Crítica de “¡La Novia!” (The Bride): La novia de Frankenstein y un experimento que no termina de despertar

En La Maquina fuimos invitados por Warner a la Avant Premiere de la nueva película de Maggie Gyllenhaal, ¡La Novia! y aquí están nuestras impresiones sobre la cinta.

La “novia de Frankenstein” es una de las figuras más famosas del horror, a pesar de que la propia Mary Shelley nunca la dejó existir. En Frankenstein, la autora apenas esboza su creación antes de que Víctor Frankenstein, horrorizado por las posibles consecuencias, la destruya antes de que pueda despertar.

Quien sí logró despertarla fue James Whale, que en 1935 estrenó una de las mejores películas basadas en la idea de Shelley con “La Novia de Frankenstein”. Libros, ensayos y análisis de esta película existen por montones, por lo que no será aquí donde nos detengamos a examinarla. Pero si aún no la han visto, vale la pena acercarse a una de las obras más importantes del cine, cuyo discurso tiene que ver mucho con lo que ocurre en el mundo hoy —lo que habla bastante de lo poco que hemos avanzado desde ese año—.

La historia de “La Novia” se ha explorado en otras cintas con distintos resultados y búsquedas. Además de la versión de 1935, está también está “The Bride” de 1985, protagonizada por Sting y Jennifer Beals o, incluso podemos nombrar a Bride of Re-Animator de 1990, una curiosa (?) versión del mito. Hoy, bajo la dirección de Maggie Gyllenhaal (The Lost Daughter), llega ¡La Novia! (The Bride!), una nueva propuesta que intenta profundizar en la identidad de la propia novia, pero sin mucho éxito.

Aunque parece inevitable la comparación entre las demás obras, intentaremos no hacerlo ya que, como cada creación, todas merecen ser vistas por lo que son, una obra individual, ¿cierto, doña Mary Shelley?

La visión de Gyllenhaal: Una película que no encuentra su tono

En una entrevista Maggie Gyllenhaal dijo que la película está creada desde distintos referentes. Y, honestamente, esto es cierto. ¡La Novia! intenta ser una película de Gangster, un cómic (Pulp) de terror, también intenta ser “expresionista”, una sátira social y una película de investigación. También intenta ser una película feminista y hasta tener largos segmentos musicales. El problema de esto, es que, finalmente, no termina siendo nada. Más que convivir de manera orgánica, todas esas ideas se superponen sin encontrar un equilibrio, lo que impide que la trama avance con claridad y cerrándolas, o que la película tenga un tono identificable, saltando constantemente registros, pero no profundiza en ninguno.

Como ejemplo de esta poca profundidad en las temáticas que propone, podemos marcar cuando la cinta intenta acercarse al terreno de las películas de gánsteres. En este punto, la trama indica que, antes de morir (ser asesinada) y ser resucitada, la protagonista estaba vinculada a un mafioso que había asesinado a varias de sus compañeras porque “sabían demasiado”.

En un momento de la película, ella grita los nombres de esas mujeres muertas, con un arma en la mano y apuntando a los policías, como si se tratara de un acto de memoria. El problema es que, como espectadores, no sabemos quiénes son porque la película jamás se detuvo a presentar ni construir este conflicto. Lo que pudo ser un momento dramático potente termina diluyéndose porque, además, este segmento estuvo precedido de una escena musical la cual está pobremente justificada.

Una idea interesante que tampoco se desarrolla.

Tal como lo hiciera “The Bride of Frankenstein” en 1935, en The Bride! (2026) es la mismísima Mary Shelley quien introduce la historia y, más importante aún, presenta a la protagonista. La diferencia es que en esta nueva versión, la propia Shelley posee al personaje principal. Con este giro, el “fantasma” de la escritora habita en la mente la La Novia y aparece constantemente en la película, hablando con ella. 

Esta es una idea que parece interesante. Pudo ser una forma interesante de explorar la identidad de la protagonista que, por definición, ha sido creada por otros. Desde la propia posesión de Shelley, la idea de Frankenstein de tener una esposa y una científica que la revive.
Lo que pudo ser otra capa más sobre la identidad de la protagonista, termina siendo solo una excusa para un comportamiento errático

¿Cómo se llama la novia?

Desde el inicio hasta el fin de la película, hay una pregunta que atraviesa las 2 horas 7 de metraje. ¿Cuál es el nombre de la novia?

