A mí me apodaron “K-V-zón”, entonces firmé hasta el disco “Marca Chancho” (2000) como K-V-zón y no como Pablo Ilabaca. Y desde “El Tinto Elemento” (2022) hacia adelante comencé a firmar como Jaco Sánchez y Pablo Ilabaca. Como que me costó llegar a mi nombre nuevamente. No sé por qué. No tengo una explicación. Pero por lo menos, este disco está firmado con nombre y apellido. Es raro ver tu nombre y tu apellido. Es un ejercicio egocéntrico y megalomaniáco bien importante.

– Me gustaría que nos adentremos en “Canciones para Conversar Con la Muerte”. La instrumentación del disco es bastante variada, con arreglos de cuerda y bronces que se mezclan con rock, sintetizadores, guitarras acústicas y hasta un theremín. Sin embargo, se siente una conexión entre todos los tracks de este trabajo. ¿Cómo fuiste dando con los arreglos precisos y las sonoridades indicadas para cada canción?

-Yo creo que este disco, sin lugar a dudas, cuenta con ayuda de la gente que ya no está en este plano terrenal. Hay una energía que me dio la suerte de encontrar muy buenos productores. Por ejemplo, “Teniente 1945” y “En el melonal” son dos canciones que están producidas por Guido Nisenson y por mí. Fueron grabadas hace unos tres años. Y todas las ocho restantes fueron grabadas entre el año pasado y este año, estando producidas por Martín Benavides. Entonces, ¿por qué digo que tengo mucha suerte? Porque, como dices tú, se ve que hay una línea editorial presente en todas las canciones y eso es difícil de concertar, sobre todo si grabas en distintas épocas para un mismo álbum. Es difícil concertar eso, pero aquí se concerta. Se llegó a esa hermandad; ese hilo comunicatorio de línea editorial.

Creo que también, obviamente, todo lo une la voz. Yo canté en las canciones, y en las que no canto, toco. Entonces, hay un denominador que serían todas las canciones con Martín Benavides y yo, ya que Martín también tocó theremín y otras cosas cuando grabamos con Guido. Creo que ha sido un trabajo que me tiene muy satisfecho. Es distinto cuando sólo se canta en un disco, y eso fue lo que hice aquí. Toqué guitarra en sólo dos canciones, que fue guitarra y banyo en las instrumentales, aparte de tocar guitarra eléctrica para “En el melonal”, pero en el resto sólo canté. Desde ese punto de vista, es un disco totalmente distinto a lo que había hecho. Creo que es el disco n°26 de mi carrera, sin contar obras de teatro, películas y televisión. Uno sigue aprendiendo cosas nuevas, y es lo que me maravilla de esta profesión. Es un saco infinito de posibilidades.


– A medida que avanza el disco, podemos percibir una ambientación que mezcla nostalgia, tensión y ternura, pero también oscuridad. ¿Pensaste este trabajo como Pablo Ilabaca en una suerte de obra conceptual orientada a un contexto más sombrío, o fue un proceso que surgió de manera natural a medida que ibas componiendo las canciones?

-Yo creo que fue natural. Por ejemplo, “Teniente 1945” siento que es como un “vals fantasmagórico”. La presencia del theremín te lleva a un lugar de fantasmas o espíritus que están entremedio. “El guarisnaque”, que es un vals que está en tono mayor, con una introducción de Martín en tono menor y que cuenta con un theremín, también produce esa sensación. Todo eso, versus a “Tonada para una guagüita recién nacida”, que está en un tono mayor y que es luminosa, para darle la bienvenida a un ser que empieza a vivir en este mundo. “Mi viejo”, que es una canción de Piero que está súper cargada, también tiene esta sensación mortuoria, quizás porque el arreglo lo escuché en un cementerio de Oaxaca en México. Creo que todo va con un hilo de luminosidad y, quizás, algo oculto más o menos tétrico. Pero, netamente, está inserto en el proceso de transformación. Nadie sabe si la muerte es buena o mala, pero hay un enigma, ya que todos los que la han vivido ya no están acá y no te pueden decir cómo es. Pero el disco tiene esa característica enigmática. Habla todo el rato de una transformación, o lo que le pasa a la gente que ya pasó por ese portal. O nosotros que seguimos viviendo las muertes que tenemos en vida, como la muerte de la niñez o el día y la noche.

La lírica narrativa presente en las canciones posiciona al oyente en un imaginario que transforma cada canción en una historia independiente. ¿En qué te inspiraste para darle forma a las letras de este álbum? ¿Abordaste este proceso rescatando vivencias propias, ficticias, o ambas?

