Benzo Lombardo, el chileno que triunfa en Estados Unidos y colaboró con Rihanna y Travis Scott: “Me encantaría trabajar con Cami, Rosalía o The Weeknd”

Entrevistamos a Benzo Lombardo quien, desde Estados Unidos, conecta con sus memorias en Chile y sus proyectos con grandes artistas.

A lo largo de los años, Chile ha logrado exportar artistas de primer nivel a Estados Unidos. Y no solo hablamos de — nuestro — Pedro Pascal, sino que también de artistas de distintas disciplinas como, Isabel Allende, la escritora best seller chilena, cuya obra a sido adaptada al cine hollywoodense o el también escritor Benjamín Labatut, quien se hizo un camino en el país del norte, incluso apareciendo en la lista de fin de año de Obama. Si nos vamos a la música, encontraremos nombres como Lucho Gatica, considerado el “Rey del Bolero”, o su sobrino, Humberto Gatica, productor musical chileno que escribió su nombre en discos de artistas de la talla de un tal Michael Jackson o Celine Dion.

Precisamente en este ítem musical es donde un nuevo nombre nace para tomar este testimonio. Un artista que a los 19 años se fue de Calera de Tango a Los Ángeles (Estados Unidos, por si es necesario aclararlo) para trabajar en distintas áreas de la escena junto a grandes de la música mundial como Arcángel, Rihanna, Travis Scott y Don Toliver, entre otros. Hablamos de Benzo Lombardo.

Hoy en el marco del lanzamiento de su single “NQD”. incluido en su próximo disco Malas Caras”, conversamos con Benzo Lombardo sobre su primer disco Giancarlo, su conexión con Chile y la escena urbana, además de sus colaboraciones internacionales.

Benzo Lombardo en el videoclip de NQD

Un gusto, Benzo. ¿Cómo estás?

Benzo: Yo muy bien, muchas gracias por la invitación y feliz de hablar del proyecto y un poco de mi experiencia. Así que feliz de estar acá.

Gracias a ti por permitirnos esta entrevista. Tu primer disco salió este año: Giancarlo. Me sorprendió porque me encontré con mucha intimidad. Es un disco casi conceptual, totalmente creado con piano, títulos ligados a recuerdos —al menos eso asumí—. ¿Qué te llevó a crear un trabajo tan distinto a lo que vendría después con Malas Caras – su próximo disco -, con NQD, y con lo que venías trabajando en Estados Unidos?

Benzo: Qué bueno que me preguntes por Giancarlo porque fue un proyecto muy especial. Yo llevo mucho tiempo haciendo música, toco piano todos los días —es mi instrumento principal—, y el proyecto de Malas Caras lo llevaba pensando hace rato. Cómo sacarlo, cómo hacerlo. De repente, en los periodos donde no estaba trabajando en ese proyecto, me sentaba al piano y simplemente tocaba lo que se me venía a la mente, lo que iba canalizando. Muchas veces me grabo haciendo eso, y básicamente lo que decidí con Giancarlo fue compilar algunas de esas improvisaciones que más me gustaban y publicarlas. Era algo muy humilde, sin grandes pretensiones. Se lo había mandado a algunos amigos y me decían: “Oye, esta música me ayudó mucho a entrar en paz, a relajarme”. Sentí que era un bonito regalo. Yo siempre he sido muy detallista, sobre todo en producción musical, me gusta llenar de elementos, sobre todo en la música para cine. Pero este disco de piano fue un desafío personal y emocional: dije “voy a sacar la versión más honesta e imperfecta de mí mismo”. Le vi valor a eso. Además, tenía sentido hacerlo antes de Malas Caras, porque después no habría tenido lógica publicar algo tan íntimo. Giancarlo quedó como una memoria, una huella en mi catálogo: un disco simple, honesto, y que contrasta completamente con Malas Caras, que es un proyecto más complejo y agresivo.

Pero ¿cómo llevaste ese sonido y lo relacionaste a momentos específicos? 

