Wonder Woman: más allá de la Liga de la Justicia y el Lazo de la Verdad

 Wonder Woman: más allá de la Liga de la Justicia y el Lazo de la Verdad

Los cómics como medio de entretenimiento masivos nacieron en una época determinada: post Gran Depresión del ’29. Su masificación incluso podría responder a elementos más profundos que el solo hecho de ser una manera económica de repartir historias impresas y distribuidas en viñetas, también lo es gracias a las potentes, interesantes, divertidas e identificatorias historias que entre página y página se mostraban, principalmente, a los niños de la época.

En este misión, fundamental fue el rol que asumió la editorial norteamericana DC Comics (1935), la cual daría vida a la que es considerada -más de las comparaciones con su rival de siempre, Marvel- como “Santa Trinidad” de las publicaciones de viñetas: Superman (Siegel-Shuster), Batman (Kane-Singer) y la Mujer Maravilla (Moulton), quienes, de alguna u otra forma, han sentado las bases de lo que la industria comiquera sería a partir de ahí hasta la actualidad.

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El tridente mágico de DC si bien es considerado como el más grande la industria, no sería nada sin la piedra angular y única mujer de esta triada de disimiles personajes: Wonder Woman, quien se encarga de mantener los equilibrios nivelados entre Batman y Superman, no obstante que de igual manera entrega por sí sola una historia rica en mitología, anécdotas, batallas y villanos memorables.

La historia de Diana Prince es conocida por la gran mayoría, pero, a grandes rasgos, es básicamente la siguiente:

Diana de Temiscira es la princesa de la raza de mujeres guerreras conocidas como las Amazonas (basadas en las Amazonas de la mitología griega), las cuales viven en una isla apartada de la civilización y, salvo excepciones, no se permite el ingreso de hombres.

La hija de la reina Hipólita, también eximia luchadora amazona, tendría su primer contacto con el hombre con la sorpresiva llegada del piloto Steve Trevor, quien caería por accidente en la isla en medio de la Segunda Guerra Mundial. De ahí en más, la historia de Diana sería un constante descubrir y luchar, tanto con sus hermanas amazonas como con sus demás aliados, entre lo que además de los ya mencionados Superman y Batman, se encuentran Flash, Linterna Verde, Aquaman o incluso el dios más poderoso de la mitología griega, Zeus.

Pero la historia de la mujer superdotada físicamente y cuyas habilidades de pelea, muchas veces destacada como la más prodigiosa de su clase, son motivo de entretención y admiración de más de una generación, mantiene detrás de ella dos lecturas mucho más profundas que puños y patadas, una que incluso tiene relación con su autor: William Moulton Martson (1893-1947).

Tom Heintjes a Twitter: "Today in Comics History: William Moulton ...
William Moulton Martson

Wonder Woman, más allá de la Liga de la Justica: un referente sociopolítico

Los Estados Unidos después de la crisis del ’29 y durante toda la década de los 30s y 40s, desarrolló un progresivo “gen conservador” que tendría consecuencias para la propia publicación de la Mujer Maravilla en la década de los 50s. Pues bien, ni estas constantes presiones conservadoras llevaron a claudicar a su rebelde y vanguardista autor, un psicólogo de 48 años que vio en los cómics una manera de crear consciencia feminista y de reivindicar el rol de la mujer y su libertades.

Este creador del detector de mentiras y del Modelo Teórico de sicología DISC, el cual permitía entender el funcionamiento de las funciones cerebrales a raíz de disposición con las emociones, especialmente cuando la persona estudiada mentía, estaba convencido de que la mujer no era únicamente una acompañante, sino que también puede ser la protagonista, por ende encontró en las viñeta una excusa para, sutil e implícitamente, develar los tabúes que se tenían en la época con la sexualidad de las mujeres, escribiendo poses de pelea sugerentes, posiciones de sumisión y entregándole un atuendo que, aunque provocador, no era precisamente resaltante de su figura para que la atención se la llevara su cuerpo sino sus habilidades y capacidades en combate y ser humana.

