Crítica de “La única opción”: Park Chan-wook y la búsqueda laboral llevada al extremo

La única opción

Cada año la búsqueda por nuevas oportunidades laborales se vuelve más compleja. Hay menos ofertas, los salarios son menores y el mercado se ha vuelto más competitivo, dejando a miles en la incertidumbre. Esto llega al extremo en La única opción, la nueva película de Park Chan-wook estrenada mundialmente en el Festival de Venecia y que llega a los cines chilenos este 15 de enero. Entérate en La Máquina

La película comienza mostrando la idílica vida de Yoo Man-su, un veterano trabajador de una empresa papelera, interpretado por Lee Byung-hun, actor que ya había trabajado con el director en Joint Security Area (2000) y que ganó reconocimiento en los últimos años por aparecer en El juego del calamar. Yoo Man-su vive junto a su esposa, su hijo adolescente y una pequeña hija, virtuosa del chelo, además de dos perros labradores. Todo en una gran casa de ensueño.

‘La única opción’, la nueva película del surcoreano Park Chan-wook.

Esta vida perfecta se corta de manera abrupta cuando despiden al protagonista tras décadas de trabajo. Con una hipoteca impaga y el deseo desesperado de mantener su estilo de vida, se ve obligado a entrar en una búsqueda laboral cada vez más humillante y frustrante. Allí descubre que las puertas están cerradas. Ese proceso lo conduce hacia una zona extrema y de ambigüedad ética, donde parece no haber otra opción que hacer desaparecer a su competencia.

Con La única opción, el director de Sympathy for Mr. Vengeance (2002), Oldboy (2003), Lady Vengeance (2005) y Decision to Leave (2022) construye una sátira feroz sobre el capitalismo y la deshumanización del trabajo y del trabajador. El filme se inspira en la novela The Ax de Donald E. Westlake, que ya había sido adaptada al cine en 2005 por Costa-Gavras en La corporación —una versión a la que Park Chan-wook rinde homenaje con una dedicatoria—, pero aquí Park Chan-wook lleva el material hacia un territorio más violento, acorde con su universo autoral.

A medida que avanza su particular cacería de postulantes, Yoo Man-su deja de ser solo una víctima del sistema para convertirse en un antihéroe. Durante años se le premió por su eficiencia y disciplina. Pero ahora es tratado como un elemento prescindible dentro de una maquinaria que ya no lo necesita. En ese tránsito, la película expone con crudeza la fragilidad de la masculinidad y su identidad sostenida en el trabajo, el estatus y la promesa de progreso que, al derrumbarse, el sujeto queda sin mundo ni relato propio.

La única opción
‘La única opción’, la nueva película del surcoreano Park Chan-wook.

La imposibilidad de abandonar la industria del papel —lo único que el protagonista sabe hacer tras veinticinco años de vida y perfeccionamiento— vuelve su caída aún más violenta. Además de perder el empleo, pierde parte de su esencia. En paralelo, el film despliega una crítica al neoliberalismo y a la tecnificación del trabajo.

La entrada de nuevos actores económicos, especialmente empresas estadounidenses y chinas, y el avance de la automatización convierten a los trabajadores en piezas reemplazables, sacrificadas en nombre de la eficiencia y la optimización. El papel, antes símbolo de oficio y tradición, pierde su condición por la aparición de nuevos procesos mecánicos. Todo por la promesa de mayor productividad a costa de borrar toda dimensión humana.

Park Chan-wook traduce este colapso también en términos visuales. El uso del color es clave. La película comienza con una estética luminosa, casi de fantasía, que se va apagando progresivamente a medida que la moral del protagonista se degrada. Las composiciones y los movimientos de cámara también generan un placer estético.  No es una de las películas más explícitamente brutales del director, pero sí se adentra en una violencia psicológica, económica y estructural.

El relato fluye como un híbrido entre thriller, sátira y comedia negra. Cada asesinato se presenta como una forma extrema de competencia laboral. En ese sentido, La única opción muestra cómo el capitalismo tardío transforma la supervivencia en una guerra silenciosa entre sujetos igualmente descartables.

La única opción
‘La única opción’, la nueva película del surcoreano Park Chan-wook.

Las actuaciones sostienen equilibrio entre géneros. Lee Byung-hun construye un protagonista que se va vaciando a medida que intenta mantenerse a flote. Su vida comienza a caerse en todos los sentidos. El trabajo, la familia, la autoestima y el lugar que ocupa en el mundo. Lo que queda es un sujeto deshumanizado, reducido a su capacidad de competir.

El resto del elenco funciona bien, pero siempre subordinado a la gran actuación de Byung-hun. A su lado destacan Son Ye-jin como Mi-ri, la esposa de Yoo Man-su. Se suma Woo Seung Kim como el hijo adolescente y So Yul Choi como la hija menor, quienes sostienen con eficacia el retrato de una familia que se va resquebrajando a medida que la estabilidad económica del protagonista se derrumba.

El final, lejos de ofrecer una salida, confirma el triunfo de la máquina sobre el hombre. No hay regreso posible al viejo mundo del oficio ni a la ilusión de estabilidad. En La única opción, el capitalismo no solo destruye empleos, también produce sujetos aislados, dispuestos a todo por no desaparecer. Park Chan-wook entrega así una de sus películas más políticas. Aquí, la violencia no está —tanto— en lo corporal, sino en la lógica misma de un sistema que ha convertido la vida en una interminable entrevista de trabajo.