Crítica de “Goat: La Cabra que Cambió el Juego”: El sorpresivo acierto de Sony que se nubla por una excesiva publicidad en pantalla

En su primer fin de semana, “The Goat” (o por su título regional GOAT: La Cabra que cambió el juego) ha roto récords de taquilla, alcanzando los 45 millones de dólares al momento de escribir esta reseña. Una cifra que supera las expectativas iniciales para una cinta que contó con un presupuesto de 80 millones.

En Revista La Máquina tuvimos la oportunidad de ver “GOAT: La Cabra que cambió el juego” antes que todo el mundo, gracias a la invitación de Andes Films y Sony Pictures Animation. Aquí te contamos si vale la pena entrar a la cancha.

La cinta ya está disponible en tus cines favoritos.

¿Quién es la Cabra?

La cinta narra la historia de Will Cabrera, quien, como imaginarán, es una cabra con un sueño monumental: jugar al RugiBall. Este deporte es una suerte de básquetbol animal que combina la destreza física con las características salvajes de sus jugadores. Will anhela ser parte de la liga, pero su estatura es mínima para el estándar, relegándolo al papel del soñador que jamás tocará el aro. Todo cambia cuando un video suyo se vuelve viral y es fichado por su equipo favorito, el cual atraviesa una racha desastrosa en el campeonato.

Durante la cinta, Will (con la voz de Caleb McLaughlin, Stranger Things) atravesará bullying, memes y todo tipo de circunstancias adversas para demostrar que no debe rendirse. Lo interesante es que la película aborda estos tropos con una mirada muy actual: muchas de las bromas y referencias están diseñadas con un ojo clínico para la Generación Z y Alfa.

En general, la obra deja un mensaje valioso sobre la perseverancia, el manejo del ego, la autoaceptación y la búsqueda constante de mejora. Cabe destacar que la cinta cuenta con la producción ejecutiva de la leyenda de la NBA, Stephen Curry, lo cual explica el amor y detalle técnico puesto en las secuencias de deporte.

¿La Zootopia de Sony?

Esta producción derriba varios prejuicios. ¿Es esto Zootopia al estilo Spider-Verse? ¿Sony se quedó sin ideas tras K-Pop: Demon Hunters? La respuesta es un rotundo no. Primero, porque las tramas son fundamentalmente distintas. Segundo, aquí se trata a los animales con una fidelidad biológica hilarante: cada cierto tiempo, y a modo de gag, los personajes actúan puramente por instinto.

Will tiene dos mejores amigos, una hiena y un capibara. Ambos funcionan excelente como alivio cómico, realizando acciones propias de sus especies, algo que se replica con el resto del elenco del RugiBall. Es un detalle que se agradece inmensamente. En la función de prensa, rodeados de niños, pudimos notar cómo tanto ellos como nosotros disfrutamos ese “humor animal”. Aunque la trama es cliché —muy cliché—, sirve como una base sólida para ejecutar buenas ideas visuales bajo la dirección de Tyree Dillihay.

Un punto cuestionable es el doblaje. Al estar en una sala con público infantil, vimos la versión doblada y la experiencia fue irregular. En un intento por reflejar diversidad, escuchamos una mezcla de acentos (argentino, centroamericano, neutro) que, en ocasiones, choca con la dinámica de la cinta. Quizás sea la nueva norma para un público nativo de internet, pero para el oído tradicional, distrae.

Una publicidad descarada

Algo que los niños quizás pasaron por alto, pero que los padres notarán (y sufrirán en la billetera), es la publicidad agresiva. Si sus hijos ven la película, prepárense para comprar Under Armour. La marca aparece cada vez en GOAT: La Cabra que cambió el juego que el equipo de RugiBall está en pantalla. Will incluso tiene un arco emocional vinculado a unas zapatillas de esta marca, y el segundo acto gira en torno a una negociación y un modelo específico de calzado.

A esto sumamos que cada vehículo es un Mercedes-Benz y, por supuesto, la aparición obligatoria de la Play Station 5. No arruinan la experiencia, pero la saturación es tal que la intención comercial se vuelve transparente.

Lo bueno de la cinta

No se engañen: GOAT: La Cabra que cambió el juego tiene mucho que ofrecer. Si bien su guion es simple, el mundo que construye es gigante y detallado. A diferencia de Zootopia, que explora el conflicto social entre depredadores y presas, GOAT: La Cabra que cambió el juego es más visceral: aquí se dice directamente que un animal se comería a otro por ser más pequeño. Esa honestidad brutal marca la diferencia.

El RugiBall es un deporte entretenido y visualmente fácil de entender. La animación es preciosa, luciendo todo el músculo técnico de Sony en los partidos, y el humor es genuinamente efectivo.

¿Vale la pena GOAT: La cabra que cambió el juego?

En definitiva, “GOAT: La Cabra que cambió el juego” es una victoria para Sony Pictures Animation. Aunque su narrativa no reinventa la rueda y su carga comercial es pesada, logra encestar en lo más importante: tiene corazón, ritmo y una identidad visual arrolladora. Es una carta de amor al básquetbol que sabe equilibrar la sátira de internet con una historia de superación clásica. Si puedes perdonar el exceso de product placement, te encontrarás con una de las propuestas familiares más sólidas y divertidas del año.

La cinta ya está disponible en tus cines favoritos.

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