Reseña| Judy: el ocaso de una estrella

 Reseña| Judy: el ocaso de una estrella

Antes de hablar de la película, hagamos un poco de historia hollywoodense

Judy Garland fue una prolífica actriz y cantante, cuya carrera brilló como supernova desde 1924 (con solo 2 años de edad) hasta su muerte en 1969 (47 años). Indudablemente, su icónico papel de Dorothy en El Mago de Oz la inmortalizó, sin embargo también contó con alrededor de 38 películas a su haber, destacando “La rueda de la furtuna” (1944) y la primera versión cinematográfica de “Nace una estrella”, en 1954.

Además, Garland fue la primera mujer en ganar un Grammy al Álbum del año en 1961 por el disco en vivo Judy at Carnegie Hall. Sí, su fama también se debió, superficialmente, a la hermosa, madura y admirable capacidad vocal, igualmente inmortalizada en El Mago de Oz con la archiconocida pieza Somewhere over the rainbow.

Editorial use only. No book cover usage. Mandatory Credit: Photo by Mgm/Kobal/Shutterstock (5886294em) Judy Garland The Wizard Of Oz – 1939 Director: Victor Fleming MGM USA Scene Still Musical Le Magicien d’Oz

Su calidad como artista es innegable. No obstante, esta carrera radiante y fructuosa tuvo una contraparte amarga y muy tormentosa para Frances Ethel Gumm (nombre real de la artista), la cual se agudizó en sus últimos años. Es en esta época que la película “Judy”, dirigida por Rupert Goold (True Story, 2015), se centra.

Con el rol principal en manos de una casi desaparecida y galardonada Renée Zellweger (El diario de Bridget Jones), también encontramos las actuaciones de Darci Shaw (como Judy niña); Richard Cordery (Les Miserables, 2012) como el terrible Louis B. Mayer (exdueño de la MGM); Gemma-Leah Devereux con un “cameo” como Liza Minnelli (impresionante por su parecido físico); Rufus Sewell (The man in the high castle) como Sidney Luft (tercer ex-esposo); Finn Wittrock (If Beale Street could talk), Mickey Deans, el último marido de la actriz, y Jessie Buckley (Chernobyl) como la asistente de Judy.

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Judy Garland

Este filme es una adaptación del musical El final del Arcoiris (2012), de Peter Quilter. Dicha obra estuvo nominada a 3 premios Tony y 4 Olivier y recibió una buena acogida de parte de la crítica especializada.

Su adaptación viene de la mano del británico Rupert Goold, quien se ha dedicado extensamente a dirigir teatro y se hallan pocos largometrajes en su carrera; la mayoría para TV y en la línea shakespearana. No obstante, su antecedente inmediato es la no tan bien recordada True Story, protagonizada por James Franco y Jonah Hill.

El guion de Judy nos llega de la mano de Tom Edge, de quien resaltan C.B. Strike (serie de crimen y drama, 2017) y la laureada The Crown (2016).

Judy cuenta con 2 nominaciones al Oscar por Mejor actriz y Mejor maquillaje y estilismo. Asimismo, ganó un Screen Actors Guild Award, un Critic´s Choice Movie Awards y un Golden Globe, todos por mejor actriz, además de otra ristra de reconocimientos por dicha actuación.

El ocaso de una mujer inolvidable

Judy se centra en los últimos años de la mencionada actriz. Esta, con una fama disminuida por sus problemas con el alcohol y las drogas (anfetaminas y barbitúricos), trata de salir adelante por sus dos hijos menores, Lorna y Joey Luft. Aquello, acumulado con un montón de deudas impagables encima, un tercer exesposo que reclama la custodia de los hijos, la falta de vivienda y un Hollywood sesentero que parece haberla olvidado por completo.

Judy sobrevive con su talento para el baile y el canto, consiguiendo cualquier migaja que le den. Sidney Luft (el ex-marido) entra en franca disputa por sus hijos dejándola con una única opción: viajar a Londres, separarse por largo tiempo de su única familia y echar mano de la fama que aún mantiene al otro lado del Atlántico, realizando una serie de presentaciones en el club nocturno Talk of the town. Aquí es donde comienza el viaje interno del personaje, sorteando sin mucho éxito, los demonios del pasado y presente.

La película nos da una Garland deteriorada por los efectos de la industria hollywoodense, en específico la gran maquinaria de la Metro Golden Meyer, encarnada por un L.B. Meyer tiránico y aterrador quien, con puño de hierro, controló por 15 años la vida entera de la actriz, máxime en la alimentación, autoestima, relaciones interpersonales, festejo de cumpleaños y sobre todo la vigila (llegando a trabajar hasta 18 horas corridas) y el sueño, génesis del inicio de la destructiva relación con las drogas.

