El viernes 13 de marzo, el Parque O’Higgins volvió a convertirse en un territorio sonoro donde convivieron la furia política del rock, la elegancia del post-punk, la teatralidad del pop y la intensidad del metal alternativo. La primera jornada de Lollapalooza Chile 2026 tuvo un hilo conductor claro: artistas que entienden el escenario como una trinchera expresiva, ya sea desde la protesta, la emoción o el espectáculo total.
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Dracma: rabia política y potencia chilena
Uno de los primeros golpes fuertes del día lo dio Dracma, en un regreso que no tuvo nada de tibio. La banda chilena descargó un set brutalmente potente, donde su sonido evocó la rabia funk-metal de Rage Against The Machine mezclada con la irreverencia de Chancho en Piedra, pero con un peso metálico propio.
La dupla vocal fue simplemente demoledora. Ambos vocalistas sostuvieron la intensidad durante todo el show con una presencia escénica feroz, mientras el bajista —impecable— se transformó en una de las figuras musicales más sólidas del concierto, con un groove filoso y personalidad propia.
Desde el comienzo hasta el final, las líricas estuvieron cargadas de mensajes políticos, con referencias directas al recién asumido presidente José Kast y a la coyuntura nacional. La banda no escondió su postura y lo dejó claro con una frase que resonó como declaración de principios: “Volvimos para quedarnos, conchetumadre”.
Fue una descarga de rabia acumulada, de esas que recuerdan que el rock todavía puede ser un espacio de confrontación. Sin duda, uno de los números más potentes de toda la jornada.

The Warning: rock sin complejos
El trío de hermanas mexicanas The Warning llegó con algo que resolver. Tras su fallida visita a Chile en 2025, su presentación en Lollapalooza funcionó casi como una pequeña revancha con el público local.
Y lo saldaron con creces.
El concierto mezcló clásicos como “Evolve” y “Disciple” con material reciente como “Kerosene”, demostrando que la banda no solo domina su repertorio sino que atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera. Las voces de las hermanas Villarreal sonaron firmes, poderosas, mientras la instrumentación mantuvo una energía rockera que hoy pocas bandas jóvenes sostienen con tanta naturalidad.
Uno de los momentos más inesperados del set llegó con un cover de “El baile de los que sobran” de Los Prisioneros, reinterpretado con un tono más hardcore, generando una conexión inmediata con el público chileno.
The Warning confirmó algo que ya venía insinuando: hoy son una de las bandas de rock más sólidas del circuito internacional. Y, honestamente, merecen escenarios más grandes, horarios más extensos y una difusión aún mayor.

Bad Nerves: energía setentera en clave moderna
Después de haber pasado por Chile como teloneros de Green Day en 2025, Bad Nerves regresó con un show que fue pura electricidad. Su propuesta de post-punk acelerado y directo remite a la energía salvaje de las bandas de los años setenta, pero con una intensidad contemporánea.
El vocalista Bobby Nerves se consolidó como uno de los frontman más explosivos que ha pasado por el festival en los últimos años: inquieto, desbordado y completamente entregado al caos escénico.
El set fue corto, pero extremadamente dinámico. Una banda que, sin grandes artificios, demostró por qué su sonido está influyendo cada vez más en las nuevas generaciones del rock.
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Gepe: la experiencia convertida en espectáculo
En medio de tantas guitarras incendiarias, Gepe aportó una dosis de oficio y sofisticación escénica. Daniel Riveros es, sin discusión, uno de los artistas chilenos más experimentados sobre los grandes escenarios, y eso se notó desde el primer minuto.
El show fue una seguidilla de éxitos que recorrió distintas etapas de su discografía, desde “Fruta y té” hasta “Dopamina”, esta última interpretada junto a Cancamusa. La banda que lo acompañó sonó precisa y perfectamente coordinada, casi como una pequeña orquesta pop-latina.
Lo más interesante de Gepe es cómo crece cuando se enfrenta a escenarios grandes. Su música parece expandirse en ese formato: los arreglos, los ritmos andinos y la energía pop adquieren otra dimensión frente a miles de personas.

Viagra Boys: caos post-punk con mensaje
Los suecos Viagra Boys trajeron al festival una dosis de punk crudo y corrosivo. Desde el comienzo dejaron clara su postura política: varios integrantes aparecieron en escena usando camisetas del club Palestino, en una referencia evidente al conflicto entre Palestina e Israel.
Musicalmente, el grupo entregó un show de distorsión controlada. Su sonido combina la crudeza del punk con melodías inesperadamente pegajosas, heredando parte del espíritu del post-punk británico y estadounidense, pero con una identidad muy propia.
El vocalista fue el centro del espectáculo: carismático, histriónico y con una presencia escénica que recuerda a las viejas figuras del rock más teatral. Un concierto intenso que demostró que el punk todavía puede ser incómodo y magnético al mismo tiempo.

