Antes de Lollapalooza, Hesse Kassel reflexiona sobre su nuevo disco, su música, la escena indie y el momento cultural de su generación.
“Me llamo Renatto Olivares y tengo 22 años”
“Yo soy Joaquín González y tengo 15 añitos”
Así se presentaron ante la grabadora, entre risas y en un ambiente distendido, dos miembros fundamentales de una banda que irrumpió en la escena musical local en 2025: HESSE KASSEL.
La banda comenzó a tocar junta desde el año 2022 sin una hoja de ruta clara ni menos un plan a largo plazo. Se fueron armando como banda y luego escribiendo canciones que tomaron forma bajo una búsqueda, un escape o exploración creativa sin ambiciones inmediatas. Pasaron 3 años y, sin darse cuenta, el grupo de amigos creó uno de los discos más celebrados del 2025: La Brea. Disco que los hizo llenar tocatas en el Metrónomo, Matucana 100 y otros espacios a lo largo de Chile; también fue elegido dentro de los 50 mejores discos a nivel mundial, según la revista Consequence of Sound. Telonearon a Primal Scream en el Teatro Coliseo y, bajo el mismo impulso, fueron invitados para ser parte del tercer día del festival Lollapalooza 2026 (entradas disponibles aquí).
Son la banda chilena del momento y eso los tiene en la mira de todos los medios. Por eso es que La Máquina dialogó con el grupo nacional, junto con una sesión fotográfica de nuestro gráfico Patricio Núñez.

Renatto y Joaquín llegan, saludan y se sientan juntos. Hay miradas cómplices al responder. Renatto habla con calma, el pelo largo, tipo melena, cayéndole sin demasiada preocupación, vestido con una polera burdeo tipo polo, mientras Joaquín —más silencioso— escucha atento y viste completamente de negro. Lo de Indie se lo toman en serio.
- El año pasado irrumpieron en la escena con un disco que nos explotó en la cara: La Brea. Les trajo conciertos agotados, teloneros de Primal Scream, ahora Lollapalooza. ¿Cómo se vive algo así desde dentro?
Renatto Olivares: En un principio —dice el vocalista— quisimos tirar el disco y descansar un poco. Ser más selectivos con las tocatas que nos llegaban. Pero resultó que nos llegaron más cosas de las que imaginamos. Tocar en regiones y otros lugares, entonces nos ajustamos a tener un ritmo muy acelerado (incluso más) del que veníamos teniendo (…) Fue difícil y bastante mecánico. Queríamos componer, pero no podíamos porque había que ensayar para los shows. Eran buenos shows, con buenas consecuencias, así que les poníamos todo. Fue cansador, pero también entretenido y muy motivante.
Joaquín: Claro, como dice Renatto —a Joaquín, quien además es compañero de universidad y carrera de Renatto (tienen la misma edad), también le dicen “Chapa” y lo nombraremos así desde ahora— cuando salió el disco teníamos en la cabeza hacer las cosas con más calma, desgastarnos menos. El proceso de juntar fondos para grabar fue súper pesado, quedamos bien quemados. Queríamos darnos ese espacio, pero no se pudo. Y tampoco es algo necesariamente malo.
Renatto: Podríamos haber descansado, pero las cosas que nos llegaron eran tan buenas que no tenía mucho sentido rechazarlas.
Chapa: Estamos muy agradecidos de las oportunidades y de tocar en escenarios súper lindos. Pero igual ha sido complicado. Al final uno se baja del escenario y tiene que volver a ser una persona. Muchos estamos en procesos de titulación, con otras responsabilidades.
Renatto: Me he encontrado entregando trabajos (para la Universidad) en backstage.
Chapa: Sí, yo también —dice entre risas—. Ha sido un desafío, sigue siendo un desafío y va a seguir siéndolo este año. Pero siempre con la convicción de que, al final del día, estamos haciendo lo que nos gusta.
Los miembros de Hesse Kassel (Renatto, Luca, Mauricio, Matthew, Eduardo y Joaquín) tienen entre 21 y 22 años, todos, o casi todos, universitarios que deben maniobrar su vida entre la música, los estudios, pruebas y hasta prácticas.
- Cómo están equilibrando la vida de estudiante y personal con Hesse Kassel. ¿No les dan ganas de dejar algo, de repente?
Renatto: (Se toma un tiempo para reír y pensar en su respuesta) Honestamente… sí.
Sorprendió a más de alguien en la habitación.
Renatto: De repente me encuentro en cualquiera de los dos extremos, pero hay que seguir dándole, ¿no?
Chapa: Yo dejaría la vida laboral. Tendría mi cartoncito y ojalá la música me permita poder dedicarme un poco más a lo que me gusta y después hacer lo otro que me gusta.
Renatto: Estoy de acuerdo con el Chapa de, básicamente, tener el cartón, el título de la U y dentro de lo posible poder seguir viviendo de algo relacionado con la música. Ya sea organizando, tocando, produciendo, lo que sea. Actualmente estoy bien comprometido con lograr sacar mis estudios y mantener el ritmo que con la banda estamos teniendo.
