Un viaje sinfónico con las bandas sonoras de los años 80 y 90 llega a Chile con Damián Mahler, una orquesta de 50 músicos y Roberto Bravo.
El próximo 30 de noviembre, Los Jardines de El Mercurio serán el punto de partida de un viaje emocional que atraviesa décadas de cine, memoria y herencia cultural. El destacado director orquestal argentino, Damián Mahler, acompañado por una orquesta sinfónica profesional y la presencia del maestro Roberto Bravo, traerá de regreso esas bandas sonoras que marcaron infancias, juventudes y vidas completas. Será un espectáculo para vivirlo sin prisa, con la familia completa y con el corazón dispuesto a recordar.
Entradas del show en Los Jardines de El Mercurio acá.

Hablar con Damián Mahler, quien es hijo del fallecido maestro Ángel Mahler, es volver a ese ritual que marcó a generaciones: la tele-cajón encendida, la leche con galletas, el VHS que uno veía hasta gastarlo, no por obligación, sino por amor. Ese espíritu, lo simple, lo cálido y lo que construye pertenencia, es el motor del sinfónico que ha presentado durante cinco años en Buenos Aires. “Evocamos todo el tiempo ese espíritu nostálgico dentro del espectáculo. Es como volver a ser niños, aunque ahora lo hagamos desde una butaca y con una orquesta completa sonando al frente”, dice.
Esta evocación no se queda solo en la nostalgia superficial, sino que busca reactivar un sentimiento profundo: reconocerse en aquello que alguna vez nos hizo soñar.
Su propuesta se sostiene sobre una pulsión clara: recordar sin endulzar, sentir sin anestesia y volver sin miedo. Para él, ese viaje encuentra forma en los años 80, una década que, en sus palabras, “es un mundo que ya no existe más”. En su sinfónico, sin embargo, revive con un vigor que conmueve a distintas generaciones al mismo tiempo: padres, hijos, abuelos y nietos compartiendo la misma melodía, como si el tiempo se plegara sobre sí mismo y todos volvieran a encontrarse en un punto común.
No es casual que en el escenario convivan suites que pasan, casi sin respirar, por Los Caballeros del Zodíaco, Sailor Moon, Pokémon, La Pantera Rosa o Inspector Gadget. “El público estalla cuando aparece uno de esos títulos que marcaron su infancia. Es como el momento de Ratatouille en que un bocado te devuelve a tu niñez. Nosotros hacemos lo mismo, pero con música”, comenta.
Estos guiños no solo despiertan emociones: abren un diálogo entre generaciones que reconocen, cada una a su modo, la fuerza de esas historias. En La Máquina conversamos con él previo a su recital sinfónico en tierras nacionales.

Un sinfónico que une generaciones con Damián Mahler
Mahler confiesa que lo que más lo sorprende es la cantidad de niños que asisten. Ojos enormes, cuerpos quietos, respiración suspendida. “A veces me pregunto: ¿qué hacen acá? Y después veo sus caras… están completamente absorbidos por la situación”, relata. Para él, la música sinfónica conserva una potencia inmensa, incluso —o quizás especialmente— en un mundo saturado de pantallas y estímulos veloces.
“Me encanta que para muchos sea su primera experiencia con una orquesta. Que entren acá y salgan queriendo más. Que después sigan explorando este mundo”, confiesa. Su espectáculo no solo entretiene: funciona como un puente intergeneracional que permite compartir referencias, afectos y memoria. Una música para todos, pero también para uno mismo, como un espejo emocional que cada espectador interpreta desde su propia historia.
El desafío de emocionar en tiempos veloces
En un presente gobernado por lo inmediato, Mahler no teme a la tecnología, pero sí a la pérdida de sensibilidad. “Siento que se perdió una visión romántica de la vida. No hablo de amor de pareja, sino de esa chispa fantástica que había en los 80, esa capacidad de imaginar que un auto con plutonio podía viajar al pasado”. Esa inocencia creativa, dice, se diluye entre distracciones que nos vuelven “más lineales, más chatos”.
La inteligencia artificial surge inevitablemente en la conversación. Para él, más herramienta que amenaza. “La IA va a ser una herramienta más. Vamos a terminar pidiéndole que nos genere una música con tal arco narrativo y lo va a hacer. Pero de ahí a crear un Star Wars… eso es otra cosa. Hay algo inherentemente humano que no se puede imitar”, afirma.
Y lo sintetiza en una frase que parece cerrar el tema: “John Williams no inventó nada y a la vez lo inventó todo. Y eso la IA no lo puede reemplazar”.

Disney, el desencanto y una industria en pausa
Sobre la supuesta crisis musical de Disney, Damián Mahlerr no da rodeos. “Las canciones de Encanto o la primera Moana son una locura. Pero últimamente me estoy encontrando con scores muy poco inspirados”, admite. Aunque admira profundamente a Lin-Manuel Miranda, percibe un desgaste creativo en las últimas producciones: “La historia puede funcionar perfecto, pero si la música no te toca… queda todo plano”.
Para él, la música funciona como un espejo de época, y tal vez esta atraviese un valle creativo del que, eventualmente, la industria volverá a levantarse.
Chile en la mira: un viaje sinfónico familiar con Damián Mahler
Cuando Damián Mahler habla de su llegada a Chile, Mahler se ilumina. “Vamos con una orquesta de 50 músicos. Más sorpresa que esa, imposible”, dice entre risas. A eso se suma un invitado de lujo: Roberto Bravo, a quien define como “una leyenda viva de la cultura chilena. Compartir escenario con él me honra profundamente”.
No adelanta demasiado, pero promete un viaje emocional que recorre décadas, memorias y melodías que acompañaron vidas enteras. “Que el público vaya en familia, con hijos, abuelos, nietos. Este concierto es para vivirlo juntos”, afirma.
Una invitación a reencontrarse con lo que alguna vez nos hizo soñar y a compartirlo con quienes hoy recién comienzan a escribir su propia historia. Si quieres ser parte de este viaje —de la música, del recuerdo y de la emoción compartida—, estás invitado.












