Fernanda Urrejola, entre confesiones, el desafío de ‘La Casa de los Espíritus’, Hollywood y la resistencia cultural: “Hoy crece el odio, pero también el despertar”

La destacada actriz, guionista y productora chilena, Fernanda Urrejola, estuvo en un nuevo episodio de La Cultura en Portada, donde habló sobre “La casa de los espíritus”, su pasar por Estados Unidos y su opinión sobre la actualidad cultural. 

Fotos por Simonne Cifuentes y Catalina Navarro.

Sentada en su casa, rodeada de sus mascotas y con esa serenidad que solo otorga la experiencia de quien ha tenido que armar y desarmar maletas por el mundo, Fernanda Urrejola se define rápido: es una persona altamente sensible, desbordada emocionalmente, pero con una estructura de hierro. “Mucho aire y mucho fuego”, dice entre risas, aunque reconoce que la tierra se la dio el deporte.

Antes de ser el rostro de las teleseries más icónicas de la década del 2000, Fernanda era solista en nado sincronizado. Esa niña que “jugaba sola inventando historias” encontró en el agua la disciplina que hoy aplica en los sets de Los Ángeles. “El deporte me dio disciplina… entiendo que las cosas no caen del cielo, que requiere trabajo y foco”, confiesa.

Fernanda Urrejola habla con la tranquilidad de quien ha aprendido a habitar sus propias vivencias. Su historia no es lineal: está marcada por quiebres, decisiones atrevidas —pero conscientes— y una constante búsqueda por no traicionarse a sí misma.

Esta conversación personal y profunda en La Cultura en Portada, podcast de La Máquina, no solo repasa su carrera, sino que revela una mirada crítica sobre la industria, la identidad latinoamericana y el rol del arte en tiempos convulsos.

Una niña “desbordada”: el origen de una actriz como Fernanda Urrejola

Antes de los escenarios, hubo una infancia profundamente introspectiva. Urrejola se describe como una niña solitaria, imaginativa y emocionalmente intensa.

Desde pequeña, su forma de relacionarse con el mundo estaba mediada por la interpretación: inventaba historias, creaba personajes y canalizaba emociones que —según ella misma reconoce— muchas veces la sobrepasaban. “Era una persona altamente sensible, muy conectada con lo emocional”, explica.

Sin embargo, ese impulso no encontró un camino directo hacia la actuación. Su entorno familiar no consideraba viable una carrera artística, por lo que su energía terminó canalizándose en la natación sincronizada, disciplina en la que incluso compitió a alto nivel.

Pero incluso ahí, el arte se filtraba.

En cada rutina, Urrejola construía narrativas, explorando corporalmente lo que más tarde desarrollaría en escena. Esa etapa no solo fortaleció su expresividad, sino que dejó una marca decisiva: la disciplina.

“Entiendo que las cosas no caen del cielo. El deporte me enseñó el trabajo, el foco, la constancia”, reflexiona.

El quiebre definitivo llegó en su último año escolar. Mientras se preparaba para competir internacionalmente, atravesó un episodio depresivo que cambió su perspectiva.

Fue en ese momento cuando, enfrentada a su propia fragilidad, decidió apostar por lo que siempre había postergado: la actuación.

Entrar sin contactos: intuición, casting y primeras heridas

El ingreso a la industria no fue inmediato ni cómodo. Sin redes ni contactos, su camino estuvo marcado por la insistencia y la exposición constante a castings.

Sus primeros trabajos surgieron casi por azar: un piloto infantil, algunos comerciales y pequeñas oportunidades que, poco a poco, comenzaron a abrirle puertas.

Pero ese inicio también estuvo atravesado por experiencias difíciles. Su primer rodaje profesional —lejos de la idealización— fue un golpe de realidad.

“Fue muy traumático. Era una época en que no existía el Me Too… había mucha violencia, no solo sexual, también laboral”, recuerda.

Aun así, decidió quedarse. Y ese proceso la llevó a uno de sus primeros grandes hitos: la serie 16, que funcionó como plataforma para toda una generación de actores.

El éxito y el conflicto: “Mujeres de lujo” como punto de inflexión

Consolidada en televisión, Urrejola alcanzó mayor notoriedad con Mujeres de lujo, una teleserie que no solo fue exitosa, sino que también tensionó los límites temáticos de la época.

El proyecto marcó un antes y un después en su carrera. No solo por la exposición, sino por la exigencia emocional del personaje.

“Era muy duro. Yo lloraba todos los días. Llegaba agotada”, confiesa.