- En la música chilena se habla mucho de aprovechar el momento cuando las cosas están funcionando. ¿Cómo se relacionan ustedes con esa idea del “boom” como Hesse Kassel?
Renatto: Sí, y también está esto de aprovechar la juventud. No creo que vaya a tener la misma energía hoy que en 5 años más.
Chapa: Uno igual se queja de “nimiedades” porque igual puedes faltar a la U y cosas así. Después en el mundo laboral es como: pega de 9 a 5 y ahí no podrás decir “Hola, tengo una tocata en el Manuel de Salas”. No puedes hacer esa hueá. Sí, hoy es penca, pero podría ser peor. Siempre puede ser peor.
Renatto: Yo creo que eso para mí también ha sido difícil y debemos hacer esto en pos de los beneficios que tenemos como estudiantes. De repente igual le he dicho al profe: “Si falto una vez más me echo el ramo y tengo que faltar porque tengo una tocata importante…” y le explico. Al final me dicen “Anda no más, tranqui”. Una vez tuve que ir al departamento de un profe a dar un examen un día antes del oficial. Entonces igual digo que debemos aprovechar el tema de la energía de ser jóvenes porque podemos hacer todo. Igual es una buena mentirita que uno se auto hace. No sé si va a ser tan viable de aquí a los 30 años salir de la casa un día a las 6 de la mañana y volver a la 1 de la mañana del día siguiente porque estoy todo el día haciendo cosas diferentes sin parar.
Las respuestas de ambos son las de dos compañeros de clases contando sus aventuras en la carrera —que no revelaré—. Son jóvenes que tienen plena conciencia del tiempo y saben que las responsabilidades con las que cargan son grandes, pero también, como lo dicen ellos mismos, es ahora cuando tienen las energías para llevarlas a cabo.
- Existen ejemplos de carreras largas en la música chilena y muchos siguen tocando hasta muy grandes. ¿Ustedes sienten que hoy es posible pensar la música como un proyecto de largo aliento?
Renatto: Sí, totalmente, se puede. Pero también es importante preguntarse a costa de qué. Hay artistas chilenos que hoy viven de la música porque sus proyectos fueron rentables en otro contexto. Bandas noventeras que siguen sonando hasta hoy, como Los Tres, Los Bunkers —de los 2000— o varios proyectos de rap. En los 90 hubo un boom de industria en Chile: se invirtió, llegaron sellos grandes, había otra infraestructura.
Chapa: Era otro Chile también. Para nuestra generación de músicos el escenario es distinto y compararse con esos tiempos no siempre tiene mucho sentido. Chile hoy es mucho más caro, más inaccesible para la gente común, y eso cambia completamente cómo se vive la música.
Renatto: Por conversaciones que he tenido con gente más experimentada, siento que recién ahora se está empezando a volver a invertir en cosas más alternativas. Durante años la industria se fue muy fuerte hacia el trap y lo urbano, y eso está bien, pero dejó de lado lo indie y lo alternativo. Me tinca que eso está empezando a cambiar, pero igual sigue siendo muy incierto tomar la decisión firme de decir: me quiero dedicar a la música y vivir de esto.

- Aprovechando que entramos en este tema. ¿Cómo ven ustedes este nuevo escenario con las demás bandas indies? Hay muchas bandas que están surgiendo junto a ustedes. ¿Cómo ven esta nueva camada de artistas?
Chapa: Heavy. Realmente lo encuentro heavy porque no ha pasado mucho —tiempo— y han pasado muchas cosas. Pienso en qué estaba haciendo en enero del año pasado y que esto (la banda) no era nada. Por ejemplo, pienso que hace 2 años atrás, con los chicos de Candelabro, estábamos en Crearock —lo dice al unísono junto a Renatto— a duras penas haciendo shows para 100 personas. Es difícil dimensionarlo. Hubo un momento en el que esto realmente era chico, realmente indie. Y ahora siento que se puede hacer una pequeña separación entre lo Indie de lo independiente y lo Indie de lo sonoro. Todo esto a costa de nosotros, mucho trabajo colectivo, abierto a las oportunidades. He visto a bandas haciendo festivales grandes, de repente al Metrónomo a telonear a otras bandas. Yo lo encuentro genial.