-Son vivencias propias. Vivencias de mi familia. Recuerdos míos de niño. Es buena la pregunta porque, al final, uno escribe, quizás, como habla. Pero, por ejemplo, hay canciones de autoría compartida en lírica, como en “Teniente 1945” y “The morning after”. Pero, por ejemplo, “Mi viejo” y “El guarisnaque” no las escribí yo, sino que Piero y Lucho Arenas. “El guarisnaque” es una tonada de Los Caporales, que fue un dúo chileno de dos guitarristas y cantantes maravillosos. Pero, de alguna u otra forma, esas canciones las escuché por mucho tiempo y las sentí como mías. Uno escucha estas canciones desde niño y como que se las apropia. De hecho, hablé con Piero de esto mismo en una entrevista donde nos topamos. Me llevé la sorpresa que estaba ahí y le encantó mi versión. Apareció de sorpresa diciendo “Sí. Se nota que te la apropiaste. Te sale demasiado bien”. Y es verdad. Como que uno siente que ya la pertenece. En Chancho en Piedra pasaba lo mismo. Las canciones las componíamos nosotros, pero al final eran de las personas. Teníamos que poner lo que más escuchaba la gente en los setlists siendo que muchas veces quería tocar otras cosas. Los grupos también pasan a ser de las personas. Y, en este caso, yo como admirador de Piero y Los Caporales, me tomé esas piezas, como cuando se toman terrenos. Creo que todo viene en un contexto literario que pasa por el filtro de uno.

-Aparte de canciones originales, podemos encontrar tres reversiones en este disco. “Mi viejo” (Piero), “El Guarisnaque” (Los Caporales) y “Todo el mundo querrá partir” de tu antigua agrupación Chancho en Piedra. ¿Qué te llevó a elegir estas canciones y qué elementos de tu “cosecha” decidiste aplicar en cada versión?

-Lo que traté de hacer fue un “rescate” y transformarlas a otro estado. Sobre todo en el caso de Los Caporales. Esa canción la escuché en un vinilo que tenía mi papá llamado “Hagase Payasito” (1965), que es como un juego de palabras del “Hagase pa’ allá”, pero en la carátula aparecen dos payasos. Y esa canción siempre me encantó. Siempre me han encantado los trabalenguas musicales. Tiene mucho que ver con un aprendizaje cognitivo. Esa canción estaba en un vinilo, guardado en una estantería, y si con Martín no le hubiéramos hecho los arreglos que hicimos y no la hubiéramos regrabado, estaría ahí, olvidada y muerta. Pero ahora, en este disco, vuelve a la vida, y encuentro que es como la resurrección de algo. Transformarlo nuevamente, y encuentro que es muy hermoso. Con lo de Piero pasa lo mismo, siendo que la canción es muy popular. Y con el tema de Chancho en Piedra también, porque es un tema muy “Lado B” del grupo. Por lo general, al referirse a la banda siempre se mencionan sólo singles, pero hay muchas canciones que grabamos que encuentro maravillosas, que son súper desconocidas, ya que hay un lado súper introspectivo cuando componíamos con Felipe (Ilabaca) y que siento nos gustaba a nosotros dos no más. Entonces, rescatar esa canción es muy importante, porque la escribí pensando en estos procesos mortuorios. Quería reversionar esta canción para que la gente la conozca. Que saliera del clóset del olvido y que volviera a brillar un poquito.

Respecto a “Todo el mundo querrá partir”, no puedo dejar de mencionar al Cuarteto Austral, que cuenta con unas músicas increíbles, quienes tocaron la canción a la perfección. Es una canción súper difícil, porque es un acorde con quinta aumentada. Ellas grabaron sólo con click toda la pieza, sin percusión, y es algo súper difícil, ya que conlleva mucho entrenamiento y práctica. Siento que los arreglos de cuerda unen muy bien al disco. Creo que lo que mencionas del hilo conductorio que tiene el disco pasa por ese lado. Pasa por la ropa con la que fueron vestidas las piezas musicales de este disco, y eso habla muy bien de los productores que firman esta producción.


-Dentro de los invitados de este disco podemos encontrar a Titae, Nano Stern, tu hermano Felipe o el Cuarteto Austral. ¿Cómo se dieron estas colaboraciones y qué tanta incidencia tuvo cada artista en el resultado final de cada canción correspondiente?

-La influencia que desplegaron con su talento los distintos invitados e invitadas trajo el mejor de los resultados. Amo este disco porque fue hecho con mucho cariño. Por ejemplo, Nano Stern apareció porque grabamos “Libertad para ti, libertad para mí”, y es una canción como un gospel antiguo, medio country de iglesia, y le lloraba un violín cantando la melodía. Llamé a Nano y me dijo que tenía un nyckelharpa, que no es violín, sino que es otro instrumento medio raro con botones y cuerdas que Nano toca a la perfección. Lo grabó en una tarde, me lo mandó al otro día, lo metimos en el tema y calzó perfecto.

Por otro lado, Titae. Yo había tocado con Titae, pero tenerlo en este disco por sobre todo, aparte del gran músico chileno que es, histórico de Los Tres, también es importante por el rescate que ha tenido desde la música. Cuando grababa a los músicos de Cinzano, que muchos ya han muerto, y por otros tipos de rescate que ha hecho. Sentí que era importante tenerlo en este disco, que también es como una especie de rescate. Creo que contar con ese sonido de contrabajo que tiene se nota de inmediato en la música. Tito es un excelente aporte.