Dicho pasado se nos ofrece en pequeños y escasos flashbacks mientras Judy va enfrentando a su público en el Talk of the town con fuerzas menguadas por el insomnio, desórdenes alimenticios, los abusos de sustancias y su propia personalidad, una que se forjó por más de 15 años de tormentos y ser usada como una gran bombilla que se apagaba y encendía según lo ordenaba la cámara o el escenario.

Es así como la vida de Judy, su deterioro, llega a un punto de inflexión, perdiéndolo, literalmente, todo.

Un biopic con escuetos atisbos de vida

La película recurre a recuerdos de la infancia de la actriz, con recurrentes guiños a platós de clásicas cintas, para tratar de indicar por qué es como es actualmente, la razón de sus adicciones, insomnio y también su tormentosa personalidad, la cual matiza con destellos de simpatía y carisma de lo más deslumbrantes.

No obstante, las alusiones al pasado son muy dosificadas en relación a lo que se nos muestra del presente de la protagonista. En ocasiones se da por sentado que el espectador es un experto en Garland, exponiendo discusiones entre ella y Sidney Luft con acercamientos a temas poco explicados previamente dentro del filme.

Lo mismo ocurre con detalles relevantes sobre Judy, como su previa traqueotomía -con suerte nombrada-, su rol para la comunidad gay de la época o más guiños que ocurren en ciertos diálogos de la película. Si bien es cierto que esto no echa abajo del todo a la obra, se siente que le faltó desarrollo a dicho aspecto.

Desarrollo es precisamente lo que ciertos personajes de la trama también necesitaron, como el caso de la asistente Rosalyn Wilder (Jessie Buckley) quien en ocasiones pareciera un accesorio de Judy, otras un catalizador para los conflictos internos que la agobian, por lo que no queda muy bien pintado este rol en la historia. Lo mismo pasa con Sidney Luft (interpretado por Rufus Sewell) quien antagoniza muy bien con Zellweger pero al mismo tiempo en escasas ocasiones.

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Judy

El brillo de una estrella

La producción de Judy es memorable: su vestuario, escenografía, fotografía y diseño. Todo se conjuga perfectamente para trasportarnos a finales de los 60 entre EE.UU. y Londres. Los detalles están bien ejecutados, especialmente con la contextualización y las prendas de Judy. La edición de sonido también es impecable en todas las escenas musicales.

Si bien es cierto que algunos momentos de la trama, historia y personajes, requieren un desarrollo más profundo, para dejar de ser solo accesorios que orbiten en torno a la protagonista, en líneas generales, Judy es cautivadora en la ficción que se nos presenta: el cómo una artista con tanto talento fue procesada por la maquinaria del espectáculo, restándole buena parte de su humanidad a punta de drogas y regímenes laborales más que decimonónicos, estrujando al máximo a una persona y dejando una cascara semivacía que se convierte en foco de entretenimiento solo cuando las luces se encienden y se encendieron excesivamente para Judy Garland sin ningún tipo de consideración para Frances Gumm.

Así que el retrato de un artista consumido y usado por su talento hasta la saciedad, con cero consideraciones por ella como persona (un caso visto muchas veces ya), es bien logrado en esta cinta, logrando conectar con el espectador quien llega a sentir mezcla de compasión, empatia y desagrado por la protagonista, su decadencia, talento y carisma.

Y es justamente este retrato la joya de la corona en Judy, una que solo una actriz como Renée Zellweger puede lograr.

Después de una larga pausa de la actuación, Renée regresa para encarnar una versión propia de Garland. Definitivamente, ella es lo mejor de esta película y el hilo conductor de su coherente desarrollo. Cada manierismo de Judy está en Renée, su voz (al hablar y al cantar), sus expresiones faciales, corporales y un largo etcétera.

Sin duda, es un gran regreso para esta actriz a la gran pantalla, pero es también una especie de regreso de Dorothy a ese celuloide donde dio lo mejor de ella. Garland y Zellweger definitivamente se funden y no dejan indicios para separar a una de otra.

En definitiva, si no conoces a Judy Garland, esta cinta no te explicará totalmente cuál fue su relevancia en la cultura estadounidense y británica. Sin embargo, te dará un espaldarazo para que comprendas cómo una industria y la fama no siempre son reflejo de felicidad y representación. Judy no siempre fue Judy, ese es el gran mensaje de la cinta.

La Máquina Medio

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