Renatto: Respecto a la pregunta de antiguo vs lo nuevo, realmente respondo en base a los relatos de lo que era lo antiguo porque yo nunca estuve muy metido en tocatas indies antes de formar la banda. Fui a conciertos de artistas independientes, pero nada como está armado ahora. Por lo mismo, entiendo que lo que está pasando es muy interesante dentro de muchas aristas, tanto musicales, como que se está subiendo el estándar. Es muy raro ver un mal show de “Estoy Bien”, “Asia Menor”, “Candelabro”, “Niños del Cerro”. Más allá de algún error que pase en vivo, todas las bandas tienen su estándar individual muy alto. Quieren mostrar algo que vale la pena tocar y, por lo mismo, organizacionalmente es súper brígido a lo que puede llegar una banda independiente, sin ser parte de una agencia ni parte de nada, sino que existe una filosofía de trabajo de querer apuntar a algo más alto, mejor armado y que nace de los mismos miembros. Las bandas que se conocen funcionan en sus dinámicas y tienen organismos muy bien armados, desde los músicos, ¿cachái? Usualmente eso, en el modelo de mercado, no se le da mucho énfasis, porque quizás de eso se debería encargar el mánager. Pero siento que todas las bandas son su propio mánager, al final del día. Tienen una ética de trabajo muy bien planteada, un poco, por la herida generacional que fueron las escenas pasadas que sufrieron harto el tema de… bueno, las funas, de acusaciones de ese tipo y, de las cuales, muchas fueron verdad. Finalmente, creo que todos los proyectos están apuntando a subir el estándar.
Chapa: Hay una ética interna y una ética externa también.
Renatto: Sí. A estas alturas, yo diría que muchas bandas están súper bien armadas, suenan bien y tienen claro su norte, sean ambiciosas o no. La única razón por la que todavía se les llama indie o independientes es porque no hay tantos recursos. En el momento en que entren más organizaciones y dinero, todo se va a volver profesional, porque las bandas ya lo son.
Chapa: Ahora se piensa más en tener un buen sonidista, en armar un show de luces, en visuales. Todo eso le sube la calidad al concierto y hace que la experiencia crezca mucho. Al final, no es solo el sonido: también es la imagen.
Renatto: Y eso también tiene que ver con los espacios que han sabido recibir las tocatas, con lugares que entienden mejor cómo mostrar este tipo de música.
Cuando Renatto habla de los espacios que han recibido tocatas, se está refiriendo a la sala Metrónomo, Matucana 100, entre varios otros que se han erguido como lugares insignes para las bandas indies. El vocalista y compositor recuerda haber hablado con “gente que estuvo metida en la organización de la tocata en la sala Metrónomo, que se llamó ‘La Tocata del Siglo’ y la gente decía que era impensado”. Este año viene un salto tremendo para la banda: tocar en Lollapalooza.
- Hablando de tocatas, el salto ahora es grande. Pasan de escenarios como el Metrónomo a Lollapalooza, en el Parque O’Higgins, donde todo es muy distinto, muy grande. ¿Lo viven como un cambio —incluso a nivel filosófico— para la banda, o lo sienten como una tocata más? ¿Es un trampolín hacia otra cosa?
Renatto: Creo que es verlo como un trampolín, como dices tú. Igual vamos a tocar como a la 1 de la tarde, a todo sol y solo media hora. Siento que es más una inversión que una tocata ultra buena o con mucho furor y todo. Obviamente estamos muy agradecidos, pero eso es más como un trampolín. Tocamos poco rato y es harto el equipo que hay que mover.
Chapa: Pero más que nada es el hito.
Renatto: Claro, como eso.
El currículum que entrega tocar en Lollapalooza es lo que movió a Hesse Kassel a aceptar el show. Cambiar de ambiente minimalista por un show transmitido por TV, con todo lo que significa la historia del festival de Perry Farrell, es, sin duda, un trampolín y un desafío. Aunque, como dice Renatto: “Lo veo más que una tocata cualquiera, pero tampoco nos estamos calentando la cabeza. El trasfondo es importante. Seamos nosotros o cualquier otra banda, es brígido que podamos ir como escena o circuitos a este tipo de festivales”. En un inicio, el espíritu de Lollapalooza era dar cabida a bandas indies, por lo que la invitación a la banda chilena tiene el sentido necesario.
- En ese sentido, Los Bunkers son el primer Headliner chileno. Ahí hay un cambio de paradigma.
Renatto: Sí, o sea, una banda como nosotros igual tiene una propuesta bastante poco convencional. Canciones largas, ruidosas, sin una estructura tradicional. Entonces que nos inviten a Lollapalooza no es que nos sorprenda por el género de música, sino por la llegada.
Chapa: Para mí, lo más importante es el tema del limbo. Lo tomo como una prueba porque, dentro del circuito, estamos más acostumbrados a que las cosas sean más chacota. Tenemos 2 horas para tocar, pero te puedes pasar 10 minutos o llegas un poco tarde o más temprano a probar sonido. Entonces enfrentarse a un escenario con reloj, realmente profesional, donde eres uno más y tienes que cumplir tu contrato, igual te pone en el limbo de si estamos preparados para dar el salto. Esta es la prueba, ¿cachái?
Tanto en la vida personal como en Hesse Kassel, los integrantes están pasando por situaciones parecidas. Lollapalooza parece un tipo de “práctica” para una banda que sigue siendo nueva en el circuito chileno. Es salir de la zona de confort para enfrentarse al mundo “laboral real”. Renatto recuerda: “El Metrónomo funciona un poco para eso. Ahí estuvimos bien cuadraditos con la técnica. Era la primera vez que teníamos que preocuparnos de algo así”.
