La joven actriz Rallen Montenegro dialogó no solo de su creciente carrera actoral, sino también entregó su visión sobre la causa mapuche, la realidad de la actuación nacional y mucho más.
Fotos por Simonne Cifuentes y Catalina Navarro.
En el cruce entre la conversación íntima y la reflexión crítica, Rallen Montenegro no esquiva ningún tema. La actriz —una de las figuras que ha ganado mayor visibilidad en el audiovisual chileno reciente tras su participación en la trilogía de películas de Sayen— se sienta en La Cultura en Portada, podcast de Revista La Máquina, para hablar de su trayectoria, pero también de algo más incómodo: una industria cultural que, según plantea, sigue sin consolidar su vínculo con el público.
Desde sus inicios en el Valle del Aconcagua hasta su presente en el cine y las series internacionales, Montenegro articula un relato donde la vocación convive con la precariedad, la identidad con la contradicción y el éxito con la incertidumbre.

De provincia a la actuación: “Había algo que yo buscaba desesperadamente”
—¿Cómo comienza tu vínculo con la actuación?
La respuesta de Rallen no parte en una escuela ni en un casting, sino en la experiencia de mirar. De consumir arte como quien necesita entender algo más.
“Yo consumía todo lo que había en el Teatro Municipal de San Felipe… había algo ahí que me gustaba y que yo buscaba desesperadamente”
Crecida entre San Felipe y Santa María, en un contexto donde el acceso a la formación artística era limitado, su acercamiento fue intuitivo. No había talleres ni espacios formales, pero sí una insistencia que terminó por empujarla hacia Santiago y hacia la decisión de estudiar actuación.
Ese tránsito, sin embargo, no estuvo exento de tensiones. La vocación se enfrentó pronto a una advertencia familiar común en Chile: vivir del arte es difícil.

Industria cultural: una deuda estructural
—¿Qué falta en el desarrollo del cine y las artes en Chile?
Montenegro no duda. Para ella, el problema no es la producción, sino el consumo y la falta de políticas públicas que lo impulsen.
“No faltan artistas en Chile… nos faltan consumidores del arte”
La frase resume una crítica más amplia. Según explica, existe una desconexión entre lo que se crea y lo que circula, una brecha que termina invisibilizando gran parte del trabajo artístico nacional.
“La industria no funciona porque no hemos tenido una política de Estado que levante la necesidad de consumir arte local”
En ese escenario, el cine chileno —aunque activo— compite en condiciones desiguales frente a las grandes producciones internacionales.

Cine chileno: talento que no alcanza a verse
—¿Cómo ves el momento actual del cine nacional?
Más que un diagnóstico pesimista, Montenegro plantea una paradoja: hay más contenido que nunca, pero menos visibilidad.
“Tenemos cine para regalar… hay muchas creadoras y creadores, pero quedan fuera porque no hay suficiente difusión”
La actriz reconoce que el reconocimiento suele depender de factores externos —festivales, premios, viralización—, mientras que muchas obras quedan fuera del radar del público general.

Sayen: acción, exposición y aprendizaje
—¿Qué significó para ti protagonizar Sayen?
Su paso por la saga marcó un antes y un después. No solo por la visibilidad, sino por el tipo de desafío que implicó.
“Si a los 23 años me hubiesen dicho que iba a hacer tres películas de acción, me hubiese reído todo el día”
Rallen admite que el cine de acción no estaba en su horizonte. Sin embargo, el proceso —desde la audición hasta el rodaje— terminó por redefinir su percepción sobre su propia carrera.
“El rol no fue dado, fue audicionado… y eso también te hace valorar los logros”
—¿Y cómo enfrentaste las críticas?
Lejos de evitarlas, las asume como parte del oficio.
“Nunca hay que pensar en ser monedita de oro… lo peor que podría pasar es que no pase nada”
Su invitación es directa: que el público vea y decida por sí mismo, más allá de opiniones externas.

Identidad mapuche: una experiencia compleja
—¿Qué significa para ti tu identidad mapuche?
La respuesta se aleja de cualquier definición única. Montenegro habla de diversidad, de historia y de tensiones.
“La identidad mapuche es diversa… no pasa solo por el apellido o la tierra, también es un reconocimiento político”
Desde su experiencia —marcada por una vida urbana— reconoce una posición intermedia que no siempre es cómoda:
“Para el mundo mapuche somos muy ahuincados, y para el mundo winka somos demasiado mapuches”
Esa dualidad también atraviesa su trabajo actoral, especialmente cuando se trata de representar realidades que no forman parte de su cotidianidad.

El desafío actoral: cuando la escena exige más
—¿Cuál ha sido una de las escenas más difíciles de tu carrera?
Rallen recuerda una experiencia reciente en Argentina, donde enfrentó un desafío distinto: actuar la mentira.
“Era una escena donde mi personaje mentía… tenía una tercera capa, y eso fue muy difícil de abordar”
A eso se sumó el contexto: compartir escena con actores consolidados del cine argentino.
“Estaba con dos pesos pesados del cine argentino… el nervio era real”
El resultado, dice, fue mejor de lo esperado, aunque el proceso estuvo marcado por la duda y la autoexigencia.

Vivir del arte: una precariedad normalizada
—¿Cómo es hoy vivir del arte en Chile?
La respuesta es directa y sin matices:
“El que no supo ahorrar perdió… eso es muy cruel”
Montenegro describe una realidad fragmentada, donde los artistas deben sostenerse a partir de múltiples trabajos.
“Hacemos clases, doblaje… hay mucho trabajo paralelo”
Más que una elección, es una condición estructural que define la práctica artística en el país.
—¿Cómo evalúas el panorama político actual en relación con la cultura?
Aquí, la actriz se posiciona con claridad crítica.
“Es doloroso lo que ha pasado… no ha sido lo que yo esperaba”
Sin embargo, su reflexión no se queda en la crítica. Apunta también a la responsabilidad colectiva:
“Infórmense… no opinen sin conocimiento. La gente de las artes no vive del Estado”

Más allá de la pantalla
La conversación con Rallen Montenegro no se agota en su filmografía. Lo que aparece, más bien, es una mirada amplia sobre el rol del arte en la sociedad: como herramienta de empatía, como espacio de disputa y como reflejo de tensiones que exceden lo artístico.
Entre la acción de Sayen, la complejidad de su identidad y la precariedad de su oficio, su trayectoria se construye desde un lugar que no busca certezas, sino preguntas.
Y en ese gesto —más que en cualquier personaje— parece estar su verdadero centro.
Mira el capítulo completo de Rallen Montenegro en “La Cultura en Portada” acá:
https://youtu.be/OmHkAuaTjT0












