El último año del destacado actor nacional Héctor Noguera Illanes (83) ha sido muy complicado y de mucho dolor, pero también de aprendizaje. La pandemia por covid-19 lo ha obligado a resguardarse en su casa, impidiéndole hacer lo que más le gusta: estar sobre un escenario y actuar. Además, este 2021 lo recibió con un duro golpe tras el fallecimiento de su amigo y colega Tomás Vidiella a causa del coronavirus.

Sin embargo, asegura, todas las crisis tienen también su lado positivo, destacando la «democratización» del arte gracias a las plataformas online, nuevo formato que Héctor Noguera tuvo que aprender desde cero y que, en conjunto a Teatro Camino, ha estrenado cuatro obras, todas desarrolladas mediante la plataforma Zoom.

Nuevo estilo de vida al que Héctor Noguera no estaba acostumbrado y que le ha permitido tener más tiempo para sí mismo, dedicándose gran parte del día a leer, escuchar música e incluso a cuidar su jardín. Aun así, ni él deja el teatro ni el teatro lo deja a él, pues paralelamente se encuentra preparando cursos y talleres de actuación.

«La gente de teatro tenemos una energía especial que nos permite reinventarnos y utilizar medios digitales para expresarnos, y gracias a eso nos hemos mantenido haciendo producciones para estar cerca del público», comienza diciendo Héctor Noguera, Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales en 2015.

Pese al buen humor que mantiene durante la conversación por teléfono, el actor y dramaturgo cambia su tono al ser consultado por la situación de sus colegas y las respuestas que ha dado el Gobierno durante la pandemia.

«No hay respuesta del Gobierno a nuestras necesidades. No se nos toma en cuenta. Vivimos en una época en que las artes son consideradas algo superfluo, un adorno que si existe está bien, pero si no, no importa», puntualiza Héctor Noguera, quien agrega: «No conozco otra manera de vivir las artes en Chile si no es de manera muy precaria, siempre pensando en la buena voluntad y que todo debe ser por amor al arte».

La Máquina tuvo la oportunidad exclusiva de conversar con Héctor Noguera, quien se refirió a este primer año lejos del escenario, su reinvención gracias a la tecnología, la importancia de la cultura y las artes para el país, el abandono del Gobierno hacia los actores y actrices. Finalmente, recordó a su amigo y colega Tomás Vidiella, que padeció el 10 de marzo del presente año.

Héctor Noguera en «La Vida es un Sueño»

¿Cómo ha sido este primer año de pandemia para usted en lo personal y en lo profesional?

En lo profesional todos sabemos que se detuvieron los teatros, por lo tanto tuvimos que reinventarnos. La gente de teatro tenemos una energía especial que nos permite reinventarnos y utilizar medios digitales para expresarnos y, gracias a eso, nos hemos mantenido haciendo producciones para estar cerca de la gente. Incluso ha sido bueno en el sentido de que hemos acercado el arte y la cultura a un público que siempre estaba lejano, como espectadores de otras regiones y del extranjero que ahora pueden asistir a los espectáculos. Es una perspectiva nueva para nosotros. Igual estamos esperando la reapertura, porque el escenario es como el elemento natural del teatro.

En lo personal he aprovechado muchas cosas. He mantenido el encierro y he sido obediente, la mayoría de la gente no lo ha sido. Pero también es cierto que he podido quedarme en mi casa y hay otros que no lo pueden hacer y están obligados a salir. He aprovechado este tiempo en muchas cosas que en condiciones normales no habría podido hacer, como leer mucha literatura que esperaba ser leída, escuchar música, estudiar, escribir, rever objetos que me rodean y disfrutarlos. También disfrutar la cercanía de mi mujer (Claudia Berger), aunque extrañando a los hijos.

¿Qué es lo que ha estado leyendo?

En este momento estoy leyendo «La Ontología del lenguaje», de Rafael Echeverría, y espero incorporarlo para los talleres del Teatro Camino. He leído bastante poesía de Gabriela Mistral y Enrique Lihn. Me gustó mucho un libro de Andrea Wulf que se llama «La invención de la naturaleza». También «La breve historia de la filosofía», del filósofo chileno Humberto Giannini. Además hemos tenido tiempo para preocuparnos de nuestro jardín, que ha prosperado mucho (ríe).

¿Cómo se ha adecuado a los nuevos tiempos con el uso de la tecnología?