Chapa complementa contándonos que necesitaron guitarras de repuesto en Hesse Kassel, porque no puedes demorarte más de 1 minuto en cambiar una cuerda. Ese aprendizaje esperan que les funcione en el Lolla.
Renatto: Sobre la escena, aunque lo mencioné un poco, voy a aclarar que a mí me gusta verlo de manera colectiva. Si le va bien a uno, les va bien a todos. Candelabro estuvo el 2024 en el Lolla y el 2025 en el Fauna. Que Asia Menor vaya a México es algo que nos sirve a todos.
Chapa: En el mercado, todos somos lo mismo y todos compartimos el mismo espacio.

Como dicen, su música es distinta a lo que el público de Lollapalooza está acostumbrado. Temas largos, mucho ambiente y ruido.
- Los quiero llevar a la parte más musical, más íntima del proyecto. ¿Desde dónde nace la música de Hesse Kassel? ¿Desde la cabeza, la guata, el corazón? ¿Y qué pasa con las letras?
Chapa: Musicalmente, creo que es de guata y del corazón. Genuinamente no hay mucho pensado dentro de lo que hacemos, más allá de, quizás, las métricas o ritmos.
Renatto: O sea, yo creo que sí es pensado, desde la intuición. Sale de la guata y llega al corazón cuando ya la sientes como propia —la canción—. En ese momento llega al corazón porque tuviste un lienzo en blanco, compusiste la canción, te gustó, te asombra que te guste algo que pudiste componer tú solo. Algo parecido pasa con la formación de la banda. Cuando nos juntamos no éramos necesariamente amigos y en el camino nos quisimos un montón. La música sale desde la intuición, desde la conversa y de qué queremos lograr como sonido.
Chapa: Nuestra música tampoco sale de un proceso creativo. No pensamos en que tenemos este acorde, entonces tomamos esta herramienta y hacemos este cambio… yo creo que la única vez que hemos hablado de la afinación de un tema, fue cuando grabamos, por la afinación de la batería.
Renatto: Y porque alguien nos lo dijo.
Lo dicen casi riendo. Como si estuvieran diciendo algo que no deberían decir.
- Entonces, ¿cómo llegaron a esa sonoridad tan particular? ¿Será por tu voz o la musicalidad?
Renatto: Yo creo que puede ser por la propuesta vocal. Quizás eso a la gente le resulte distintiva de buena o mala manera. Tengo la voz que tengo y no puedo hacer mucho con eso —ambos ríen—. Yo siento que en La Brea, los temas son bastante diferentes entre sí, pero igual se nota que vienen de la misma banda porque intencionalmente usamos recursos similares. Por ejemplo, las guitarras vienen influenciadas de la música gitana, del jazz gitano de Django Reinhardt o una familia de apellido Rosenberg —refiriéndose a The Rosenberg Trio—. Ellos tienen técnicas de trémolo y le sacan el jugo a la guitarra acústica. Eso lo aprendí en la pandemia, escuchando esta música. También sacamos el chillido entre octavas que hace Swans. Entonces, claro, los temas son diferentes en emocionalidad y notas, pero comparten recursos musicales que hacen que el disco se sienta cohesionado.
Chapa: Tiene mucha intuición y sensibilidad. Por ejemplo, en La Brea o canciones nuevas, quizás una canción tiene una tonalidad mayor, pero si mueves un dedo, no sé qué nota es ni qué estoy haciendo, pero se siente de forma distinta. Mayor feeling. Es cómo poder hacer que se sienta distinto porque está dentro de la armonía.
Renatto: También ser abiertos de mente nos ha permitido componer bien. Si alguno de los chiquillos dice “Puta, este tema no me gusta tanto, pero toquémoslo y veamos qué pasa más adelante”, terminan diciendo que es su tema favorito. Tenemos esa apertura mental. También dejamos que cada uno haga lo suyo. Si escuchas el disco, se nota que el bajista es el mismo en todas las canciones porque tiene sus muletillas. El baterista, Lalo, siempre toca un cajazo antes de ciertos compases. Cada uno tiene su maña.
Mientras hablaban, recordaba una anécdota que suele mencionarse sobre Dream Theater, una de las bandas más técnicas del metal progresivo: cuando John Petrucci y su compañero de banda John Myung eran jóvenes, se obligaban a practicar seis horas diarias como una forma de mejorar juntos y desarrollar una técnica y cohesión única. Esa disciplina durante años fue parte importante de cómo lograron sonar como un grupo extremadamente preciso. Hesse Kassel, en cambio, lleva tocando junta solo un par de años, y aun así suenan como una banda con larga historia y cohesión propia.
- Llevan tocando desde el 2022 juntos. ¿Cómo en tan poco tiempo lograron esa cohesión musical?
