En una noche cargada de simbolismos, memoria y energía colectiva, Los Jaivas transformaron el Estadio Nacional en un viaje emocional que recorrió su historia, honró a sus figuras esenciales y reunió a invitados de distintas generaciones. Con homenajes, visuales inmersivos y una interpretación íntegra de Alturas de Machu Picchu, la banda celebró más de seis décadas de legado en un concierto que superó toda expectativa y dejó a miles, incluida quien escribe, con el corazón desbordado. Aquí en Revista La Máquina te contaremos más.
Hay noches que se sienten más que se cuentan, y lo que ocurrió en el Estadio Nacional fue exactamente eso: un encuentro donde música, historia y energía colectiva se fundieron en un solo latido. Desde antes de que la banda apareciera en escena, ya era evidente que algo grande estaba por ocurrir: cancha repleta, un público diverso en edades y emociones, trinos de pájaros en el ambiente como antesala de un viaje espiritual, y una tensión eléctrica que avanzaba por todo el estadio.
Acá te contamos cómo se vivió esta histórica noche.
Retrasos que no empañaron la noche
El concierto comenzó con cerca de cuarenta minutos de retraso, pero apenas las luces bajaron alrededor de las 21:45, la espera se evaporó. La apertura incluyó un sentido homenaje a René Olivares, el artista detrás de las icónicas ilustraciones de Los Jaivas, cuya obra sigue dando forma visual al imaginario de la banda.
Los Jaivas abrieron con una atmósfera que mezclaba órgano y sonidos altiplánicos, un portal sonoro que preparó al público para lo que sería una ceremonia más que un show.
Aunque hubo varias fallas de sonido, la banda siguió adelante sin perder fuerza; incluso cuando Mario pidió bajar el volumen de una guitarra, lo hizo con esa simpatía que sostiene décadas de trayectoria.
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Sobre los invitados
Uno de los ejes de la noche fue el paso de invitados que representan distintas rutas de la música chilena. Primero, acompañó en el escenario Matías Peñailillo, un joven percusionista quien fue presentado al público por Juanita Parra; luego, Roberto Márquez (Illapu) sumó su voz profunda a la jornada con Corre que te pillo. Después, Aldo, Macha Asenjo, con su inconfundible energía con una versión de La vergüenza Ajena; Nano Stern puso su sello espiritual con Indio Hermano; Tilo González y Pancho Sazo (Congreso) sumaron elegancia y memoria con Valparaíso; y finalmente, Joe Vasconcellos encendió al público con su vibra festiva y la canción Un mar de gente.
También estuvo en escena Juan Pablo Bosco, acompañando a la banda con un trabajo preciso y lleno de respeto por el legado.
A mitad del concierto, Mario tomó el micrófono para agradecer la presencia del público y la historia que han construido juntos durante más de seis décadas. Sus palabras no fueron un discurso: fueron un abrazo. Un agradecimiento que se sintió honesto, cálido, necesario.
Meses antes, Mario dijo en una entrevista para Revista La Máquina “Vamos a hacer un concierto que recorra nuestra historia, pero también que dialogue con la historia del mundo.”, y que por lo mismo no adelantaría nada.
Hoy entendemos por qué. No solo cumplió: superó completamente las expectativas. Le agradecemos esa promesa silenciosa, ese cuidado por preservar la sorpresa y regalarnos una experiencia que se sintió única.
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Los Jaivas: A las alturas de Machu picchu
La segunda parte del espectáculo fue atrapante. Comenzó con tres figuras, caracterizadas como en una Diablada, hicieron sus apariciones en distintos puntos del Estadio Nacional: uno desde lo alto de la marquesina con humo rojo, otro situado en el Memorial de los Detenidos Desaparecidos y un tercero sobre el escenario principal. Este último marcó el inicio de la interpretación completa de Alturas de Machu Picchu.
Las pantallas mostraban visuales que expandían la obra sin competir con la música y me recordaban a Los Jaivas en el Planetario. La voz de Mario Mutis, impecable, te recorría la piel. La percusión, poderosa, precisa, con una energía casi ritual, Juanita Parra, vibrante en cada golpe, fue literalmente el corazón sonoro del estadio. Claudio Parra, siempre certero, sostuvo el viaje desde los teclados.

El homenaje de Los Jaivas
A mi parecer, uno de los momentos más catárticos de la noche fue el homenaje a “El Gato” Alquinta y a Gabriel Parra, quienes aparecieron en una proyección emotiva que iluminó el estadio. Sus imágenes, suspendidas sobre miles de personas en silencio, recordaron que su presencia sigue latiendo en cada canción y en cada una de las rutas que Los Jaivas han construido durante décadas.
Los Jaivas convirtieron el Nacional en un templo donde más de 50 mil personas respiraban al mismo ritmo. Una celebración de identidad, de paisaje, de memoria viva.

Y el final
Álvaro Henríquez apareció para interpretar Mira niñita, en una versión que dejó a gran parte del público con lágrimas en los ojos. Yo incluida.
Fue la primera vez que salí llorando de un concierto. No por tristeza, sino por la emoción que se siente.
El cierre con Todos juntos, con todos los invitados nuevamente en el escenario, selló la noche como un abrazo colectivo. Un recordatorio de que esta música no envejece, no se desgasta, no se pierde: se hereda.
Los Jaivas no solo tocaron un concierto histórico, nos regalaron una noche que se queda tatuada en el cuerpo, en la memoria y en el corazón.
Setlist de Los Jaivas en el Estadio Nacional:
Set 1:
Takirari del Puerto
Arauco tiene una pena (cover de Violeta Parra)
Corre que te pillo
La centinela (con Roberto Márquez)
Valparaíso (cover de Osvaldo Rodríguez — con Congreso)
Un mar de gente (con Joe Vasconcellos)
Vergüenza ajena (con Macha)
Indio hermano (con Nano Stern)
Canción del sur
Alturas de Machu Picchu:
Del aire al aire
La poderosa muerte
Amor americano
Águila sideral
Antigua América
Sube a nacer conmigo hermano
Final
La conquistada
La Quebrá del Ají
Desde un barrial
Hijos de la tierra
El derecho de vivir en paz (cover de Víctor Jara, fragmento / solo de saxofón durante la presentación de la banda)
Mambo de Machaguay
Encore:
Mira niñita (con Álvaro Henríquez)
Todos juntos (con Álvaro Henríquez y Nano Stern en percusiones)




