Me ha costado, como a mucha gente, pero finalmente he aprendido lo indispensable. Lo que hay que aprender para manejar el Zoom, el Teams y cosas básicas. No tengo mucha facilidad para resolver problemas cuando pasan cosas que no son las habituales, pero de alguna manera me las arreglo y sobre todo tengo ayuda de Claudia, que en caso de mucha desesperación me saca de problemas.

Cuénteme su experiencia al montar una obra de teatro vía Zoom.

Ha sido una extrañeza. Cuando desde Mega me llamaron para hacer una teleserie me extrañé mucho, porque era imposible porque no podía salir de la casa por ser de edad de riesgo. Allí me explicaron que sería vía Zoom. De a poco me comenzaron a explicar cómo era el tema. Y dije «veamos de qué se trata» y realmente me di cuenta que sí se podía y ahora hemos hecho obras de teatros a través de streaming, que es una nueva modalidad. Siempre uno echa de menos al público presencial, pero esto tiene otras ventajas y abre nuevas posibilidades.

«Hay una democratización de la cultura en el sentido de que es mucho más barato que ir al teatro. Por el valor de una entrada lo pueden ver muchas personas. La gente que vive en regiones ha sido beneficiada porque desgraciadamente la difusión de las artes en Chile es muy escasa. Este país es muy centralizado en muchas cosas, entre ellas en lo artístico. Me parece bien que la cultura se haya descentralizado», complementa Héctor Noguera.

Entre las obras más importante que realizó Héctor Noguera vía Zoom, se destacan las presentadas en Teatro Camino: «El Epicedio» (julio, 2020), «Hola papá… ¿Cómo estás?» (agosto, 2020), «Hola papá… ¿Qué pasa? (octubre, 2020) y «Hola papá…¡Sorpresa!«. Además, apareció en «Historias de Cuarentena» de Mega, «Mentes Salvajes» del CentroGam y obras para Caja los Andes organizadas por Cultura Capital, y bajo la dirección de su hija y dramaturga Emilia Noguera.

¿Cómo valora plataformas como Ondamedia o Escenix?

Sin duda que son aportes muy importantes porque han abierto nuevos accesos. Yo mismo vi películas que no había podido ver antes, eso es muy bueno. Como todas las crisis depende de cómo uno las tome, tiene sus partes negativas, pero simultáneamente abren nuevas posibilidades.

¿Qué ha sido lo más negativo?

Lo que más hemos tenido que lamentar es la muerte de personas cercanas del medio, como Max Corvalán y Tomás Vidiella. Y para todos en el país que han perdido a tantos seres queridos. Es un gran dolor.

¿Cuáles son sus planes para este año?

Es curiosos lo que nos pasa. Hacemos planes para 2 o 3 meses más, pensando en que todo va a cambiar y finalmente se cumple ese plazo y estamos en las mismas y hay que nuevamente postergar todo. Yo ya perdí un poco la fe en los plazos tan cortos, creo que la cosa va para largo. Indudablemente que existe mucha incertidumbre. 

Con Teatro Camino estamos haciendo muchos talleres, difundiendo obras que ya hicimos como «El Epicedio» y «Hola papá… ¿Cómo estás?» que ya están grabadas y se han estado exhibiendo en festivales y eventos culturales regionales.  

Este último año se ha caracterizado por la retransmisión de muchas teleseries míticas de finales de los 90 e inicios del 2000. Impactan los cambios culturales con respecto a hoy, sobre todo en el rol de la mujer y disidencias. ¿Qué opina?

Los tiempos cambian y eso es bueno. La percepción de la lectura de las obras es diferente con los tiempos. Lo que se ve ahora de esas producciones es distinto a lo que se vio años atrás cuando fueron estrenadas, porque todos somos distintos y el país también lo es. Los roles de género, por ejemplo, no tenían la relevancia que tienen ahora.

Por ejemplo «Machos» (2003) fue muy importante por cómo está tratado el autoritarismo y el machismo, que son temas que todavía existen en la sociedad. Es un tema que sigue latente y que hoy se ve de otra manera a como fue hecha en ese momento. Pero eso no quita que sea interesante y entretenida de ver.

¿Cómo plasmamos la cultura y las artes en una nueva Constitución?

En la nueva Constitución tendrían que estar y ser prioridades. El estado en que estamos a nivel país me parece tan caótico en lo político, en lo económico, en la salud y todo, que hacer una nueva Constitución es lo más sensato. Es importante y muy difícil que tenga validez para todos y no solo para un grupo de chilenos. Hay que intentarlo y hacer lo posible por lograrlo.