Renatto: La verdad, no sabría decirte. Siento que fue suerte y conversar. Los primeros ensayos, antes de que llegaras —dice dirigiéndose al Chapa, quien llegó después de la segunda tocata—, era mucha conversa sobre lo que queríamos hacer y cómo. Para La Brea —recuerda— el proyecto de banda, en ese entonces, tenía la premisa de no usar las guitarras como comúnmente se hace. Haciendo solos, leaks, etc. Que no sea un instrumento tan protagónico, sino que todo funcione como un bloque, una masa de sonido que acompaña, y le metimos capas y capas. Eso hace que todos estemos en la misma parada y mantengamos los márgenes. Todo es conversar y la suerte de no haber tenido conflictos importantes. Somos bastante suertudos y asertivos al mismo tiempo.
Chapa: La banda igual pudo tomarse de puntos comunes, como los gustos. Y creo que aplica para todos los instrumentos. Aunque venimos de escuelas distintas en ese sentido. Me acuerdo que llegué y fue atado porque los cabros venían con referencias que yo en mi vida había escuchado. Soy súper huaso para mis cosas —dice mientras ríe—.
Renatto: La referencia que te tiramos fue Serú Girán. Pero claro, el Chapa es el ejemplo más claro porque era el único miembro que no compartía gustos con nosotros y aun así decidió apañarnos en la banda. De hecho, fue tal que en el primer ensayo, fuiste a fumar y dijimos “Metámoslo”. Lo metimos al toque.
- Serú Girán es una banda mítica latinoamericana, conocida por canciones largas y un trabajo muy fino en armonía. En su caso, ¿cómo se dan cuenta de que una canción ya está lista? ¿En qué momento dicen: “ya, grabémosla”, y dejan de agregarle cosas?
Renatto: Esa respuesta es distinta si comparamos 2024 y 2025. En 2023 y 2024 diría que en estar listas se demoraron casi un año —las canciones de La Brea—. Siempre las alargábamos o cortábamos secciones. El primer sencillo, que fue Vida en Terranova, tenía una sección que ya no está, que era diferente y pesada, como No Wave, medio Queen Of The Stone Age. Entonces siempre variamos hasta el momento en que agendamos la grabación y ahí recién dijimos: “Ya, tenemos que juntarnos a definir los temas y no puede ser a las tontas y locas”. Teníamos claras las estructuras generales, pero había partes difusas. Nunca giramos en torno a la improvisación, pero sí a lo abstracto. En 2025 he empezado a componer los temas para un nuevo disco. La filosofía cambió porque la forma de componer fue distinta, más colectiva y respondía al contexto actual de la banda. Igual es complicado que, cuando nos ofrecen shows o telonear a una banda y solo tenemos 40 minutos, tocar 4 canciones de La Brea —porque dan 45 minutos—. Por ejemplo, en el Lola también nos restringen harto el tiempo; tenemos que ver qué hacemos porque tres temas del disco son todo el show.
Chapa: Cuando dijimos “ya, grabamos en dos semanas”, nos dimos cuenta de que ocho canciones duraban una hora y media en total. Ahí empezamos a pensar en hacer temas más cortos, más concisos.
Renatto: Nunca tuvimos grandes pretensiones técnicas con La Brea. Era largo porque sí. De hecho, hubo temas que llegaron a durar más de veinte minutos.
Chapa: También aprendimos a abrirnos a la crítica, a una mirada más sensible. Nos decían que a veces la extensión jugaba en contra, que había ideas buenas, pero demasiado “paja molida”. Eso se nota mucho en lo nuevo: los temas son más cortos, pero más precisos. Se entiende mejor qué queremos decir y qué energía queremos transmitir.
El “sophomore slump” es un fenómeno que se le atribuye a la dificultad que enfrentan algunos artistas para igualar el éxito o calidad de su álbum debut con su segundo trabajo. Hay una famosa frase que lo resume mejor: “Tienes toda una vida para hacer tu primer álbum y solo un par de meses para el segundo.” Sobre el segundo disco, Hesse Kassel ya lo tiene claro.
- Hay nuevo disco entonces.
Renatto: Hay un disco, todo full independiente. Pero esperamos el segundo semestre del otro año…
¿2027?
Renatto: O sea de este año, 2026 —el cambio de año aún afecta a los muchachos, mientras se ríen del lapsus—, quizás en vacaciones de invierno, más o menos. Esa es la idea. De hecho, ya hay gran parte de las canciones grabadas.
- ¿Nos pueden contar de qué se tratará este nuevo disco? Algún concepto.
Chapa: ¿Concepto?
Renatto: Yo preferiría que no.
- ¿Ni nombre?
Renatto: No, nada.
Chapa: Yo tiraría solo una palabra como concepto.
Renatto: No, mutis.
- Bueno, pero podemos deducir, por lo que dijeron, que están buscando otro tipo de sonido.
Renatto: La verdad, no sé si buscamos un sonido como tal, solo el cómo nos hace sentir. Son temas muy diferentes entre sí y responden más a lo que presentamos en vivo y en escenarios. Pensaba en qué privilegio poder tocar y qué autoregalo para nosotros poder mostrarlo en la sala Metrónomo y no en la calle o un bar con un trato de mierda con gente que no está ni ahí. Entonces responde a un contexto diferente. Va más por lo que decía Chapa. Más que buscar un sonido, es buscar otra manera de componer. Es mucho más colectiva y también buscamos ser más precisos. Aunque las canciones de ahora son más cortas, no sé si diría que son más digeribles que las de La Brea.