Hablando de otro gran bajista; mi hermano Felipe. Tenerlo en el disco es súper importante, ya que lo quise invitar no como bajista, sino como cantante. Y cuando cantamos a dos voces en “El guarisnaque”, fue algo demasiado importante para mí. Volver a grabar con mi hermano de “uno a uno”, como cuando lo hacíamos en Chancho en Piedra, fue muy importante. Quizás en esa canción hay una chispa de los dos hermanos Ilabaca, y quizás también para los viudos de Chancho en Piedra que hay porque me fui, puede que encuentren una pequeña isla para escuchar de nuevo a los dos hermanos cantar.

Como te mencionaba, la importancia del Cuarteto Austral. Martín Benavides, quien tocó muchos instrumentos. Él fue el thereminista del disco y tocó juguetes electrónicos, teclado, piano. Produjo, también. Ismael Oddó, quien tocó guitarra y percusiones en varias canciones. Javi Vinot, mi querida amiga que canta como ninguna. Me encantó que estuviera conmigo. Ella participa mucho en Jaco Sánchez. En el último disco que lancé con Jaco Sánchez el año pasado llamado “Sunshine” ella también participa y me encantó cantar con ella. Es demasiado talentosa. Entonces, tuve la suerte de contar con todo ese talento.

También mencionar a Matías Astudillo, quien es ingeniero en sonido y músico. Grabó algunas guitarras y mezcló el disco. La mezcla está fenomenal. Matías es muy talentoso y un gran aporte. Trabajo con él hace varios años, entonces ya me conoce bien.

-“Canciones para Conversar Con la Muerte” cuenta con una edición en vinilo. ¿Qué te motivó como Pablo Ilabaca a editar el álbum bajo este formato en tiempos donde lo digital parece estar a la cabeza de todo?

-Lo que más me motiva es que me encanta el formato. Creo que es un formato inmortal. En todos los países hay grandes tiendas de vinilos y coleccionistas. Creo que este disco es una pieza discográfica, entonces nunca me lo imaginé sólo en digital. Creo que está bien hacer algo digital porque es muy global, pero creo que quienes puedan tener la posibilidad de sacar sus piezas en vinilo, deberían hacerlo. Es un ejercicio totalmente independiente. El sello America Media es un sello independiente y con mucho esfuerzo entre las dos partes hicimos este ejercicio de fabricarlo en vinilo. Hicimos sólo 300 copias, de las cuáles ya se ha vendido un tercio, lo que nos tiene muy contentos. Pero nunca me lo imaginé no en un vinilo.

Y bueno, quizás hacer el ejercicio que hiciste tú, de escuchar el trabajo completo. Quiero que sea un disco que envejezca bien. Que ese vinilo bien cuidado lo pongas 40 años después y que siga sonando como en el 2021. Para mí ese es el logro. Ojalá estar vivo en 40 años más y decir “Sí. Hicimos un buen trabajo”.


-Finalmente, ¿qué nos puedes comentar acerca de tu trabajo con Pillanes, 31 Minutos y otros proyectos en general? ¿Tienes algún nuevo lanzamiento pronto a estrenarse o en proceso?

-Con Pillanes estrenamos una Sesión Escudo acústica que salió en marzo, que estuvo súper buena, pero también estamos trabajando en dos canciones nuevas. Trabajamos desde la distancia en nuestros home studios tratando de llegar a puerto, pero esperamos que salga esa música este año. Con 31 Minutos hay unas ganas gigantescas de tocar y de montar el espectáculo que no pudimos mostrar nunca en vivo, que se llamaba “Yo nunca vi televisión”, que fue lo que estábamos haciendo México cuando llegó la pandemia y tuvimos que volver a Chile. Y también voy a editar otro trabajo como Pablo Ilabaca, en marzo de 2022. Me gustaría llegar al ritmo de sacar uno o dos discos al año, y ahora como hemos estado encerrados se puede trabajar fácilmente.

-En términos de sonido, ¿Piensas que será distinto a “Canciones para Conversar Con la Muerte”?

Sí, va a ser súper distinto. Tengo casi todo grabado. Yo creo que me falta sólo un 20% por grabar. Es una ópera rock, con 12 piezas musicales y 9 relatos. Se llama “Las 4 Muelas del Juicio”. Es grueso porque no es un disco normal, ya que va a durar harto. Va a durar como una hora en general, mezclando música y textos.

Pueden encontrar “Canciones para Conversar Con La Muerte” de Pablo Ilabaca en Spotify:

Javier Bravo

https://linktr.ee/des.union

Músico, Director/Encargado de Gestión en el sello independiente Samsara Records y Traductor/Intérprete Inglés-Español. Interesado en promover el trabajo de artistas independientes de diversas áreas artísticas (música, fotografía, cine, literatura) para que más personas puedan conocer su obra.

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