¿Por qué (nos) atrae tanto la Narcocultura?

Tras la polémica sobre Peso Pluma y el Festival de Viña, ¿qué es realmente la narcocultura y cómo se manifiesta en Chile?

Durante los últimos días, a raíz de, entre otras cosas, la crisis de seguridad que atraviesa el país, el progresivo crecimiento del narcotráfico y crimen organizado, y la polémica suscitada a partir de las declaraciones del sociólogo Alberto Mayol sobre la participación del grupo de música urbana argentino Peso Pluma, en donde el profesor universitario y escritor cuestionó la presencia del grupo musical en la futura edición del Festival de Viña del Mar, evento que se realiza, en parte, con recursos públicos y participación directa de la Municipalidad de Viña del Mar, por lo que Mayol, luego de la no pronunciación del municipio sobre la polémica, se refirió a lo sucedido diciendo que “nos ha derrotado el narcotráfico”.

El texto de Mayol, publicado el 8 de mayo en la página web de Radio Bío-Bío, generó una serie de polémicas y recriminaciones, posicionando rápidamente dos bandos: por un lado, aquellos que aseveran que la música urbana y todo lo que la rodea efectivamente promueve e incentiva actividades como el consumo de drogas, uso de armas e incluso el uso de la fuerza para resolver diferencias entre personas. Por otro, están aquellas personas que afirman que echarle la culpa de todo lo sucedido a la música urbana – específicamente a Peso Pluma- por la situación que tiene, específicamente a Chile, con una tasa de homicidios de 4,3 personas cada 100 mil personas asesinadas por mes, siendo estos índices bastante superiores los anteriores 2,3 promedio de años anteriores, que era la tendencia.

Más allá de Mayol y de las diferentes posturas expresadas extensa y sólidamente en diferentes columnas de opinión, artículos y entrevistas en diversos medios, en Revista La Máquina queremos hacer un análisis sobre qué es la narco-cultura, qué es de ella que se (nos) hace tan atractiva y cómo influye su estética en su atractivo, el cual podrás leer a continuación.

¿Qué la narcocultura?

Entre asaltos, homicidios, narcofunerales, videoclips, armas y drogas, el concepto de narcocultura se ha vuelto uno de los vocablos más recurrentes y repetidos por medios de comunicación y la opinión pública durante el último tiempo. Esta palabra compuesta (por narco y cultura), hace referencia a la influencia sociocultural que ejerce el narcotráfico y el crimen organizado a nivel conductual, donde los márgenes éticos y morales son cuestionados o derechamente ignorados en virtud de avasallar ante lo que se tenga en frente, ya sea comunidad, autoridades, leyes o un tercero en pro de mis objetivos, generalmente motivados por el consumo, el lujo y la significancia de una sensación de poder y atención que se logra siendo “el más fuerte de la pobla”.

Según el escritor y periodista Javier Restrepo en su libro México y ética de la narcocultura, el narco a nivel cultural y de relaciones con su entorno, abandonó la idea de ser silencioso, y ve en el poder que le entregan las grandes sumas de dinero movidas por la droga, una forma de autovalidación, expresada en su estética, en su poder de fuego y en su impacto en el resto de las personas.

Al ser un fenómeno sociocultural nacido de los márgenes, la narcocultura, en general no solo cuestiona superficialmente los cánones éticos y morales, sino que simplemente los ignora e impone la ley del más fuerte. “Una de las

razones por las que la escalada de violencia se ha visto aumentada tanto en México como en otros países, es que no existen márgenes o límites, un respeto, por el otro, ya sea este un individuo o una entidad. Es solo supervivencia y poder”, indica Restrepo.

Asimismo, el consenso de expertos es que el mundo de la narcocultura es lo que es, sobre todo a nivel de imagen, debido a la ausencia de raíces, de un entorno afable y que por ello, en busca de la validación, o incluso de expresar cierta rabia o hasta traumas, son los símbolos violentos y externos a los cánones de convivencia y desarrollo establecidos los que dan forma a la narcocultura como tal.

Cómo es la narcocultura en Chile

Demoliciones de las llamadas narcocasas o los también cada vez más recurrentes narcofunerales, entre otras manifestaciones del fenómeno, son parte de la denominada narcultura chilena. Esta nomenclatura ha sido sindicada como la gran responsable del ascenso importante de homicidios, secuestros, tiroteos y asaltos que, lamentablemente, cada vez son más comunes. Dentro de sus motivaciones y orígenes, generalmente se apunta a cuestiones estructurales, las que si bien inciden fuertemente, también es posible hacer una suerte de bajada a otras demostraciones o expresiones que explican el arraigo en la sociedad chilena.

De acuerdo a la investigadora de AthenLab, Pilar Lizana, “este fenómeno es externo a nuestra realidad histórica pero que durante los últimos años, diría diez, se ha acrecentado enormemente, confundido también con una falsa idea de libertad, donde el “yo” es lo único que importa. Dentro de los factores que ella considera importantes y que demuestran la solidez de la narcocultura chilena, la que diferencia por ejemplo de la mexicana, está la variación musical. “Mientras en México la banda sonora, en Chile es la música urbana una demostración del entorno, digamos, narcultural de convivencia, donde las armas, drogas y excesos son parte del panorama habitual”.