Benzo: Mira, la verdad es que yo siento que soy una persona súper nostálgica. Llevo como ocho años acá en Estados Unidos, y la verdad es que en momentos me da mucha nostalgia. Echo mucho de menos Chile, a mis amigos, a mi familia. Mi vida acá se vuelve muy solitaria, y simplemente me pongo a pensar en esos recuerdos. Me siento al piano porque para mí el piano es mi terapia, mi psicólogo. Es la mejor forma que tengo de entender qué pasa con mis emociones y con mi mente. Entonces, ese proceso del álbum no tuvo mucha ciencia más allá de eso: sentarme al piano, pensar en ciertas personas, en ciertos recuerdos, canalizar lo que sentía y tocar sin pauta. Si me gustaba lo que salía, lo guardaba y lo publicaba.
Ese álbum de piano no lo pensé dos veces: tenía estas grabaciones que eran casi sesiones de terapia, y decidí compartirlas. Es una huella emocional que quedará ahí para siempre. Y siendo súper honesto, tengo todas las ganas de seguir haciendo ese tipo de música. Me encanta tocar piano; es mi forma de soltarme, de despejarme.

Benzo Lombardo

No te estancas en un solo estilo musical, sino que te gusta experimentar. Dijiste que Malas Caras era un proyecto personal y que cada single es un capítulo independiente. ¿Cuál es el concepto central de Malas Caras, a diferencia de Giancarlo? Me imagino que se conectan en algún punto, porque igual son tus vivencias.

Benzo: Primero que nada, Giancarlo es mi nombre real, mi nombre legal. Pero todo el mundo me llama Benzo desde chico. Siento que el disco Giancarlo rescata esa versión mía: algo súper honesto, nostálgico, tierno. En cambio, Malas Caras es un proyecto mucho más maduro, pero maduro incluso en el mal sentido. Es un proyecto fuerte, duro. En Malas Caras vemos a esa persona —a Giancarlo— que ha pasado por cosas difíciles. Me interesa ese contraste: cómo la vida te lleva de una versión tierna de niño a algo más frío y endurecido. Yo estaba pensando no sacar nunca el disco de piano, pero alguien de mi equipo me dijo: “Sería genial mostrar ese contraste más drástico y dramático: pasar de algo tan puro a algo tan agresivo”. Y tenía razón.

Y funciona porque terminé de escuchar Giancarlo y luego sonó “NQD”. Es otra energía: En NQD aparece tu voz, siendo  muy agresiva, pero, por el contrario, Giancarlo, es un disco instrumental. Sobre NQD —o Nada que decir, el nombre completo—, lo describiste en algún momento como la última pieza del relato. ¿Cómo fue la construcción de esa historia? ¿Y qué representa ese personaje tan serio, futurista y profundamente deprimido?

Benzo: Exacto. El personaje de Malas Caras nace de una batalla con la fe; es un disco sobre una lucha interior. Cuando vivía en Los Ángeles me pasó algo parecido: crecí con mucha fe, esa misma que me impulsó a irme a Estados Unidos a los 18 o 19 años, con esa luz interna diciéndome qué hacer. Pero después de algunos años allá, viviendo lo que soñaba —trabajando con artistas que admiraba, conociendo gente importante—, empecé a sentirme vacío. Vengo de Calera de Tango y estar en Los Ángeles fue un salto enorme que me costó mucho sacrificio, pero tras tres años nada tenía peso. Intenté reconectar con la fe, sin encontrarla; me sentía perdido. De ahí nació este personaje: una versión mía desesperada, consumida por la pérdida de fe. Me pregunté: ¿qué pasaría si esta desesperación me terminara consumiendo? En vez de volverme eso, lo canalicé en arte. Malas Caras trata de eso: una versión mía que sí se volvió loco con su pérdida de fe, que se sintió traicionado por ella. En el video de NQD se ve su clímax de locura —un edificio con forma de cruz caída, símbolo de la fe en duda—. Me interesaba mostrar ese final primero y luego ir hacia atrás, revelando cómo llegó a eso.

Mencionas conceptos como dark pop, música urbana, y un sentido súper cinematográfico. ¿Cómo esa narración visual conversa con la música? Me imagino que no será el único videoclip. ¿Van a seguir saliendo más capítulos visuales de la historia?

Benzo: Sí. Las canciones son variadas, pero todas dentro del mismo universo. Yo doy algunas pistas de cómo interpreto la historia, pero me gusta que cada persona la lea a su manera. Para mí el arte no tiene que ser textual. Así que, aunque voy contando los videos hacia atrás, también dejo espacio para la interpretación del público. Por ejemplo, me ha gustado mucho que las opiniones sobre qué significa Nada que decir y su video sean tan distintas. Eso era justo lo que buscaba: que al principio haya muchas lecturas diferentes, y que con el tiempo —a medida que salgan más canciones— la gente vaya entendiendo mejor el relato. Mi objetivo es que, con los meses o incluso un año después, la percepción del video cambie, que cobre más sentido, que las piezas encajen. Eso me parece muy cool: que el arte evolucione con el tiempo.