Chapa: Igual es un disco que se siente más propio para todos. De los ocho temas de La Brea, varias composiciones venían del tiempo de colegio de Renatto. Estos temas son, desde el minuto cero, composición de los seis y es algo que queríamos lograr con el primer disco y no se dio.

- Desde su nacimiento como banda, se han mantenido tocando y componiendo. Ahora mismo se les viene Lollapalooza y están en este segundo disco. ¿Dónde se sienten más cómodos? Con la energía del público arriba del escenario o la experimentación del estudio.
Renatto: Bueno, no hay plata para experimentar en un estudio —dice mientras ríe—. La verdad, en la sala de ensayo. A mí me gusta mucho componer y los ratos que nos damos para descansar con los chiquillos y tirar la talla. Justo estaba pensando eso ayer. Puede resultar un poco mecánico u ofuscante para mí el tema de presentar en vivo. Igual me gusta, en cierta manera, y por eso lo sigo haciendo. Nadie me lo pide. Entonces lo hago porque yo quiero. Pero disfruto de componer y compartir con amigos, que son los momentos que valen la pena. Cuando el tema no está terminado y no sabes dónde llegará y decimos “saquemos esa sección” y mezclar, estar pintando cosas. Eso me llena harto como persona.
Chapa: Para mí la máxima es simple: que estemos los seis. Más allá de tocar, lo más rico es compartir. Nos pasó, por ejemplo, en Valdivia: estar varios días juntos, reírnos, convivir. Eso es tan importante como el escenario. En vivo, a veces me pasa que puedo mirar todo desde afuera, casi como espectador, y ver a mis amigos disfrutando arriba del escenario. En una tocata reciente en Valparaíso, de madrugada, con calor y el lugar lleno, pensé: qué lindo ver a mis amigos saltando, bailando, pasándolo bien, en medio de una vida que es bien complicada. Subirse al escenario es olvidarse un rato de todo lo demás y cumplir un sueño con personas que llegaron en un momento muy importante de mi vida.
Renatto: A mí lo que más me mueve en vivo no es solo ver a la gente gritando. A veces incluso tengo una relación medio conflictiva con eso de la fanaticada o del público. Me da inseguridad y me pregunto “¿Será tan buena esta huevada para que alguien grite?”. Son como mis traumas mentales. Pero lo que sí me pega fuerte es ver a mis compañeros y darme cuenta de que es brígido que, en esta canción, esta persona de alguna manera está queriendo decir algo con un instrumento, traduciendo lo que le pasa por la cabeza o por el pecho directamente a sus dedos. Siento que cada miembro de la banda está regalando un pedacito de sí a las canciones y a un disco. Por eso encuentro lindo tener grabada música, se suba o no. Eso me pasa en vivo. Es brígido que estemos todos comprometidos en esto, ser honestos emocionalmente, musicalmente y plasmar emociones, un discurso dentro de un instrumento y eso es regalar un pedacito de la persona en una canción.
Chapa: Y también es un pedacito que se comparte con la gente. No es solo que disfruten lo que tocamos, sino que disfruten con nosotros. Hay una conexión honesta: no falsear emociones, no cantar algo que no sentimos. Si la canción dice algo, es porque realmente está pasando por nosotros.
- Su público principal es gente de su generación, cabros jóvenes, universitarios, veinteañeros. Hay una energía muy fuerte ahí, que se nota en los conciertos. ¿Por qué creen que conectan tan fácil con ellos? ¿Sienten que están cantándole a inquietudes propias de su generación? ¿Desde dónde creen que viene esa conexión?
Renatto: Yo creo que, sin duda, las letras tienen un factor generacional. Quizás responden a sentimientos que pueden ser más actuales, de la gente de mi edad o un poco más chica, un poco más grande. Por lo mismo, quizás hay algún oyente de mayor edad que escuche la banda y se le haga tonta. Me hace todo el sentido del mundo como “Qué están hablando estos weones”.
- Al menos lo que percibí en Primal Scream era “bueno, son increíbles”.
Renatto: Sí, pero yo creo que va más allá y debe tener más aristas. El internet es un factor muy grande. Mucha gente de nuestra edad se aproxima a la música por ahí, no así gente de la edad de nuestros papás. También creo que va por los medios que cubren a la banda. Hay medios que tienen muy buena llegada y que igual responden a un público joven, y también el tema del circuito, que está conformado por varias bandas que responden a un asunto más joven. Entonces caímos en ese nicho y de ahí salió nuestro público. Aunque también diría que la propuesta musical está llegando a más gente de la que esperaba. Diría que personas de 40, 50, 60 años que no nos siguen activamente han ido a tocatas. Me acuerdo que estuvimos en el Manuel de Salas —en el aula magna del liceo— y había personas mayores ahí, quizás porque no era uno en el que se fuese a saltar o webiar, aunque igual quedó el despelote, pero también está la posibilidad de sentarse y solo ver.
