Opinión | El inquietante vacío cultural en el programa de José Antonio Kast: un país sin arte ni memoria

La única medida cultural en el programa de José Antonio Kast es la creación de un Plan Nacional de Inversiones Culturales 2026–2036. Lee esta columna de La Máquina.

En tiempos donde la cultura, las artes y el patrimonio son pilares fundamentales para comprendernos como sociedad, el programa de gobierno del ultraderechista José Antonio Kast vuelve a dejar claro que su proyecto político no concibe estos ámbitos como motores de desarrollo, sino como elementos secundarios, casi accesorios. Un análisis detallado del documento confirma lo que ya se insinuaba en campañas anteriores: la cultura no es una prioridad, ni una preocupación, ni un espacio de construcción de país dentro de su propuesta presidencial.

El texto completo del programa apenas contiene menciones específicas a cultura, arte o patrimonio. Y cuando lo hace, el enfoque es superficial, instrumental y desconectado del ecosistema cultural real. La ausencia de definiciones, políticas robustas o visión a largo plazo sobre el sector no es casual: responde a una mirada que reduce la cultura a infraestructura, moral y orden, dejando fuera todo aquello que compone la riqueza simbólica de una nación.

Un plan cultural que solo existe en ladrillos, no en contenido

La única medida cultural explícita que aparece en el programa de Kast es la creación de un Plan Nacional de Inversiones Culturales 2026–2036, cuyo objetivo principal es construir o restaurar infraestructura en comunas con baja cobertura.

A primera vista, podría parecer una señal de apoyo. Pero un análisis más profundo revela la precariedad conceptual del planteamiento:

  • No se mencionan políticas de fomento a las artes.

  • No se definen mecanismos de apoyo a creadores, compañías, artistas independientes o gestores culturales.

  • No hay referencias a industrias creativas, museos, centros culturales, archivos, editoriales, ni formación artística.

  • El programa no reconoce el rol cultural del Estado más allá del cemento.

En otras palabras: se promete construir edificios culturales, pero no se dice qué se hará dentro de ellos, quiénes los ocuparán, cómo se financiarán, ni cómo se vincularán con sus comunidades.

Una política cultural basada exclusivamente en infraestructura es, en la práctica, una política cultural vacía.

Patrimonio nacional: el gran ausente del programa de José Antonio Kast

Si en cultura el programa es escueto, en patrimonio es derechamente inexistente.

No hay ninguna propuesta relacionada con:

  • Protección del patrimonio material o inmaterial.

  • Conservación de memoria histórica.

  • Financiamiento de museos o instituciones patrimoniales.

  • Reconocimiento del patrimonio de pueblos originarios.

  • Políticas de resguardo ante catástrofes, vandalismo o abandono.

Este silencio no es menor. Implica que la identidad histórica del país no forma parte del proyecto político de Kast, un hecho preocupante en un contexto nacional donde la preservación del patrimonio ha sido sistemáticamente debilitada por la falta de inversión y planificación estatal.

Una visión moralizante de la “cultura”

Otro elemento crítico del programa es el uso reiterado —y difuso— del concepto de “cultura” para referirse a la “cultura del trabajo”, la “cultura del esfuerzo” o la “cultura de la corresponsabilidad familiar”.

Estas expresiones no tienen relación con la cultura como ámbito artístico o simbólico: son conceptos ideológicos utilizados para reforzar un imaginario moral conservador.

Esta operación discursiva permite al candidato instalar la idea de que la cultura es un atributo moral, no un derecho social ni un espacio de creación, cuestionamiento, diversidad y crítica.

En su programa, la cultura no aparece como expresión plural, sino como un mecanismo para restaurar orden, disciplina y valores tradicionales.

¿Y las artes? Simplemente no existen para José Antonio Kast

Las palabras “artes”, “artístico” o “creación” prácticamente no aparecen en el texto.

No hay rastro de propuestas relacionadas con:

  • Artes escénicas.

  • Música.

  • Cine.

  • Literatura.

  • Artes visuales.

  • Danza.

  • Festivales o circuitos culturales.

El silencio es total.

Un programa presidencial que no contempla las artes es un programa que desconoce el rol de la creación en el bienestar social, en la salud mental, en la innovación y en la construcción democrática.

Un país sin cultura es un país sin futuro

El programa de José Antonio Kast presenta una visión de Chile en la que la cultura no tiene lugar. No se trata solo de un problema técnico o programático: es una señal política.

Un proyecto que omite a los artistas, a los patrimonios y a las comunidades culturales es un proyecto que renuncia a imaginar el futuro.

La cultura no es un lujo.

No es un ornamento.

No es una “actividad recreativa” ni un recurso moral.

La cultura —sus creadores, sus memorias, sus espacios— es lo que permite que una sociedad se piense, se narre y se transforme. Y en el programa de Kast, esa reflexión simplemente no existe.

Su propuesta cultural, basada únicamente en infraestructura y en nociones moralizantes de convivencia, no responde a las necesidades reales del sector, no reconoce la diversidad cultural del país y no articula políticas para fortalecer el ecosistema artístico y patrimonial.

Para un candidato que aspira a gobernar Chile, la ausencia de cultura en su programa no solo es una omisión: es una declaración de principios.

Y es una declaración peligrosa.

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