Nada que Decir, el afiche

El arte también es interpretativo. Hablemos un poquito de tu trayectoria. En pocos años ha sido intensa. Trabajaste hace poco con Arcángel, con Travis Scott, con Adam Blackstone —que te llevó a trabajar en Jimmy Kimmel, si mal no recuerdo—. También trabajaste en un show con Rihanna y compusiste la música de Love Virtually. Son universos bien distintos: trabajar con Arcángel no es lo mismo que hacer música para una película. ¿Qué puente encontraste entre esos mundos? ¿Cómo llevaste esas experiencias a tu propia música?

Benzo: Lo que estoy haciendo hoy con Nada que decir es el resultado de toda esa experiencia, de esos momentos en que sentía que algo faltaba en proyectos que no dependían de mí. A veces trabajaba con artistas grandes y pensaba: “Esto está bien, pero yo lo habría hecho distinto”. He pasado por casi todo: músico, director musical, compositor, productor, pianista, baterista, he trabajado en películas, shows en vivo y management. Con todo eso pensé: “Puedo ser un buen embajador para mi propio proyecto”. Esa fue mi motivación para crear Malas Caras: entender de guiones, de personajes, de atmósferas, y crear un universo propio dentro de la música latina. Y te voy a ser sincero: en todos esos trabajos grandes siempre me faltó algo; nunca eran míos. Malas Caras fue mi forma de solucionar eso: seguir en la música, pero disfrutarla, hacer algo con intención, que diga y proponga algo nuevo.

Al final no estabas contando tus experiencias personales, sino las de otros. ¿Eso ha sido lo más desafiante? Digo: hacer canciones que hablen desde ti.

Benzo: Sí, 100%. Cuando trabajas en la industria y te llega un artista grande —como Arcángel— todo es muy rápido, casi como un servicio: “necesitamos un pianista, un productor”. A veces ni siquiera conoces al artista, no hay conversación ni conexión creativa; solo te dicen “ven, agrega algo y chao”. Pero para mí la música nunca fue un servicio. Desde chico me inspiró a crear, a crecer como artista. Por más agradecido que esté, no me sentía pleno; me llamaban porque necesitaban un piano, nada más. Por eso este proyecto me ha costado tanto: tengo una responsabilidad conmigo y con el mundo, le he puesto todo —mi corazón, mi experiencia y mis emociones—. Sería más fácil hacer canciones sin pensar tanto, pero no. A este proyecto le he puesto todo lo que tengo, y lo que no tengo también.

América no es un país

Me dijiste que te fuiste desde Calera de Tango hasta Estados Unidos. Vives entre Miami y Los Ángeles también, ¿no?

Benzo: Sí. Viví mucho tiempo en Los Ángeles, y llevo ya como tres años en Miami, aunque igual me ha tocado volver a Los Ángeles por trabajo.

Son ciudades enormes, donde se conjuga casi toda la cultura del mundo. ¿Cómo convives con esa dualidad cultural? ¿Qué rasgos de tu origen chileno sientes que siguen marcando tu música? Y al mismo tiempo, ¿qué has podido adoptar de un entorno más global?

Benzo: Buena pregunta. No ha sido fácil, para nada. Cuando llegué a Los Ángeles viví esta especie de “doble identidad”. Uno crece hablando como chileno, con la cultura chilena, y de repente estás en una ciudad inmensa donde tienes que reinventarte: nuevo idioma, nueva cultura, nueva forma de movertePodían pasar meses sin que hablara español; todos mis amigos hablaban inglés y con suerte hablaba con mi familia. Fue muy difícil y uno no se da cuenta del desgaste. Tenía 19, era chico, y vivía a mil tratando de quedarme en Estados Unidos. No pensaba en mis emociones, solo en mi carreraCon los años empecé a echar de menos mi cultura y mis raíces. Creo que por eso me cambié a Miami: tengo más amigos latinos, hablo más español y me he reencontrado con mi chilenismo. Hoy me considero full chileno; ya ni trato de cambiar el acento. Me gusta representar a mi país, y ojalá algún día compartir más espacios con otros chilenos que están dejando huella, como Pedro Pascal.