Características específicas

Si bien la narcocultura es un fenómeno mundial, o al menos continental, en Chile posee ciertas características que hacen de esto algo malamente llamativo y que genera en las personas asombro, cierta desesperación y descontrol, o incluso hasta miedo. Eduardo Labarca, excomisario de la PDI señaló en El Mercurio alguna de las razones por las que la narcocultura ha causado tanto miedo y llamado la atención de investigadores, autoridades de todo tipo y de la población en general. “Chile vivió un fenómeno silencioso. Primero fueron las barras bravas, aparejado de cierta desmoralización de los sectores vulnerables acompañado, además de un mercado negro de drogas que era de paso, al que no se le prestaba mayor atención y que fue, de alguna manera, invisible hasta hace algunos años para la mayoría. Hoy la situación es diferente, pues a través de medios de comunicación, plataformas sociales y también de bandas extranjeras, se acentuó no solo la narcocultura a nivel social, sino que se transformó en un móvil social, derivando en la creación de un nuevo sujeto delincuencial”.

Imagen correspondiente al trapero chileno Marcianeke en uno de sus videoclips

La estética

Poseedores de una estética particular pero a la vez característica y cada vez más masiva, sobre todo en jóvenes, hombres y mujeres. En el caso masculino, cadenas, por lo general de oro o que simulan serlo, tatuajes a la vista, ropa de marcas reconocidas y costosas, entre otros elementos. En cuanto a las mujeres, se repiten ciertos patrones como el uso de ropas, bolsos o carteras de marca, o incluso de lujo; teñidos vistosos, celulares de alta gama, entre otros aspectos que suelen ser rápidamente identificables.

La estética que caracteriza y que hace reconocible a quienes, de una u otra forma se hacen parte de este submundo cumple un rol preponderante en sus formas de relacionarse, pues les permite mostrar, a vista y paciencia, de alguna forma, el poder obtenido. Felipe González, Antrópologo de la Universidad Católica, señala que en cuanto a la estética narcocultural que “Ella está sumamente ligada las carencias, las cuales pueden ser variadas y representadas a través del cómo se ven. Por ejemplo, el uso excesivo de

joyas y de elementos llamativos, tales como celulares o ropa costosa, tiene en general dos vertientes: una de ellas tiene que ver con la precariedad económica, es decir es un llamado de atención, un “yo tengo lo mismo que tú”; ese , no es ni más ni menos que aquellas personas de estratos sociales y económicos más altos. Ciertamente tiene que ver con que durante años se les fue negado, por acción o inacción propia, el poder acceder a estos bienes materiales. Por decirlo así, son los hijos vástagos del consumismo, transformándolo en una especie de libertinaje donde, muchas veces, no se cuestiona ética ni moralmente el cómo se consigue, sino que simplemente se busca el poseer, el tener y ya. No toda la culpa es del sistema, ciertamente, pero sí hay un factor preponderante del mismo, que potencia, por lo general, ausencias y carencias afectivas, falta de límites y cierto orden, muchas veces por desconocimiento o simple repetición de patrones de conducta”.

Por otro lado, la estética, el cómo me visto y cómo me veo, e incluso el cómo hablo también tienen que ver con una cuestión de pertenencia. De acuerdo a la académica mexicana Dra Anajilda Mondaca, la estética universal de la narcocultura es una “forma de pertenencia, sentido y grupo, donde el sujeto que viste o usa determinados elementos busca, además de hacerse notar, sentirse parte. En el mundo, y en el caso de Latinoamérica, existe una generación, diría los nacidos a partir del 90 y en determinadas condiciones de desarrollo, que no sienten un real arraigo por grupos sociales normativos y amplios, y buscan sus propios caminos. Asimismo, esto se repite, aunque de manera más acotada y conducida, en grupos socioeconómicos altos, precisamente por motivos similares: desarraigo y falta de contención, la diferencia es que, en general, casi siempre hay un algo que termina reconduciendo ese camino. La estética se termina transformando en un lenguaje y en una forma de comunicación, en un vehiculo que busca crear poder, atención y subsistencia”.

Por qué (nos) atrae tanto

El fenómeno de la narcocultura y sus diversas expresiones populares parecieran no tener una forma pronta y real de ser erradicadas o siquiera controlada, a lo que si se le suman los factores estéticos y el arraigo cultural que ha desarrollado durante los últimos años anteriormente mencionados, es posible ir dando luces sobre por qué (nos) atrae tanto y por qué se ha afincado tan fuertemente en los jóvenes chilenos.