¿Se le ofreció un puesto como constituyente?

Se me ofreció, pero la verdad es que no acepté hacerlo, porque creo que para eso hay otras personas. Me da la sensación de que puede que haya mucha vanidad de mi parte, pero siento que desde el escenario tengo más voz que desde una Convención Constituyente, que es donde se mezclan demasiadas voces y muchas pueden ser más potentes que la mía. Creo que en las artes tengo un lugar y siento que desde ahí puedo ayudar a que la gente viva una vida mejor que antes, y eso me vale la pena. Yo soy más fuerte en un escenario que detrás de un escritorio de una oficina. 

¿Qué debería pasar en los próximos meses para que le teatro de alguna manera pueda subsistir?

Lo que se necesita como siempre es ayuda del Estado, como lo hacen en otros países Si el Estado no entiende que las artes ayudan a subir el estándar de vida de las personas, a hacerlos mejores seres sociales, entonces no tendremos nunca ayuda, porque eso se desconoce. Necesitamos ayuda económica para poder hacer nuestro trabajo. Hay muchos actores y actrices de enorme talento que para sobrevivir han tenido que hacer otras tareas, tomar otros oficios para ganarse la vida. Eso es una pérdida. Esas personas podrían estar preparando espectáculos para que la gente pueda volver a disfrutar del arte y la cultura con el regreso de la normalidad.

¿Cómo opina ha sido la respuesta del Gobierno a sus necesidades?

Ninguna, no hay respuesta del Gobierno a nuestras necesidades. No se nos toma en cuenta. Vivimos en una época en que las artes son consideradas algo superfluo, un adorno que si existe está bien, pero si no, no importa. Ellos suponen que a los artistas les gusta mucho lo que hacen, por lo tanto lo van a hacer con o sin plata y los medios necesarios, y esos es un error.

Hay muy poca cultura sobre la cultura, valga la redundancia, entonces cuesta mucho. Pero eso no es nuevo, es desde siempre. No conozco otra manera de vivir las artes en Chile si no es de manera muy precaria, siempre pensando en la buena voluntad y que todo debe ser por amor al arte. También pasa con la ciencia, con el deporte, con todo aquello que hace crecer a las personas. Todo lo que hace que la gente viva mejor no tiene apoyo, es muy raro. 

A raíz del sensible fallecimiento de Tomás Vidiella, a quien usted era sumamente cercano, a los 83 años, se abrió el debate sobre un supuesto «apresuramiento» por el regreso de la cultura, teniendo en cuenta que el actor -en edad de riesgo y con enfermedades previas- se contagió ensayando para una obra. ¿Qué cree usted?

Eso es parte de cómo somos. Todos los actores soñamos con estar en el escenario hasta el último día de nuestras vidas. Queremos trabajar. Es distinto a otros oficios en que la gente a cierta edad ya piensa en descansar. A nosotros no nos gusta descansar, nos gusta estar arriba del escenario. Si nosotros dejamos de estar con el público dejamos de existir. Nosotros no queremos dejar de existir antes de dejar de existir terrenalmente. Queremos existir hasta el último momento. Tomás era un hombre lleno de vitalidad a pesar de que su cuerpo estaba muy debilitado. Su energía interior seguía siendo la misma. Tenía la misma fuerza que le hacía subirse en el escenario, como creo que le ocurre a todos los actores y actrices que nos sentimos orgullosos de serlo. Queremos estar arriba del escenario lo que más se pueda.

También ocurrió la mismo con Bélgica Castro y Alejandro Sieveking. Fue porque la voluntad de uno es estar arriba, y Tomás estando arriba del escenario era mucho más feliz que estando abajo. Al estar enfermo como estaba, estar arriba del escenario le daba mucha felicidad. Él decía «prefiero morir trabajando que de aburrimiento en la casa».  

¿Existe un miedo tras ese episodio?

Claro que sí, uno se cuida más. Lo que pasó fue una voz de alerta. Los actores se viven arriesgando siempre. Hay compañeros que se han tenido que subir aterrados a caballo y salir a todo galope. Todos hemos corrido riesgos físicos filmando para televisión y en películas. Corremos ese riesgo con gusto, lo tomamos como desafío personal… somos raros en ese sentido.

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