Reseña| Clímax: Sexo, drogas y Daft Punk

A día de hoy la trillada frase “sexo, drogas y rock n’ roll” ya es bastante anticuada, incluso para los rockeros más empedernidos, además ¿dónde dejamos a las nuevas generaciones en esta expresión? No admito que las nuevas generaciones no sean rockeras, pero sí están ligadas a géneros más actuales.
¡Ya sé! “Sexo, drogas y reggaetón“, aunque el reggaetón como género igual es cosa del pasado, ahora lo que suena en las radios es el trap y no creo que rime con esta popular frase
Las ideas se me acaban, no obstante aparece en mi mente algo que une a muchas generaciones: Daft Punk. Es muy difícil que a alguien no le guste este dúo francés de música electrónica o no haya bailado algunas de sus canciones ¿cierto?.
https://youtu.be/-OTryGzS-G8
La electrónica es ese submundo musical que se ha mantenido vivo por décadas, ya sea musical como socialmente, congregando siempre a distintas generaciones a bailar con el electro que suena en el pasado y en el presente (siendo un sonido del “futuro”). Y, curiosamente, es un estilo artístico que ha estado presente en varias cintas, especialmente en Tron: Legacy o en diversas cintas de orientación cyberpunk.
Es esto se basa el director argentino Gaspar Noé (Irreversible, Enter the void), en este mundo alrededor del baile Vogue de su nueva película “Clímax”, que permite ser asociada a las distintas situaciones que se viven en clubes o discos, donde la música es la pasión que corre por las venas de todos los presentes, emulando o aumentado el fervor propio que conlleva el sexo y uso de distintas drogas; Sexo, drogas y Daft Punk.


Bajo esta premisa, el director argentino busca no solo documentar lo que es la cultura House Dance, en que el baile es un método de expresión corporal y social, sino que intenta el camino más difícil: quiere que nosotros no seamos meros espectadores.
Él quiere que en nuestro inmóvil asiento sintamos la necesidad de querer movernos, de querer ser parte de este grupo de 24 bailarines, de los cuales tan solo 2 mujeres son actrices de verdad (Sofia Boutella y Souheila Yacoub). Pero no nos dejemos engañar, esto es tan solo en los minutos iniciales en que se proyecta una de las escenas de baile más icónicas de la historia del cine, con la música de Supernature de Cerrone y un encuadre perfecto, en donde cada personaje aparece y desaparece en diagonal, vertical y horizontal, generando estas dimensiones que son llevadas a un nivel mucho más alto, literalmente más alto, haciendo uso de un plano cenital que otorga altura a este baile y, aparte de otorgarle tridimensionalidad al escenario, nos convierte en espectadores divinos, que miramos desde arriba, alejados del infierno que vendrá.

El infierno no es desconocido, o al menos no sus consecuencias. Se conoce desde el verdadero inicio/final (casi un guiño a su polémica “Irreversible”) cómo terminará esta película y la gracia es que, incluso sin tanto énfasis a este final, nos permite sentir y/o conectar con la serie de mensajes que aparecen para recordarnos nuestra frágil concepción de vida o muerte, elemento que también es utilizado en películas anteriores del director, como Enter the Void o Love.
Sin alejarse de este sentido, la historia es tan solo un reflejo de nuestras vidas, corruptas o sanas, que se desenvuelven y se demuestran en la serie de diálogos improvisados que realizan los actores (el guión consta de 5 páginas sin diálogos). ¿Será que quiere reflejar nuestra sociedad, principalmente la francesa con su bandera fantasmal, bajo esta variedad de diálogos? La verdad es que realmente no me importa y espero que a ustedes tampoco les importe, pues es casi seguro que el director apele a nuestro Snob interior para que analicemos algo que no requiere ser analizado, sino que todo lo contrario. (re)Quiere que lo sintamos.
El querer bailar es el primer sentimiento, pero a medida que pasa el tiempo, uno tan solo quiere escapar de la película pero sin escapar realmente (Repulsión/atracción). El tiempo corre y la música cambia, como también empiezan a cambiar los personajes, dándose cuenta de su condición y estando incapacitados de escapar física y mentalmente de la situación que los acompleja. El viaje al infierno ha comenzado y aún no sabemos quién es el responsable del caos que inicia.

¿¡Por qué seguimos viendo esta película!? ¿Acaso estamos sucumbiendo a la misma locura que viven los bailarines? No puedo asegurar lo segundo, pero si puedo dar pistas sobre lo primero. Lo esencial para que sigamos viendo este filme es invisible para los ojos, ya que más allá de la historia principal que dice basarse en un suceso real, la música es la verdadera protagonista, pues tal como dije al comienzo, es la que trasmite la pasión, la vida, a los participantes de este grupo de baile, y por lo tanto, a través de sus bailes y sensaciones nos transmiten la misma pasión caótica que corre por su sangre. Daft Punk, NEON, Aphex Twin, Thomas Bangalter, Suburban Knights, Wild Planet, coH, Kiddy Smile, Soft Cell, Dopplereffekt y hasta The Rolling Stones son parte de unas de las bandas sonoras mejor seleccionada (y también de unos créditos bastantes coloridos), deseando encontrar la Playlist perfecta en Spotify para escucharla una y otra vez (Playlist Clímax – Spotify)
Claro, la música en realidad no corre por las venas, pero el alcohol y las drogas si lo hacen -en la sangre de los protagonistas, no en la de los espectadores…creo-, y su rol en la sensación e historia es sinérgica. Aumentan las sensaciones y locura al nublar o mutar la percepción de la situación, que no es sólo transmitida mediante la expresión corporal, sino que esta vez el rol fotográfico de la película juega un papel importantisimo y realmente extraordinario, pues a través de la utilización de planos secuencia de hasta 42 minutos, el manejo de cámara excepcional y la paleta de colores cambiante en todo el escenario (representando los cambios emocionales de los personajes), nos hacen parte de un verdadero viaje lisergico sin tener ninguna droga en el cuerpo (no me quiero imaginar en caso contrario).

Quizás para algunos posea un mensaje antidrogas (ja) o quizás demasiados personajes rellenos (discutible, pues hasta los más secundarios representan corporalmente figuras infernales) , pero la verdad es que con Clímax tan solo me dejé llevar por la atmósfera de locura que había en este infierno electrónico. Un infierno que está retratado desde el cielo externo (reflejado con el constante plano cenital), y el infierno terrenal, donde la cámara tiene un trabajo maravilloso de filmar tan bien desde el suelo.
Distribuida por Cinetopia Chile
Estreno: Jueves 28 de Marzo

La Máquina Medio

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