Dentro de las tesis y argumentos que se repiten para dar a entender los motivos del fuerte atractivo que ha generado todo lo relacionado al submundo de la narcocultura, lo que más se repite es el atractivo provocado por el lujo, el acceso a grandes (y fáciles) sumas de dinero. En este sentido, el estudio realizado por la académica América Tonantzín, se reafirma esta afirmación. En el estudio, titulado “Narcocultura y construcción de sentidos de vida y muerte en jóvenes de Nayarit”, se consagra la visión de que una de las principales motivaciones son la de un acceso fácil a mejores estándares de vida. Dentro del mismo estudio, uno de los testimonios citados anónimamente, se señala que “Lo que atrae es tener los lujos del narco, principalmente es el modo de vida lujoso que muestran de ciertos traficantes y son fuertes en el negocio y se dan muchos lujos. Es como que lo que más apantalla y los jóvenes también quieren apantallar de la misma manera en que hacen los traficantes (Declaración de un joven).”

En este sentido, y en la búsqueda de más respuestas, Malú González Cortés, escritora y Magister en Comunicación Política, menciona que “Los jóvenes saben hace tiempo que no estamos en una época en la que se pueda obtener dinero a punta de sacrificio. El relato del esfuerzo y la meritocracia perdió vigencia hace tiempo, y si a eso le sumas la importancia simbólica que han adquirido los objetos de consumo, el narcotráfico se vuelve muy atractivo. Da dinero, estatus, protección si eres de un barrio difícil, y permite abandonar la categoría de víctima que a menudo estigmatiza a las personas por su pobreza. Ahora, por supuesto todo lo que ofrece el narco arrastra consigo un costo igual o mayor, que a menudo termina en violencia y muerte. La gente cree que ser narco empieza y termina con la persona, pero lo cierto es que arrastra a familia, amigos, parejas, barrios. Al igual que la adicción, es todo el entorno el que sufre.” Asimismo, en esta dirección, prosigue: “En Chile, y en Latinoamérica en general, esto se da mucho porque no hay garantías mínimas para tener dinero y una mínima calidad de vida. Hay dos relatos que se contradicen y generan malestar: cada vez se necesitan más bienes para tener estatus, pero cada vez hay menos poder adquisitivo para tener esos bienes. Eso enajena a cualquiera. Mientras, en los estratos mas altos, el hecho de que se consuma música o sustancias sin importar de dónde vienen da cuenta del abismo entre clases sociales. Para quienes viven alejados del mundo del narco es fácil pedir por grinder drogas para carretear de vez en cuando, e ignorar que el medio de producción es la muerte. Preocuparse de la censura del arte en vez de la vida es lujo de la clase media alta”.

En lo que respecta a las infancias, es decir niños y niñas entre los 6 y a 13 años, una edad en la que son ampliamente susceptibles a la información que reciben, es donde se ha puesto, en el último tiempo, mayor atención, pues tratar de prevenir que niños y niñas se vean atrapados y seducidos por este submundo, es de vital importancia para ir erradicando los problemas sociales, socioculturales e incluso de convivencia que se generan. Para ello, según expertos, es importante que tanto niñas y niños sean atendidos en sus necesidades simbólicas, entendiéndose por ello cuestiones emocionales, psicológicas y sociales. A su vez, también hay coincidencia y cierta unanimidad en que empezar a mejorar las condiciones materiales y del entorno que les rodea es de suma importancia para que, desde temprana edad, puedan cuestionar los caminos propuestos por este fenómeno y mantener una vida socialmente apta con la convivencia.

Imagen correspondiente al videoclip “Pistolas de Chip”, del trapero chileno Marcianeke (2)

En este sentido, la educadora de párvulos con experiencia y estudios en el Tratamiento de las Infancias Andrea Álvarez, señala: “En general, durante los últimos años, por el modelo de vida adoptado por la sociedad chilena, niños, niñas y jóvenes se han criado, como se dice comúnmente, en la calle. Esto se debe a la ausencia de padres, hombres, y de madres quienes por diversos motivos, sobre todo en estratos socioeconómicos bajos, terminando dejando a la deriva a estos niños que, en primera instancia son testigos, lamentablemente de conductas violentas para luego repetirlas y agudizarlas. Por otra parte, al mismo tiempo son personas que no cuentan con una contención emocional, y que por lo mismo no saben o no cuestionan del todo que las conductas violentas de las que fueron testigos, VIF, uso de armas, golpizas, etc, son incorrectas. Esto, a nivel psicoemocional, genera que cuando son más grandes busquen validarse de esta forma, repitiendo y aumentando los niveles de violencia que expresan, y en ello la narcocultura, que tiene cánones morales y éticos diferentes a la sociedad establecida, es una suerte de respuesta”.

A la hora de buscar posibles soluciones a esta problemática, Álvarez cree que “Es importante que desde el Estado y de manera independiente se busque trabajar en políticas amplias, que se preocupen de la integridad psicoemocional, de la contención, del poner límites; poner límites permite, a temprana edad, discernir en lo que está bien y lo que está mal, sienta las bases, digamos éticas, con las que se podría prevenir que más niños y niñas vean una respuesta su realidad en la narcocultura”.

LEE MÁS EN LA MÁQUINA ACÁ.

También podría gustarte