Edgar Ramírez, actor venezolano: “El cine y el arte siempre son políticos en sí mismos”

En conversación con La Máquina, el reconocido actor Edgar Ramírez se refirió a su nueva película “Aún es de noche en Caracas” y se refirió a la actualidad de Venezuela.

Hablar con Edgar Ramírez es entrar en una conversación donde el cine deja de ser únicamente una obra artística y se transforma en un espacio de memoria, emoción y resistencia. En el marco del estreno en Chile de Aún es de Noche en Caracas, el actor venezolano, quien además de ser parte del reparto es productor del filme, reflexiona sobre una película que, aunque situada en un contexto específico, dialoga con experiencias compartidas por millones de personas en distintas latitudes del mundo.

Desde el inicio, Edgar Ramírez deja claro que el proyecto lo interpeló de manera profunda. No solo por su vínculo con Venezuela, sino porque entendió rápidamente que la historia no pertenecía a un solo país.

Basada en la exitosa novela La hija de la española de Karina Sainz Borgo, la película se sitúa en una ciudad que se desmorona: sin agua, sin electricidad, sin medicinas, atravesada por la protesta social y una represión brutal ejercida por fuerzas de seguridad y grupos parapoliciales. En medio de ese escenario, una mujer regresa a su departamento tras despedir a su madre y descubre que el Estado ha confiscado su hogar. A partir de ahí, su vida se convierte en una cadena de decisiones extremas, decisiones que no buscan heroicidad, sino simple supervivencia.

Para Edgar Ramírez, ahí está el corazón del relato. Aún es de Noche en Caracas no intenta explicar ni justificar hechos políticos, sino describir un estado emocional. “Esta historia pudo haber sucedido en Alemania en los años 30, en Irán en los 70, en cualquier dictadura latinoamericana durante los años 70, 80 o 90. Incluso podría estar ocurriendo hoy mismo en otros países del mundo”, señala, ampliando el alcance del filme más allá de Venezuela.

El actor insiste en que la película no busca dar lecciones, sino provocar una conexión emocional profunda con el espectador. El horror que retrata no necesita elementos sobrenaturales: el monstruo es el soldado que debía protegerte y dispara contra civiles; el funcionario público que extorsiona; el sistema que degrada el tejido social hasta convertir cada esquina en una amenaza constante. En ese contexto, explica, muchas víctimas terminan siendo forzadas a convertirse también en victimarios. Ese es, para él, el drama central de los regímenes totalitarios.

Memoria, emoción y supervivencia

Ramírez reconoce que uno de los ejes fundamentales del filme es la memoria histórica, pero advierte que esta no puede construirse solo desde el registro factual. “Es importante dejar constancia de lo que ha sucedido, pero para nosotros era aún más importante que la gente pudiera conectar emocionalmente con la historia”, comenta. La película se enfoca en lo que sienten las personas comunes, aquellas que no toman decisiones de poder, pero que cargan con sus consecuencias durante años.

En ese sentido, Aún es de Noche en Caracas pone especial atención en las mujeres y las niñas, quienes —como subraya el actor— suelen ser las primeras víctimas de las violaciones a los derechos humanos. La protagonista atraviesa un horror constante para simplemente mantenerse con vida, en una lucha diaria que transforma la supervivencia en un acto casi instintivo.

El impacto emocional del filme ha sido evidente desde su paso por festivales internacionales como el Festival de Venecia. Según Ramírez, personas que no tienen ningún vínculo con América Latina han salido profundamente conmovidas: algunas llorando, otras en estado de shock. “Eso era exactamente lo que buscábamos: que la gente vibrara, que sintiera, aunque no conociera el caso venezolano”, afirma.

Crítica: Aún es de noche en Caracas - Hollywood Reporter
Aún es de Noche en Caracas.

Un diálogo de Edgar Ramírez directo con Chile y América Latina

El estreno en Chile adquiere una dimensión particular. Ramírez no elude la comparación con la historia reciente del país. Habla de los desaparecidos, de la tortura, de las heridas que dejan los regímenes autoritarios, como el de Augusto Pinochet, y que tardan décadas en cicatrizar. “Ustedes no son ajenos a esto”, dice, reconociendo una memoria compartida en la región.

Además, la película está dedicada a quienes han sido forzados a abandonar su hogar. Más de ocho millones de venezolanos han salido del país en la última década, configurando una de las crisis migratorias más grandes de la historia contemporánea del continente. Chile, recuerda, fue uno de los países que abrió sus puertas en el momento más crítico. Por eso, insiste en que esta no es una película solo para venezolanos, sino para toda América Latina.

La Jornada - 'Aún es de noche en Caracas' conmueve por su crudeza y poesía en el Festival de Venecia

—Esta película dialoga directamente con la crisis venezolana, pero también puede construir memoria para quienes no conocen en profundidad lo que ocurre en tu país. ¿Crees que puede cumplir ese rol?

—Totalmente. Honrar y preservar la memoria histórica es fundamental, pero no queríamos hacer una valoración de los hechos ni un análisis político. Lo que buscamos fue describir el estado emocional de las personas de a pie, que son las principales víctimas de las dictaduras. Queríamos que el espectador sintiera ese horror cotidiano, esa angustia permanente que se vive durante años.

—El terror en la película no es sobrenatural. ¿Por qué decidieron abordarlo desde ese lugar?

—Porque el verdadero terror no necesita fantasmas. El monstruo es real: es el soldado que debía protegerte y te mata por protestar, el funcionario que te extorsiona, el sistema que juega con tu hambre, con tu enfermedad, con tus documentos. En los ecosistemas totalitarios, muchas veces las víctimas terminan forzadas a convertirse en victimarios. Ese es el gran drama.

—¿Qué te gustaría que sintieran los venezolanos y venezolanas en el exilio al ver esta película?

—Esta película está dedicada a ellos. A quienes se fueron sin saber si podrían regresar. Imagínate que en tu barrio, en diez años, una de cada cuatro personas haya tenido que irse del país. Es una herida enorme. Ojalá sientan que su historia está siendo reconocida, que no ha sido olvidada.

—Hoy se habla mucho de que el cine latinoamericano está tomando posiciones políticas claras. ¿Cómo ves ese fenómeno?

—Yo no creo que los cineastas se propongan hacer cine político. El arte no nace con esa intención, pero se vuelve político cuando toca fibras profundas que afectan a muchas personas. En América Latina la libertad nunca ha sido un estado garantizado: es un camino que hay que defender todos los días. Es frágil, como un músculo que se debe ejercitar constantemente. Cuando te das cuenta de que la perdiste, ya es tarde. El cine y el arte son siempre políticos.

Antes de despedirse, Ramírez invita al público a ver la película en salas y a apoyar el cine latinoamericano. Destaca especialmente la interpretación de Natalia Reyes, a quien define como el corazón emocional del filme. “Es una montaña rusa de emociones que mantiene al espectador al borde del asiento”, dice.

Más que una historia sobre Venezuela, Aún es de Noche en Caracas se instala como una advertencia universal: la oscuridad no aparece de golpe, se construye lentamente. Y el cine, cuando se atreve a mirar de frente, todavía puede iluminar aquello que muchos prefieren no ver.