Fauna Primavera 2025 (día 1): Weezer, James y Stereolab hicieron vibrar la catedral del rock en Chile

Con los grandes números de Weezar, James, Stereolab y más artistas, Fauna Primavera 2025 lo dio todo en su inicio.

Hay festivales que se sienten como un reencuentro con los sentidos, y otros, como una reafirmación de por qué la música —esa vieja religión— sigue teniendo poder sobre nosotros. Fauna Primavera 2025 fue ambas cosas. Producción de Fauna.

La primera jornada, realizada este viernes 7 de noviembre en el Parque Ciudad Empresarial, desplegó un cartel que dialogó entre el ruido y la sutileza, la nostalgia y la vanguardia, ofreciendo una experiencia sonora que transitó entre la introspección y la euforia colectiva.

El nuevo diseño del espacio —con escenarios ubicados de forma contigua y no en extremos opuestos como en 2024— fue un alivio logístico: el público pudo moverse entre shows sin el habitual vía crucis festivalero. Pero si algo marcó la jornada, además del impecable sonido, fue el implacable calor. Una tarde que abrazó con sol metálico, empujando a los asistentes a buscar sombra entre las activaciones de marca y los oasis de cerveza artesanal.

Bajo ese cielo abrasador, la música se convirtió en refugio. En La Máquina estuvimos presentes y así lo vivimos.

Yo La Tengo: cuando el ruido se vuelve plegaria

El arranque con Yo La Tengo fue una ceremonia de disonancias y texturas. El trío estadounidense, fiel a su carácter introspectivo, ofreció un show de sutilezas y trance eléctrico, donde las guitarras lloraban más que rugían y la voz se desdibujaba en un mantra hipnótico.

Georgia Hubley y Ira Kaplan construyeron una especie de niebla sonora que se desplazaba lentamente sobre el público. Cada acorde parecía al borde del colapso, pero sostenido con precisión quirúrgica. No fue un concierto para los impacientes, sino para quienes entienden que el silencio también es una forma de ruido. En medio del sol implacable, Yo La Tengo regaló un momento de contemplación pura, como si el tiempo se detuviera entre pedal y pedal.

Él Mató a un Policía Motorizado: melancolía amplificada

A media tarde, los argentinos de Él Mató a un Policía Motorizado transformaron el Fauna en una liturgia indie. Con un set cargado de melodías sintéticas, atmósferas electropop y ese pulso nostálgico que los define, la banda ofreció un viaje emocional sin caer en el cliché.

Santiago Motorizado, con su voz grave y sincera, cantó como quien confiesa secretos al micrófono. Cuando sonaron El Tesoro y El mundo extraño, el público se encendió: fue el tipo de comunión que no se ensaya, se siente. Los sintetizadores tejían una red entre el pasado y el presente, mientras las guitarras abrazaban al público en un ruido suave pero contundente.

Fue un show sólido, maduro y honesto. Una prueba más de que el indie argentino ya tiene historia, pero aún conserva hambre de futuro.

Foto por Catalina Navarro.

Mogwai: la arquitectura del ruido en Fauna Primavera 2025

Y entonces, el ruido tomó forma. Mogwai, los gigantes escoceses del post-rock, ofrecieron uno de esos conciertos que se viven con el cuerpo más que con los oídos. Sin líricas, sin discursos, sin artificios: solo sonido puro y devastador.

Desde los primeros minutos, el público entendió que no estaba frente a una banda, sino a una arquitectura sonora en movimiento. Las guitarras crecían como tormentas eléctricas y las baterías retumbaban como relámpagos a lo lejos. Era el tipo de música que transforma el aire, que lo llena de electricidad invisible.

A los 30 años de carrera, Mogwai no necesita probar nada. Pero aun así, lo hacen: su pulcritud es quirúrgica, su energía, volcánica. Por momentos, la intensidad alcanzó niveles que rozaban lo espiritual. Si Tool hubiese nacido en Glasgow, quizás habría sonado así. Un concierto para los devotos del ruido entendido como arte.

James: el alma del britpop sigue bailando

Cuando James tomó el escenario, el Fauna se transformó en una fiesta de emociones. Los británicos, con Tim Booth a la cabeza, ofrecieron un show lleno de vitalidad, conexión y memoria colectiva.

Desde la introducción con ese tono místico casi hindú, el espectáculo avanzó en un in crescendo poderoso. Las percusiones se mezclaban con violines encendidos y un swing contagioso que hacía imposible quedarse quieto.

Booth, con su danza serpenteante y su magnetismo inquebrantable, fue un torbellino de energía. Saltó, giró, se acercó al público, rompió la distancia entre artista y audiencia como pocos saben hacerlo. Su voz —aún fresca, aún luminosa— se movió con precisión sobre himnos como Sit Down, Come Home y Laid.

El público respondió con un fervor genuino. El baterista, luciendo una camiseta de Chile, terminó por sellar ese lazo de afecto. Fue un concierto de puro corazón: una banda que se niega a envejecer y un público que no quiere dejarla ir.

Stereolab: geometría y elegancia sonora en Fauna Primavera 2025

Si James encendió la emoción, Stereolab ofreció la calma sofisticada del equilibrio perfecto. Con Lætitia Sadier y Tim Gane al mando, la banda franco-británica desplegó un set inmersivo, matemático y envolvente, donde el krautrock, el lounge y el pop sesentero se entrelazaron en una danza sutil de frecuencias.

El público, en su mayoría devoto del grupo, escuchó en un silencio reverencial cada capa de sonido. Stereolab no busca el golpe inmediato; seduce lentamente, con una musicalidad que se teje como un tapiz sonoro. Los sintetizadores dialogaban con guitarras minimalistas y bajos precisos, generando un trance hipnótico.

Más que una banda, Stereolab se presentó como un mecanismo de relojería perfectamente aceitado. No hubo estridencias, solo una elegancia que flotaba entre el sonido y la sonrisa permanente de Sadier.

Weezer: el poder inagotable de los clásicos

Y cuando el sol finalmente cedió, Weezer apareció como una ráfaga azul eléctrico para cerrar la jornada con la energía de los años 2000 aún intacta.

Los primeros acordes de My Name is Jonas fueron un golpe directo a la memoria colectiva. Rivers Cuomo, eterno adolescente del power pop, lideró una batería de éxitos que viajó del entusiasmo a la nostalgia con una naturalidad envidiable. Buddy Holly, Hash Pipe, Island in the Sun: cada tema era recibido como un himno generacional.

El público cantó todo, absolutamente todo. No hubo artificio, solo un grupo haciendo lo que mejor sabe: entregar canciones que suenan tan simples como eternas.

El carisma de Cuomo y la precisión instrumental mantuvieron al Fauna Primavera 2025 vibrando hasta el final. Sin giros dramáticos ni arrebatos innecesarios, Weezer cumplió y conquistó. Fue la guinda emocional de una jornada perfectamente equilibrada.

Fauna Primavera 2025 en plena madurez

El Fauna Primavera 2025 demostró que ha encontrado su punto de equilibrio entre logística, curaduría y experiencia. Los escenarios contiguos, el sonido impecable y la programación que supo alternar intensidad y calma, dejaron claro que este festival no busca solo entretener: busca cultivar audiencias y educar oídos.

Entre el ruido de Mogwai, la poesía indie de Él Mató, la nostalgia luminosa de James y la nostalgia eterna de Weezer, Fauna Primavera volvió a ser lo que siempre promete: un territorio donde la música se vive, se siente y se recuerda.

Galería de fotos por Catalina Navarro (@thewitchphotos):