Marty Supreme marca el debut en solitario de Josh Safdie y consolida a Timothée Chalamet en uno de los papeles más ambiciosos de su carrera. La película ya está disponible en salas de cine en Chile.
Una de las grandes sorpresas de este comienzo de año ha sido Marty Supreme, la primera película dirigida en solitario por Josh Safdie, luego de su separación creativa con su hermano Benny Safdie. Este quiebre marca un punto clave dentro de la filmografía del mayor de los Safdie. Especialmente si se considera que Benny estrenó The Smashing Machine, drama deportivo protagonizado por Dwayne “La Roca” Johnson. Por su lado, Josh vuelve a un terreno más reconocible. Centrado en personajes urgidos, moralmente inestables y empujados por un deseo que nunca se detiene. Y con esta nueva película, ha conseguido 9 nominaciones a los Premios Oscar.
Marty Supreme dialoga en forma directa con trabajos anteriores, como Good Time y Uncut Gems, donde la caída al abismo vuelve a ser el eje. Aunque esta vez el desenlace se permite una fisura emocional distinta al final seco que tuvo la película protagonizada por Adam Sandler. Sin embargo, el caos sigue teniendo un lugar central. Pero acompañado por una forma de desgaste más íntima.

Ambientada en 1952, Marty Supreme se sitúa en los inicios del tenis de mesa dentro del circuito deportivo, cuando todavía era un espectáculo marginal y lejos del reconocimiento olímpico que llegaría recién en 1988. La película se inspira libremente en Marty Reisman, showman y campeón estadounidense, figura clave del ping-pong americano fallecido en 2012. La película no es una biografía. Safdie toma elementos de su vida para construir a Marty Mouses, interpretado por Timothée Chalamet.
El personaje protagónico es un vendedor de zapatos en Nueva York, con un trabajo estable e incluso la posibilidad de convertirse en gerente. Nada de eso le interesa. El protagonista tiene un propósito claro y excluyente. Convertirse en una celebridad del tenis de mesa y transformar este deporte en un espectáculo masivo.
Desde los primeros minutos de la película, queda claro que su ego es descomunal y que su deporte, irrelevante para el mundo, lo es todo para él. Comete pequeños delitos, arregla partidos, estafa y roba sin importar las consecuencias. Su socio constante es Wally (interpretado por Tyler, the Creator). Su amigo taxista que lo ayuda en pequeños engaños.

Marty Mauser es un personaje impulsivo, manipulador y profundamente narcisista. Un buscavidas dispuesto a todo por cumplir su misión. Incluso si esto implica desprenderse de quienes lo rodean.
Otro personaje fundamental, y víctima de Mauser, es Rachel, interpretada con solidez por Odessa A’zion. La vecina y eterna enamorada de Marty. A’zion es un personaje roto y marcado por el abandono. Con vínculos desgastados a su alrededor, pero que apoya a Chalamet para seguir su propósito.
El ritmo de la película es frenético y responde directamente a la personalidad de Marty. Siempre parece estar corriendo contra el tiempo, incapaz de aceptar un no y actuando sobre la marcha. Sin mediar consecuencias. Todo esto desencadena nuevas tensiones y errores que no le importan en lo más mínimo.

Entre sus aventuras y el anhelo de ser campeón mundial, conoce a Kay Stone, interpretada por Gwyneth Paltrow. Kay es una estrella de cine que brilló veinte años atrás y que ahora se encuentra en decadencia y casada con un empresario importante. La relación se vuelve central en el desarrollo de la historia, donde ambos generan un vínculo. Mientras Marty ingresa a un circuito de exhibiciones internacionales, una especie de ping-pong globetrotters donde el deporte pasa a ser una coreografía humillante para el protagonista. París, Tánger, El Cairo, Sarajevo y Londres se suceden como escenarios de esta aventura autodestructiva.
Es también en Londres donde Marty enfrenta a Koto Endo (interpretado por Koto Kawaguchi, jugador profesional de tenis de mesa). Es un tenismesista japonés que funciona como oposición narrativa directa a lo que es el protagonista. Calmo y metódico, concentrado únicamente en el juego, funciona como el rival perfecto para un personaje como el de Chalamet.

Desde lo técnico, la película cumple a la perfección. Filmada en 35 mm, con fotografía de Darius Khondji (Seven, Evita, Bardo, Uncut Gems, entre otras películas) y banda sonora de Daniel Lopatin. Se construye una estética coherente con la época, sin caer en la exageración. El montaje es preciso y el guion, coescrito con Ronald Bronstein, replica el caos narrativo que ya había desarrollado junto a los Safdie en trabajos anteriores. Con quienes ha colaborado desde 2009.
Las canciones Everybody Wants to Rule the World y Forever Young, anacrónicas a la época, encajan sorprendentemente bien con la película y refuerzan la obsesión de Marty por el poder y la permanencia. También hay toques de comedia y humor negro que explican la repulsión que genera el personaje. Un antihéroe muy bien construido.
Timothée Chalamet sostiene la película de principio a fin, con muy buena compañía de A’zion y Paltrow. Es, probablemente, el mejor papel de su carrera. Marty Mauser parece escrito para él. O, al menos, comprendido en toda su complejidad. Durante gran parte de los 149 minutos, el personaje es imparable. Cuando hacia el final aparece un registro emocional más bajo y contenido, el golpe resulta efectivo porque no fue preparado de manera gradual.
El único problema de la película es que puede verse ensuciada por factores externos de cara a las premiaciones, por las acusaciones recientes contra Josh Safdie. Sería injusto para Chalamet que una actuación de este nivel se viera opacada por situaciones ajenas al filme y su persona.
Marty Supreme es una película que va más allá del deporte, con pocos enfrentamientos deportivos y una reflexión constante sobre el ego, el sueño americano y la obsesión de ser siempre el mejor, sin importar las consecuencias. El resultado es sólido, adrenalínico y coherente con el universo Safdie. Con esto, Josh logra, en solitario, algo que con su hermano no consiguió. También deja a Chalamet corriendo directo al Oscar.