Convencido de que el rol de la mujer y en rigor de los seres humanos no eran los que los cánones conservadores de la época (y hasta hoy) impone la sociedad, Moulton Martson, bajo el seudónimo de Charles Moulton, iniciaría las aventuras de la mujer amazonas que buscaba no solo enfretarse con seres mitológicos, ladrones o seres de otras galaxias, sino que cumpliría el rol de espejo para que las mujeres de ayer y hoy se viesen reflejadas más que como amas de casa o secretarias, sino que también pueden ser protagonistas de sus historias.

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Gran parte de la filosofía de Martson sobre el rol de la mujer en la sociedad así como la de los arquetipos de género en la cultura popular, se expresan en su artículo publicado en 1944 llamado American Scholar”, el cual es citado a continuación:

«Ni siquiera las mujeres quieren ser mujeres mientras nuestro arquetipo de femineidad carezca de fuerza, fortaleza y poder… El remedio obvio es crear un personaje femenino con toda la fuerza de Superman más todo el encanto de una mujer bella y buena.» (Marston, 1944).

Martson, este psicólogo que ya había alcanzado gran reconocimiento por la invención del detector de mentiras y que podía darse el lujo de escoger trabajos en las grandes academias del mundo, quiso ir más allá incluso de lo que estaba siendo su ya polémico cómic: también fue un vanguardista y anticipado a la época con su fiel creencia de en el poliamor y la no creencia en monogamia al casarse con Elizabeth Holloway (20 de febrero de 1893-27 de marzo de 1993), y mantener entre los dos una relación que derivaría en un trío con Olive Bryne (19 de febrero de 1904-19 de mayo de 1990), con quien, junto a Holloway, formarían una familia con cinco hijos (dos por parte de Holloway y tres por parte de Bryne).

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Las Amazonas, más que solo la Mujer Maravilla

Isla de Temiscira, un reducto escondido de la civilización que se ha mantenido por milenios en esa condición gracias a los esfuerzos de los Amazonas, entre ellas su reina, Hipólita, y el poder protector de los dioses del Olimpo. Sin embargo, esta raza guerrera, esta isla y sus habitantes sí tienen un trasfondo histórico que, al menos para la mitología griega, sí fue real.

Dionisio, Heracles e incluso Belerofonte, tuvieron algún grado de cercanía con este mito a través de sus escritos y poemas, que a pesar de su idílica construcción mítica, carece de certeza y solidez histórica.

El origen de este pueblo, conformado exclusivamente por mujeres guerreras que servían de puente y guardia entre el mundo terrenal y el contacto con los dioses de la mitología griega, proviene de los antiguos relatos orales y de los diferentes vestigios que en la antigüedad, entre ellas estatuas y escritos, daban cuenta de la existencia de esta civilización de guerreras que, según el mito, apenas al nacer mujeres se les cercenaba un seno para que en la edad adulta tuviesen mejor manejo de la lanza y el arco, o que, en caso de nacer hombres, eran asesinados.

The Real Amazon Warriors | The New Yorker

Tal como esgrime el mito, las amazonas únicamente podían tener relacione sexuales con hombre extranjeros si estas pertenecían al más rango alto de la escala social amazona.

Respecto a su culto, las amazonas fueron fieles devotas de la diosa Artemisa, hija de Zeus y diosa de la caza, los bosques y animales salvajes, quien además fue una de las protagonistas en la Guerra de la Gigantomaquia, en la cual en compañía de Hércules, derrotó a uno de los Gigantes, hecho que le valió su ascenso para ser una de los 12 dioses principales del Olimpo.

Diana Prince, de Temiscira, o simplemente la Mujer Maravilla encierra en ella una historia mucho más potente detrás de su golpes, ajustados trajes o amoríos con Batman y Superman, también, y sobre todo, es un símbolo de reivindicación política para las mujeres y un espejo que demuestra que el protagonismo de ellas no está sujeta a un hombre ni en lo más mínimo.

Ignacio Osorio

Quería ser futbolista, pero terminé escribiendo sobre Cultura y haciendo clases. 25. C.

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