La propia Mary Shelley presenta al personaje bajo un seudónimo (Ida), dejando en claro que durante todo el tiempo que veamos la historia, estaremos en la búsqueda de su nombre real. Muere bajo el seudónimo y revive sin un nombre. Al preguntarle a Frankenstein, este le miente y le inventa otro nombre, inventándole, además, sobre su vida anterior al “accidente.

Esta pregunta sobre la identidad de la mujer, es interesante y una idea muy potente para explorar, siendo el motor emocional de la historia, sin embargo el guion nunca logra desarrollar esa búsqueda de forma satisfactoria. La pregunta se repite muchas veces a lo largo de la cinta, pero el relato poco a poco va dejándolo de lado, hasta que en un momento lo recuerda y, luego, vuelve a dejarlo de lado en pro de otras subtramas menos interesantes y queda la sensación de que ni siquiera la propia historia sabe cómo responderla.

El verdadero Frankenstein: El guion

Uno de los problemas más evidentes en ¡La Novia! está en su guion, que constantemente introduce ideas y conflictos que nunca terminan por desarrollarse completamente. El guion escrito por la propia Maggie, parece creer que la acumulación de muchos elementos hará que la historia automáticamente gane profundidad, pero en realidad ocurre lo contrario, creando tramas e ideas que aparecen y desaparecen.

Para dar un ejemplo, Frankenstein durante gran parte de la película está obsesionado con un actor de cine. Lo vemos pasar mucho tiempo en el cine, viéndose así mismo dentro de las películas, bailando y cantando. La película muestra que este detalle es importante para el personaje, insiste en ello y lo muestra constantemente como una de las características principales del personaje interpretado por Christian Bale, pero cuando el guion tiene la oportunidad de aprovechar todo lo que ha construido hasta ese momento, se viene abajo en un momento anticlimático, en el que la propia historia parece no saber qué hacer con él. De hecho, aquí parte la escena de baile en la que las personas parecen poseídas y bailan sin ningún tipo de sentido, sobre todo considerando que los protagonistas están arrancando de la policía.

Situaciones como esta se repiten a lo largo de la película, con un guion que constantemente abre puertas narrativas, pero que no se detiene a desarrollarlas a profundidad, o al menos a integrarlas de manera coherente dentro del relato. Como resultado muchas escenas se sienten aisladas del relato general, como partes de una historia que no va hacia ningún lugar.

Una novia que no se casa con su discurso

Otro de los grandes fallos dentro de la película, es la construcción de su protagonista y su discurso. Al inicio, Mary Shelley le dice al público que en esta historia por fin entenderemos qué es lo que quiso decir con su obra, sin interpretaciones de otros —en una promesa bastante grande, señora Gyllenhaal—, pero justamente esta sobrepromesa es lo que le juega en contra.

La película no tiene identidad. En un momento, intenta construir un discurso en torno a, precisamente, la identidad y la emancipación femenina, pero su protagonista termina siendo uno de los personajes con menos capacidad de decisión dentro de la historia. A lo largo de la película, “La Novia” reacciona constantemente a lo que ocurre a su alrededor. Sigue a Frankenstein —es cierto, bajo su propia decisión, al comienzo— y es víctima de lo que pasa a su entorno o las circunstancias que la persiguen. No es ella quien verdaderamente impulsa la acción.

Esto resulta especialmente problemático considerando que el relato intenta, en un punto, instalarla dentro de un discurso feminista. Sin embargo, la película no logra sostener esa idea porque el personaje, como dijimos, no toma decisiones propias que cambien el curso de la historia.

La única gran decisión que toma ocurre hacia el final y tiene que ver con su “novio”. El problema de este personaje y de esta decisión, es que este novio la manipuló durante gran parte de la película, mintiéndole sobre su identidad y sobre su vida anterior. Incluso cuando la protagonista descubre estas mentiras, la historia no construye un verdadero punto de quiebre ni un desarrollo emocional que transforme la relación entre ambos.

De esta forma, el relato termina cayendo en una contradicción evidente, al intentar hablar de autonomía e identidad, con un protagonista que nunca logra ejercerla.

El que mucho abarca…

Como decíamos al comienzo, uno de los problemas de la película es que intenta abarcar muchos temas, concluyendo muy pocos, perdiéndose en tramas y subtramas.