Chapa: También compartimos este tema de imaginario cultural, temporal y espacial. Hay una camada de músicos que son “la nueva escena” y es una camada de gente que sigue este movimiento. Gente que comparte una herida súper fea que es la de la pandemia. Es como una comunidad de músicos, artistas y una comunidad de gente que los sigue. Tienen esas ganas de descargar energía y descargar energía. A nosotros nos tocó súper jóvenes la pandemia. Éramos cabros chicos, entre octavo básico, cuarto medio, primer año de U, y estuvimos 2 años sin poder hacer nada. Entonces, de repente, se abren todas estas posibilidades y lo único que uno quiere es saltar y saltar y gritar y gritar para poder sanar lo que fue ese trauma de nuestra generación, de entre los 18 a 23 años. Aunque estemos tocando un tema súper chill y de repente se sacan la cresta igual. Es muy extraño ver una tocata que estén todos así —quietos—. Para Primal Scream nos pasó un poco eso, que era raro, no entendíamos si a la gente le gustó o no.
Renatto reconoce que al principio también se preguntó si al público realmente le gustaba lo que estaban haciendo. Con el tiempo entendieron que la energía en los conciertos es algo compartido, casi simbiótico: la banda entrega y el público devuelve. Un espacio de descarga colectiva, marcado además por la memoria de un tiempo en que no se podía tocar ni reunirse, y donde hoy esa energía encuentra salida.
- Vivimos en una época de sobreestimulación, del teléfono, del scroll infinito, donde muchas canciones están pensadas para enganchar rápido, incluso para funcionar en TikTok desde los primeros segundos. Ustedes, en cambio, hacen canciones muy distintas a esa lógica. ¿Por qué tomar esa decisión? ¿Fue algo consciente no buscar agradar de inmediato, aun sabiendo que su generación consume la música de otra forma?
Chapa: Nunca compusimos pensando en “hoy sí, vamos a pegar esto y la vamos a romper en internet”. Solo hacíamos música que nos hiciera sentir satisfechos a nosotros y eso, a veces, era alargar la canción 10 minutos o 15.
Renatto: Tampoco respondía a una pretensión de asumir que alguien lo iba a escuchar y que iba a ser una banda rupturista. No podemos negar que eso está por detrás porque va a ser música propositiva, en un país donde quizás no están tan masificados los géneros así. Creo que también va por la manera en que la banda escucha música. Por ejemplo, somos fans de Godspeed You! Black Emperor, que es una banda de post-rock ambient, que también tiene una propuesta de música clásica y composiciones de 20 minutos. Para nosotros esa música es un hitazo. Hemos escuchado tantas veces la canción que nos sabemos cuándo viene qué parte, qué sección. Por ejemplo, hay una banda que se llama Fishmans y un tema de ellos se llama Seasons, que al final es un disco entero que se llama Long Season, y la versión en vivo también dura sus 43 o 45 minutos. No nos pusimos trabas para componer y por eso un tema llegó a durar 20 minutos y no era por ser chato, sino porque sonó bien en ese momento, aunque después dijimos “Ya, esto es mucho”.
Chapa: Tiene mucho que ver con el momento y el contexto. Después de lo que nos costó sacar el disco, nunca esperamos que le fuera como le fue. Entonces, cuando decidimos hacerlo, fue con la idea de llevarlo al límite. Pensábamos que “si esta es la única oportunidad, hagámoslo sin miedo, que exista y ya”. Por si no pasa nunca más.
Renatto: Tampoco se trata de dejar de lado lo propositivo del proyecto. Éramos conscientes de eso. Conversábamos harto y sentíamos que, dentro de lo poco que conocíamos de la escena indie o alternativa más underground, no veíamos muchas bandas que plasmaran algo parecido a nuestro sonido, a nuestras influencias o gustos personales. Entonces también había una intención de responder a eso, a la idea de que quizás había gente esperando escuchar algo así acá.
Chapa: Introducción del saxofón a las poblaciones —dice entre risas—.
Renatto: Y no es que estuviéramos negando otros proyectos que lo intentaron antes. Para nada. Pero sentíamos que había un espacio y queríamos ocuparlo desde lo que somos.
- Ustedes tienen 22 años. ¿Se han preguntado hasta dónde pueden llegar con Hesse Kassel? ¿Cuál es su proyección?
