Tras el debut del Claro Arena con Nicole y Lionel Richie, te contamos lo que debes considerar al momento de asistir a este nuevo recinto.
La expectación era palpable. No solo se trataba de la primera visita de Lionel Richie a Chile desde Viña 2016, sino también del debut oficial del Claro Arena, denominado anteriormente Estadio San Carlos de Apoquindo, como recinto cultural y musical, propiedad del Club Deportivo Universidad Católica. El domingo 7 de septiembre de 2025 quedará inscrito como una fecha clave: la apertura de un espacio que promete convertirse en un nuevo epicentro de espectáculos en Santiago, pero que en su estreno mostró un camino aún en construcción.
Vivimos este recital y asimismo la inauguración “no oficial” de este nuevo espacio artístico -la declarada es en el show de Ricky Martin-. Y acá en La Máquina te contamos cada uno de los aspectos que debes considerar a la hora de visitarlo.

Una primera impresión ambivalente
Al ingresar al recinto, lo primero que me sorprendió fue su acústica potente y envolvente, un sonido que abrazaba cada rincón primeramente con Nicole y luego con la voz y los clásicos de Lionel Richie. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de notar ciertos retumbes molestos en algunos sectores, detalles técnicos que evidencian que el lugar aún requiere ajustes para alcanzar la excelencia sonora que promete.
La experiencia logística fue otro de los puntos en los que el Claro Arena mostró su dualidad. Por un lado, la magnitud del evento, el orden dentro de la sala y la emoción colectiva reflejaban el espíritu de un espacio que quiere marcar diferencia. Pero, por otro, los accesos de tierra, la confusión de los funcionarios en la orientación al público y la ausencia de facilidades claras para personas con discapacidad contrastaron con las expectativas de una inauguración de alto nivel.
Además, hubo muy malos ratos con la salida del concierto en los estacionamientos. Desorden, poco control y confusiones en los caminos correspondientes. Desconozco si para los partidos de fútbol es similar, mas esto será un gran problema en el futuro si no se solventa en un corto plazo.
Lo anterior se complementa con el difícil acceso para personas con movilidad reducidad o discapacidad, ya que literalmente varios de los estacionamientos propiedad del estadio están en altura, con muchas escaleras y empinado, lo cual, obviamente, genera dificultades para estas personas más adultas.

Una experiencia con matices
Mientras me acomodaba en mi asiento, era imposible no pensar en la infraestructura a medio camino. Las graderías y el espacio central transmiten cercanía con el artista, un factor que seguramente será un sello distintivo en futuros conciertos. Pero la experiencia se vio empañada por la escasa variedad gastronómica y los precios excesivos de los alimentos, tema que se convirtió en comentario recurrente entre los asistentes durante los intermedios. Para un estadio que promete ser innovador y de primera línea, este punto es fundamental.
El Claro Arena es un recinto que deslumbra y decepciona al mismo tiempo. Deslumbra porque tiene la acústica, la infraestructura y el potencial para atraer a los grandes nombres de la música internacional; decepciona porque pareciera, en ciertos recodos, que aún no está terminado, y esa falta de maduración se sintió en cada detalle de la jornada inaugural.
Una muestra de como se oye el Claro Arena:
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El potencial de un nuevo epicentro cultural
Más allá de las críticas, hay algo que es innegable: el Claro Arena tiene futuro. En su primera noche como recinto cultural, quedó claro que puede transformarse en un punto neurálgico para la música en Chile, un espacio de encuentro que combine deporte, cultura y espectáculos.
Con Lionel Richie como padrino musical, el recinto tuvo un estreno que quedará en la memoria. Los clásicos del artista fueron el marco perfecto para probar la maquinaria de este nuevo coloso santiaguino, que ya se proyecta como competencia directa de recintos como el Movistar Arena.
El debut dejó la sensación de estar presenciando un espacio en ciernes, una especie de promesa que todavía se está construyendo. El Claro Arena es, por ahora, un diamante en bruto: imperfecto, pero con un brillo que, bien pulido, podría convertirlo en uno de los escenarios más importantes del país y Latinoamérica.