Ejemplo de esto, son los policías que aparecen para perseguir a los “monstruos”. Su presencia, en teoría, buscaba llevar la película a terrenos más investigativos, con un personaje femenino, interpretada por Penélope Cruz,  que es mejor investigadora que su “jefe”. Tampoco hacen mucho con ese personaje que, de hecho, persigue y encuentra a los monstruos, pero ¡no pasa nada! Esta subtrama tampoco termina por desarrollarse y queda simplemente como otra idea dentro una película que acumula conceptos.

Quizás el mejor ejemplo de esto, es cuando se muestra una supuesta revolución femenina que la protagonista inspira casi sin querer. En un momento se nos muestra que otras mujeres comienzan a matar a hombres, inspiradas en la protagonista, como si sus acciones hubiesen desatado un movimiento socialestilo Joker—. El problema es que la película nunca construye un contexto necesario para que esta idea tenga sentido. No vemos ni escuchamos algo sobre una sociedad particularmente opresiva o una chispa que encienda una revolución, más allá de que la película está ambientada en los años 30’s.

Lo que pudo ser un comentario social interesante, termina sintiéndose arbitrario, como muchas decisiones narrativas de la película.

Actuaciones y caricaturas

A pesar de tener gran elenco con grandes actores, la película ni siquiera logra sostenerse con ellos. Christian Bale, quien interpreta a Frankenstein, se entrega completamente al personaje, pero el resultado termina siendo extraño. La dirección de actores empuja su interpretación hacia un terreno excesivamente caricaturesco, lo que hace que su presencia en pantalla no se sienta cómoda para el propio actor.

Esto no es necesariamente culpa del intérprete, de hecho, Bale ha demostrado en múltiples ocasiones su capacidad para construir personajes complejos, pero aquí parece atrapado dentro de una visión que nunca termina de definirse como una sátira, horror (tiene escenas de asesinatos bastante crudas) o la comedia.

Por su parte, la casi segura ganadora del Oscar por Hamnet, Jessie Buckley, quien interpreta a “La Novia” y a Mary Shelley, intenta sostener un personaje que carece de una estructura clara. La actriz actualmente se encuentra en uno de los momentos más interesantes de su carrera y logra aportar intensidad en varios momentos. Su personaje cambia constantemente de registro emocional, sin que el relato construya verdaderamente esos cambios.

Como resultado, incluso las actuaciones terminan reflejando los mismos problemas que atraviesa la película. Y ojo, que los personajes pequeños también sufren de esto, como los detectives Myrna Mallow y Jakes Wiles, interpretados por (la ya mencionada) Penélope Cruz y Peter Sasgaard. Solo están allí reaccionando a la investigación y cuando el personaje de Cruz se adelanta y los encuentra no hace nada con ello. De hecho, es con estos personajes que la directora intenta mostrar la injusticia del sistema hacia las mujeres, cuando nos dicen que el personaje femenino es quién realiza las investigaciones (previas a esta) y es él quién se lleva el crédito.

La indecisión de una película que quiso todo

La directora Maggie Gyllenhaal ha dicho que, luego de funciones de prueba, Warner la presionó para quitar algunas escenas muy violentas y de mal gusto en su película, por lo que debió quitar metraje de esta para poder estrenarla. Esto, aunque cierto, no recompone ni excusa a una película que no logra definir, ni en guion ni edición, hacia dónde quiere ir.

The Bride! oscila entre el horror, la sátira y el comentario social sin encontrar un equilibrio que permita que sus ideas respiren. Y es una lástima, porque en lo estrictamente artístico sí hay elementos que funcionan, como la dirección de arte, el vestuario y la estética general que logran construir un mundo atractivo, con momentos visualmente potentes que recuerdan por qué el imaginario del Monstruo de Frankenstein sigue siendo tan fascinante en el cine.

Es curioso, además, porque el concepto de la Novia de Frankenstein siempre ha sido uno de los más potentes del universo surgido de Mary Shelley. Una criatura creada no solo para existir, sino para completar a otra. Aquí, en cambio, la película intenta construir identidad a partir de demasiadas direcciones al mismo tiempo y termina diluyéndose en el proceso. Paradójicamente, en una historia sobre una criatura como Frankenstein, hecha de partes distintas, la película también parece ensamblada con piezas que nunca terminan de encajar.

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