Candelabro, la banda con una visión sociopolítica sin permisos ni ruidos: “No se debe censurar a los artistas chilenos”

El paso de Candelabro por el sábado 14 de marzo en Lollapalooza Chile 2026 no fue solo un concierto: fue una declaración. Entre bronces incendiarios, capas de sintetizadores y una ejecución cada vez más precisa, la banda convirtió su show en uno de los momentos más comentados del festival. Especialmente por su intervención durante el cover de “Ultraderecha” de Los Prisioneros, donde proyectaron imágenes de figuras como José Antonio Kast, Javier Milei y Donald Trump, tensionando el ambiente con un mensaje directo y sin matices.

Así se vivió ese momento de Candelabro en Lollapalooza:

Minutos después de bajar del escenario, el pulso seguía arriba. Pero también había claridad. Así fue como lo registramos en La Máquina.

“Ensayamos harto, la verdad”, dice Franco Arriagada, baterista, percusionista y saxofonista del grupo, aún con la adrenalina en el cuerpo. “Llevamos tiempo tocando juntos, nos conocemos bien, somos amigos. Entonces el ensamble se da de forma súper natural. Después de grabar el último disco quedamos mucho más afiatados, y como no hemos parado de tocar, todo se ha vuelto cada vez más fluido”.

Ese nivel de cohesión se siente en vivo: Candelabro no parece una banda que esté probando cosas, sino una que ya encontró su lenguaje. Uno que mezcla riesgo, técnica y una identidad sonora poco habitual en el circuito rockero más tradicional.

Foto por Catalina Navarro.

Pero el ruido que generaron no fue solo musical. Su postura política en escena dialoga con un momento donde cada vez más artistas locales deciden decir algo, incomodar, posicionarse. Nahuel Alavia (saxo, sintetizadores) lo explica sin rodeos:

“La música tiene que representar lo que uno ve, lo que uno piensa, lo que uno vive. Y lo nuestro no está exento de eso. Cada uno tiene su realidad y todo eso entra en la música, tanto en lo sonoro como en la letra. Y, sinceramente, fue súper feo lo que hizo el festival al censurar a una banda chilena. No se debe censurar a las bandas chilenas, son parte de nuestra cultura. Todo lo que pensamos lo dijimos en el escenario”.

El comentario no es aislado. En una edición marcada por discursos —desde Mon Laferte hasta otros actos que se sumaron a la conversación política—, Candelabro eligió no mirar al costado.

Y mientras el presente los encuentra en uno de sus mejores momentos, el futuro ya asoma con ambición —y también con humor. Ante la pregunta por sus próximos pasos, la banda responde entre risas con la fanfarria de Viña del Mar, pero rápidamente aterriza:

“Pensamos en un Estadio Nacional…”, lanza Carlos Muñoz, medio en broma, medio en serio. “Pero este año tenemos el lanzamiento del disco el 20 de mayo en el Teatro La Cúpula, donde vamos a tocar el álbum completo. Va a estar muy bueno, de alta calidad. Antes de eso viajamos a Lima, y después a España, a fines de mayo y principios de junio. Y claro, se viene nueva música”.

—“Harta calidad”, rematan entre varios, casi como mantra.

Foto por Catalina Navarro.

La internacionalización ya no es una fantasía lejana. Europa está en el radar inmediato y, aunque nombres como Coachella aparecen en la conversación, la banda prefiere hablar desde lo concreto: ya están cruzando fronteras.

En ese camino, también miran con atención lo que pasa con la escena local. El crecimiento de artistas chilenos en grandes escenarios —como Los Bunkers o figuras más nuevas como Jere Klein— no es algo que vean desde la distancia.

“Es súper importante”, reflexiona Arriagada. “Si crecen los artistas chilenos, crece todo el medio. Que bandas como Los Bunkers o Jere Klein tengan ese nivel de exposición nos levanta a todos. Así tiene que ser: estamos todas las bandas trabajando para que esto crezca, porque en Chile es difícil. Entonces, que siga pasando”.

Foto por Catalina Navarro.

María Lobos, saxo y coros, por su parte, pone el foco en la generación que hoy comparte cartel y conversación:

“Estamos muy contentos de coincidir con bandas como Anttonias o Hassel Kassel. Hemos crecido más o menos en paralelo, enfrentando cosas similares. Es bonito encontrarnos en estos escenarios. Y más aún en un festival donde también están Los Bunkers, Quilapayún, Chicarica o 31 Minutos. Poder compartir con artistas internacionales también hace que la música chilena llegue a gente que no necesariamente venía a vernos. Eso se agradece mucho”.

Candelabro no solo tocó en Lollapalooza: ocupó el espacio. Con un show que combinó precisión musical, identidad y discurso, confirmaron algo que ya se venía comentando hace tiempo: no son promesa, son presente. Y uno que, además, no tiene miedo de incomodar.

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