Su rol —atravesado por el trauma, la sexualidad y el poder— la obligó a habitar zonas complejas, tanto a nivel actoral como personal. Sin embargo, esa misma intensidad evidenció un conflicto interno.

A medida que avanzaba en la televisión, comenzó a sentir que los personajes se estancaban.

“Sentía que me estaba repitiendo, que no estaba creciendo”, explica.

Esa incomodidad sería clave para tomar distancia de la televisión tradicional y buscar nuevos lenguajes.

Experimentación, culto y búsqueda creativa

Lejos de las fórmulas televisivas, Urrejola comenzó a involucrarse en proyectos más autorales, como Gen Mishima o La mujer metralleta, donde encontró mayor libertad creativa.

En estos espacios, el motor no era económico, sino artístico.

“Lo hacía porque me fascinaba”, afirma.

Particularmente, destaca su interés por la ciencia ficción, género que —según su visión— ya no puede entenderse como algo distante.

“Estamos viviendo una realidad donde todo es posible. Ya ni siquiera sé si llamarlo ciencia ficción”.

Esta etapa también marca su transición hacia la producción y la escritura, ampliando su rol dentro de la industria.

El salto a Estados Unidos: una decisión sin red para Fernanda Urrejola

En 2016, en uno de los momentos más estables de su carrera en Chile, tomó una decisión que muchos habrían evitado: irse a Estados Unidos sin garantías.

“Era quedarme soñando o intentarlo”, resume.

El proceso no fue fácil. Durante meses, enfrentó la incertidumbre de un sistema completamente nuevo, donde debía reconstruir su carrera desde cero.

A pesar de su trayectoria en Chile, en Los Ángeles era una desconocida.

Durante más de un año, participó en castings, tomó talleres y construyó redes, mientras lidiaba con la posibilidad constante del fracaso.

Hasta que, cuando estaba a punto de rendirse, llegó la oportunidad que cambiaría todo: Narcos.

“Me estaba devolviendo a Chile… y me llamaron. Fue como una señal clarísima”.

Ese proyecto no solo validó su decisión, sino que le permitió acceder a nuevas oportunidades dentro de la industria internacional.

Hollywood y sus contradicciones: jerarquía, egos y respeto

Su experiencia en Estados Unidos le permitió conocer de cerca el funcionamiento de una industria altamente estructurada y jerárquica.

Pero también le mostró sus contrastes.

“Te encuentras con gente increíble y con gente muy difícil. Eso pasa en todas partes”, afirma.

Sin embargo, hay una experiencia que destaca por sobre todas: trabajar con Clint Eastwood.

“El set más respetuoso en el que he estado”, asegura.

Para Urrejola, el respeto no es un detalle menor, sino un indicador del verdadero liderazgo.

“Los grandes son grandes en todos los sentidos”.

“La casa de los espíritus”: identidad, memoria y una apuesta latinoamericana

En su faceta como guionista y productora, Urrejola enfrenta uno de sus mayores desafíos: la adaptación de La casa de los espíritus de Isabel Allende.

El proyecto no solo implicó una exigencia creativa, sino también una discusión cultural e industrial.

Desde el inicio, el equipo defendió que la producción se realizara en Chile, algo que no estaba garantizado.

“Nos costó. Chile es caro y no tiene incentivos, pero lo logramos”, explica.

Más allá de la producción, la serie representa una oportunidad para reflexionar sobre la historia, la memoria y los traumas colectivos.

“Habla de los traumas transgeneracionales, de nuestras relaciones, del cuidado”, señala.

Latinoamérica, identidad y resistencia cultural

Urrejola también aborda el lugar de los artistas latinoamericanos en la industria global, especialmente en un contexto político complejo.

A pesar de las tensiones, se muestra optimista.

“Ya no tratamos de ser otra cosa. Sabemos nuestro valor”.

Para ella, el arte cumple un rol fundamental: resistir, denunciar y abrir espacios.

“El arte siempre va a ir por delante”.

Una filosofía de vida: autenticidad y transformación de Fernanda Urrejola

Más allá de su carrera, Urrejola insiste en una idea que atraviesa toda la conversación: el cambio comienza desde lo personal.

Frente a un mundo marcado por la polarización, propone una mirada introspectiva.

“Tenemos que hacer la pega interna. Dejar de apuntar afuera”.

Y concluye con una definición que sintetiza su visión:

“La autenticidad es el superpoder del ser humano”.

Mira el capítulo completo de Fernanda Urrejola en “La Cultura en Portada” acá: