“Si no tienes cuidado y sales de la realidad en los lugares equivocados, acabarás en Los Backrooms”.
“Backrooms” (2026) llega como una de las propuestas más particulares del año. Dirigida por Kane Parsons, uno de los directores más jóvenes del cine actual con apenas 20 años, toma el fenómeno de internet que durante años alimentó foros, videos y teorías, para transformarlo en una experiencia cinematográfica incómoda y profundamente inquietante.
La premisa es simple: una puerta aparece en el sótano de una tienda de muebles, y cuando Clark (el nominado al Oscar, Chiwetel Ejiofor), dueño del local y paciente de la terapeuta Mary (la nominada al Oscar, Renate Reinsve), desaparece dentro de una dimensión imposible, ella deberá adentrarse en ese espacio interminable para intentar traerlo de vuelta. Pero Backrooms rápidamente deja claro que la historia no es lo importante. Lo verdaderamente relevante es la sensación de estar atrapado en un lugar que no tiene lógica, tiempo ni salida.
La película se estrena este jueves 28 de mayo de 2026 en cines. En La Máquina te contamos los detalles.
Un Terror Que Vive En La Incomodidad
Lo más interesante de “Backrooms” es que entiende perfectamente qué hizo tan pertubador al fenómeno original. Parsons no intenta convertir esto en una película de terror convencional llena de sobresaltos o explicaciones innecesarias. El miedo aquí nace desde otro lugar: el silencio, los espacios vacíos y la ansiedad constante de no saber hacia dónde avanzar.
Los Backrooms funcionan como el verdadero protagonista de la película. Los interminables pasillos amarillos, las luces fluorescentes zumbando sin descanso y la sensación permanente de desorientación crean una atmósfera pesada que se mantiene durante casi toda la duración del filme. Hay momentos donde prácticamente no ocurre nada, pero aun así la tensión nunca desaparece. La película entiende que el horror no está necesariamente en lo que aparece, sino en lo que podría aparecer en cualquier momento.
Incluso el apartado sonoro aporta enormemente a esa sensación. Entre silencios incómodos y una música con tintes dreamcore, Backrooms logra construir una experiencia que se siente extrañamente hipnótica y perturbadora al mismo tiempo. Más que asustar constantemente, la película busca incomodar, y lo consigue.

Actuaciones Que Sostienen El Peso
La actriz noruega Renate Reinsve sostiene gran parte del peso emocional de la película con una interpretación contenida y muy humana. Mary no es una protagonista heroica ni una figura de acción; es simplemente alguien intentando comprender algo imposible. Esa vulnerabilidad hace que el personaje se sienta creíble en todo momento.
Por su parte, el británico Chiwetel Ejiofor transmite muy bien el desgaste psicológico y la desesperación de alguien perdido en un lugar que parece consumir lentamente a quienes entran en él.
El filme deja una incomodidad difícil de describir incluso después de terminar. Como si esos pasillos siguieran existiendo en algún lugar fuera de pantalla. Como si la sensación de estar atrapado todavía no desapareciera del todo.

Una Ansiedad Colectiva Hecha Película
Quienes entren esperando una película de terror tradicional probablemente salgan frustrados. “Backrooms” no está interesada en entregar respuestas claras ni en seguir una narrativa convencional. La película prioriza completamente la experiencia psicológica por sobre la historia; aunque eso puede no funcionar para todos, también es lo que la vuelve tan especial.
El director demuestra una comprensión muy clara del lenguaje visual que hizo famoso al concepto en internet. Gran parte del mérito está en cómo retrata el miedo a quedarse atrapado en un espacio que parece no terminar nunca. La sensación de aislamiento es constante, y la película consigue transmitirla de manera genuina gracias a sus escenarios prácticos gigantescos y a una dirección que sabe cuándo guardar silencio.
Backrooms no busca ser una gran revolución del cine de terror ni tampoco una película diseñada para todo público. Lo que hace es mucho más específico: transformar una sensación de ansiedad y desconexión en una experiencia cinematográfica.