Ahí con Pedrito Pascal, juntitos.

Benzo: Jajaja, ojalá algún día.

Mirada hacia Chile por Benzo Lombardo

Y sobre Chile: colaboraste con Fran Mazu en “Otra vida”, y según se sabe, era una canción originalmente pensada para Doja Cat. ¿Qué te mueve a compartir tu música con otros artistas nacionales? ¿cómo ves la escena urbana actual en Chile?

Benzo: Con Chile siempre he tenido una sensación un poco amarga, como de querer estar más presente en la industria y no poder del todo. Desde acá en Miami me pierdo de muchas cosas que pasan allá, salvo los proyectos grandes. Lo de la Fran fue simple: ella venía harto a Miami, la conocí acá, y dijimos “hagamos algo juntos, algo con conexión chilena”. Y así nació Otra vidaTengo muchas ganas de poder ir a Chile, conocer más talento y ver en persona lo que está pasando con la industriaY lo voy a hacer pronto, estoy seguro. Me interesa más integrarme a la escena chilena que a la de Miami. Me llama mucho la atención esta generación de artistas chilenos que están proponiendo cosas nuevas y mostrando un talento increíble. Me encantaría poder formar parte de eso, estar ahí, colaborar, compartir visión.

Volviendo a ti, si alguien que no te conoce escuchara el disco, ¿qué te gustaría que sienta o entienda al escucharlo?

Benzo: Lo que busco con el disco es abrir conciencia respecto a la fe, un tema muy nublado hoy. Ya casi no se habla de ella; muchos la asocian con religión, y yo no necesariamente hago eso. Mi proyecto habla de una pelea con la fe, sin saber si el personaje está a favor, en contra o perdido. Lo importante era generar debate, poner el tema sobre la mesa. Quiero que quien lo escuche lo haga con la mente abierta, no buscando una canción entretenida, sino una experiencia artística. He juntado mucha experiencia y este proyecto es el resultado: mi forma de decir “esto es lo que quiero proponer a la industria musical”. Sé que lo nuevo puede asustar, pero se necesitan artistas que se atrevan a proponer. Mi objetivo es crear diálogo, que guste o no, pero que genere conversación. Además, estoy trabajando en los shows en vivo, que quiero llevar pronto a Chile.

Es bonito escuchar a un artista que busca desafiar y nadar contra la corriente. Porque, claro, muchas veces la música urbana se va por los mismos temas: drogas, sexo, fama. Y tú estás buscando otro lado, algo distinto. Bacán ese desafío.

Benzo: Exacto. Eso es justamente lo que busco con este proyecto.

Para finalizar —y aquí viene clickbait (risas)—: ¿Con qué artista internacional o nacional, soñando, te gustaría colaborar?

Benzo: (Risas  de Benzo Lombardo) Varios, hay varios, varios. Obviamente The Weeknd ha sido una gran influencia para mí. Me encantaría trabajar con él o conocerlo. Hay muchos artistas nacionales también que admiro y con los que me encantaría colaborar. A ver… si te dijera hoy con quién me gustaría trabajar. Nacional: con Cami. Tuve la oportunidad de conocerla y me gustaría mucho hacer algo con ella. Y también el Dref -Drefquila –. Lo conocí acá en Miami y me gusta su versatilidad, su postura artística. Tiene una forma de desafiar el género urbano que me parece muy interesante. Y a nivel internacional, me encantaría hacer algo con Rosalía. Tengo la impresión de que compartimos una filosofía parecida respecto a la música. Y si pienso más en el lado de la producción, te diría Max Martin o Pharrell Williams. Ambos son productores que admiro muchísimo. Pero como artista, sí, Rosalía y una cantante que se llama Banks. No sé si es muy conocida en Chile, pero me encanta su estética y su música.

Piensas más allá de la canción misma. También en cómo sonaría, en la producción y ahí se nota tu otro lado. Muchas gracias, Benzo, te pasaste.

Benzo: Exactamente, exactamente. Me la pasé súper. De verdad, muchas gracias. Por ahora, saludos a Calera de Tango.

Al terminar la entrevista, queda claro que Benzo Lombardo entiende que el arte no siempre se trata de darle al público lo que quiere, sino que desafiarlo y explorar los límites del género que está interpretando. Desde Estados Unidos, un chileno que piensa en expandir los universos narrativos y musicales de su arte.

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