Chapa: En algún momento pensé en largo plazo, pero es extraño porque ese largo plazo fue todo lo que hicimos en 2025. Entonces es extraño enfrentarse a un mundo nuevo, viniendo del do it yourself. Entonces es enfrentar el mundo de posibilidades y decir “Oye weón, sí se pueden hacer estas cosas”. Siento que todo responde al contexto: ¿cómo le va a ir a la banda con el segundo disco mientras estamos haciendo las prácticas? Entonces, de repente, pensamos en que nos vamos a dedicar a esto: ¿nos vamos a dedicar a eso? Creo que es un período súper inestable para la mayoría de las bandas. A nadie, de nuestra edad, le enseñan a decidir entre tu carrera profesional y el barquito de la música, donde también te puede ir bien… o mal, pero es una apuesta que tienes que hacer ahora o ya no la hiciste. Ese es el gran conflicto a mediano y largo plazo. Somos chicos y hay que tomar decisiones que afectarán al menos unos 5 o 6 años.
Renatto: Yo no tengo idea. Mucho menos con los resultados de las elecciones porque no sabemos qué pasará en el ámbito cultural y musical. Como dice el Chapa, hay cabros que partirán su práctica y yo creo que estamos todos comprometidos con que al asunto —la banda— le vaya bien y recibir las propuestas que nos lleguen o armar cosas de buena manera. En un principio me daba por pagado con la idea de tocar en vivo una canción que hicimos en la sala de ensayo y pensar en eso me revolvió la guata, no de nervios, sino que de emoción. Después lanzamos el disco y ya me daba por pagado, de nuevo, y después llega una buena fecha de lanzamiento inimaginable para nosotros. Ahora viene el Lola, donde nunca pensé que iba a tocar y menos en una banda así. Próximamente nos vamos a México también, pero aún no está anunciado.
- Exclusiva entonces: Hesse Kassel a México.
Renatto: Claro, pero no sé qué depara el destino. Ojalá que, lo que sea, llegue y no afecte de manera negativa nuestra relación con la música.
Chapa: Cuando el hobby se transforma en pega, te das cuenta que tomaste ciertas responsabilidades y hay que ponerle más cabeza.
- En algún momento mencionaron la incertidumbre que se vive hoy, tanto política como culturalmente. Mirando el contexto, llama la atención que una parte importante de la gente joven se esté inclinando por opciones políticas más conservadoras. ¿Cómo lo leen ustedes desde su generación? ¿Qué creen que está pasando ahí?
Renatto: Yo entiendo que el voto por Kast pasa, a grandes rasgos en nuestra generación y nivel de distintos países (también entiendo), porque la perspectiva de la ultraderecha o fascista toma más peso del que debería. En el momento en que se empieza a restringir y a penar tanto una manera de pensar, como actualmente es un insulto decir facho y no, por ejemplo, comunista (como sí era antes). La cultura de la cancelación también influye. Entonces creo que en el momento en que una manera de pensar es penada, surge lo contrario, así que reflorece. Veo mucho conservadurismo en cuanto a las relaciones, pololeo y manera de tratarlos. Puede que salga por ahí e igual lo encuentro sorprendente y es la única respuesta que se me ocurre.
Chapa: Yo creo que Chile, en general, es un país más reaccionario que de convicciones. Se mueve mucho por las necesidades del momento, por eso este péndulo constante entre gobiernos. No es tanto que la gente se abandere por una idea, sino por lo que cree que esa tendencia le va a resolver en ese instante.
Renatto: A mí me sorprende la cantidad de gente de nuestra edad que reproduce discursos muy cerrados, incluso transfóbicos. Muchas decisiones políticas vienen de lo que se aprende en la casa, del discurso de los papás. La palabra “comunismo” todavía carga con un trauma muy grande en Chile, que viene de generaciones anteriores, y eso pesa mucho más que una reflexión política real.
Chapa: Al final no es una adhesión profunda a una ideología, es más una reacción. Da la sensación de que si otro candidato hubiera dicho las mismas cosas, el voto se habría ido igual hacia ese lado.
Renatto: También hay mucha desinformación política. Con el voto obligatorio, mucha gente terminó votando más por miedo que por convicción.
- Y para cerrar —esta es una pregunta que seguro mi editor me va a pedir— ¿por qué el nombre? ¿Por qué Hesse Kassel? ¿Qué significa? ¿De dónde viene?
Renatto: La verdad es que no tiene mucha mística. Venía de una lista de nombres que yo tenía hace tiempo para proyectos. De hecho, hace poco apareció una banda chilena con un nombre que también estaba en esa lista. Cuando armamos la banda les dije: “Esto se llama así, pero si alguien tiene algo mejor, lo cambiamos”. Nadie propuso nada y con el tiempo quedó. Eso es todo.
Chapa: HK para los amigos.

La conversación con los muchachos de Hesse Kassel duró casi una hora, estirándose más de lo que se presupuestó. Entre risas, dan la sensación de tener muy claro el estado de la música chilena, el indie y la proyección que podrían tener a futuro, pero también una incertidumbre respecto al mismo futuro cuando se involucran los estudios y sus carreras profesionales. Son el reflejo de una generación marcada por la pandemia y el encierro.
Hesse Kassel es una banda que todavía está descubriendo todo su potencial y no parecen apurados, pero sí conscientes de que algo está ocurriendo. Para una escena como la chilena, eso es lo más importante.
Escucha la música de Hesse Kassel acá:












