En la previa del lanzamiento de la Re-edición del primer y casi mítico disco de La Ley, en La Máquina conversamos con el gestor del proyecto, Germán Bobe y Luciano Rojas, bajista original de la banda, sobre el proyecto y el patrimonio sonoro de Andrés Bobe.
La memoria también pesa y, en este caso, 22 kilos. O al menos con esto se encontró Germán Bobe, cuando en 2010 buscó los masters de las canciones de Andrés Bobe para echar a andar un proyecto patrimonial sonoro ligado a su hermano y el primer disco de La Ley.
Esta búsqueda comenzó cuando “Contacté a Carlos (Fonseca) para que hiciéramos estos proyectos, dado que él tenía los masters de 2 grabaciones. Las pistas donde están las voces y la guitarra se encuentran hoy en el Archivo de Música de la Biblioteca Nacional. Son parte del Patrimonio de Chile”, explica.
Para Germán, la palabra “patrimonio” es importante. El rescate de estas cintas de 1 pulgada, que contienen el primer disco de La Ley, es también rescatar la memoria creativa de su hermano. Pero el patrimonio, en este caso, no es una idea abstracta.
Como buen proyecto patrimonial, no estuvo exento de complicaciones, ya que, para su proceso de restauración, estos 22 kilos de cintas debieron ser enviados a Los Ángeles, Estados Unidos. En ese momento, la ciudad atravesaba un período de intensas inundaciones, lo que convirtió el traslado en una preocupación real. El rescate de este material patrimonial, literalmente, estuvo en riesgo.

Camino a 1988
Eran los últimos años de la dictadura en Chile. La noche volvía a vivir y existía una pequeña apertura para que bandas como Paraíso Perdido, Pequeño Vicio y Aparato Raro pudiesen existir. Precisamente es en esta última donde Andrés Bobe participaba como músico junto a alguien que sería clave para encontrar un sonido propio en su siguiente banda: Coti Aboitiz. Este cruce definiría lo que vendría en 1988.
Germán recuerda al Andrés de aquellas jornadas de búsqueda sonora: “Me acuerdo cuando creó el sonido de La Ley. Estuvo encerrado varios meses. Lo creó junto a Coti y, por supuesto, otros músicos, pero él estuvo buscando un sonido en su guitarra y un sonido general para darle a lo que iba a ser su banda”. Eran finales de los 80s y en esos días el “New Wave” reinaba en el mundo y Depeche Mode era una de las bandas más influyentes del synth-pop global. Esa banda sería importante y referente para lo que vendría.
La mente de Andrés era inquita, incluso desde niño, cuando ni siquiera sabía que años más adelante buscaría un sonido para una banda, pero incluso sin saberlo, ya lo hacía: “Yo tengo esos cuadernos de colegio. Iba a clases y en el cuaderno de química hay letras de canciones, hay dibujos. Siempre tenía la cabeza en el arte, siempre estaba metido en eso. La música era su forma de expresión”. Esa pulsión artística lo acompañaría durante toda su formación.
A mediados de los 80s, durante su época universitaria, Andrés conoció a otro integrante que, años después, sería clave en el sonido de La Ley: “Con Andrés hacíamos música todo el tiempo desde que nos conocimos en el año 84, en la Universidad de Chile. Teníamos una dinámica muy compartida de hacer música, componer, tocar e interpretar. Él tenía una visión muy concreta de lo que quería”, dice Luciano Rojas.
Todo este camino creativo, terminaría desembocando en un disco y fue así como en febrero y abril de 1988, en los Estudios Horizonte, Andrés Bobe y Coti Aboitiz comenzaron las grabaciones de lo que sería el primer disco de La Ley. A ellos se les sumó una joven cantante de solo 17 años, Shía Arbulú. El registro llevaría el mismo nombre de la banda, siendo presentado como un EP/cassette.
38 años después, Germán nos cuenta que la reedición este disco es solo la segunda parte de un proyecto mucho más ambicioso que durará durante todo 2026. El punto de partida fue Velados Transparentes, cortometraje documental ganador de su categoría en el Festival In-Edit, que reconstruye el proceso de restauración del material y revisita a la banda en esos primeros años, añadiendo por primera vez un registro de la banda completa — ya con Beto Cuevas — en un concierto en el legendario Café del Cerro.
Rescate Patrimonial de Andrés para La Ley
En nuestra conversación, Germán Bobe no solo habla desde el rol de hermano de Andrés, sino que también como un admirador de su trabajo. Esto lo ha llevado a convertirse no solo en el guardián de su memoria, sino que también en el gestor patrimonial de su trabajo.
Su primer acercamiento a estos archivos fue en 2010 con la publicación de una antología de su música — la cual trae 3 canciones de este disco —. Su motivación fue clara desde el inicio: “no quería que esto quedara en el olvido o en la memoria solamente” dice Germán. Su búsqueda era hacer de esa misma memoria, algo tangible y escuchable.
Así como la restauración de un edificio patrimonial no responde solo a su valor histórico, sino también a la relación que una comunidad establece con él, el rescate de 1988 dialoga directamente con la memoria colectiva de quienes crecieron escuchando a La Ley, porque sus canciones también son un vínculo.
Germán reconoce que es el período menos conocido de la banda y “se sorprenden al enterarse de que hubo otro cantante antes que Beto (Cuevas)”.
Luciano Rojas, ex bajista de La Ley, ha vivido desde dentro lo que la banda produce en los fans, en lo comunicacional y en lo mediático: “He visto cómo este trabajo empieza a adquirir otra dimensión, ya no tan íntima ni tan familiar como lo veníamos trabajando hace años. Empieza a tener un carácter más masivo, más comunicacional y más mediático. Ahí uno se da cuenta del peso que tiene La Ley como legado”.