Interpol: elegancia y precisión
Con un leve retraso, Interpol apareció en escena con su habitual estética sobria. Pero si algo ha demostrado la banda neoyorquina durante años es que no necesita grandes gestos para imponer respeto.
Su despliegue escénico fue discreto, casi minimalista, pero la precisión musical fue extraordinaria. Las armonías de guitarra —marca registrada del grupo— sonaron como una coreografía sonora perfectamente ensamblada.
El set fue prácticamente una seguidilla de clásicos, algo que los fanáticos agradecieron con devoción. Interpol sigue siendo una banda de nicho, con un público profundamente fiel, pero también un ejemplo de cómo el post-punk revival puede envejecer con elegancia.
Y lo más sorprendente: los años parecen no pasar por ellos.

Doechii: la transformación en pop performer
Uno de los shows más sorprendentes de la jornada fue el de Doechii. Desde el comienzo quedó claro que no se trataba de un simple concierto, sino de una propuesta escénica cuidadosamente construida.
La apertura, con una fuerte referencia visual a la cultura egipcia, fue apoteósica. Grandes telares, iluminación sepia y una estética teatral transformaron el escenario en una especie de templo performático.
Doechii dominó el espacio prácticamente sola, apoyada por un grupo de bailarines que ejecutó coreografías precisas y perfectamente sincronizadas. El espectáculo fue visualmente exuberante, pero también musicalmente sólido.
Lo más interesante es observar su evolución: de ser una prometedora rapera a convertirse en una performer pop de gran escala. Su show fue arriesgado, culturalmente híbrido y tremendamente efectivo.
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Deftones: intensidad que no envejece
El golpe de energía más brutal de la noche llegó con Deftones. La banda abrió su show con “Be Quiet and Drive”, y desde ese instante quedó claro que el nivel sería altísimo.
La explosión sonora fue inmediata. Chino Moreno, en un estado vocal y físico notable, comandó el concierto con una presencia que parecía rejuvenecida. Su voz atravesó el parque con la misma intensidad que hace décadas.
El grupo también aprovechó de presentar material de su nuevo disco, “Private Music”, que sonó demoledor en vivo, junto a clásicos como “Change” y “My Own Summer”.
Pero más allá del repertorio, lo realmente impactante fue el sonido: la calibración musical fue impecable. Deftones sigue siendo una de esas bandas que, cuando se escuchan en vivo, generan una experiencia sensorial difícil de olvidar.
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Tom Morello: guitarra, memoria y política en Lollapalooza Chile
Uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó con Tom Morello. Su concierto comenzó con “Manifiesto” de Víctor Jara, un gesto profundamente simbólico que recordó el vínculo del guitarrista con la historia política chilena.
A partir de ahí, el show fue una mezcla explosiva de su carrera solista con material de Rage Against The Machine y Audioslave. No faltaron los discursos políticos: Morello criticó abiertamente al fascismo y el público respondió con cánticos contra José Kast.
El momento más electrizante llegó con un medley de Rage Against The Machine que evocó inevitablemente la recordada “Batalla de Santiago”.
Más allá del mensaje, lo musical fue impresionante. Morello sigue demostrando por qué es considerado uno de los guitarristas más innovadores de la historia del rock: su dominio técnico, su creatividad sonora y su manejo del público siguen siendo extraordinarios.

Sabrina Carpenter: pop brillante y seguro en Lollapalooza Chile
El cierre más luminoso de la noche llegó con Sabrina Carpenter, quien presentó un espectáculo que resume perfectamente su identidad artística.
La estética del show fue completamente coherente con su universo: escenarios blancos, pulcros y sensuales, pero siempre atravesados por la espontaneidad que caracteriza a la cantante.
El set repasó la mayoría de sus hits recientes, con especial énfasis en su último disco. Vocalmente estuvo sólida y la performance coreográfica fue impecable.
Más allá de la producción, el concierto confirmó algo evidente: Sabrina Carpenter ya es una popstar indiscutible. Y si su carrera continúa con esta progresión, su impacto en el pop internacional podría ser todavía mayor.
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Un día marcado por la intensidad en Lollapalooza Chile
La primera jornada de Lollapalooza Chile 2026 dejó claro que el festival sigue siendo un espacio donde conviven múltiples identidades musicales: desde el metal alternativo hasta el pop global, pasando por el punk político y la sofisticación del indie.
Pero si hubo un denominador común, fue la intensidad. Rabia, convicción, espectáculo y guitarras volvieron a tomar el Parque O’Higgins, recordando que, incluso en un festival masivo, la música todavía puede ser una experiencia visceral.
Galería de fotos de Lollapalooza Chile 2026 día 1 por Catalina Navarro (@thewitchphotos):

















































