El rescate de este disco, no se levanta desde el conflicto ni la nostalgia, sino desde la voluntad compartida, subrayando así que, al tratarse de un proyecto patrimonial, todos los ex integrantes de la banda mostraron un gran interés en colaborar. Bobe (Germán) nos cuenta que antes de comenzar el proyecto habló con cada uno de ellos y todos han mostrado la mejor disposición. Cuando dice todos, se refiere tanto a Luciano, Coti y Shía, como a Beto Cuevas y a Mauricio Clavería. “El cariño que le tienen a Andrés y el respeto, hace que todos sean partícipes de esto” explica el también cineasta.
Cuando hablamos de patrimonio, no estamos hablando de las cintas, archivos, procesos de restauración o viajes. Estamos hablando de algo mucho más profundo. Su música. Al preguntarles, tanto a Germán como a Luciano, de dónde provenía la música de Andrés, ambos se tomaron un momento. Recordando o imaginando a Andrés escribiendo esas letras en sus cuadernos de colegio o en su pieza o universidad mientras creaban melodías juntos.
El primero en hablar es su ex compañero y amigo de banda, Luciano: “Yo creo que nace desde el amor por la música”, dice recordando ese grupo de amigos y su fascinación por la música. “En ese momento nadie nos obligaba a nada, pero cuando las discográficas llegaron, la música, que seguía naciendo del corazón, también debía pasar por la cabeza”.
Germán concuerda con Luciano recordando las jornadas de composición en su casa: “Era espontáneo, natural. Era parte de su expresión artística musical”.
Lanzamiento de La Ley 1988
Luego de 16 años de trabajo, finalmente el álbum 1988 verá la luz este jueves 29 de enero en el CityLab del GAM. Junto con la posibilidad de comprar el vinilo doble, durante la jornada se podrá escuchar por primera vez el disco en vivo, en una sesión íntima.
En escena estarán los músicos Coti Aboitiz en teclados, Luciano Rojas en bajo y guitarras, Patricia Rojas en voz, Fabián Zúñiga en guitarra y Manuel Manríquez también en teclados
La presentación en vivo incluirá, además de los músicos principales, la participación de la banda chilena María Bonobo: ellos aparecen en la reedición porque realizaron uno de los remixes incluidos en el disco original de 1988.
La presentación estará acompañada por material audiovisual de la época, con imágenes de Andrés Bobe y de la joven cantante Shía Arbulú, hoy radicada en España.
Lo más simbólico, fuera de sus canciones, serán las propias guitarras del músico: 2 Fender Stratocaster.

Este trabajo patrimonial es, también, un rescate de memoria histórica. Es volver a ese Chile de los ochenta pero bajo la música y creatividad de una figura mítica en la música chilena. Es el rescate de su hermano y sus compañeros y amigos de vida para traer de vuelta la mística de un disco perdido entre la historia de una banda que definió parte del Chile post dictadura, en esos años 90s.
Volvemos a las raíces de La Ley. Volvemos a Andrés Bobe.












